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Entrevista a Zulima Martínez

Agustín Velasco | 1 de marzo de 2010 a las 17:21

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Como prometí la semana pasada, vamos conocer más de Zulima Martínez, autora de Malas, malísimas (Ed. DeBols!llo). Una autora novel, es decir, todo por descubrir de ella. Es emocinante engancharte a un/a escrito/a desde sus inicios, porque así no te da la sensación que has llegado a mitad de la película y que tienes deberes pendientes para ponerte al día.

La reseña biográfica que nos llega de ti es bastante exigua, cuéntanos de dónde viene Zulima Martínez. A pesar de las negativas de mis padres, mi abuela consigue que me llamen Zulima. Nazco y vivo en Manresa y paso toda mi adolescencia en Sant Vicenç de Castellet, pueblo donde se encuentra el restaurante familiar en el que todavía trabajo. Mi familia es numerosa, además en casa siempre ha habido mucha gente, así que encontrar algo de tranquilidad era todo un reto. Aunque mis padres hubiesen preferido que orientase mi vida por otros derroteros, no les sorprendió que me matriculase en Filología Española. No sé hacer una sola cosa, siempre he alternado los estudios, la redacción de artículos para varias publicaciones, el trabajo en el restaurante y la redacción de mi tesis doctoral sobre la obra poética de Leopoldo María Panero con la escritura de ficción. No se me dan bien los deportes y la creación literaria se me presentó como la mejor válvula de escape con la que relajarme y divertirme.

¿Cómo nace tu pasión por la literatura? Me resulta un poco complicado decirte cómo nace, la verdad. Sólo puedo decirte que desde pequeña me recuerdo pegada a un libro o contándole las historias que leía o inventaba a mis hermanas.

Malas-malisimas-BOLSILLO_libro_image_big¿Qué te hace emprender la aventura de intentar publicar tu primera novela? Más que QUÉ, debería decir QUIÉN. Hasta hace apenas tres o cuatro años mis relatos cortos o poemas o novelas pasaban directamente del cuaderno al cajón de mi mesa. Sin embargo, un día junto con una compañera de estudios que conocí durante un máster en edición decidimos emprender una aventura editorial por nuestra cuenta. Se trataba de idear colecciones y venderlas a las editoriales, no hubo suerte. Sin embargo, por el camino me topé con una agente literaria que se leyó  los diez primeros folios de lo que iba a ser una novela que ni siquiera tenía título y me dijo que si acababa la novela me representaría como autora. En tres meses ya había escrito Malas, Malísimas. Sólo faltaba una editora que se atreviese a compartir aventura y no tardó demasiado en llegar. Ambas coincidieron en que Malas, malísimas era un libro bueno y diferente, apostaron por la novela y el sueño se hizo realidad.

¿Cómo es la resaca tras publicar tu opera prima? Sinceramente, no tengo resaca, para mí es un acontecimiento importante, pero no menos que otras cosas que puedan ocurrir en mi vida. Estoy agradecida y contenta, por supuesto, pero el hecho de que  se haya publicado no ha alterado para nada mi vida ni mi forma de entender la creación literaria.

¿Con ganas de trabajar en la siguiente o necesitas tiempo para reponerte de este alumbramiento? Claro, ya estoy manos a la obra.

¿Tras tu experiencia cómo definirías la situación editorial actual para los jóvenes escritores noveles? Me siento afortunada por el hecho de que un sello editorial como Random House y en concreto DeBolsillo haya apostado por mí. Creo que tuve suerte, entrar en este mundo no es fácil, hay un montón de gente que escribe, y muy bien, pero no consigue que le publiquen. Esto puede ser desesperante. En mi caso llegué y besé el santo, sé que esto no es muy habitual y me siento realmente agradecida y también sorprendida.

