¿Existe el voto inútil?

Enrique Bellido Muñoz | 24 de noviembre de 2014 a las 16:12

cubosUno de los mayores éxitos del bipartidismo, como lo entendemos en España, ha sido sacar fruto del llamamiento al voto útil, en una sociedad que aún hoy no ha podido desprenderse de la rémora republicana y los posteriores efectos del franquismo ni de la fragmentaron en esa limitante visión de la realidad política que representa el “ser de derechas” o “ser de izquierdas”.

Una desgracia, como otra cualquiera, que no ha podido ser superada, tan siquiera, por las incesantes llamadas al voto de centro que desde la derecha o la izquierda socialista se han venido haciendo, lo que ha configurado el inmovilismo ideológico y electoral hasta ahora existente, sólo alterado por esos dos o tres millones de votantes que, en último término, han sido quienes han venido otorgando mayorías a unos u otros.

El “miedo” a ¡que viene la derecha o la izquierda!, ha  magnetizado la mano de los electores, incapaces de escoger de las cabinas papeletas distintas a las de los dos partidos mayoritarios, lo que ha venido provocando una idiocia política y social valorada en términos de confrontación, ausencia de riqueza argumental y ruptura estructural según quién fuese quien sustituyese al otro.

No han cabido los términos medios,  o un modelo educativo u otro, a un modelo sanitario o el del contrario, o un modelo económico o el del adversario.  Eso de modelar nuestros servicios esenciales o nuestra economía con formulas más participativas, amplias y enriquecedoras para todos no ha tenido lugar en nuestra práctica política.

Había que demostrar que se era de derechas o de izquierdas y todo lo que fuera introducir alternativas parece que rechinaba en el engranaje de nuestro Estado. Eso sí, siempre, menos cuando para obtener mayorías suficientes para gobernar había que pactar con los nacionalistas, ahora independentistas, de CiU o PNV o con la izquierda más a la izquierda que representa IU, dándoles en ese caso el oro y el moro -con perdón- de nuestros favores.

Ellos eran el voto útil y el resto, las nuevas formaciones que aspiraban a aportar algún toque diferencial a la rigidez del bipartidismo, representaban el voto inútil, el voto perdido.

Digo eran porque las cosas parece que comienzan a cambiar. Y es que el monopolismo de los grandes partidos ha destapado la corrupción que tal modelo político escondía, haciendo que la sociedad se plantee la necesidad de alternativas ya sean populistas, como la que representa Podemos en los sectores de izquierdas, o integradoras, de base ética y planteamientos realistas, como es el proyecto que defiende Ciudadanos-C’s que se alimenta del liberalismo progresista y el socialismo democrático para conformar una opción capaz de, manteniendo la integridad del Estado, afrontar, sin rupturas, políticas sociales y económicas capaces de dar respuestas a amplios sectores de nuestra sociedad.

Podemos persigue, no hay duda, recuperar las bases del antiguo comunismo igualitario, sostenido por una clase dirigente radical en sus planteamientos y contradictoria en su forma de vida, con el que servir de revulsivo a la izquierda indefinida actual, y  Ciudadanos-C’s aspira, tampoco existe esa duda, a despertar  la inquietud de una derecha y una izquierda democrática, ahora anodinas, que no se identifican con ninguno de los turbios asuntos hasta ahora conocidos, que quieren humanizar el ejercicio de la política y que aspiran a romper ya los lazos con el franquismo o con el radicalismo de la República desde planteamientos económicos y sociales de mutuo entendimiento.

La utilidad o inutilidad de cualquier voto no viene marcada por cómo pueda afectar este a los partidos hegemónicos, sino por cómo beneficie o no a la sociedad tanto en los principios éticos que nazcan de sus representantes, como en los logros sociales que con ello se alcancen y en el desarrollo democrático que se consiga.

Resulta evidente que gozamos de la potestad de seguir esclavos del miedo, a la derecha o a la izquierda, pero también de optar por liberarnos de esa atadura y conseguir ser nosotros mismos, con nuestras diferencias y nuestras sintonías pero siempre desde la libertad y la búsqueda del bien común.

 

 

 

El Guaperas

Enrique Bellido Muñoz | 20 de noviembre de 2014 a las 13:13

pedro sanchez“Pon un guaperas en tu vida”. No, no se trata del lema de ninguna organización femenina, ni tampoco la máxima aspiración que mujer alguna pueda tener en su vida. Considero al sexo femenino mucho más inteligente como para depositar todas sus esperanzas de futuro en la belleza física de alguien, sin tener en cuenta las capacidades intelectuales, a parte de sentimentales, de su pareja.

Sin embargo, en política parece que no es así. Partidos como el PSOE, ahora IU está en vías también de aplicarlo y nada me extrañaría que el P.P. se sumase al carro, han optado por hacer propio el lema y poner un “guaperas” al frente de sus organizaciones una vez que van descubriendo que con sus programas, su intelectualidad, su forma de estar y dirigir la nación, pierden apoyos y hasta la razón de ser.

