Playa del Tarajal

Enrique Bellido Muñoz | 17 de febrero de 2014 a las 11:44

playaQue los inmigrantes subsaharianos que acosan la frontera española por Ceuta y Melilla no lo hacen pacíficamente, pidiendo permiso para entrar, resulta evidente. Es más, una acción ilegal no se afronta con mecanismos legales.

Que si este acoso se realiza a nado, como sucedió recientemente en la playa del Tarajal, con grave riesgo de ahogamiento para los asaltantes, dado que muchos de ellos apenas saben nadar, no queda más remedio que prestarles auxilio, embarcarlos y, de ser posible, devolverlos en la embarcación a la playa de origen, parece lo más razonable.

Nunca, al menos el simple respeto a los derechos humanos así lo debe entender, intentar disuadirlos de su acción disparándoles pelotas de goma que agravarían las posibilidades de pérdidas humanas.

Después de lo leído, porque no visto, no tenemos claro qué sucedió aquella madrugada del 6 de febrero, dadas las contrapuestas declaraciones de unos y otros y la ausencia, hasta ahora, de imágenes que pudieran confirmar el uso por parte de la Guardia Civil española del material que los inmigrantes denuncian.

Me cuesta creer que los miembros del Cuerpo armado procediesen a disuadir a los nadadores con similar munición, conocedores, como lo deben ser, de la cualidad de quienes se encontraban en el mar y del pánico sobreañadido que cualquier tipo de detonación puede generar en personas con una movilidad muy limitada.

Por ello que sea importante que se aclaren de una vez por todas los hechos y se llegue a descubrir si la afectada declaración del secretario de Relaciones Institucionales y Política Autonómica del PSOE,  Antonio Hernando, preguntándose quién dio la orden de disparar y quien la de mentir,  obedece a un gravísimo error en algún nivel de la cadena de mando, o simplemente a una sucia estrategia electoralista en la que pudieran utilizarse los muertos como urnas.

Si fuese lo primero, está claro que habría que depurar responsabilidades, penales y políticas, con carácter inmediato, en el nivel que fuese preciso, a fin de evitar que sucesos como este pudieran volver a repetirse.

En caso contrario, si las insinuaciones que desde el PSOE se han venido haciendo fuesen falsas, caiga sobre sus responsables, también con carácter inmediato, las responsabilidades legales y también políticas que hubieran de derivarse, de forma que el país quede algo más limpio de esa casta de políticos capaces de todo y a costa de lo que sea.

Queda sin resolver, en cualquier caso, no sólo la vida de quienes la han perdido, sino el problema de fondo que existe entre las fronteras de Europa y el Tercer Mundo, que ni la U.E. se ha mostrado capaz de solucionar, ni lo hizo en su momento el PSOE -no olvidemos que la instalación de las famosas concertinas en el perímetro de Melilla fue obra de Rodríguez Zapatero, incapaz de frenar las avalanchas de inmigrantes-, ni tampoco parece que esté en manos del P.P. lograrlo.

Permeabilizar la frontera produciría un efecto llamada que nuestro país no puede sostener, mucho menos aún en la actual situación económica. Marruecos soporta similar presión con quienes le llegan de más allá del Sáhara y en el centro del continente africano no se dan unas condiciones de vida que fijen la población a sus países de origen.

Por ello que, junto a otros muchos, en España debiera establecerse un Pacto de Estado – de esos que dan tanta alergia a nuestros partidos políticos, siempre obsesionados con la corta visión  electoralista- que estableciese las políticas inmigratorias a seguir, trasladando, a su vez, una voz única a los foros europeos e internacionales que son quienes en último término tienen capacidad para resolver este problema.

Como ello no sucederá -carecemos de políticos con altura de miras para tales acuerdos-, confiemos que la verdad vea la luz y los cruces de acusaciones dejen paso a decisiones judiciales y políticas, en las que, la verdad, tampoco tengo demasiada confianza dada la nula separación de poderes que reina en España.

 

 

Linea plana

Enrique Bellido Muñoz | 5 de febrero de 2014 a las 14:01

encuestasQue el Partido Popular pierda 1,9 puntos en estimación de voto desde octubre de 2013 a enero de este año puede ser comprensible dado el ajuste económico al que se ha sometido a la sociedad española y la pérdida de empleo que en este primer mes del año ha vuelto a rebotar.

Pasar del 46,6% de estimación en su momento más brillante, allá por octubre de 2011, al 32,1% actual, no nos indica sino el desgaste sufrido durante este proceso de dos años de duración en el que se han debido afrontar medidas claramente impopulares y que, por otra parte, no han contado con el apoyo de una política de comunicación que las hubiera hecho más comprensibles a los ojos de los españoles y más identificables a la gestión previamente realizada por el PSOE en los años anteriores.

