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Inteligencia política

Enrique Bellido Muñoz | 29 de junio de 2016 a las 10:20

inteligenciaUn buen amigo me pedía ayer, a través de Facebook, que me definiese sobre qué pienso que debe suceder ahora tras los resultados electorales del 26J.

Me hacía esa pregunta conocedor de mi militancia en Ciudadanos y tras la afirmación de Albert Rivera en el sentido de que no haría presidente del Gobierno a Mariano Rajoy.

Es cierto que en política dos mas dos no son cuatro, y Podemos más IU se han encargado de corroborarlo, y por tanto realizar juicios a priori sobre como quedará el panorama político en España no es nada fácil.

Ya le tocó a José Mª Aznar jugar con la más fea cuando allá por 1996 ganó las elecciones con mayoría simple y desde el “Pujol enano, habla castellano” hubo de pasar a los Pactos del Majestic y a hablar él catalán en La Moncloa.

No digamos nada con Felipe González que del “No” a la OTAN pasó a convertirse en un socio destacado de la alianza atlántica.

Por ello que ahora se abre un periodo de negociaciones al que cada partido acudirá con legítimos argumentos, unos de calado político y otros de fondo electoral, que no podemos saber como concluirá.

Hay algo cierto y en modo alguno discutible. Cada elector elige a su partido pero no con que otro partido debiera coaligarse en caso de no establecerse mayorías suficientes para gobernar.

Esa decisión la deja en manos de sus representantes a no ser que estatutariamente se establezca lo contrario, como sucede en algunas formaciones de izquierda.

Ya comentaba Mariano Rajoy, tras el referéndum británico para la salida de Europa, que ese tipo de decisiones no debían trasladarse al pueblo sino ser tomadas por los políticos.

Pues bien, van a ser los políticos quienes en último término decidan, de acuerdo a sus compromisos electorales, a la posibilidad de conjugación de programas y a criterios estratégicos, cómo conformar un gobierno o, como ya hemos vivido, cómo ir a nuevas elecciones.

En mi opinión, el respeto a gobernar a la lista más votada debiera ser un principio inalterable, siempre que dicha lista asuma la responsabilidad de dar el paso al frente (no olvidemos que tras el 20D el Partido Popular rechazó esa opción).

Olvidémonos de las mayorías llamadas naturales, PP-C’s o PSOE-Podemos, que algunos alientan, evidentemente en beneficio propio, ya que unos y otros mantienen diferencias que en algunos casos son insalvables.

Planteémonos el horizonte, en principio, con un gobierno en minoría, en este caso del PP, que evidentemente habrá de llegar a continuos acuerdos parlamentarios de carácter legislativo, lo que, por otra parte, representa un buen ejercicio democrático.

Ello obligaría,  al menos, a la abstención de PSOE y Ciudadanos o al apoyo de investidura de unos u otros.

A partir de esa primera premisa puede avanzarse aún más en las negociaciones, estableciendo acuerdos de legislatura, con participación o no en el Gobierno, lo que, evidentemente, de conseguirse una mayoría absoluta tras los mismos, trasladaría mayor estabilidad a la vida política española.

¿Se llegará a este punto? La verdad es que lo desconozco, de lo que sí estoy convencido es de que en caso de que Mariano Rajoy acepte someterse a la investidura, tanto PSOE como C’s deben al menos abstenerse en la votación, permitiendo un Gobierno del Partido Popular.

¿Supone ello una claudicación? En absoluto. El poder legislativo se mantendría en la diversidad (Ley de educación, Ley electoral, Ley de presupuestos, Ley de dependencia, etc.,etc.) y las negociaciones se establecerían en el Parlamento.

En todo caso y de ser posible, yo abogaría por un amplio acuerdo entre partidos, sin entrada en el Gobierno y con la libertad de realizar un seguimiento parlamentario de los mismos sin pérdida de identidades.

Ya vimos tras el 20D que nuestros representantes no estuvieron a la altura de lo que se demandaba de ellos. Puede que la experiencia les haya servido para cambiar y en esta ocasión sí hagan compatibles los intereses de los españoles con los de los propios partidos, en un ejercicio de inteligencia política.

Menganito o Zutanito

Enrique Bellido Muñoz | 17 de junio de 2016 a las 13:57

conflicto de interesesEs cierto que a quienes hemos militado antes en el Partido Popular, quienes defendemos las políticas liberales, puede chocarnos la rotundidad con la que Albert Rivera rechaza un pacto con los populares, en base a la presencia de la figura de Mariano Rajoy.

Sin embargo, si analizamos bien las causas, al margen de abrir espacios por los que puedan discurrir votantes socialdemócratas hacia C’s, conformando así un centro real, hemos de reconocer que la figura de Rajoy ha estado ligada a los casos de corrupción del PP, siempre en puestos de relevancia dentro del partido, y mucho más directamente a la figura de Bárcenas como tesorero del mismo y persona clave en la financiación irregular de los populares.