Y esto es lo que le pasa a Pedro Sánchez, secretario general de los socialistas españoles, que se cree que sigue en las tertulias de Intereconomía TV o 13 TV, en las que daba muy bien en pantalla, pero en las que las opiniones que se vertían eran gratuitas -por mucho que cobrase por su participación en aquellas, como todo contertulio- y alejadas de la realidad de las tareas de Estado, encontrándose en el momento actual en la propia esencia de dicho Estado, como máximo representante del principal partido de la oposición, manteniendo un discurso tertuliano, genérico, hueco de contenido, escasamente comprometido y en la búsqueda permanente del aplauso de los propios, a los que todavía tiene que convencer.

La situación de España exige, más que un físico agraciado, hombres de Estado que con visión de futuro afronten la situación crítica que vivimos, aportando soluciones concretas -¡vamos mojándose, en román paladino!-, no apuntando al paraíso sin explicar cómo se puede acceder a él.

Y Sánchez viene dedicándose a eso, a la innoble tarea -que otros también practican- de intentar destruir al adversario, colaborando con ello a la destrucción del país, sin tender la fortaleza de la mano propia -puede que por propia debilidad- para salir todos juntos de este atolladero.

Y en el contencioso de Cataluña es donde Pedro Sánchez está dando más muestras de su pobreza de espíritu, de representar una fachada muy vacía de contenido, de ser un buen tertuliano que da en pantalla pero no un hombre de Estado.

No vale, como él apela continuamente, llamar al diálogo sin aportar los términos en los que debe establecerse dicho diálogo, cuando contamos con un marco constitucional que define muy claramente la composición del Estado, que unos quieren dinamitar y desde el Gobierno se defiende.

¿Qué tipo de diálogo? ¿El de la independencia, como defienden los nacionalistas, o el de la unidad, aunque fuese en el seno del federalismo que defienden los socialistas?

No se puede ser cínico y defender la unidad de España mientras se exige del Gobierno un diálogo que es imposible con quienes no admiten otra premisa que la independencia de Cataluña.

Y ante el 9-N no se puede estar defendiendo la Constitución y a la vez atacar al Ejecutivo por intentar perseguir su incumplimiento, sólo porque electoralmente no le convenga al PSC, o bien, si el Gobierno hiciera dejación de sus funciones, atacarlo entonces por mostrar su debilidad.

Y si de la situación económica, la corrupción, la política exterior o la Unión Europea hablamos, que les voy a decir. Ya conocen el episodio del rechazo al nombramiento de Arias Cañete como Comisario europeo, los ataques continuos a las reformas económicas emprendidas para solucionar las maltrechas cuentas del Estado dejadas por Rodríguez Zapatero o la viga en el ojo propio que no quiere reconocer en materia de corrupción, que demuestran que ir de “guaperas” da muy bien en televisión pero no sirve para nada a la hora de hacer POLÍTICA con mayúsculas.

 

 

MEDJUGORJE

Enrique Bellido Muñoz | 27 de octubre de 2014 a las 14:06

medjugorje¿Se adquiere o se regala la fe? Es una pregunta que a lo largo de muchos años me he planteado y para la que todavía hoy no he encontrado respuesta.

Que existen personas de fe nadie puede negarlo. Todos aquellos que dedican su vida a enseñar el camino de Dios a los demás, quienes evangelizan a través de la ayuda y la entrega personal o quienes ocupan su quehacer diario en la contemplación y la oración, está claro que se mueven llevados por lo que denominamos fe, que no es sino la creencia absoluta en alguien que nos ha dado la vida y que al final de esta nos acogerá en su seno.

Sin embargo, una cosa es aceptar, comprender y practicar la doctrina de Cristo- en el caso de los cristianos-, o de algunos profetas en otras religiones, lo cual se enmarca dentro del hecho histórico -posiblemente modificado por el hombre con el paso de los siglos- y la racionalidad, y otra muy distinta lo es el creer en algo tan empírico y etéreo a la vez que tan incomprensible desde el pensamiento racional, como es la figura de Dios.

Por eso que mantenga esa duda entre la adquisición terrenal o el regalo divino de una fe que igual que mueve montañas, en ocasiones -como es el caso del fundamentalismo islásmico ahora o en tiempos pasados el catolicismo- termina por destruirlas.

Y testimonios de fe son los que en estos últimos días he tenido ocasión de recibir en una visita que junto a otras personas hemos realizado al pueblo de Medjugorje, en la república de Bosnia- Herzegovina, muy cerca de Mostar, ciudad en la que durante años estuvo un destacamento del ejército español durante la dramática guerra de los Balcanes.

Allí, en Medjugorje, hace 34 años que la Virgen, en base al testimonio de sus videntes, todavía no reconocido oficialmente por la Iglesia, se apareció a seis niños -cuatro chicas y dos chicos- y a partir de entonces sigue manteniendo contacto con ellos con una periodicidad distinta.