Lo que no parece tan lógico es que el principal partido de la oposición haya rebajado en dos décimas su estimación de voto desde octubre pasado y que desde el 29,9% que registró en octubre del 2011 haya seguido decreciendo hasta el 26,6% actual.

Para el Gobierno, que se mantenga todavía un diferencial de 5,5 puntos con los socialistas debe generar un cierto nivel de tranquilidad si, como muestran algunos indicadores, de aquí a noviembre de 2015, fecha de las próximas generales, la economía y el empleo siguen remontando y pueden adoptarse medidas fiscales que beneficien a las familias.

Tendrá, por tanto, Rajoy y los suyos, que hacer un gran esfuerzo para asentar los avances logrados y no abrir nuevos frentes de descontento social, quedando la gran “papeleta” en manos de un PSOE que se ha mostrado incapaz de obtener rédito alguno del ajuste, muy posiblemente porque no exista en su seno unidad de criterio o bien no haya podido liberarse aún de ocho años de zapaterismo de graves consecuencias para la nación.

Lo cierto es que la encuesta del CIS muestra una línea plana, que en algún momento habrá de quebrarse y que no parece ser que ello vaya a ocurrir de aquí a mayo cuando se celebren unas elecciones europeas marcadas por la igualdad y por el desinterés del elector, apuntando ya a abstenciones cercanas al 60%.

Las primarias socialistas pueden, o no, marcar un punto de inflexión, en función del proceso previo y el desarrollo final de las mismas y los indicadores económicos del próximo año y medio creo que serán definitivos a la hora definir el mapa parlamentario de la próxima legislatura.

Interpretaciones, a partir de ahora, todas las que se quieran, cada cual está en su derecho de cocinar los datos en su propia olla, pero no perdamos de vista que de los encuestados existe todavía un 24,2% que se muestra dispuesto a la abstención y un 21,1% que aún no tiene decidido su voto. Porcentajes, ambos, que serán los verdaderos protagonistas del resultado final que hoy más que nunca se muestra muy abierto.

La mona federal

Enrique Bellido Muñoz | 4 de febrero de 2014 a las 13:15

monaDiálogo, esa ha sido la punta de lanza que hasta ahora ha venido utilizando el PSOE para intentar dejar en evidencia al Gobierno de Rajoy en la resolución del conflicto planteado por la Generalitat de cara a la convocatoria de un referendum de independencia.

La propia Susana Díaz, figura emergente donde las haya del socialismo español, se ha marchado a Cataluña a dialogar con Artur Mas, eclipsando con ello a sus líderes nacionales, a la vez que ofreciendo la fórmula magistral con la que impedir lo que ella ha venido en denominar el “choque de trenes” -ahí no se ha mostrado excesivamente original la presidenta andaluza- entre los gobiernos nacional y autonómico: el federalismo.

No ha hablado Díaz, ni lo han hecho nunca otros dirigentes socialistas neoconversos al proyecto federalista, de qué contenido real tendría el nuevo Estado Federal y los diferentes estados asociados al mismo, del grado de simetría o asimetría que se establecería entre ellos y de las competencias que delegarían en el Gobierno central.

No lo ha hecho, evidentemente, porque ahí está el quid de la cuestión, la madre de todas las batallas y la vía por la que puedan discurrir dos trenes sin llegar a chocar.

Lo fácil: proponer el  federalismo  para España e incluso atreverse a afirmar que el Senado, con su actual conformación, reglamento y anclaje constitucional, carece de sentido. Es lo que ha hecho Díaz en Barcelona.

Lo difícil: definir en detalles esa nueva división administrativa y política de España, proponiendo a la vez una reforma constitucional e institucional que se adapte a lo propuesto. Es lo que no ha hecho Susana Díaz en la ciudad condal.

Y es que si atendemos a las cuatro características esenciales de lo que es el federalismo  : Constitución escrita, División territorial, Descentralización y Suprema Corte de Justicia, parece lógico llegar a la conclusión que o existen tras de él muchos beneficios ocultos que hasta ahora no hemos tenido oportunidad de descubrir, o la propuesta no representaría sino el vestido de seda que poner a la mona de nuestro Estado de las Autonomías, sin que ello mejorase el fondo de la actual situación.

Nadie duda del valor del diálogo, seguro que tampoco lo duda Mariano Rajoy y su gobierno, sin embargo, dialogar, además de escuchar, implica estar abierto a razonar las argumentaciones del contrario y, además, a hacerlo dentro del marco legal establecido.