Es por ello que quien, como expresión más benévola, ha mirado al menos hacia otra parte sin enterarse de la trama existente en Génova, e incluso ha animado a su antiguo tesorero a aguantar la situación una vez los hechos eran evidentes, o no se ha dado por enterado de lo que en otras Comunidades -Valencia o Baleares- se venía haciendo, manteniendo a la exalcaldesa de Valencia -Rita Barberá- en su cargo, al abrigo de los tribunales ordinarios de justicia, no puede liderar un proceso de regeneración de la política y de lucha contra la corrupción con las necesarias garantías.

Sin embargo, ello no debe suponer, en modo alguno, negar la posibilidad de establecer acuerdos programáticos y de legislatura entre PP y C’s que ya se apuntaron tras el 20D sumando a los mismos al PSOE.

Una cosa es cierta, no lo olvidemos. De mantenerse las encuestas, Ciudadanos podría ser clave para impedir el acceso de Unidos-Podemos al gobierno a través de un pacto con populares o socialistas o con ambos a la vez.

Ante la posibilidad regresiva de ser gobernados por un partido de corte marxista leninista, creo que las personas no deberían ser obstáculo a un gobierno constitucioalista de corte moderado en el que la mayoría de los españoles tuviésemos cabida.

No podemos fiar nuestro futuro a que menganito o zutanito sean quienes encabecen un ejecutivo sino a las políticas a aplicar. Si lo que existe es un problema de personalismos, despersonalicemos la situación dando un paso atrás los números uno de PP, PSOE y C’s,  situando en su lugar a nombres alternativos que no generen rechazos, liderados por el representante del partido más votado.

Si el problema es simplemente ideológico la solución es aún más fácil, buscando puntos de encuentro programáticos, que los hay, o elaborando otros nuevos, lo que no debería costar esfuerzo alguno para tres partidos que se dicen demócratas.

Lo que me temo es que, al final, las discrepancias y la luchas se establezcan solo por “el poder por el poder”,  lo que hace inviable cualquier tipo de acuerdo.

Habremos de reconocer que, en base a los antecedentes existentes tras el 20D, los socialistas mantuvieron una actitud mucho más intransigente en las negociaciones por dos motivos claros: ni obtuvieron la mayoría simple, ni llegaron tan siquiera a plantearse la posibilidad de un acuerdo con el PP, lo que dificultaba de forma decisiva la posibilidad de formar un gobierno constitucional.

En su beneficio hay que reconocerle el no haber pactado con Podemos e independentistas para hacerse con el gobierno y sí hacerlo con un partido moderado como C’s.

¿Que ocurrirá tras el 26J? Realmente es difícil de predecir, mucho más si Unidos-Podemos supera al PSOE. No creo que los socialistas se entreguen en sus brazos, pero tampoco es previsible qué podría suceder tras la renuncia de Pedro Sánchez por su fracaso. Podría ser posible un acuerdo entre PP, PSOE y C’s, con distinto nivel de implicación de cada uno de ellos en el mismo, con un gobierno del PP en minoría, con o sin Rajoy a la cabeza.

Mucho más complicadas serían otras posibilidades, reconociendo que la anterior ya lo es, y, en todo caso, no creo que Pablo Iglesias llegue a la Moncloa, simplemente porque no entiendo que la mayoría de España y nuestros representantes caigan en el dislate de tal opción.

En cualquier caso, y frente a lo que algunos plantean, Ciudadanos está llamado a jugar un papel crucial y mucho más aún en función de los apoyos que reciba, los cuáles pueden convertirse en los votos más útiles de cuantos se emitan

 

 

Los hermanos de Cristo

Enrique Bellido Muñoz | 15 de junio de 2016 a las 11:04

Hermanos de cristoEl pasado domingo, escuchando la epístola de San Pablo a los Gálatas (Ga 1,11-19) sobre su visita a Jerusalen, volvió a llamar la atención al oído la frase “solo encontré a Santiago, el hermano de Jesús”.

Y es que, desde pequeños, siempre se nos ha mostrado a la Sagrada Familia con tres miembros, Jesús, María y José, y en modo alguno se nos planteaba la posibilidad de que existiesen más, como hermanos de Jesús.

El Dogma de la Virginidad Perpétua de la Madre de Dios, definido en el Concilio de Letrán, en el 649, bajo en pontificado del Papa San Martín I, en estos términos,   “Si alguno, de acuerdo con los Santos Padres, no confiesa que María Inmaculada es real y verdaderamente Madre de Dios y siempre Virgen, en cuanto concibió al que es Dios único y verdadero -el Verbo engendrado por Dios Padre desde toda la eternidad- en estos últimos tiempos, sin semilla humana y nacido sin corrupción de su virginidad, que permaneció intacta después de su nacimiento, sea anatema”, determinaba la doctrina de la Iglesia Católica en el sentido de que María sólo tuviese un hijo, Cristo y su Maternidad, por tanto, sólo fuese divina, como ya recogió en el 431 el Concilio de Éfeso.