Ello ha provocado que esta ciudad se haya convertido en un centro de peregrinación mariana en el que no sólo se alimenta la fe de quienes la poseen, sino también la espiritualidad de quienes buscan la paz interior, junto a la labor social de quienes movidos por ambos sentimientos han dedicado su tiempo y sus bienes materiales a distintos cometidos dirigidos a los más necesitados.

Tal vez no importe tanto el hecho de que la Virgen se apareciese en una pequeña colina pedregosa, como la posibilidad de indagar y descubrir en el fondo de cada uno aquello que nos pone realmente en valor, por encima del prestigio material, y que nos puede acercar al ser humano desde una visión muy distinta a la que nuestra dinámica social nos ofrece, contemplándolo como un complemento necesario e insustituible en nuestro crecimiento ético, espiritual y moral.

Posiblemente a muchos de quienes lean esta reflexión les interese conocer si estoy en camino de resolver mi incógnita.

No puedo negarles que la mantengo por mucho que desee encontrar una solución. Sin embargo, sí es cierto que la visita me ha dado la oportunidad no ya de descubrirme a mí mismo, que creo saber como soy, sino de encontrar ese reducto de paz que nace  cuando aceptas reconocer ante los demás tu propia realidad con tus fortalezas y debilidades.

Es verdad que no me preocupa la existencia de Dios, tal vez porque nunca me haya planteado buscarla, pero quién sabe si ese Dios se viste a diario de hombre y se encuentra entre todos aquellos que por un motivo u otro estén necesitados de que los descubramos y amemos a través de la palabra, de la ayuda humanitaria o simplemente un gesto de cariño.

Medjugorje, igual la Virgen allí aparecida, me ha permitido, al menos, dialogar conmigo mismo y valorar una parte importante de mi existencia pasada para afrontar el futuro desde una perspectiva más social.

Yo les animo, si tienen oportunidad, a acercarse por allí. Y si no la tienen, a realizar una introspección íntima que les ponga en paz con ustedes mismos y abra el horizonte a descubrir en los demás el camino que, tal vez, por qué no, les lleve a Dios.

La crucifixión de Mato

Enrique Bellido Muñoz | 20 de octubre de 2014 a las 15:02

Ana MatoLa recuperación de Teresa Romero en su lucha contra el virus del Ébola pone fin, por ahora, a una inesperada crisis política y social que nos ha tenido en vilo a los españoles y que ha venido a demostrar, una vez más, que el ser humano es vulnerable a los agentes externos, como no podía ser de otra manera si aceptamos que tenemos fecha de caducidad y la inmortalidad queda limitada a los dioses y a las almas, quienes la tengan.

Se inició todo con la llegada de dos misioneros de la Orden de San Juan de Dios, orden hospitalaria donde las haya, infectados por el virus.

Ya aquello dio que hablar en el sentido, primero, de repatriar o no a este tipo de enfermos, con alto poder contaminante, y, después, sobre si la Orden o el Estado debían correr con los gastos de traslado.

Creo que en ambos casos se actuó correctamente, simplemente utilizando como argumento que los dos misioneros realizaban en Liberia y Sierra Leona el papel que a España y a otros muchos países les hubiera correspondido desempeñar hace ya tiempo en esa zona del continente africano, castigado por esta y otras enfermedades.

Era el mínimo pago que se les podía hacer por ello cuando, además, trabajaban desinteresadamente.

A partir del fallecimiento de ambos cooperantes los acontecimientos dieron un giro casi dramático con el contagio de la auxiliar de clínica del Calos III y todos aquellos otros que en cadena pudiesen haberse producido mientras esta incubaba la enfermedad.

Fue tras su ingreso cuando se desataron todas las fuerzas de la naturaleza mediática, política y social contra la hasta ahora Ministra de Sanidad, Ana Mato, culpándola de la presunta mala gestión que de la situación se había realizado, a la vez que situándola en el calvario pidiendo su crucifixión política.

Agobiado el Gobierno creó un gabinete de crisis, presidido por la vicepresidenta, Sáenz de Santamaría, no, como se ha venido a decir, desautorizando a Mato, sino implicando al Gobierno en su totalidad en la gestión del asunto.

Y a nada de iniciar sus contactos el citado comité y pasar a ser los profesionales sanitarios quienes sirvieran de enlace directo con los ciudadanos, surge la gran sorpresa en Estados Unidos, el paradigma de la medicina avanzada, diagnosticándose dos casos de Ébola, precisamente en sanitarios que habían atendido a enfermos estadounidenses repatriados.

El famoso protocolo que para los detractores de la ministra española había fallado, quedaba también en evidencia al otro lado del Atlántico, lo que tal vez debiera hacernos pensar que ni españoles ni americanos, ni el resto del mundo desarrollado, estábamos preparados para atajar con todas las garantías de seguridad una enfermedad como esta, lo que, por otra parte, resulta lógico.