¿Qué es lo que más te ha sorprendió o cogido desprevenida de tu nueva faceta de escritora? ¡Que me llamen escritora! Me parece una palabra demasiado grande para alguien que empieza. Aún me queda mucho camino por recorrer en el oficio de la escritura. Sólo soy una aprendiz de escritora.

¿Cuál crees que es el rasgo que mejor define tu estilo narrativo? No sabría decírtelo, juzgar la obra de uno mismo es un poco complicado, en todo caso me atrevería a señalar la agilidad de la prosa y un estilo directo.

Hay momentos de la novela en que el estilo narrativo me recuerda a Maruja Torres. ¿Ah, sí?  ¡Ojalá!

¿Qué autores son una referencia para ti? Reconozco que soy bastante ecléctica en cuanto a gustos literarios. No me canso de releer a Borges, Baudelaire o la poesía de Leopoldo María Panero, aunque también me gusta mucho Marsé, Carmen Martín Gaite, Murakami o los poemas de Josep Grifoll y, por supuesto, me gusta mucho la narrativa de Maruja Torres, sin embargo no parto de ningún modelo en concreto. No me gusta ceñirme a los referentes.

La obsesión por encasillar a los escritores en estilos o tendencias es algo que personalmente no comprendo, ¿qué piensas de lo que se ha dado en llamar literatura femenina? ¿Y el término chick-lit? Escuché hablar del chick-lit mucho después de entregar Malas, Malísimas. Ni siquiera sabía lo que era. No entiendo esa manía de encasillar a un autor bajo una etiqueta. Creo que recurrir a las tendencias para identificar una obra es una base muy poco sólida. Me da mucha rabia el término literatura femenina. No lo entiendo. La literatura es simplemente eso, literatura.

Tu novela ha salido directamente en formato bolsillo, ¿qué te gusta de este formato? ¿Te has quedado con la espinita de ver tu novela con tapas duras? ¿Por qué tendría que quedarme una espinita? Me da igual el formato en el que se publique mi novela. Sólo quiero que los lectores disfruten con la lectura. El resto es sólo embalaje. Además, el formato bolsillo es mucho más cómodo para llevarlo de un lado a otro y más económico. En los tiempos que corren, es de agradecer, ¿no crees?

¿Tu novela es una historia sobre la amistad, sobre la superwoman del siglo XXI o sobre las grandes mentiras que la rodea? Mi novela es una historia sobre la amistad, pero también sobre la incomunicación, sobre los sueños y los secretos. Es una novela que retrata la cotidianidad a través de cinco personajes que a veces tienen miedo de afrontar la vida, pero, a pesar de todo, afrontan sus incoherencias con una buena dosis de humor. Hay que reírse más de uno mismo.

¿Cuál es la gran mentira detrás de la superwoman de hoy? Que podemos ser perfectas y vivir felizmente estresadas. No soporto que me vendan las prisas como algo superexcitante. El culto a la apariencia se presenta como la dictadura de la modernidad. Me parece que alguien nos vendió la moto.

¿Qué personaje de Malas, malísimas es el que podría ser amiga de Zulima más fácilmente? Todas y cada una ellas. De hecho, varios lectores me han comentado que se sentían identificados con alguna de las protagonistas de Malas, malísimas. Creo que he conseguido que traspasasen la letra para hacerse de carne y hueso, hasta el punto que incluso yo he llegado a creerlas tan reales como mis propias amigas.

¿Y con cual te identificas más? Hay un poco de mí en las cinco mujeres que aparecen en la novela, pero no me identifico con ninguna en concreto.

¿Crees que las chicas de tu obra, a este paso, seguirán siendo amigas a los 40? Por supuesto, no me queda ni la menor duda, aunque claro antes tendrán que salvar algunas diferencias y ser capaces de librar su propia contienda con la vida.

No te voy a preguntar la moraleja que el lector puede sacar de Malas, malísimas, sino qué moraleja has sacado tú de este libro escribiéndolo. Sólo puedo decirte que durante la redacción del libro he reído y también he llorado. Escribirlo fue como un bálsamo que me permitió reflexionar acerca de los sentimientos y las frustraciones.