Sin embargo, los Evangelios de Marcos (6,3 ss) o Mateo (13 54-55) y los Hechos de los Apóstoles, recogen las figuras de los hermanos de Cristo, que parece ser eran cuatro varones (Santiago, José, Simón y Judas) y dos hembras (de cuyos nombres no se habla en el Evangelio pero Hegesipo nomina como Salomé y Susana)

¿Eran realmente hermanos de padre y madre, de José y María?

Hay opiniones que dicen que sólo eran hermanastros, hijos de un matrimonio previo de José, si bien otros estudiosos del tema rechazan esta versión por la nula presencia de ellos en las primeras etapas de la vida de Jesús.

Hay quienes argumentan que el término hermano era mucho más amplio en su concepto y abarcaba también a otro tipo de parientes como puedan ser los primos. Otros autores afirman que no cabe tal interpretación, bajo el prima del griego del Nuevo Testamento que tiene términos específicos para denominar a primos y parientes.

Lo cierto es que tales hermanos, primos o hermanastros, en sus primeros momentos no creían en Jesús e incluso, en compañía de María, intentaron disuadirle de su ministerio  (Mateo 12, 46 ss). Sin embargo consta que se produjo un cambio en ellos tras la crucifixión, ya que en Pentecostés tanto María como los hermanos de Jesús ya formaban parte de la comunidad judeo-cristiana de Jerusalen (Hechos 1, 14).

Es más, Santiago presidió en Jerusalen un concilio, en torno al año 49, en el que se abrió la puerta a la nueva fe a los no judíos, y fue linchado en el año 62 por una turba de judíos integristas.

En cualquier caso, éste de los hermanos de Jesús representa un episodio más de la biografía, no siempre claramente definida, de un personaje de indudable trascendencia para la Humanidad que, fuese o no el Hijo de Dios, marcó el camino de una nueva religión y de un nuevo modelo de sociedad que ha llegado hasta nuestros tiempos aún a pesar de las Iglesias que lo han transmitido.

Echa uno en falta que frente a las evidencias que parece ser mostró Jesús sobre su divinidad a sus apóstoles y quienes le rodeaban, a lo largo de sus tres años de ministerio, no nos hayan llegado datos biográficos más concretos de toda su existencia, narrados por personajes distintos a quienes fueron sus apóstoles.

Ello nos somete, en muchas ocasiones, al ejercicio de la fe, el cual se enfrenta, también con frecuencia, al de la racionalidad.

De cualquier manera nos queda una doctrina, no siempre bien explicada a lo largo de los siglos por la Iglesia, que ha determinado, por mucho que les pese a algunos, el fenómeno religioso, social y cultural posiblemente más importante de nuestra Era, el Cristianismo.

Profundizar en él y en sus raíces es tarea de todos quienes estemos interesados en la historia del hombre. Ponerlo en valor es tarea compleja pero necesaria para una sociedad que muestra escaso interés por los valores morales.

 

 

Esclavos de nuestro voto

Enrique Bellido Muñoz | 10 de junio de 2016 a las 12:59

EsclavitudHa llegado el momento de la otra verdad, la que sucede a la verdad que no fue, la del 20D, fecha tras la que nuestros partidos, no todos nuestros partidos, fueron incapaces de llegar a un acuerdo que, superando intereses personales, abriese un campo para el trabajo en común y las reformas consensuadas.

Y este momento que se nos aproxima, con quince días de subastas por doquier, de promesas vete tú a saber si imposibles de cumplir, habrá que asumirlo, por muy decepcionados que estemos, con la responsabilidad de las grandes decisiones, sabiendo que nuestro voto por muy insignificante que sea, suma y la suma de muchos millones de votos más determinará qué gobierno nos vamos a dar durante los próximos cuatro años.

Reconozco que, personalmente, sancionaría al abstencionista sin justificación, sabiendo que contamos con la opción del voto en blanco, pero al margen de esta posibilidad de voto, habremos de tomar partido por una fuerza política u otra en función de muchos factores que podríamos entrar a valorar.

Está el factor, que yo denomino hereditario, que liga nuestra elección a la tradición familiar, al recuerdo del pasado, muy difícil de modificar porque carece del hecho de ser reflexivo.

Otro factor, muy empleado por los más conservadores, de derechas e izquierdas, y explotado, así mismo, por las fuerzas política con mayor potencial de voto, es el del miedo. El de votar una determinada opción política por miedo a que su mayor oponente pueda hacerse con el poder, obviando otras alternativas.

Paradójicamente  representa una actitud que en la mayoría de los casos va incluso contra el propio deseo del votante, poniendo en duda el valor democrático de ese tipo de votos o, por lo menos, la integridad del mismo.