Por ello que considere que, al margen de otros errores, fundamentalmente de comunicación, se ha actuado con demasiada precipitación a la hora de colocar la corona de espinas a Ana Mato, movidos por el fariseísmo de algunos.

No se ha actuado de igual manera contra quien tenía en la Comunidad de Madrid la responsabilidad directa de la gestión sanitaria, el consejero Javier Rodríguez, que hace tiempo debía haber sido cesado en su cargo, simplemente por lo tan inoportunamente como abordó la búsqueda de responsabilidades y su altivez al expresarse, si no por los errores cometidos a la hora de atender y trasladar a Teresa Romero.

En definitiva, la primera persona infectada en España por el virus está curada y ninguno de los posibles contagiados han dado muestras de la enfermedad, al margen de que esta situación podría haberse repetido con casi toda seguridad en hospitales gestionados por el PP, el PSOE, PNV o CC, en otras Comunidades autónomas.

Ello debería hacernos recapacitar y en asuntos como este de tanta repercusión e inquietud social, buscar todos, sin exclusión, las necesarias complicidades políticas y sociales que permitan abordar los mismos con la mayor eficacia y el menor daño social.

¿Por qué Ciudadanos-C’s?

Enrique Bellido Muñoz | 17 de octubre de 2014 a las 14:03

ciudadanos C'sHan pasado ahora –ocurrió en septiembre del 2002- doce años desde que dejé de estar afiliado a fuerza política alguna, lo que no me ha impedido, es cierto, colaborar con el Partido Popular cuando se me ha solicitado.

Sin embargo, no hace muchos meses, tal vez movido por el desánimo general que hacia la política y los políticos existía en nuestra sociedad –todavía hoy patente-, y la necesidad que sentía por regenerar, evidentemente desde mi limitado nivel, algo tan fundamental para la convivencia en democracia como es la vida política del país, decidí afiliarme a Ciudadanos-C´s movido por la coherencia de su discurso, su cercanía a mis ideas y la nula contaminación, al menos por ahora, por las malas prácticas que, como estamos viendo, ensucian a los partidos tradicionales, sin excepción.

No es esta aproximación al partido que dirige Albert Rivera un paso adelante para situarme en la línea de choque, la de los cargos, de la política municipal, autonómica o nacional. En absoluto.

Nunca fui político de profesión –la mía ha sido y sigue siendo otra- pero no puedo negar que me apasiona la actividad política, posiblemente porque tengo un cierto grado de conciencia social. Por ello que reconozca que los tiempos en política cumplen y hemos de adaptarnos a ellos desde el papel que cada cuál debamos jugar.

En este caso el mío va a estar dedicado, exclusivamente, a aportar experiencia e ideas a aquellos otros que serán quienes deban valorarlas y ponerlas en práctica desde un cargo institucional.

Lo digo porque no dudo que haya quien ha pensado, desde la desconfianza que generan los políticos o tal vez desde la mala fe que pueda acompañar a algunos adversarios, que “aquí está otro que quiere seguir viviendo de la política”. Y tengo la sensación de que en Ciudadanos-C´s son muchos, y vamos a ser más, los que, movidos tal vez por la utopía, estemos dispuestos a compartir y entregar parte de nuestro tiempo y de nuestros conocimientos en hacer de la sociedad un lugar de encuentro en el que primen los intereses de los ciudadanos por encima de los personales de quienes los representan.

Ese, y el compromiso por aportar en lugar de destruir, debe marcar el rasgo diferenciador con los partidos ahora mayoritarios, de forma que sea la sociedad quien ostente el poder real de su destino y no, como viene ocurriendo, dicho poder sea utilizado en aras de intereses ajenos a los del propio pueblo en demasiadas ocasiones.

La recuperación de los principios éticos en el ámbito de lo público, de lo que es de todos, y aportar grandes dosis de racionalidad, de lógica, al quehacer político, pienso que va a marcar el devenir de Ciudadanos-C´s.

La tarea no es sencilla conociendo el dominio que de los cauces de comunicación con el ciudadano tienen los grandes partidos, pero es ilusionante y sin ilusión resulta imposible luchar por cualquier objetivo.

Filibusterismo

Enrique Bellido Muñoz | 4 de junio de 2014 a las 13:35

filibusteroPensaba no hacerlo, pero lo voy a hacer.

No quiero que este Blog, que se ha ocupado de cosas tan diversas, no recoja al menos un comentario referido a la histórica abdicación del Rey Juan Carlos.

No pensaba hacerlo porque sabía del bombardeo informativo que sobre este tema iba a llevarse a cabo y de la calidad de las plumas que de él se han ocupado, en muchos de los casos mucho más formadas que yo a la hora de hacer un juicio histórico o político-social de los acontecimientos que se han producido y quedan por producirse.