Malas, malísimas

Agustín Velasco | 21 de febrero de 2010 a las 15:05

chicas cafe
No entiendo ciertas etiquetas literarias, como la de ‘Chick Lit’. No puedo encontrar mayor atentado machista contra la dignidad de las escritoras que escriben para su generación. Esta etiqueta es como quisiera decir, “ey, tío, no compres ese libro que es cosa de nenas y tu eres muy machote para eso”. ¡Qué insensatez!, de todo los libros se aprende, y de la llamada chick lit es de la que más puede aprender el hombre sobre la mujer con la que tiene que relacionarse porque está escrito por mujeres y no “para mujeres”, sino para su generación, hombres y mujeres, adultos y jóvenes. Esta genial (lo de genial es un sarcasmo) etiqueta se la debemos a Cris Mazza y Jeffrey DeShell que editaron una antología de literatura post feminista en 1995 que llevaba por título Chick Lit: Ficción post feminista.
 
¿Se puede encuadrar Malas, malísimas (Ed. Debols!llo) de Zulima Martínez en este género? Evidentemente sí, ya que trata de experiencias vitales de la mujer actual. Pero quitémosles las connotaciones machistas y acérquense los lectores sin prejuicios, no saldrán decepcionados, es más, aprenderán más de cuatro cosas, como que no es oro todo lo que reluce en esa armadura brillande la super woman de nuestros días.
  • malas malisimasTítulo: Malas, malísimas
  • Autora: Zulima Martínez
  •  Editorial: DeBols!llo
  • Páginas: 191
  • Precio: 7,95€
Este libro, ópera prima de su autora, va sobre las grandes mentiras sobre la super woman, esa mujer que tiene éxito en el trabajo, concilia de mil maravillas su vida personal, segura de si misma, glamurosa… o al menos auténtica. La autora utiliza como hilo conductor las reuniones periódicas en el Café Solo de cuatro amigas desde tiempos de la Universidad, cuatro mujeres bien distintas que a sus treinta años siguen siendo en gran parte desconocidas las unas para las otras. Gala, una eficaz relaciones públicas y organizadora de eventos, conoció a Cloe, una dibujante, e un taller de literatura. Empezaron a colaborar en unos cómics sobre unas superheroínas poco ortodoxas que titularon Malas, malísimas. A ellas se unirían después Aya (que con el tiempo se convertiría para sus amigas en una gris funcionaria) e Ingrid, sobrina de la dueña del bar donde se reúnen.
 
Zulima ha sabido trazar bastante nítidamente cuatro arquetipos de nuestro tiempo: la super woman sin vida propia (Gala), la creativa frustrada (Cloe), la mujer que opta siempre por la certidumbre en la vida (Aya) y la que va a contracorriente de manera silenciosa (Ingrid). Todas tienen una parte que ocultan a las otras, una gran mentira que encubrir o que al menos prefieren no exponer, pero la amistad podrá con todas las mentiras y todos los silencios. ¿Un ejemplo de mentira?: ¿Cómo es posible que todo el armazón de la super woman se venga bajo sólo por haber perdido el móvil?
 
Mención a parte merece la historia de la dueña del bar, que ocupa todo el capítulo V, que conforma un relato dentro de otro relato. Totalmente innecesario, se podría quitar y la historia conservaría su coherencia, pero igualmente enriquecedor, porque cambia el estilo y el ritmo narrativo y cobra trascendencia. Ángela es ese espejo en que sin saberlo, ni lo sabrán, se miran las jóvenes.

Sobre la autora profundizaremos más adelante en una entrevista.

 

Próximamente: Pan. Hecho en casa y con el sabor de siempre (Ed. Grijalbo) de Xavier Barriga

Empezado: El Legado del Escorpión (Vision Libros) de Juan José Ruíz Ruíz