Otro factor, mucho más reflexivo, es el que valora los antecedentes políticos y de gestión de unos y otros, con sus aciertos y errores, ponderando los mismos para, sin ambages de ningún tipo, tomar una decisión.

Existe otro factor determinante en muchos casos y que atiende en gran medida a la demagogia de los partidos, a la imagen de los políticos y a las circunstancias coyunturales de quienes votan.

Es este un factor muy ligado a lo etéreo, a aquello que pasa, y que tiene un colaborador muy directo en los medios de comunicación.

Por último está el factor de aquello que viene, de lo que realmente queremos para nuestra sociedad, de lo que genera ilusión de cara a nuestro futuro y estamos dispuestos a defender comprometidamente sin tener en cuenta el resultado que obtengamos.

Es el factor que valora el pasado de quienes aspiran a representarnos, tiene en cuenta la calidad de las personas que se ofrecen a dirigirnos, coincide con nuestro ideario político y social, y nos ofrece un proyecto de futuro viable y equilibrado.

Ese factor aparece cuando el bipartidismo se fracciona, en los votantes de los partidos minoritarios que pudieran servir de bisagra en futuros acuerdos parlamentarios o de gobierno.

Con él se consigue un voto que no por más “romántico” es menos efectivo y que, en todo caso, sacia las ansias democráticas de quien lo emite.

No oculto que, bajo mi prisma, este último factor acompaña al voto de Ciudadanos más que al de ninguna otra fuerza política, fundamentalmente porque, siendo el ideario del partido de corte social liberal, muy capaz de poder imbricarse con políticas moderadas de izquierda y derecha, ofrece un proyecto de futuro en el que todos tenemos cabida, desde el respeto constitucional, y una reforma sustancial de la gestión política, poniendo en valor medidas de apertura democrática de los partidos y de lucha contra la corrupción que ha imperado en los últimos años en los dos grandes partidos españoles.

Otros partidos tienen sus valores, no lo ignoro, pero también hemos podido observar sus grandes defectos, que no deberían ignorar tampoco los votantes, por lo que hace falta una reforma, no radical pero si avanzada, del sistema si no queremos continuar siendo esclavos de nuestro voto en lugar de dueños del mismo.

 

 

 

La naturalidad del cáncer

Enrique Bellido Muñoz | 3 de junio de 2016 a las 10:26

cancerHace poco más de dos años me diagnosticaron un cáncer de colon. Pasé por cuatro intervenciones quirúrgicas y seis meses de quimioterapia. Después de ese tiempo me encuentro perfectamente, desempeñando mi trabajo habitual y haciendo una vida normal en todos los sentidos.

Tristemente no sucede igual en todos los casos, en los que el cáncer, una enfermedad como cualquier otra que podamos adquirir o simplemente transportar en nuestros genes, termina por anular la funcionalidad de nuestros órganos provocando la muerte.

Los avances han sido enormes en este campo médico. Tanto los diagnósticos como los quirúrgicos, radiológicos o farmacocinéticos, hasta tal punto que tal vez un día la ciencia consiga controlar esta enfermedad.

Pero, siendo ello así, no lancemos las campanas al vuelo, ni nos sintamos, tampoco, víctimas de la enfermedad. Asumamos que sólo somos unos miembros más de la Naturaleza, sometidos, como toda ella, a multitud de factores de todo tipo que, indefectiblemente, terminan actuando sobre nosotros hasta provocarnos algo tan natural como es la muerte.

Se podrá dominar el cáncer -ya hay un equipo de investigadores de la Universidad de Maguncia trabajando en la vacuna universal contra la enfermedad-, se evitará la muerte por lesiones cerebro vasculares o cardiológicas, se logrará combatir al ébola o a la klebsiella, pero tras ello irán apareciendo nuevos procesos que, afortunadamente, harán posible la renovación de la especie.

Es cierto que quienes hemos padecido o padecemos esta enfermedad necesitamos aplicar importantes dosis de positivismo a nuestra existencia -también quienes padecen otras distintas-, pero ese positivismo no debe sustentarse sobre la idea de superación de la enfermedad, algo difícilmente previsible en muchas ocasiones, sino sobre la realidad de nuestra propia vida, los valores positivos que la misma nos ha aportado a nosotros  y también a los demás, y la naturalidad de la muerte, que a veces llega “demasiado pronto”, como también sucede en otros órdenes de la naturaleza, pero que no por ello deja de ser natural.

Para quienes impliquen a Dios en todo este proceso de la vida y la muerte, tal vez les resulte más fácil afrontarlo. En los casos en los que eso no suceda, no debiera representar obstáculo alguno  reconocer que nuestro ciclo vital está sujeto a las leyes de la Naturaleza íntimamente interconectadas con nosotros mismos. Nacemos porque el azar así lo quiso, vivimos desde una libertad condicionada también por el azar y debemos morir, indefectiblemente, a veces porque el azar así lo decidió.