Nací en una dictadura y a los 27 años descubrí, con nuestra Constitución, la democracia. Una democracia que desde sus inicios pactó, como forma de Estado, una monarquía parlamentaria, que otorgaba todo el poder de decisión al pueblo, a través de sus representantes en las distintas instituciones, dejando para la Corona un papel de representación del Estado con muy limitados poderes.

Nunca me he considerado monárquico, pero tampoco nunca jamás me consideré republicano, sin embargo, a medida que avanzaba nuestra democracia y se iba produciendo la estabilización de la misma, fui asumiendo como un hecho natural, respetado por nuestros principales partidos, la existencia al frente del Estado de un rey que cumplía con sus funciones mientras nuestras fuerzas políticas se dedicaban a gobernar -con mayor o menor acierto-.

Por ello que cuando tras 36 años de Monarquía parlamentaria vuelvo la cabeza hacia atrás y valoro lo realizado y la paz social conseguida, gracias, fundamentalmente, al papel de nuestros partidos y de la sociedad en general, no encuentro motivos de fondo que justifiquen el debate oportunista ahora abierto sobre Monarquía-República, estando cada vez más convencido de que se trata de una simple estrategia estética que busca, con ella, reforzar el protagonismo de un nuevo modelo de izquierda en España, ya desarrollado en otras latitudes y emparentado muy directamente con las formas autoritarias de gobierno.

Quienes pretenden reducir la decisión de mantener la Monarquía o caer en manos de la República a un simple referéndum, se olvidan o, mejor dicho, no quieren ver, que la soberanía del pueblo reside en sus instituciones y, hoy por hoy, son ellas las poseedoras de un mandato constitucional, refrendado en noviembre del 2011, que establece nuestro sistema de Estado como actualmente lo conocemos.

Se ha argumentado que el mapa político español ha cambiado radicalmente con las últimas elecciones europeas. Argumento absolutamente falaz. Ni el marco era el mismo, ni la percepción del valor de Europa o España es la misma por parte del elector, ni tan siquiera la ley electoral se aplica de igual forma, motivo por el que gran parte de esta nueva izquierda carecería de relevancia parlamentaria como para tan siquiera afrontar con cierta lógica la propuesta que ahora hace en las calles.

Es por ello que frente a esta corriente rupturista se debe mantener la tranquilidad, no abriendo los debates estériles que unos pocos, muy pocos, pretenden y alimentan, manteniéndonos en la senda constitucional que tantos beneficios nos ha dado.

Saben que con el actual reparto de fuerzas políticas existente en España es imposible que prospere un cambio de forma de Estado, por lo que intentan, con la agitación social, que se produzcan las condiciones para el enfrentamiento a la búsqueda de imponer el que dicen defender.

Se ha magnificado, y se sigue haciendo, Luis María Ansón caía el otro día en ello, la figura de quien hace de la utopía la mejor vía para manipular la voluntad del pueblo, en unos momentos en los que el propio pueblo sufre las condiciones de la recesión económica y muestra una mayor debilidad ante el filibusterismo de algunos.

 

 

 

 

Acción/Reacción

Enrique Bellido Muñoz | 29 de mayo de 2014 a las 12:42

imageReconozco no identificarme en todo su contenido con el proyecto programático de la formación Podemos, si bien comparta algunas de sus argumentaciones que, sin duda, podrían ser compartidas por el resto del electorado español. Sin embargo no soy de aquellos que se rasgan las vestiduras por la fulgurante aparición en escena de este partido con Pablo Iglesias al frente.
Y no lo soy por dos motivos fundamentales.
El primero de ellos, porque a buenas horas vamos a descubrir la pólvora cuando esta lleva corriendo por nuestra sociedad tantos años.
Es nuestro sistema de partidos, nuestro actual sistema de representatividad política y social, auspiciado, no lo olvidemos, por todos nosotros con nuestro pasotismo o nuestra creencia ciega, y mucha veces indocumentada, en las siglas, el que ha dado a luz a movimientos como este, que no es sino la expresión en las urnas de más de un millón de españoles con derecho a voto que, en lugar de quedarse en sus casas silenciosamente, demuestran el rechazo que les produce la actual situación.
El segundo de los motivos, que frente al bipartidismo que defienden Rubalcaba y Rajoy -lógico en cierta medida porque entre ambos se reparten el poder, sin nadie que los matice-, que podría tener su razón de ser en la calidad ética de ambas fuerzas, las alternativas lógicas que representasen, el diálogo constructivo entre ambas, las transiciones no traumáticas entre las mismas, y el continuo contacto con la sociedad, nos encontramos con un bipartidismo en el que las dos fuerzas, PSOE y PP, has venido transgrediendo las normas éticas desde su fundación, con continuos casos de corrupción, han venido realizando un gobierno u oposición centrados en no escuchar o destruir electoralmente al contrario, el consenso ha brillado por su ausencia – deberían aprender de Alemania con su gobierno de coalición-, el traspaso de poderes ha servido para revocar las leyes elaboradas por el predecesor en el cargo, y ambos se han enrocado en una ley de partidos y electoral que los aleja del pueblo, haciendo estallar por los aires la democracia interna con un uso vergonzoso del “dedazo” que favorece a las cúpulas frente a las bases.
Dos motivos más que suficientes para el nacimiento del descontento social y de canales políticos por el que expresarlo.
No sé hasta donde llegarán y qué recorrido tendrán, pero sí que se van a hacer oír y, en no sé qué medida – dependerá de la inteligencia de los dirigentes de PP y PSOE-, provocarán un reacción de cambio sustancial en los defensores del bipartidismo si no quieren seguir desangrandose en próximos comicios.
Aquello de acción/reacción se ha hecho patente una vez más y a la nefasta gestión de unos ha seguido la irrupción de otros que esperemos haga despertar las conciencias políticas y sociales de socialistas y populares.