Un diálogo en el que uno de los interlocutores se encierra en su criterio, no admitiendo alternativas al mismo, deja de ser diálogo para convertirse en una simple pretensión de imposición que si, junto a ello, no se adecua a la norma establecida, resulta imposible atender.

Por ello que hubiese hecho un gran favor a la paz social en nuestro país la presidenta de la Junta si hubiese antepuesto a la propuesta de diálogo o a la causa federal, la ineludible recomendación a los dirigentes catalanes de renunciar definitivamente a sus pretensiones independentistas para, a partir de ahí, y sólo a partir de ahí, iniciar un proceso de negociación que mejore, para todo el país, el mapa constitucional, administrativo, institucional, competencial, económico, fiscal y político, convirtiendo la mona en el ser más racional posible y, ahora sí, vistiéndola con el ropaje que entre todos acordemos.

 

 

 

VOX ¿un espejismo?

Enrique Bellido Muñoz | 3 de febrero de 2014 a las 14:39

EL NUEVO PARTIDO DE ORTEGA LARA ASEGURA QUE NO BUSCA DAÑAR AL PPHasta hoy no me he detenido a leer el manifiesto fundacional que VOX tiene colgado en su Web, www.voxespana.es .

Su lectura no invita sino a unirse, no digo ya al grupo de personas que han dado impulso al nuevo partido, que estarán sometidas a virtudes y defectos, como cualquiera de nosotros, sino a una razón de ser, unos principios inspiradores, una agenda para el cambio y unos compromisos de funcionamiento que marcan lo que últimamente se ha venido en denominar un libro de ruta que guiaría a cualquier demócrata convencido, comprometido, solidario y con profundas raíces éticas.

No, no les exagero. Si tienen unos minutos escudriñen en el manifiesto y comparenlo con aquello que todos y cada uno de ustedes desearían que fuese la vida política en España y seguro que se verán identificados en él.

Me preguntarán, como me he preguntado yo, ¿se trata de un espejismo? ¿o simplemente de un texto que ha sabido captar las demandas de la sociedad para,ordenándolas, obtener con ellas mayor apoyo social?

No lo sé, les soy sincero. Confío que en realidad la inquietud que se muestra en el documento, las medidas que se proponen para la regeneración de la vida política del país y los compromisos que se adoptan con la sociedad, no se queden en una mera declaración de intenciones de contenido electoral, como tantas y tantas a las que hemos atendido en estos años de democracia, sino que nazcan de un crítico estado de rebeldía contra el desvirtuado sistema democrático que padecemos, protagonizado por gentes con la suficiente fuerza moral como para mantenerse firmes en estos principios sin caer, como tantos otros, en los cómodos brazos del poder, el cargo o, simplemente, el protagonismo social.

Algunas opiniones que he tenido oportunidad de leer, venidas de dirigentes cualificados de la izquierda socialista o el Partido Popular, han tratado de estigmatizar la nueva opción que representa VOX con aquello de que es, en unos casos, la derecha de la derecha, y, en otros, simplemente la derecha que sobraba en las filas populares para que estas pudiesen ser consideradas de centro.

Pues bien. Unos y otros se equivocan, a sabiendas, evidentemente, de que lo hacen, buscando mantener el férreo bipartidismo existente.

Si hubiera que hablar de opciones de progreso, a las que tanto recurren, con más pena que gloria, nuestros “progresistas” del PSOE, posiblemente no encontraríamos argumentos de mayor innovación política y social como los que los mentores de VOX esgrimen en su texto fundacional.

Si se trata de hablar de centro o, lo que es lo mismo, de políticas equilibradas, la nueva fuerza política nace con un exquisito respeto a ambos lados de la balanza, tratando de que en ella tenga cabida toda la sociedad española sin desajustes que la hagan injusta en el reparto de pesos.

Me gustaría comentar uno a uno los párrafos que he leído, pero creo que deben descubrirlos y valorarlos cada uno de ustedes, sin ningún tipo de mediación que pudiera ser subjetiva.

A partir de ahí, la pregunta de siempre ¿y el voto útil?

Posiblemente ese sea el principal escollo que deberá superar VOX en su andadura, conseguir que la llamada al voto útil no llegue a interferir con la calidad de sus propuestas restándole apoyos electorales.

