Liberalizar no es privatizar

Enrique Bellido Muñoz | 20 de mayo de 2016 a las 12:36

Hospital-amigoNo hace muchos días, el Consejero de Salud de la Junta visitaba el hospital universitario “Reina Sofía” para dar la noticia del exitoso transplante hepático de adulto vivo a niño, realizado por el equipo del Dr. Briceño.

Al mismo tiempo, la Presidenta de la Junta alababa en un twiter el contar con una sanidad pública andaluza en vanguardia.

Nada que objetar a los logros científicos y terapéuticos que en nuestro hospital de referencia se han venido produciendo desde que hace cuarenta años se inaugurase. Tales avances, tanto en el área de transplantes como en muchas otras, han logrado salvar muchas vidas o mejorar la calidad de otras que, en suma, es el objetivo fundamental del ejercicio de la medicina.

Sin embargo, y sin pretender ser derrotista, tal vez deberíamos replantearnos cuáles han de ser las prioridades de nuestro sistema sanitario público y como financiarlas y gestionarlas para poder hacerlas realidad.

Y es que el acto médico no comienza cuando se realiza un transplante, se hace un implante coronario o se lleva a la práctica la más novedosa técnica radiológica o de laboratorio.

El acto médico, la inmensa mayoría de los actos médicos, tienen como escenario el reducido espacio de un consultorio, un quirófano de rutina o la realización de pruebas exploratorias complementarias de baja cualificación.

Y es precisamente ahí, en la Atención Primaria, en los servicios de urgencias, en la atención especializada menos compleja, donde nuestro sistema no está respondiendo con los niveles de calidad que la población espera y merece.

Y al hablar de calidad no me refiero exclusivamente a calidad en el diagnóstico y tratamiento, que también. Me refiero a todo aquello que debe acompañar a la relación medico/enfermo, como pueda ser la consecución de una situación de empatía y confianza entre ambos, hoy imposible dados los tiempos tasados de duración de las consultas, o los tiempos de espera, fundamentalmente en la medicina especializada, que, en muchos casos, si no ponen en peligro la vida del paciente, sí que le generan trastornos por tales demoras.

Evidentemente resulta imposible mantener una inmediatez absoluta en el tratamiento asistencial de todo paciente. La espera guarda, en todos los órdenes de la sociedad, una relación directa con la demanda y los medios habituales de los que se disponen para atenderla. Sin embargo, mejorar la calidad del concepto inmediatez, tanto en su cualidad como en el tiempo, debería llevar a quienes gerencian nuestro sistema sanitario a aplicar nuevos modelos de gestión que, sin hacer dejación alguna de lo público, den mucha mayor fluidez a los canales sanitarios, a la vez que consigan la armonía entre demanda y medios, hoy muy deteriorada por las políticas de personal que vienen poniéndose en marcha y que lastran, también, la calidad asistencial.

Eso sin olvidar que el 20% de la población tiene contratado un seguro médico privado, lo que descarga de forma importante la carga asistencial en lo público.

Negarse a incrementar la diversificación en la provisión de los servicios sanitarios, desde el respeto a la prestación pública de los mismos, considero que es un error.

No hablamos de privatizar la sanidad sino de adaptarla a un proceso de liberalización en cuanto a la provisión de los servicios, que acabe con la rigidez y debilidad de parte del actual sistema.

Es cierto que la Junta ya lo viene haciendo con bastantes hospitales privados, centros de diagnóstico o procedimientos complementarios, pero debería establecerse un marco administrativo mucho más abierto que permitiese regularizar en cualidad y calidad niveles más básicos de nuestro sistema público de salud.

Y, por cierto, que nadie piense que la sanidad pública es gratuita. De eso nada. Cada español pagamos – a quienes menos ingresos generan se lo pagan quienes generan más- 1300 euros anuales por la atención que recibimos. Por tanto, estamos en disposición de exigir medidas de todo tipo que gestionen adecuadamente nuestras aportaciones, mejorando todos los niveles asistenciales del sistema

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