Todos con Juanma

Enrique Bellido Muñoz | 2 de marzo de 2014 a las 15:01

moreno-bonilla-perfil--644x362Lo ha dicho él, quiere que se le llame Juanma, como siempre ha sido conocido en su círculo de amigos y compañeros de partido.

Y todos, o la inmensa mayoría de los participantes en el congreso regional celebrado en Sevilla, han estado con Juan Manuel Moreno Bonilla a la hora de apoyar su candidatura a la presidencia del PP-A y, con ello, a presidir el gobierno de la Junta de Andalucía.

Atrás han quedado días de zozobra interna, de conciliábulos de mesa camilla, de estrategias y escaramuzas, hasta que llegó a imponerse el nombre de Juanma como recambio a una situación que venía haciéndose insostenible, con un partido desaparecido en batalla mientras en el PSOE alzaba cada vez más el vuelo Susana Díaz.

¿Qué han fallado las formas? Eso es evidente. No aporta ningún elemento de credibilidad a nuestro sistema democrático y representativo la inversión de la pirámide del poder, emanando este desde la cúpula hacia las bases, como ya sucediera con la elección de Díaz en las filas socialistas.

Ocurre que – lo siento por quienes se molesten- nuestros principales partidos cuentan con una militancia contemplativa, absorta en las siglas y en el poder ideológico del sentido derecha-izquierda, escasamente crítica y, por tanto, y eso lo saben muy bien quienes dirigen las formaciones políticas, fácilmente manipulable.

Pero es que no sólo han fallado las formas, también lo ha hecho el fondo. Y con ello me refiero al tan manido recambio generacional que los popes de la estrategia electoral suelen cifrar exclusivamente en la edad y en algunos rasgos populistas, cuando en un sistema democrático serio, bien estructurado y con peso específico habría que establecer en términos de valía intelectual, solidez formativa, integridad ética y demostradas convicciones democráticas, aspectos, todos ellos, que en mayor o menor medida no se han tenido todo lo en cuenta que se debiera en las filas populares y socialistas.

En cualquier caso la realidad es la que es y quienes diseñaron ambas estrategias sabían muy bien que íbamos a llegar, unos y otros, a este punto en el que se silenciaría la contestación interna –la elaboración de candidaturas silencia todo- y en el que la calle iría enmudeciendo poco a poco hasta aceptar como normal lo sucedido, como así está ocurriendo si leemos los contenidos de prensa de los medios, más atentos a narrar el hoy que a pretender crear conciencia social, como además así les demanda la sociedad.

Y situados en esa realidad, admitiendo el punto de no retorno, no cabe sino mirar al futuro intentando redondear aristas y obtener de aquello con lo que contamos los mayores beneficios posibles para la sociedad, eso sí, sin abandonarnos en brazos de la complacencia que anula la capacidad de crítica y, con ello, de mejora.

Por ello que viviendo, como lo hacemos, en una comunidad que según Eurostat, la oficina estadística europea, pierde año tras año convergencia con Europa, distanciándonos no ya de las más desarrolladas sino de la media europea, estando muy por debajo de esta y de la media española, y que a la vez soporta los mayores índices de desempleo y los más bajos en educación, no cabe sino unificar esfuerzos a fin de que los cambios no sean ya en las estructuras de los partidos sino en el gobierno de Andalucía, propiciando una alternativa al socialismo/comunismo que en los últimos años viene aplicando sus políticas erráticas y erróneas.

De ahí que además de que todos los compromisarios del PP-A hayan estado con Juanma, creo que es el momento de que toda la sociedad andaluza que defiende ideas liberales, sociales y de progreso se sume al primer cambio, después de treinta años, de gobierno en la Junta, para superar el inmovilismo actual y caminar decididamente hacia la convergencia europea y nuestra integración plena en el desarrollo de España.

Juan Manuel Moreno, al fin y a la postre, no va a ser sino quien lidere ese empeño. Lo realmente importante estará en el contenido del mismo.