No nos agobiemos, tampoco,  por aquello que dejemos tras de nuestra ida. La resolución de la inmensa mayoría de todo ello escapa a nuestras manos y habrán de ser otros quienes lo afronten. La Naturaleza nos obliga a defendernos a todos y, desgraciadamente, no es dulce con todos.

La experiencia del cáncer es una experiencia de dolor. De dolor físico y de dolor psíquico, que hemos de afrontar con los recursos que tenemos a nuestra disposición, pero que no debe desestructurar nuestras vidas ni en el presente ni de cara al futuro.

Sé que según avanzamos en edad aceptamos como más natural el proceso de la muerte y que, del mismo modo, nos cuesta mucho trabajo admitir las consecuencias del cáncer en personas jóvenes y no digamos ya en niños. Por ello que debamos redoblar nuestra capacidad de autoayuda y de apoyo al enfermo en el segundo de los casos, a fin de no trasladarle nuestra propia ansiedad y minimizar la que ellos puedan padecer.

El cáncer no es una enfermedad maldita. Es, simplemente, una enfermedad más, ligada, como las demás, a la existencia natural del hombre y de la que los propios hombres somos en muchos casos cómplices en su aparición.

Aceptémosla, tratémosla y superémosla aunque sólo sea en la fractura psicológica que pueda provocarnos, porque, sobre la física, son menores nuestras posibilidades de control.

Y para quien desee profundizar en el tema le recomiendo este estudio de la Universidad Santo Tomás de Colombia : “El cáncer como metáfora de muerte o como opción para resignificar la vida: narrativas en la construcción de la experiencia familiar y su relación con el afrontamiento del cáncer de un hijo menor de edad1

 

 

 

IDEARIOS

Enrique Bellido Muñoz | 26 de mayo de 2016 a las 9:59

Votar no es un acto mecánico por el que escogemos una papeleta – a veces nos la escogen- y en el colegio electoral la depositamos en la urna tras identificarnos.

Votar, elegir entre las distintas opciones que se nos ofrecen, es mucho más.

Debiera representar un acto reflexivo de primer nivel pues en esa toma de decisión nos jugamos, aunque después los partidos puedan desvirtuar sus compromisos, gran parte de nuestro futuro. Ese que escapa a nuestras capacidades o conocimientos y que entra en el terreno de lo común, de lo que como sociedad somos.

Pero toda reflexión ha de partir del conocimiento de aquello que se nos ofrece, de la experiencia vivida con quienes lo pretenden llevar a la práctica y, algo fundamental, del análisis coyuntural del espectro político, tanto individualmente como conjunto que puede verse en la necesidad de establecer acuerdos.

Dos factores que influyen poderosamente en el ciudadano son la herencia casi genética de un amplio porcentaje de los votos, nacida de la división secular entre lo que en nuestros tiempos denominamos como derecha e izquierda, y la capacidad de liderazgo personal de quienes lideran cada uno de los partidos.

Existe, también, otro tipo de líderes influyentes que son los de opinión, que a través de los medios de comunicación logran reafirmar, en la mayoría de los casos, el voto casi decidido, dado el sesgo ideológico de los distintos medios y de quienes se acercan a ellos, y, en menor número de casos, consiguen reorientar al votante que se mueve en ese territorio de nadie por el que todos los partidos luchan.

Y como generador de opinión, que no líder, les traigo a estas páginas una declaración que a mí, personalmente, me impulsó a optar por una formación política, Ciudadanos, una vez transcurridos muchos años en ese territorio de nadie.

Es la declaración básica del ideario de C´s que reza así: “El ideario básico de Ciudadanos (C’s) se nutre del liberalismo progresista y del socialismo democrático. En la articulación de ambos encontramos los principios que hoy fundamentan la convivencia en todas las sociedades avanzadas. Estas tradiciones políticas parten de una base común configurada en la época de la Ilustración: el predominio de la razón, por encima de los sentimientos y las tradiciones, en el enfoque de los problemas políticos. Ello comporta, muy especialmente, la afirmación de los derechos y las libertades individuales de las personas frente a unas supuestas identidades colectivas, la preocupación por la realidad y por los problemas cotidianos más que por los símbolos y los mitos, la utilización de argumentos razonables en lugar de dogmas ideológicos inamovibles.”

Un planteamiento social-liberal que pretende reunir las bondades de dos pensamientos políticos que en modo alguno son excluyentes, por mucho que interesadamente haya quienes pretendan que así lo perciba la sociedad, defendiendo el bipartidismo irreconciliable, como así se nos ha mostrado tras el 20D.

Hoy en día tanto el liberalismo del PP como el socialismo del PSOE están poniendo en marcha políticas de corte social o liberal, pero desde el temor o la vergüenza a perder sus propias identidades y a quienes desde posicionamientos más inmovilistas los apoyan.

C´s pretende algo distinto. Pretende que la razón política prevalezca sobre los dogmas ideológicos, facilitando un sistema de libertades individuales distinto a las identidades colectivas, en el que tengan cabida el diálogo y la contrastada toma de decisiones.