La tarea no es sencilla dado el poder omnipresente y casi absoluto que los grandes partidos ejercen en la sociedad. Aquí si que pueden ser decisivas las personas a la hora de convertirse en vehículos fiables y eficaces de un mensaje que es sólido y bien estructurado, pero que necesita ser llevado a todos los rincones de la sociedad como creíble e ilusionante, superando con la esperanza el pragmatismo que otros intentarán poner en juego en las campañas electorales.

No sé si lo conseguirán pero hemos de agradecerles, al menos, ese intento por abrir puertas y ventanas que hagan correr el aire por unas estancias insalubres y permitan un respiro a una sociedad que, mayoritariamente, ha perdido la confianza en quienes la representan, de forma individual o colectivamente a través de los partidos.

La derecha no tiene derecho a legislar…….

Enrique Bellido Muñoz | 30 de enero de 2014 a las 12:55

detectar_fracaso_escolarCinco han sido los representantes de consejerías de Educación de CC.AA. no gobernadas por el Partido Popular los que se han reunido para hacer un frente común contra la LOMCE impulsada por el ministro Wert.

Cuatro  de ellos, los de Andalucía, Canarias, Cataluña y Asturias, acudían a la reunión con la mochila cargada de fracasos escolares  del alumnado de sus comunidades, con cifras ciertamente escandalosas que duplican en casi todos los casos a las que en la actualidad se producen en la Europa de nuestro entorno.

Hablamos de un 28,4% en Andalucía, un 28,3% en Canarias, un 24,4% en Cataluña y un 18,8% en Asturias, frente a una media del 14,9% en la Europa de los 27.

Pues nada, allí estaban tres mujeres y un hombre -salvemos a la representante del País Vasco, con un 8,8% de fracaso escolar-, responsables de las políticas educativas del fracaso en sus comunidades, rebelándose contra la nueva ley, dado el “éxito” de la anterior en la comunidad educativa de su región y el “brillante futuro” que espera a casi una tercera parte de los alumnos que vienen sufriéndola.

Y es que el sectarismo de ser oposición no tiene límites y en el caso que nos ocupa no importa jugar con el futuro, no ya de un porcentaje importante de jóvenes  sino de toda una Comunidad que sufrirá en sus carnes los déficits culturales y formativos de quienes la integran, si con ello se consigue rellenar las mochilas de votos -evidentemente de aquellos con menor peso específico, que con esas vergonzosas cifras cada vez serán más-, para así mantenerse en este u otro cargo público -al final lo importante es perpetuarse en el cargo- a costa de lo que sea.

Ya dio muestras el PSOE, con el “ínclito” Zapatero a su cabeza, de tal sectarismo, cuando nada más llegar al poder en el 2004, aprobó un Real Decreto paralizando la aplicación de la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE) aprobada por el Gobierno de Aznar en diciembre de 2002.

Ahora, como mantienen ese rasgo sectario pero conocen las intenciones del PP de aplicar inmediatamente el nuevo texto legislativo, pretenden recurrir a artimañas barriobajeras en el ámbito de la política a fin de eludir la decisión democrática de las mayorías, intentando imponer su criterio minoritario, eso sí, sin argumentos sólidos que lo justifiquen.

No están Andalucía, Canarias o Cataluña para demasiados juegos florales ni “chulerías” de sus representantes, si tenemos en cuenta los niveles de paro que soportan, que son consecuencia, entre otras cosas, de la nefasta planificación educativa que se ha venido realizando en las tres, preocupadas más en adoctrinar que en formar, y los índices de fracaso escolar que sufren.

Pero claro, como ahora la moda es que la derecha no tiene derecho a legislar……

 

 

¿Revientan las costuras del PP?

Enrique Bellido Muñoz | 30 de enero de 2014 a las 10:29

maquina de coserUNO de los periódicos digitales más visitados, afirmaba ayer que el paso de Alejo Vidal-Quadras a Vox y la renuncia de Jaime Mayor a encabezar la candidatura popular en la próximas elecciones europeas -creo que estaba más que decidido que Mayor no sería candidato y esto no ha sido sino una forma elegante de darle salida-, representaban un síntoma de que al partido Popular le estaban reventando las costuras.

No coincido con la apreciación de José A. Zarzalejos, autor del comentario, no porque no deje de reconocer la existencia de discrepancias evidentes en las filas populares, muchas de ellas debidas al liderazgo mal asentado y peor gestionado de Mariano Rajoy, sino porque, hasta ahora, los movimientos que se han venido produciendo habría que catalogarlos de simples escaramuzas, mal planificadas y sin los necesarios apoyos, incapaces de tensar lo suficiente el tejido como para hacerlo estallar por sus pespuntes.

