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Una mujer contra los señores de la guerra

Agustín Velasco | 6 de agosto de 2010 a las 7:24

malalai joya

Efectivamente este libro no me ha defraudado. La historia de Malalai Joya, a pesar de su juventud, era digna de ser contada. Así como también merecía la pena asomarse a la realidad de un país que sólo se conoce por las noticias de atentados e incursiones militares. Una mujer contra los señores de la guerra (ed. Kailas) de Malalai Joya es un grito indignado, un intento de descorrer el velo que oculta la realidad de un conflicto enconado y sin salida. En estas páginas hay mucha rabia. Rabia por ver a los asesinos de un país alzarse como adalides de una democracia manejada por poderes extranjeros. Rabia por ver como se justifica una invasión en nombre de, por ejemplo, los derechos de la mujer aunque la situación de estas sigue siendo prácticamente la misma más allá de algunas pinceladas de progreso artificial apropiadamente publicitadas en los medios internacionales.

  • una mujer contra los señores de la guerraTítulo: Una mujer contra los señores de la guerra
  • Autora: Malalai Joya
  • Traducción: Cora Tiedra
  • Editorial: Kailas
  • Páginas: 300
  • Precio: 19,90 €

Malalai queda de manifiesto en su narrativa que no es escritora, ni pretende serlo. Sólo es una mujer que quiere contar su verdad, su realidad. Y para ello salpica su biografía como activista social y política con pinceladas de lo que ha supuesto para el país las últimas décadas donde se han sucedido ocupaciones extranjeras y regímenes de terror por aquellos que enarbolan la fe como justificación para las mayores atrocidades.

Encontrarás anécdotas impactantes. Como cuando relata el estado de terror vivido bajo dominio talibán. Relata:

Los talibanes imponían castigos muy severos para cualquiera que rompiera las normas. (…) Incluso los muertos no estaban a salvo. Algunos refugiados afganos en Pakistán preferían llevarse los cadáveres de sus familiares a casa antes que enterrarlos en su propio país. Una vez, cuando una familia intentó llevar el cadáver de su hijo adolescente a Afganistán a través de la frontera con Turkham, los talibanes les pararon para comprobar el ataúd. Cuando lo abrieron, vieron el cuerpo sin vida del chico, sin barba. Les dijeron a sus familiares que el niño que había muerto era un infiel por no llevar barba, por lo que de acuerdo a las leyes debía ser azotado. Por increíble que parezca, sacaron el cadáver del ataúd y lo azotaron delante de la familia. Sólo entonces les permitieron cruzar la frontera”.

Esos mismos talibanes serían los mismos que se apuraron a cortarse las barbas para pasar desapercibidos cuando llegaron las tropas americanas.

Malalai deja entrever sentimientos ambiguos en su participación en la política del país. Formar parte del parlamento (aunque secuestraran la palabra, aunque la expulsaran de este…) era la excusa que los fundamentalistas enarbolaban para publicitar esa democracia recién instaurada. Si ella estaba allí es porque la democracia funcionaba. Olvidan reseñar la forma de vida de Malalai, cambiando continuamente de techo bajo el que cobijarse por miedo a los atentados contra su vida… Pura democracia, ¿no?

Pero la autora no quiere que sólo nos quedemos con esa instantánea de un país en manos de criminales de guerra, sino que resalta continuamente la profunda adhesión que ella siente en la calle. Se trata de un país que quiere libertad, tomar las riendas de su destino, un país donde es posible el respeto por la mujer sin la existencia de esa facción fundamentalista armada hasta los dientes que atenaza la voluntad de todo un pueblo. Malalai reflexiona sobre la ironía de que una prenda que odia y que lucha por erradicar, el burka, se haya convertido en su único modo de salvaguardar la vida gracias al anonimato que este le proporciona (aún así tiene un servicio de escolta permanente).

Cuando leas este libro te darás cuenta que no estamos ante una líder natural, alguien con un plan para convertirse en la abanderada de una causa, ni siquiera alguien interesada en política. Malalai, la cara internacional de ese Afganistán que se rebela contra los poderes establecidos, es una heroína “por accidente”. Es una mujer con unos principios que la impelen a denunciar aquello con lo que no está de acuerdo y que un buen día se encontró con la oportunidad de levantar su voz en un foro que le dio visibilidad internacional. Todo lo que vino después fue casi irremediable, como quien corre hacia debajo de una empinada pendiente y le es imposible parar ya.

Próximamente: La prueba (ed. Martínez Roca) de Carmen Gurruchaga

Empezado: No te supe perder (ed. Guadalturia) de Salvador Navarro

Malalai Joya y los enemigos de la felicidad

Agustín Velasco | 28 de julio de 2010 a las 15:05

malalaiHe comenzado a leer Una mujer contra los señores de la Guerra (ed. Kailas) de Malalai Joya.  En cuanto vi esta novedad tuve la seguridad de que me iba a enganchar. En un par de días me he bebido medio libro y no deja de causarme asombro todo lo que encuentro en el relato de esta activista social afgana. Mi admiración por Malalai Joya viene de lejos cuando vi en Documentos TV, el estupendo programa de La2  que presentaba Pedro Erquicia, Enemigos de la Felicidad, un documental de la realizadora danesa Eva Mulvad que relata la lucha de Malalai por conseguir un escaño en el parlamento afgano. Malalai se enfrentó a los tristemente conocidos como señores de la guerra en un discurso muy valiente que dio la vuelta al mundo.

Antes de escribir la reseña de este libro quiero dejaros el link al documental que ganó Premio del Jurado al mejor documental en el Festival de Sundance 2007. Espero que os animéis a comprar el libro y que podamos comentarlo cuando la semana que viene realice la reseña de este.

http://www.megavideo.com/?v=Y6XCL4YD