¿Qué se están produciendo imperfecciones? Nadie lo niega. Pero creo que poco a poco se ira depurando el sistema en el sentido de eliminar inercias nocivas y actitudes excluyentes por parte de quienes se hayan podido acercar a este modelo buscando interesadamente el calor que no le dieron en otros.

Este ideario, https://www.ciudadanos-cs.org/statico/pdf/ideario.pdf , que a mí me ha convencido, puede no convencer a todos y en ello se basa gran parte de la reflexión a la hora de votar. La necesidad de conocer y creer, al menos, y no como dogma de fe, qué orienta a los distintos partidos políticos y, si queremos profundizar aún más, con qué tipo de medidas pretenden conseguir sus objetivos.

La democracia no es madura por sus años de existencia, lo es por cómo se hayan ocupado los mismos, por cómo los ciudadanos hayan participado de este modelo de convivencia tan frecuentemente asaltado por intereses partidistas.

Liberalizar no es privatizar

Enrique Bellido Muñoz | 20 de mayo de 2016 a las 12:36

Hospital-amigoNo hace muchos días, el Consejero de Salud de la Junta visitaba el hospital universitario “Reina Sofía” para dar la noticia del exitoso transplante hepático de adulto vivo a niño, realizado por el equipo del Dr. Briceño.

Al mismo tiempo, la Presidenta de la Junta alababa en un twiter el contar con una sanidad pública andaluza en vanguardia.

Nada que objetar a los logros científicos y terapéuticos que en nuestro hospital de referencia se han venido produciendo desde que hace cuarenta años se inaugurase. Tales avances, tanto en el área de transplantes como en muchas otras, han logrado salvar muchas vidas o mejorar la calidad de otras que, en suma, es el objetivo fundamental del ejercicio de la medicina.

Sin embargo, y sin pretender ser derrotista, tal vez deberíamos replantearnos cuáles han de ser las prioridades de nuestro sistema sanitario público y como financiarlas y gestionarlas para poder hacerlas realidad.

Y es que el acto médico no comienza cuando se realiza un transplante, se hace un implante coronario o se lleva a la práctica la más novedosa técnica radiológica o de laboratorio.

El acto médico, la inmensa mayoría de los actos médicos, tienen como escenario el reducido espacio de un consultorio, un quirófano de rutina o la realización de pruebas exploratorias complementarias de baja cualificación.

Y es precisamente ahí, en la Atención Primaria, en los servicios de urgencias, en la atención especializada menos compleja, donde nuestro sistema no está respondiendo con los niveles de calidad que la población espera y merece.

Y al hablar de calidad no me refiero exclusivamente a calidad en el diagnóstico y tratamiento, que también. Me refiero a todo aquello que debe acompañar a la relación medico/enfermo, como pueda ser la consecución de una situación de empatía y confianza entre ambos, hoy imposible dados los tiempos tasados de duración de las consultas, o los tiempos de espera, fundamentalmente en la medicina especializada, que, en muchos casos, si no ponen en peligro la vida del paciente, sí que le generan trastornos por tales demoras.

Evidentemente resulta imposible mantener una inmediatez absoluta en el tratamiento asistencial de todo paciente. La espera guarda, en todos los órdenes de la sociedad, una relación directa con la demanda y los medios habituales de los que se disponen para atenderla. Sin embargo, mejorar la calidad del concepto inmediatez, tanto en su cualidad como en el tiempo, debería llevar a quienes gerencian nuestro sistema sanitario a aplicar nuevos modelos de gestión que, sin hacer dejación alguna de lo público, den mucha mayor fluidez a los canales sanitarios, a la vez que consigan la armonía entre demanda y medios, hoy muy deteriorada por las políticas de personal que vienen poniéndose en marcha y que lastran, también, la calidad asistencial.

Eso sin olvidar que el 20% de la población tiene contratado un seguro médico privado, lo que descarga de forma importante la carga asistencial en lo público.

Negarse a incrementar la diversificación en la provisión de los servicios sanitarios, desde el respeto a la prestación pública de los mismos, considero que es un error.

No hablamos de privatizar la sanidad sino de adaptarla a un proceso de liberalización en cuanto a la provisión de los servicios, que acabe con la rigidez y debilidad de parte del actual sistema.

Es cierto que la Junta ya lo viene haciendo con bastantes hospitales privados, centros de diagnóstico o procedimientos complementarios, pero debería establecerse un marco administrativo mucho más abierto que permitiese regularizar en cualidad y calidad niveles más básicos de nuestro sistema público de salud.

