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Entrevista a Eduardo Battaner

Agustín Velasco | 31 de mayo de 2010 a las 10:16

Eduardo Battaner

El burgalés Eduardo Battaner, autor de El astrónomo y el templario (Nabla Ediciones), es catedrático de Astrofísica en la Universidad de Granada y aunque su cabeza se devane en desentrañar los campos magnéticos cósmicos, que es actualmente su especialidad investigadora, ha sabido sacar tiempo para regalarnos una historia tan amena, didáctica, tierna e inteligente como es su primera novela de la ya hemos hablado. Personalmente me sorprende esa versatilidad para emprender  proyectos tan diferentes como los libros técnicos que firma (Fluidos Cósmicos o 100 Problemas de Astrofísica, por ejemplo) o esta novela histórica. Bien es cierto que a Battaner le gusta fusionar literatura y ciencia, y así lo ha hecho en lo que podemos llamar obras de divulgación novelizadas como Física de las noches estrelladas y Un físico en la calle.

¿Cómo surge su interés por el personaje de Alfonso X? Es un personaje increíble: es el rey juglar, el rey astrónomo, gramático, historiador, divulgador de juegos, traductor, jurista, mecenas, guerrero, gobernante… y con un final trágico y cruel (aunque esto no aparece en la novela). Se ha estudiado más su historia pero su trascendencia en todas las ramas del saber está por analizar. Quizá es imposible, tan variada, compleja y sensible fue su actividad.

Cuando se lee El Astrónomo y el templario da la sensación que España (o Castilla más bien) estaba iniciando una gran revolución, ¿cuál es la gran revolución que se fraguaba en esos momentos en España? Poco después vendría la gran eclosión de la ciencia y la cultura europea. Aunque las revoluciones parecen bruscas tienen su período de gestación. En España se estaba gestando la ciencia actual y Alfonso X fue su gestor. Creo asegurar que tanto el trasfondo histórico como el cultural se describen con fidelidad en la novela.

 Aquí se plasma muy bien esa lucha entre la fe y el deseo de comprender el universo, ¿por qué cree que fe y ciencia siempre han estado reñidas? En realidad, casi todos los grandes científicos han sido, de una forma u otra, grandes creyentes. Y sin embargo, sobre todo actualmente, la ciencia parece atea. Se dice que ciencia y fe son aspectos diferentes que no interfieren. Pero no lo creo: todo pensamiento está en nuestra cabeza y sólo tenemos una. En ella está todo mezclado.

Como catedrático de Astrofísica supongo que ha debido autocontrolarse para no saturar la historia de temas astronómicos que le apasionan pero que podrían hacerla densa. ¿Ha realizado usted de manera consciente una búsqueda de esa “justa medida” de ciencia que permita al lector aprender pero no empantanarse con conceptos astronómicos? Esta es una novela. Ni mucho menos es una obra de divulgación, ni de la historia ni de la astronomía. Aparecen cuestiones astronómicas como parte incluso de la trama, es cierto, pero las intenciones han sido exclusivamente literarias. La novela histórica enseña historia pero el lector la aprende sin esfuerzo. Aquí también se puede aprender astronomía, pero sin esfuerzo. El lector puede que aprenda historia y astronomía medievales, pero el autor no se lo ha propuesto. No tiene la culpa.

astronomo templarioUsted es autor de obras de divulgación, ¿cómo da el salto a la novela? Un par de mis obras de divulgación están ya en forma novelada, aunque en ellas el objetivo era la ciencia sazonada con novela y ahora lo es la novela sazonada con ciencia. Ha habido muchos científicos que han hecho literatura excelente. Algunos ejemplos: Arsuaga, Ramón y Cajal, Fred Hoyle… La literatura del científico puede tener algo especial. Puede hacer poesía sin recurrir a metáforas irracionales. Pero la razón es otra puerta para la poesía.

He encontrado su libro repleto de sentido del humor, con guiños muy divertidos e inteligentes, ¿por qué cree que la novela histórica siempre se reviste de una seriedad circunspecta proscribiendo el humor? El humor no es esencial pero sí muy aconsejable en todo tipo de transmisión, lo mismo en la literatura como en la enseñanza; cuanto más seria sea la obra más conveniente es el humor. Los personajes tienen que tener peculiaridades especiales como para que su vida sea objeto de relato. Y en la extravagancia de los personajes extremos siempre hay comicidad. También me gusta exagerar. La literatura española está repleta de buenos ejemplos: Cervantes, Quevedo, Galdós… salvando, claro, las distancias.