De la cuerda

Enrique Bellido Muñoz | 18 de febrero de 2014 a las 11:42

mapa_centros_v2El nuevo gerente del SAS, y hasta no hace muchos días gerente del hospital Reina Sofía de Córdoba, José Manuel Aranda, ha mostrado su faz política, su tendencia -no sé si militancia- socialista, en una reciente entrevista concedida a los medios del Grupo Joly.

Parece lógica la identificación de los gerentes de hospitales públicos con las políticas que desde cada uno de los gobiernos autonómicos se lleven a cabo. Al menos así lo demuestra el hecho de que a cambio de signo en el gobierno de las autonomías sucede, indefectiblemente, una inmediata mudanza de responsables hospitalarios colocándose en dichos lugares estratégicos a quienes coloquialmente se les denomina como de la cuerda.

En cualquier caso, la cercanía que un gerente hospitalario debe mantener con cada uno de los servicios y la fuerza de estos a la hora de determinar la calidad de la gestión a realizar en el centro sanitario, le obliga a adoptar, al menos públicamente, una posición política neutra, por mucho que sus interlocutores sanitarios conozcan sus inclinaciones.

Sin embargo, cuando se accede a un cargo de un indudable contenido político, como es el de gerente del SAS, la cosa cambia. La distancia con los profesionales ya es infinita y, por el contrario, los más cercanos ahora son los políticos de profesión, los cuales son mucho más exigentes a la hora de demandar la identificación pública del cargo con la ideología y las proclamas que desde la misma pudiesen partir.

Y en ello se ha integrado plenamente Aranda si atendemos a dos respuestas a las preguntas del periodista.

Estas eran esas dos preguntas y sus respuestas:

-Tras el intento de privatizar hospitales públicos en Madrid, ¿existe el riesgo de que algo similar ocurra en Andalucía? 

-En la sanidad nacional uno de los asuntos que más me preocupan es el intento por parte del Gobierno central de privatizar. Me preocupa mucho el hecho de que intenten acabar con el Sistema Nacional de Salud (SNS), lo cual sería terminar con uno de los sistemas de salud mejores del mundo y reconocido por todos los países, por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Mientras aquí se empeñan en privatizarlo. En Andalucía no existe ese riesgo. El gobierno andaluz apuesta de manera muy clara por el sistema de salud público. 

-¿Se puede blindar el sistema público de salud ante nuevos intentos de privatización? 

-Los ciudadanos son los que, a través del movimiento social, pueden proteger el sistema público, con independencia del partido político que gobierne; para que nadie les quite la sanidad pública. 

En la primera de ellas, entra de lleno en su ataque a las políticas sanitarias del P.P., con argumentos que no por manidos vayan a ser más ciertos.

José Manuel Aranda sabe muy bien, por mucho que pueda ocultar saberlo, que desde el Gobierno del Partido Popular no se pretende, en modo alguno, acabar con el Sistema Nacional de Salud, muy al contrario, lo que se buscan son fórmulas de gestión que lo hagan sostenible en el tiempo, sin que ello incida negativamente en la calidad del servicio sanitario que se presta ni, por supuesto, en la universalidad y gratuidad del mismo.

Y digo que oculta saberlo porque la sanidad pública andaluza se sirve para atender a los pacientes de 29 hospitales de titularidad y gestión públicas y 17 (1 de cada 3) hospitales privados concertados, que cumplen con la misión de atender a áreas de población desde mucho antes que en Valencia o Madrid se pusiesen en práctica los nuevos modelos.

Pero es que la apuesta de la que Aranda habla en su entrevista por el sistema público nos lleva a descubrir que Andalucía es la tercera por la cola en tasa de hospitales públicos por cada 100000 habitantes (0,56), frente, por ejemplo, a Extremadura (0,99) o La Rioja (0,93).

Y si a número de camas en hospitales públicos por cada 1000 habitantes nos referimos, Andalucía ocupa el último puesto de todas las comunidades, con 1,96/mil, frente a la media nacional que se sitúa en 2,33.

Por tanto, no es Rajoy quien pretende cargarse la Sanidad pública, sino que más bien pareciera que es el PSOE-A quien está empeñado en no mejorarla, aún a pesar de mantener unas altas cifras de gestión privada en su red hospitalaria.

Y en su segunda respuesta el gerente del SAS destapa aún más las esencias del socialismo amante de la calle como forma de expresión, a través de una loa al movimiento social que en el barrio del Gamonal o en las calles de Madrid paralizó unas obras y la entrada en vigor de los nuevos modelos de gestión sanitaria.

No, no es el movimiento social el paradigma de la respuesta democrática. Antes de lanzarlo a las calles hay que elaborar programas de gobierno, darlos a conocer a los ciudadanos, refrendarlos en las urnas y llevarlos a la práctica con el mayor consenso posible, que en nuestro sistema representativo se establece en mayorías simples o absolutas.