Y, por cierto, que nadie piense que la sanidad pública es gratuita. De eso nada. Cada español pagamos – a quienes menos ingresos generan se lo pagan quienes generan más- 1300 euros anuales por la atención que recibimos. Por tanto, estamos en disposición de exigir medidas de todo tipo que gestionen adecuadamente nuestras aportaciones, mejorando todos los niveles asistenciales del sistema

Salvad al soldado Rivera

Enrique Bellido Muñoz | 18 de mayo de 2016 a las 9:12

Soldado Rivera jpegDiga lo que diga Mariano Rajoy, Albert Rivera irrumpió en la vida política española, primero, para asumir el papel de alternativa al conservadurismo independentista de CiU, una vez que el Partido Popular de Cataluña no lograba avanzar en ese espacio político.

El resultado es evidente, y Ciutadans se ha consolidado como alternativa constitucional a las fuerzas independentistas una vez que estas incluso han perdido su referencia ideológica para reunirse en un magma amorfo que lucha por abrirse paso en el actual volcán catalán.

En segundo lugar, Ciudadanos, con Rivera al frente, vino a dar el paso al frente en  política nacional, con la finalidad de democratizar las estructuras del centro derecha-izquierda de nuestro país y aportar un aire de modernidad e ilusión en el eje social-liberal, de forma que los ciudadanos recuperasen la credibilidad en un sistema democrático que viene dando grandes muestras de inmovilismo y degeneración.

Comprendo que su irrupción, después del éxito catalán, levantase ampollas en quienes veían más acosado su territorio, los populares. Por ello que durante la campaña del 20-D desplegasen todos sus esfuerzos en intentar anular, mediática y argumentalmente, a C´s.

En cualquier caso era mucho mayor el deseo de un cambio y centenares de miles de antiguos votantes del PP y gran parte de los indecisos de izquierdas, optaron por confiar en Rivera, alcanzando Ciudadanos un excelente resultado en las urnas.

A partir de ahí la historia es más que conocida, radiada y televisada. Rechazada por Rajoy la opción de buscar gobierno, fue Pedro Sánchez quien la aceptó, invitando para ello a C´s a buscar un acuerdo de legislatura que se logró pero que resultó numéricamente insuficiente para alcanzar la investidura.

La actitud pasiva de unos, intransigente de otros e inconstitucional de varios, desembocó finalmente en unas nuevas elecciones, frustrantes para la ciudadanía, que no para algunos partidos. Me refiero a PP y Podemos.

Nuevos comicios que al margen de representar un gran fracaso de nuestro sistema de partidos y de la capacidad de diálogo y entendimiento de algunos, nos sitúan en un horizonte indefinido, con enormes nubarrones que va a venir precedido por una dura campaña en la que se va a utilizar más el argumento del desprestigio al oponente que el de ofrecer un proyecto de futuro al ciudadano.

Y en esa “guerra” tengo la sensación que será al “soldado Rivera” a quien vaya dirigida la mayor parte de la munición de quien mayores ganas tenía de librarla, el Partido Popular.

El argumento del voto útil, tan escasamente creativo y tan dudosamente democrático, será el principal obús al que Ciudadanos deba hacer frente, fundamentalmente desde la derecha aunque también desde la izquierda socialista, en la lucha por mantener un bipartidismo que los populares ven amenazado por el centro y los socialistas por la izquierda.

No va a ser sencillo librar una batalla que necesitará de un enorme grado de estrategia napoleónica y de un muy sutil y apabullante a la vez, fondo argumental.

Y será, nuevamente, el “soldado Rivera” quien deberá actuar de punta de lanza para abrir las líneas del adversario, con un adecuado grupo de apoyo que le permita salvar las posiciones obtenidas.

Todo está por ver…

Elocuente y premonitorio

Enrique Bellido Muñoz | 11 de junio de 2015 a las 13:51

Por fin la política española se vuelve interesante y toma visos de ingresar en la mayoría de edad. Ha tenido que ser Ciudadanos-C’s, un partido joven en España pero con una trayectoria comprometida y limpia en Cataluña, quien venga a poner orden en este reparto bipolar que entre PP y PSOE se venía haciendo de la voluntad de los ciudadanos, introduciendo una verdadera cuña en el centro político de nuestro país que está removiendo a unos y a otros y sentando las bases del diálogo político y el ejercicio de la democracia real, no el de las mayorías absolutas de unos u otros.

Albert Rivera, les pese a quienes les pese -mucho más les pesa a los del ala más derechista del Partido Popular- está demostrando no sólo su gran capacidad dialéctica y su buena imagen ante los medios de comunicación, sino algo mucho más importante. Viene demostrando su capacidad de liderazgo y su sentido de Estado frente a quienes no han querido ver mucho más allá de los intereses personales o de partido.

Está siendo la derecha la que mas escocida se siente con cada una de las tomas de decisiones que está llevando a cabo C’s, precisamente porque se siente acomplejada ante una fuerza política que pone en práctica la lógica y la razón de Estado frente al pastoreo y el sectarismo que tan buenos resultados le había venido dando hasta ahora.