Si tuviera que hacer un juicio moral sobre Bernarda, ¿cuál sería? [Me interesa mucho este personaje por lo original que resulta que muestre como  una cándida doncella durante toda la obra y al final resulte ser una manipuladora que engañó a Aurelio y a Gonzalo]. Bernarda es un personaje muy cuidado. Víctima de su belleza, sólo su bella voz y su astucia podían liberarla de su prisión conventual. Y desde un claustro supo engañar y movilizar a Aurelio, a Gonzalo y hasta al propio rey.

En su opinión, ¿astronómicamente qué civilización ha aportado más para comprender el cosmos? Probablemente, la griega y la europea. España tuvo un papel preponderante en el Medievo y hasta el reinado de Felipe II. En la novela se trata cómo Alfonso X armonizó la sabiduría de árabes, judíos y cristianos, en Toledo y en la época de mejor convivencia de las tres culturas. Pero la historia de la astronomía nos la cuentan los anglosajones. Aún así, Alfonso X el Sabio, figura en todos los tratados de historia de la astronomía por breves que sean.

¿Qué le ha resultado más complicado de escribir esta novela? No he podido tener continuidad temporal al escribirla. Esta ha sido la mayor dificultad. No ha habido partes difíciles. Yo la empecé y luego, se fue escribiendo ella sola. He escrito despacio y recreándome y espero que ese sosiego y placer al escribir se transmita al lector. 

¿En qué trabaja ahora? Estoy escribiendo algo sobre el Universo y el Hombre. Es divulgación, pero con el propósito de no escribir ni una sola fórmula. Eso obliga a destacar la lección humana de la cosmología actual, más que los experimentos y la teoría. Es posible que me decida después por hacer una segunda parte de esta novela, ya que estoy viendo que está siendo favorablemente acogida.

Pues espero que no me haga esperar mucho para leerla…

La cúpula del mundo

Agustín Velasco | 6 de mayo de 2010 a las 11:13

alfonso x

Una princesa vino del frío para conquistar el corazón de un príncipe… podría ser el comienzo de un cuento de hadas, pero no, no fue un cuento de hadas en absoluto. Fue Cristina de Noruega, existió allá por el siglo XIII y el escritor ubetense Jesús Maeso de la Torre la ha utilizado para construir una historia lucida con un nivel de minuciosidad en los detalles que hace volar a la imaginación con facilidad.

La cúpula del mundo (Ed. Grijalbo) de Jesús Maeso de la Torre arranca cuando el rey Alfonso X El Sabio le encarga al médico de almas Beltrán Sina que relate los hechos que como excepcional testigo de sus últimos años de su reinado se encargue en relatar los hechos vividos durante la encarnizada carrera del rey sabio para conseguir la corona del Sacro Imperio Romano Germánico que cerniera Carlomagno en un informe para la Santa Sede.

A partir de ahí una doble historia se desgranará con un ritmo plácido pero intenso jugando a entrelazarse en una espiral que no augura el mejor fin.  Podemos encontrar una línea que es puramente una intriga sentimental, en la que Sina (que es lo que hoy consideraríamos en terminología aactual como un psicólogo) es enviado a Noruega a custodiar y ayudar a la princesa Cristina en su viaje a España para ser desposada con un hermano del rey y así cerrar adhesiones en los diferentes frentes que tiene abierto Alfonso X. La cultura, la belleza y la sensibilidad de esta princesa de piel nívea cautivarán al médico de almas y eso le traerá muchos dolores de cabeza pues existe un abismo de clase infranqueable. La amistad que se crea entre la princesa y el médico de almas lo llevará hasta caer en el más terrible infierno.

Por otro lado está la trama política, la historia de una ambición sin medida, el deseo del rey por hacerse con el poder temporal sobre la cristiandad, un camino que a la Iglesia Católica, y en especial a la Santa Sede, le hará un pedregal intransitable. Las intrigas políticas en la Europa están llenas de artimañas que no tienen nada que envidiar a las endiabladas maniobras de los gobiernos de hoy: promesas de adhesiones que no se llevan a cabo, países que sangran a otros con promesas vacías, ¡documentos esenciales escritos con tinta que desaparece al tiempo dejándolos sin firma! Alfonso no llegaría jamás a coronarse Rex Mundi y ahí es donde está la magia de esta novela: es la crónica de una derrota, con toda la magia que ello implica. La historia siempre ha sido escrita por los vencedores, y el tiempo se ha encargado de envilecer las gestas de los vencidos. Maeso consigue crear un relato glorioso de una hecatombe

