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Entrevista a Delphine Bertholon

Agustín Velasco | 19 de marzo de 2010 a las 8:12

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Delphine Bertholon ha estado en España promocionando su último libro, Nunca olvides que te quiero (Ed. Grijalbo), y tuve la oportunidad de plantearle algunas preguntas sobre esta conmovedora novela de la que ayer pudisteis leer la reseña aquí.

Bertholon nació en Lyon en 1976 y actualmente vive en París donde trabaja como guionista. Su primera novela es Cabine commune (2007) pero es con esta segunda obra con la que ha cosechado sus mejores triunfos y se ha hecho acreedora de los halagos de la crítica más exigente. En Francia Nunca olvides que te quiero (Twist en el original) se hizo el año pasado con el premio Ciné Roman, un galardón literario que se le da a la historia más apetecible para ser llevada a la gran pantalla.

¿Cuál es el germen de esta novela? ¿Cómo nace la idea? Hacía tiempo que quería hacer una obra que hablara de la adolescencia pero no encontraba un argumento contundente. Así que cuando surgió el caso de Natacha Kampusch encontré un punto de partida excelente, una temática más grande que la vida misma.

FOTO_PORTADA_NOQTQ¿Cómo definiría esta novela? Es un melodrama, un fresco de todas las cosas a que te puede llevar a hacer el amor, desde lo más bonito, a lo más tonto o lo más abominable.

Son muchos los casos reales –similares en el fondo– que han escandalizado a la opinión pública en los últimos años, ¿ha sido complicado construir esta historia de modo que ninguna víctima real pueda sentirse ofendida de algún modo? Todos esos casos han aparecido después de la novela estuviera terminada, así que no me han influido. Sí es verdad que tuve problemas con los periodistas franceses por el parecido fonético de Madison (Madi) y Madeleine McCann (Maddie). Pero no tienen ninguna relación, el libro ya estaba acabado cuando surgió aquello. Sí que he intentado ser precisa y conmovedora de manera que los padres de las víctimas no se sientan maltratados.

¿Cuáles de las voces narrativas (Madison, Stanislas o la madre) le ha resultado personalmente más compleja? En el fondo, en los sentimientos, la de la madre. Me resultaba difícil meterme en su piel porque aunque todos hayamos sufrido pérdidas en algún momento de nuestras vidas no es nada comparable a una hija desaparecida.

Esta es una historia durísima, pero sin embargo ha conseguido hacer una narración ‘tierna’, llena de sentimientos pero sin caer en el dramatismo gratuito. ¿Ha rehuido conscientemente del victimismo en el personaje de Madison? Es exactamente lo que quería, huir de lo sórdido, del victimismo. Por eso el secuestrador resulta un personaje patético a los ojos de de Madison, un hombre de unos treinta años, solo, sin amigos…

¿Es para usted Rémy [el secuestrador] un personaje tan incomprensible como para Madison? ¿Temió caer presa de un síndrome de Estocolmo y llegar a comprenderlo y justificarlo? Desde el primer momento tomé la decisión consciente de meterme sólo en la piel de la niña, ver toda la situación desde sus ojos, no me era necesario profundizar en el personaje del secuestrador, me basta con lo que la niña ve y siente. De todas formas no tenía miedo de caer presa de un síndrome de Estocolmo porque creo que si me enfrentara a un caso similar no lo haría.

En la novela hay omisiones voluntarias en la narración de Madison. Hay un momento que dice que prefiere no contar ciertos detalles y Stanislas reconoce que le entrega cuadernos con hojas arrancadas, ¿qué oculta Madison? En realidad no intenta ocultar ninguna cosa, lo cuenta todo, pero sí que quiere eliminar los peores momentos de su cautiverio, los angustiosos, los más tristes. No quiere mostrar debilidad externa, no quiere que los que la aman sufran por ello. Por eso aparece el recurso del diario que se quema y que tiene que resumir en el siguiente que consigue. Pero ante todo ella no quiere causar pena.

La novela tiene un fuerte acento estético: por un lado el mundo de la fotografía, por otro la obsesión de Madison por la moda y la imagen, y por otro la forma en que se comunica Raphael, mediante cuadros. El libro es un canto al arte como salvación. En concreto la escritura. Pero incluso el padre de Madi que no escribe puede expresar sus más profundos sentimientos a través del arte. Y también está el caso del abuelo, al que le atormenta si esa obra de fotografía centrada en su nieta pudo ser la que llevara a la pérdida de su nieta.

¿Le gustaría que se llevara al cine esta historia? Me gustaría mucho, claro.