Tanto el catalán como el vasco no representan a sector alguno dentro de la organización del partido y creo que, bien desde VOX o bien desde su ausencia electoral, tampoco van a influir de forma importante en los resultados que obtenga la formación conservadora en los comicios europeos.

Habrá que reconocer que al margen del proceso sucesorio que se vivió en el Partido Popular -en el que, por cierto, no se levantaron entonces voces discrepantes en el seno del mismo-, que limitó la autoridad de liderazgo del sucesor de José M. Aznar, algo que no se corrigió posteriormente en Valencia con un congreso abierto, la situación política que ha debido heredar Mariano Rajoy no se presta, en absoluto, al lucimiento inmediato sino, todo lo contrario, a un desgaste político y electoral del que se están haciendo eco las encuestas. Con ello han de pelear también los barones del PP en cada una de las comunidades en las que gobiernan, lo que les oscurece su futuro en el poder y, lógicamente, alimenta ciertos niveles de descontento que en algún momento se han hecho evidentes.

De todas formas, no podemos perder de vista que mientras se ostenta el gobierno -nacional, autonómico o local- los grandes partidos ofrecen pocas oportunidades a la disensión interna y menos aún a la que se exterioriza a través de los medios de comunicación.

La fuerza con la que cuentan los aparatos de los partidos a la hora de elaborar las candidaturas es brutal y ello lo saben bien todos aquellos que ocupan un escaño o aspiran a ocuparlo y que, por tanto, son alguien en la estructura de los mismos, lo que les condiciona decisivamente a la hora de hacer presión.

Parafraseando a Guerra y Zarzalejos, podría afirmarse que en el Partido Popular, como sucede en el PSOE, quien revienta la costura se queda fuera del traje.

Por ello que no crea que vayan a producirse demasiados descosidos ni que los que se produzcan los sean de la suficiente entidad como para dejar las carnes al aire.

Lo que no quita para que haya que exigirle al PP, al menos aquellos que ideológicamente nos sentimos unidos a él, que, ahora que va a reunirse en convención en Valladolid, haga un profundo ejercicio de autocrítica interna, intente limar las asperezas que en su dirección nacional existen, revise en profundidad su política de comunicación y haga todo lo posible por serenar su acción de gobierno, definiendo aún más nítidamente lo fundamental, a la vez que minimizando todo aquello que pueda representarle un mayor desgaste sin la contrapartida de beneficiar sustancialmente a la sociedad.

El ataque de la oposición está incrementándose de volumen, tomando en muchos casos la calle a fin de generar ese clima de desconcierto y malestar en el que calan con más intensidad las críticas al poder establecido, y ante ello hace falta, amén de unidad, criterio y canales adecuados para hacerlo llegar a la población.

Dar un paso hacia delante para, ante la presión popular, tenerlo que dar poco después hacia atrás (ley del aborto, barrio del Gamonal en Burgos, privatización de la gestión hospitalaria en Madrid, etc.), genera desconcierto en la ciudadanía, provocando la sensación o bien de falta de autoridad, o bien de ausencia de criterios de planificación y organización social.

No hace tanto daño la ida de Vidal-Quadras o la ausencia de Mayor Oreja como el vacío que pueda generar un Gobierno que, aun gobernando, no traslada la sensación de estarlo haciendo, pareciendo que dé puntadas sin hilo, a propósito de las costuras.

Compañeros y compañeras …

Enrique Bellido Muñoz | 22 de enero de 2014 a las 21:22

imageTres magistradas del Tribunal Supremo han acusado al presidente del mismo, Carlos Lesmes, de utilizar lenguaje sexista en sus comunicaciones escritas con los miembros del mismo.

Han sido las magistradas Celsa Picó, Isabel Perelló y Margarita Robles quienes, amparándose en el artículo 14 de la ley 3/2007, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres,  han reprochado de Lesmes que en una reciente carta dirigida a magistrados del Supremo y de otras instancias se haya expresado en su encabezamiento como “Queridos compañeros” motivo por el que se han sentido “excluidas” de la misiva.

Supongo que Carlos Lesmes, con acertado criterio,  tomará buena nota del incidente y en próximos escritos hará clara diferenciación del “compañeros” y “compañeras” o, simplemente, utilizará aquello de Compañeros/as – habrá que ver si el orden os/as no molesta también a sus señorías-, por no entrar a valorar la posibilidad de uso de la arroba (@) que en algunos casos se pone en práctica (compañer@s) para dirigirse a ambos géneros.