El imperio resulta ser un hueso duro de roer, que por la Historia ya sabemos (o no tanto, no es un capítulo muy conocido de la biografía de Alfonso X) que termina siendo la gran frustración de este rey de la concordia y la sabiduría. Para azuzar el fuego de ese anhelo imperial aparece un personaje enigmático, un Caballero Teutón que trae a la corte el mensaje de una enigmática sociedad conocida como La Cúpula del Mundo en que confluían algunos de los poderes fácticos del momento como los priores de las grandes órdenes militares, grandes reyes e ‘intelectuales’ del momento como Francisco de Asis, que creían fervientemente en la posibilidad de la llegada de un monarca que crearía puente entre las tres grandes religiones y así crear un era de concordia y entendimiento. Salvando las distancias y los intereses de cada sociedad, podríamos decir que se trataba de un primitivo Club Bildelberg.

  • La-cupula-del-mundoTítulo: La cúpula del mundo
  • Autor: Jesús Maeso de la Torre
  • Editorial: Grijalbo
  • Páginas: 592
  • Precio: 21,90 €

Cosas que me han asombrado al leer esta historia: Lo primero descubrir la figura de Alfonso X, quizás no tan en valor como debiera en la historia de España, y que redescubrimos en la novela de Maeso y la de Eduardo Battaner, El astrónomo y el templario, recientemente publicada por Nabla Ediciones, sobre la que estoy trabajando ahora mismo. Me sorprende cómo en cuanto a ideas políticas el mundo no ha evolucionado tanto, simplemente han cambiado las formas y las herramientas, pero las ambiciones y las intrigas siguen siendo las mismas. Me llama la atención ese concepto tan globalizador que tenían los reinos de la antigüedad, donde las relaciones entre tierras distantes eran esenciales en el ajedrez maquiavélico que determinaba el destino de Europa, y donde había un constante flujo de información. No me sorprende, pero me fascina, el papel de la Iglesia Católica en la Edad Media, y en especial la figura papal. Pero todo eso son cosas que han de ir descubriendo en la lectura de esta historia.

Eso en cuento al fondo. En lo que respecta a las formas, la narrativa de Jesús Maeso es realmente brillante porque ha buscado un equilibrio perfecto entre el lenguaje y el sentir del siglo XIII y el de siglo XX. ¿Cómo lo hace? Siendo respetuoso con los conceptos, evitando buscar palabras de común uso para describir una realidad lejana, llamando las cosas por su nombre a pesar de que esas palabras hayan quedado casi olvidadas. Esta es una obra que hay que trabajar, para la que hay que recurrir a veces al diccionario, y por tanto, que te enriquece, que te amplia los horizontes de tu fondo cultural. ¿Por qué usar “barca” cuando quieres decir “esquife” sólo por ahorrarle al lector la labor de buscar la palabra en el diccionario en caso de no conocerla? Me irrita cuando los escritores toman a los lectores por simples y vagos, que sí, que los hay, pero también hay muchos, una mayoría, que quieren salir de la lectura de un libro sabiendo más de lo que ya conocían. Y en eso me quito el sombrero frente a Maeso, porque obliga a hacer ese trabajo al lector pero sin comprometer el ritmo y el espíritu de su obra porque en ningún momento entra en terrenos farragosos. Lo dicho, un equilibrio muy inteligente.

A nivel estilístico me gusta especialmente el uso que Maeso hace del clima a lo largo de toda la historia. Todo lo que no puede contar sobre el humor de los personajes, del derrotero de los acontecimientos, de los sentimientos más ocultos… todo está en el clima. El sol, la lluvia, el viento, el frio… se convierten en un subrayado casi imperceptible pero efectivo que prepara el ánimo para lo que ocurre en las páginas, completando la lectura de los hechos.

Os emplazo a este fabuloso viaje al siglo XIII, a una corte llena de intrigas y traiciones. Recomiendo fervorosamente esta novela que viene avalada por ser ganadora del II Premio Caja Granada de Novela Histórica. Mañana completaré esta reseña con una entrevista al autor.

Próximamente: Tr3s (Ed. Grupo Nelson) de Ted Dekker

Empezado: Psicosis (Ed. La Factoría de Ideas) de Robert Bloch