Y como guionista, ¿no le da miedo lo que puedan hacer con su historia al traducirla audiovisualmente? Me causa curiosidad, pero no quisiera ocuparme de la adaptación al cine, porque el adaptador tiene que realizar una labor de selección que yo no sería capaz de realizar con mi propia obra.

Ya en la despedida, y dándole vueltas aún a la pregunta cinéfila, puntualizo: “Me encantaría que la llevara al cine Alejandro Amenábar”. Pues ojalá que nosotros la veamos.

No olvides que te quiero

Agustín Velasco | 18 de marzo de 2010 a las 12:14

pubertad de munch

  • Título: Nunca olvides que te quiero
  • Autora: Delphine Bertholon
  • Editorial: Grijalbo
  • Páginas: 336
  • Precio: 17,90 €

Lo primero que lees en la solapa del libro es: “Madison es una niña alegre y divertida que desde muy pequeña ha desarrollado una personalidad llena de imaginación y creatividad. Un día, al regresar de la escuela, un coche negro se cruza en su camino; el conductor le pide que le indique dónde puede encontrar un veterinario para su gato enfermo, y Madison, sin pensarlo, sube al coche”. Primer párrafo de la sinopsis y el corazón se te encoge, quizás por ese miedo atávico gravado por nuestras madres en nuestro ADN que nos advirtieron hasta la saciedad “no hables con desconocidos” (hasta traumatizarnos).

Madison no sólo habló con un desconocido, sino que se montó en su coche. Eso la llevó a vivir durante años en un zulo. A priori una historia que se promete dura, desgarradora, claustrofóbica, agobiante… y yo no leo para sufrir, o al menos para sufrir lo mínimo. ¡Pero he aquí la sorpresa! A pesar de la crudeza de la temática Nunca olvides que te quiero (Ed. Grijalbo) de Delphine Bertholon es una novela tierna, llena de sentimientos pero sin victimismos, en la que no eres consciente de pasar hoja tras hoja de un drama, sino un canto a la esperanza, con mucho sentido del humor pero sin frivolizar.

Esta obra nace inspirada por el terrible caso de la joven austriaca Natascha Kampusch (‘inspirada’, no es la plasmación fidedigna de ese caso en concreto) y al leer esta historia puedes llegar a comprender la entereza anímica de aquella joven que reaparecía viva después de años de secuestro.

Bertholon ha tejido una EXCEPCIONAL novela a tres voces con un ritmo ágil. Por un lado los cuadernos-diario de la niña Madison, los cambios de la adolescencia en cautiverio, su firme convicción en su libertad, la compleja relación secuestrador-secuestrado donde se presenta a su verdugo como un ser patético, atemorizado y a veces maltratado por su víctima. Por otro lado las cartas de la madre a la hija ausente que no se resigna a pasar página, que vuelca su angustia en folios secretos y hace buena cara (al menos la que le es posible) al mundo y su marido. Y como tercera voz narrativa la de Stanislas, el joven instructor de Madison del que está enamorada, y que también está secuestrado: en una relación sentimental destructiva.

Tres historias, tres dramas, pero con puntos comunes. Tres historias de ausencias: la de una hija, la de la libertad, la de la amante que está pero que no está. Tres protagonistas para los que se ha detenido el tiempo: a una metida en una habitación bajo tierra, a otra porque la vida no consigue avanzar con la incertidumbre de la desaparición de su hija, y al otro sumergido en una relación que no va a ningún sitio salgo al adiós.

Especialmente interesante es el juego psicológico entre Madison y su secuestrador. De este no sabemos más que lo que la niña ve o intuye, cosas que pueden ser errores de apreciación, como iremos descubriendo a lo largo de la historia. Madison lo psicoanaliza, lo pone a prueba, recula a veces, comete errores, sufre y hace sufrir… y voz se va sofisticando a lo largo que el tiempo corre, como ocurriría con cualquier niña que va madurando, pero sin perder una base ciertamente infantiloide ya que esa madurez no puede ser completa al estar aislada del mundo.

No sé si es porque Bertholon es guionista, sabe ajustar muy bien los tempos narrativos, omitir cosas que te hacen volar la imaginación, y, especialmente al final, organizar el desenlace de una forma magistral que te hace mantener el interés hasta la última hoja.

PD. ¿Que por qué he elegido el cuadro Pubertad de Munch para ilustrar este post? El padre de Madison tiene una peculiar forma de exteriorizar sus pensamientos más profundo, a través del arte, de los cuadros. Cuando en una crisis su mujer le recrimina que parece que ha olvidado a su hija él le deja abierto a la vista un libro con la lamina de este cuadro, revelándole que sí piensa en ella, que se la imagina así.

Próximamente: Frankenstein (Ed. Espasa) de Mary Wollstonecraft y Percy B. Shelley