La verdad es que lo acontecido es una nimiedad que me imagino  habrán filtrado a los medios de comunicación fuentes cercanas a las magistradas que han sido protagonistas del mismo – muchas otras integrantes de la magistratura a quienes también iba dirigido el escrito no se han manifestado sensibles a la presunta discriminación-, pero que deja en evidencia a ciertas mujeres que movidas por un feminismo mal orientado pretenden llevar el uso de las formas hasta extremos entiendo que exagerados.

No hay nada más que atender a muchos de los mitines políticos que se dan en España o a cualquier rueda de prensa que ofrece fundamentalmente algún miembro de la izquierda, para escuchar aquello de cordobeses y cordobesas, o andaluces y andaluzas, o españoles y españolas, dando género al gentilicio, a veces de manera absurdamente reiterativa en cada aparición pública, como si quienes atienden a la intervención -en ocasiones no vale ni la pena atender a ellas- fuesen incapaces de descifrar que al referirse a los cordobeses, andaluces o españoles el interviniente lo hace a todos sin excepción por razón de sexo, raza u orientación religiosa…

No, no es cuestión de quedarse en las formas, de establecer cuotas o paridades por ley, de crear ministerios de igualdad o de firmar acuerdos con los empresarios para incrementar la presencia de la mujer en los consejos de administración, como recientemente ha hecho la ministra Mato.
La cuestión se establece en el fondo, en la necesidad de definir y proteger legal y normativamente los nuevos roles del hombre y la mujer en la sociedad y en el seno familiar, algo que aún estamos lejos de conseguir.
De nada vale que se nos dé el tratamiento formal correcto si las circunstancias sociales impiden a una mayoría de mujeres acceder al mismo una vez que están en disposición para desarrollar su carrera profesional.
De nada sirve quedarse en las ramas cuando la propia ley 3/2007 no entra decididamente en el fondo de la situación.
Si tres magistradas del Supremo quieren recibir un trato personalizado, distinto al genérico utilizado por el presidente del Alto Tribunal, están en su derecho, aunque nos seguiremos quedando en la anécdota que da titulares de prensa pero no resuelve el problema.

 

Generar polémica

Enrique Bellido Muñoz | 21 de enero de 2014 a las 14:04

aabortopolemica1Creo que han sido varios los “barones” del P.P. que han manifestado su descontento con el hecho de que el Gobierno haya aprobado el anteproyecto de Ley Orgánica de Protección de los Derechos del Concebido y de la Mujer Embarazada.

El argumento no ha sido otro que consideraban innecesario entrar en este debate social con el desgaste electoral que el mismo iba a producir.

En definitiva, que, para algunos, la aprobación o no de una ley no es cuestión de necesidad o principios ideológicos, sino que debe ir íntimamente unida al beneficio o perjuicio electoral que la misma pudiera provocar por la algarada que el personal de la oposición organizase en la sociedad.

Así se explica uno la pobreza de muchas de nuestras leyes, la tibieza de otras y el inmovilismo de algunas, ancladas en el tiempo.

En todo caso, y puesto de manifiesto que a muchos de nuestros políticos -siempre hay que decir que de una y otra ideología- lo que les interesa es el voto, mucho más allá que la calidad del trabajo que realicen, me asomo hoy al Blog porque, al margen de la idoneidad o no del tiempo escogido para poner en circulación esta ley, entiendo que la misma oculta una profunda contradicción que, de ser aprobada con el texto que se pretende, dejaría en evidencia a la derecha parlamentaria ya que la izquierda ya sabemos que apuesta decididamente por el aborto libre y el no respeto a los “supuestos derechos” del no nacido.

Y es que cuando la ley recoge en su título la expresión “protección de los derechos del concebido” para en su articulado albergar que se permite el aborto en el supuesto de que haya “delito contra la salud o indemnidad sexual” de la mujer (violación), ya me dirán ustedes, salvando la problemática que toda violación encierra para la mujer, qué tipo de protección recibe este hijo concebido, en ningún caso culpable de su concepción, que con mucha probabilidad sufrirá el ataque de una legra para ser expulsado del útero.

Porque, me pregunto yo, este concebido goza de la misma carga genética, morfológica y de potencialidad fisiológica que pueda presentar cualquier otro concebido al que la ley sí protege.

Siendo así, ¿porqué entonces permitir que se anule esta vida mientras otras reciben protección?

Posiblemente el error esté en el enunciado de la ley que, buscando justificar la conciencia del legislador, se refiere a los derechos del concebido cuando  en el desarrollo del anteproyecto descubrimos que no es así en todos los casos.

No voy a entrar en el debate sobre el hecho de que el hijo procedente de una violación no es un hijo deseado como, obviamente, así sucede.

Sin embargo, hijos no deseados los hay a miles y ven culminar su periodo de gestación amparados por la ley.