Tal vez en esa práctica tan afianzada creyeron que C’s representaría, tras las elecciones, una fuerza doméstica a la que utilizar a su antojo, sin darse cuenta de que a lo que venía realmente el partido presidido por Rivera era a instaurar un nuevo modelo de partido, una nueva forma de hacer política, totalmente distinta a la defendida por los populares.

Seguramente por ello se hayan lanzado a la yugular de C’s, tras el acuerdo de investidura firmado con el PSOE, sin valorar siquiera -ahí les fallaba la razón- el acuerdo, también, en la Comunidad de Madrid con el PP,ciudadanosWE--644x362 u otros establecidos en distintos municipios.

No caían en el hecho de que apoyar la investidura de Susana Diaz representaba, en primer lugar, dejar gobernar a la fuerza más votada- que mantiene una enorme diferencia con el PP-A en sus peores resultados de las historia- y, en segundo lugar, impedir la radicalización por la izquierda del gobierno de la Junta.

O si caían, pero para ellos hubiese sido mejor que los andaluces hubiéramos sufrido en nuestras carnes esa radicalización, para así tener más opciones en las próximas generales de arañar algún voto más. Una demostración, una vez más, de la cortedad de miras que el PP ha practicado en nuestra Comunidad.

Lo cierto es que cada vez son más las voces que dudaban y que ahora comienzan a ver la luz en las acciones de Ciudadanos y Rivera.

Un ejercicio elocuente y premonitorio de que si se siguen haciendo las cosas con lógica, seriedad y razón de Estado, C’s tendrá mucho que decir en la política española del futuro.

 

Situaciones paradójicas

Enrique Bellido Muñoz | 8 de mayo de 2015 a las 12:11

pactos de gobiernoLa última encuesta del C.I.S. nos traslada a un nuevo escenario una vez se produzcan las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo.

Las mayorías absolutas del Partido Popular en muchas de las capitales de provincia y grandes ayuntamientos, así como en una buena parte de las  CC.AA. que acuden a esta cita electoral, parecen estar en peligro, lo que obligaría, en muchos casos, a establecer acuerdos de gobernabilidad, como el que el PSOE intenta lograr en Andalucía, todavía sin éxito.

Mucho se ha criticado, fundamentalmente desde el P.P., la posibilidad de que Ciudadanos se abstuviera en la votación de investidura de Susana Díaz para presidenta de la Junta.

Es muy probable, según el C.I.S., que los populares tengan que solicitar de C’s la misma actitud que hasta ahora le han venido echando en cara.

Y digo hasta ahora porque ya se han producido diferentes manifestaciones en Madrid, Valencia, etc., en las que se omiten las críticas al partido de Albert Rivera, a sabiendas de que puede representar la llave de la gobernabilidad futura en muchas instituciones.

Ello viene a demostrarnos, una vez más, la imperfección de nuestro sistema democrático y el tratamiento electoralista que nuestros representantes y partidos dan a la voluntad del pueblo, manipulándola a su antojo, sin escrúpulos de ningún tipo, según se adapte o no a los intereses personales o partidistas.

Porque, si los dos grandes partidos se han negado hasta ahora a que se celebre una segunda vuelta que determine cual es el partido de gobierno, o a instaurar por ley que deba ser la fuerza política más votada aquella que gobierne, ¿a que viene ahora rasgarse las vestiduras ante los acuerdos postelectorales que, indefectiblemente,  son la única solución para la formación de un gobierno estable?

No olvidemos que ya lo practicaron PSOE y PP con CiU, y ambos con otras fuerzas políticas en otras muchas instituciones.

El mismo Partido Popular, en mi etapa como concejal del Ayuntamiento de Cabra, hace de esto casi treinta años, ya apoyó a PSOE y PA, listas más votadas en el 87 y 91, para garantizar la gobernabilidad del municipio.

Por eso que cuando se han levantado voces en Andalucía contra la posible abstención de Ciudadanos, me ha dado que pensar en la madurez democrática de muchos políticos de nuestra tierra y, en general, de muchos electores, que creen que participar en democracia es sólo depositar un voto en las urnas, sin aceptar que ese voto va cargado de responsabilidad para quien lo recibe.

Llegar a acuerdos es uno de los principales ingredientes del sistema democrático, lo otro es apostar o bien por la anarquía o bien por el totalitarismo. Es más, aquellos que han hablado de traición olvidan que, a priori, ninguna fuerza política puede garantizar su posición tras las elecciones al desconocer la situación en la que quedará, lo que obligará a cada una de ellas, se supone que en un ejercicio de responsabilidad y coherencia con su programa, a establecer las sintonías que hagan posible gobernar.

Otra cosa distinta es el pacto de sillones que en su día establecieron PA e IU con el PSOE, motivado más por hacerse con una cuota de poder que por la gobernabilidad real. Y así terminaron.

En el mes de junio tendremos oportunidad de observar situaciones paradójicas, aunque esperemos que todas ellas terminen beneficiando a quien en primer y último término deben beneficiar, a la ciudadanía.