Nadie pretende quitar nada a nadie como insinúa Aranda, sino que si nos atenemos nuevamente a las cifras habría que recordarle al nuevo gerente que el 87% de las resonancias magnéticas a pacientes de la pública se hacen en clínicas privadas andaluzas.

Comprendo que lo que gana en contundencia electoral lo pierda en credibilidad, aunque soy consciente que eso debe ir en el sueldo.

 

Capital Gastronómica de Iberoamérica

Enrique Bellido Muñoz | 17 de febrero de 2014 a las 16:58

Cocina-cordobesaEl 3 de octubre del pasado año, Córdoba, a través de su alcalde, aceptó el honor que le brindaba la Academia Iberoamericana de Gastronomía al designarla 1ª Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica.

El nombramiento no era algo que se quedase en lo simplemente honorífico sino que nos obliga a todos los cordobeses, lógicamente bajo la organización y programación del Ayuntamiento, a convertirnos en embajadores de esta capitalidad y no sólo eso, en principales actores de la misma, consiguiendo atraer a nuestra mesa a propios y extraños en un año de convivencia gastronómica que debiera representar un poderoso y eficaz incentivo turístico a la vez que una profundización en nuestras raíces culinarias, despertando en todos los cordobeses la inquietud por la cocina y la curiosidad y el interés por aquello que nuestros profesionales nos ofrecen en sus negocios de hostelería.

Se nos designó por cuatro motivos:

– Ser una ciudad milenaria y poseer el segundo casco histórico más grande del mundo ( no he encontrado referencias fiables sobre cuál es el primero).

– Tener el mayor espacio urbano del mundo declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

-Reunir cuatro culturas y cuatro gastronomías (romana, árabe, judía y cristiana).

– Aunar cultura y gastronomía.

A partir de ahí era cuestión de dejarnos hacer, de completar un año entero de programación, de vender a través de todos los canales de comunicación e información nuestra oferta gastronómica uniendo esta, como es lógico, a la monumental y de ocio, buscando con ello el principal de los objetivos que se planteaba nuestro ayuntamiento que no es otro que la mayor proyección posible de nuestra ciudad y toda la provincia.

Tengo la percepción de que esta capitalidad gastronómica aún no ha arrancado con la fuerza que debiera. Bien es cierto que estamos a principios de año, pero ya han transcurrido de este dos meses en los que bien hubiese podido ligarse los fogones con la riqueza cinegética de nuestra provincia, y nos quedan diez por delante en los que hay que agudizar el ingenio si realmente aspiramos a algo más que contar con un reconocimiento más en las vitrinas municipales.

Por ello que me haya llamado la atención descubrir, a través de Facebook, la programación que el Mercado Victoria ha preparado con motivo de este evento, buscando relacionar muchos de los fundamentos de nuestra cocina, venidos de América Latina tras el Descubrimiento, con los platos que en la actualidad se cocinan en Córdoba.

Qué sería de nuestro popular salmorejo sin el tomate descubierto por primera vez en México por Bernal Díaz del Castillo y que a finales del S.XIX y principios del S.XX se añadió a la andalusí mazamorra para conformar nuestra actual salsa. O de multitud de guisos que tienen en el americano pimiento un componente fundamental del sofrito. O de nuestro célebre pastelón cordobés sin la Cucurbita ficifolia, oriunda de México o Perú, de cuya pulpa, acaramelada con canela o corteza de limón, se obtiene el cabello de ángel.

Pero no sólo eso, la programación se amplia a un encuentro de blogueros, “Saborea Córdoba”, el festival Flamencook que vinculará gastronomía y flamenco, CoCine, una muestra de gastronomía que vinculará el cine Iberoamericano con la cocina a través de los platos que se degusten en cada una de las películas que se proyectarán, o los denominados como showcooking consistentes en talleres de cocina, charlas sobre alimentación y nutrición, etc.

Un esfuerzo de creatividad que creo que merece la pena que hagan todos y cada uno de los hosteleros cordobeses, por limitada que sea su oferta, eso sí, con la necesaria coordinación de esfuerzos por parte de la Comisión Organizadora de la Capitalidad que se ha creado al efecto.

Es cierto que tenemos un casco histórico-artístico único, es verdad que guardamos un patrimonio que escapa a nuestra exclusiva propiedad, no lo es menos la simbiosis de culturas que hemos vivido y de las que hemos heredado esa variedad de platos que en cualquier casa cordobesa pueden prepararse, pero no lo es menos que nos movemos en un mercado altamente competitivo en el que es necesario ser alguien para no morir en el anonimato que termina por devorar a quienes fueron y por complacencia dejaron de serlo.

Por ello que no desaprovechemos esta oportunidad y el Ayuntamiento liderando, los empresarios creando y los cordobeses apoyando, consigamos entre todos hacernos merecedores al título de 1ª Capital Gastronómica Iberoamericana.