Por ello que para un católico, y Alberto Ruiz-Gallardón así se ha manifestado, como muchos miembros del Gobierno y de la bancada parlamentaria del Partido Popular, se deba hacer muy difícil admitir este supuesto que, no lo dudemos, penaliza a un tipo de concebidos sin que tenga que darse la circunstancia de peligro de muerte o  grave daño físico o psíquico permanente para la madre que se recoge en otro de los supuestos.

Tengo la sensación de que a la hipocresía de quienes critican la ley por motivos puramente electorales, aunque hagan uso de otros argumentos, se suma la de los impulsores de la misma revistiéndola de un título tan rimbombante como falaz.

Admitamos, si así se entiende que debamos hacerlo, la superioridad de la protección de los derechos de la mujer por encima de los del feto y, de ser así, reconozcamos por ley el derecho de la mujer a decidir sobre su embarazo en cualquiera de los supuestos.

En caso contrario, fortalezcamos muy mucho nuestros argumentos si no queremos caer estrepitosamente en la contradicción.

La polémica está generada. Me someto a ella.

 

 

Realimentar en valores

Enrique Bellido Muñoz | 16 de enero de 2014 a las 13:11

burgosLamentable el estado en el que los vecinos del barrio de Gamonal en Burgos han dejado las calles, el mobiliario urbano, los servicios públicos y los comercios de la zona en la que establecieron su batalla campal en contra de unas obras municipales.

Las obras se han paralizado por decisión del alcalde a fin de evitar males aún mayores, pero todavía estoy esperando que la asociación de vecinos de la zona emita un comunicado haciéndose cargo del coste de los daños causados, reponiendo el mobiliario destruido y contratando cristaleros a marchas forzadas que reparen con la necesaria inmediatez los escaparates destrozados.

Mucho me temo que quienes tanto han protestado por unas obras aprobadas en pleno municipal -veremos si ahora cada punto del orden del día de los plenos hay que consensuarlo previamente en referendum popular…-, y que no han hecho ascos a la presencia de grupos radicales que avivaran la confrontación, vengan ahora a endosarles a todos los burgaleses la factura de sus tropelías, obligando al Ayuntamiento de la ciudad a poner en orden todo aquello que ellos destrozaron o desordenaron.

El espectáculo, no puede haber quien lo dude, ha sido bochornoso. Como lo ha seguido siendo la continuidad del mismo en la capital de España.

Uno entiende la desafección de los ciudadanos hacia la clase política e incluso puede entender que quienes hace poco más de dos años votaron mayoritariamente a favor del proyecto hayan cambiado ahora de opinión, posiblemente porque ni siquiera sabían lo que votaban. Pero que la respuesta  a ambos sentimientos deba llegar por la vía de la violencia carece de justificación alguna si no es porque se explica por el grado de manipulación a la que ha llegado nuestra sociedad, liderada, en casos como este, por grupos radicales, parece ser que de izquierdas, que lo único que pretenden es crear la atmósfera necesaria para el estallido social.

¿Ha sido bueno ceder ante el barrio y los violentos que le daban cuerpo a su reivindicación? Tal vez la prudencia aconsejaba actuar así, sin embargo, no es bueno crear precedentes que inviten a actuaciones de este tipo convirtiendo nuestra democracia participativa en una anarquía asamblearia y violenta de conocidas consecuencias.

El poder, cierto, está en el pueblo, pero establecidas las formas a través de las cuales se ejerce este poder, la violencia, o bien no cabe, o cuando exista el derecho para ejercerla deberán darse unas condiciones muy excepcionales que por fortuna en España no se producen.

Mientras, el pueblo se ha dotado de unos Cuerpos y Fuerzas de Seguridad que están precisamente para eso, para garantizar el orden y la seguridad, protegiendo el interés general de la acción descontrolada de unos pocos que, además, han hecho cómplices de su barbarie a todo un barrio.

Tengo la sensación que o somos capaces, entre todos, de realimentar a nuestra sociedad con los valores éticos y democráticos de los que ahora parece flaquear, o tendremos motivos más que suficientes para lamentarnos de no haberlo hecho. Y la familia, la escuela y las instituciones religiosas y políticas tienen mucha responsabilidad en ello.

 

La selva electoral

Enrique Bellido Muñoz | 15 de enero de 2014 a las 13:47

selva tropicalLos nombres son para ser tenidos en cuenta.

Ignacio Camuñas, ex Ministro de Relaciones con las Cortes con la UCD, fundador del Partido Demócrata Popular, diplomático de profesión y personaje avanzado de las tesis liberales en nuestro país, amén de académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

José Antonio Ortega Lara, maestro y licenciado en Derecho, funcionario de prisiones y quien sufrió el más largo secuestro de ETA con 532 días en su poder, entre 1996 y 1997.

Y Santiago Abascal, sociólogo y destacado militante vasco del Partido Popular, desde 1994 hasta el 2013, en el que ha venido ocupando cargos de responsabilidad, tanto orgánicos como institucionales, marcando en los últimos años una línea discrepante con la dirección nacional y regional del partido hasta su salida del mismo en noviembre de este pasado año.

Los tres han fundado un nuevo partido, VOX, que pretende incidir, fundamentalmente, en la unidad de España, la política antiterrorista y la regeneración democrática del país.

Se comenta la sintonía de otros políticos populares – Alejo Vidal-Cuadras, Jaime Mayor Oreja o Esperanza Aguirre- con los promotores del proyecto, si bien dudo que  secunden el mismo desgajándose de la disciplina del P.P.

Y es que frente al monolitismo de los partidos con amplia implantación nacional, PP y PSOE, son muchas las voces que reclaman la puesta en escena de otras alternativas que den respuesta a los escasos canales de participación política existentes en nuestra sociedad y que aireen la viciada competencia política ahora existente, mediante la introducción de nuevas ofertas que pudieran resultar atractivas al elector y despierten la creatividad y, sobre todo, el espíritu democrático, de las grandes formaciones.

Sin embargo, la tarea, hemos de reconocerlo, es difícil. Cuando dos formaciones políticas del peso de la socialista y la popular han logrado instaurar un régimen de bipartidismo real en España, con un dominio casi total de todos los resortes del poder, resulta muy complejo, por no decir casi imposible, abrirse paso y alcanzar un cierto nivel de representación que resulte efectivo y no sólo testimonial, salvo en los casos de la comunidades con un carácter más nacionalista.

Por ello que siempre haya mantenido mis dudas -de ahí mi negativa a integrarme en otros proyectos políticos distintos al P.P.- sobre el camino a seguir para mejorar nuestro sistema de representación y participación política.

Pienso que de mantenerse el nivel adecuado de formación intelectual de nuestra clase política, algo que habría que poner en duda en el momento actual, ello mismo ayudaría a que el espíritu crítico que emana de la lucidez mental tuviese vías de expresión en el seno de los propios partidos, llevando a estos al autoreciclaje y la adaptación a las distintas corrientes sociales.

No es necesario crear nuevas estructuras cuando las existentes son capaces de soportar los cambios y quienes han de mantenerlas gozan de la libertad y agilidad mental necesarias para aplicarlos.

Lo que sucede es que nuestros grandes partidos se han convertido en sociedades patrimoniales, en manos de unos pocos, que cada vez contratan a mano de obra con peor formación, aunque sí mas sumisa, lo que oxida sus estructuras, las convierte en rígidas y, por tanto, sin capacidad para adaptarse a las demandas de una sociedad que huye de ellas.

Luchar desde dentro, como sería lo procedente y democrático, se ha convertido en una aventura épica que o bien termina con el cansancio de quien la emprende o bien con la expulsión de este de la organización.

Reconozco que no soy optimista. No lo soy en cuanto al futuro de los nuevos partidos que se van creando, por las dificultades insalvables que tienen para abrirse paso en la selva electoral. Y no lo soy respecto a la catarsis interna que necesitan nuestras formaciones políticas por el adocenamiento de sus componentes y el interés personal de quienes los dirigen.

Ambas circunstancias distancian más aún al ciudadano de la política y dejan el camino expedito para quienes hacen de esta ocupación un puro oficio.

¿La solución? En alguna ocasión lo he escrito. Por una parte, la desafiliación de los militantes de los partidos políticos en señal de protesta, de otra, la inasistencia a los actos público y electorales que los mismos programen y, por último, el rechazo en las urnas a través del voto en blanco.

Junto a ello, la entrada en registro de iniciativas populares en los parlamentos autonómicos y nacional, que soliciten una inmediata reforma de la ley electoral y la ley de partidos, adecuando ambas al espíritu constitucional y democrático.

Por último, el asalto pacífico y ordenado a los partidos políticos en el sentido de renovar sustancialmente la clase dirigente y a través de ella los estatutos de aquellos.

No dudo que el intento de VOX pretenda ofrecer un nuevo recinto en el que el votante descubra la esencia de la democracia, pero mucho me temo que pueda quedarse en eso, en una mera pretensión, ahogada por la selva y envenenada por los ofidios que la habitan.