>Una huelga con engaño

Enrique Bellido Muñoz | 22 de septiembre de 2010 a las 15:10

>¿Se merece el Gobierno una huelga general? Esta es una pregunta que a lo largo de los últimos días, y en los venideros, aparecerá en los comentarios de opinión de todos los medios de comunicación.

Sin embargo, tal vez no habría que formular así la interrogante sino en el sentido de si se merece, no el Gobierno sino España, esta acción de los trabajadores.

Porque, en definitiva, no será el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero quien sufra las consecuencias de un paro general, sino todo un país que ni en sus empresas ni en la capacidad adquisitiva de los trabajadores pasa por sus mejores momentos.

La huelga que convocan UGT y CC.OO. no es, por tanto, y a mi criterio, una manifestación de rechazo a la política económica de los socialistas –con la que han venido demostrando un alto nivel de connivencia-, sino una expresión de auto justificación ante una masa obrera que no confía en las estructuras sindicales y sufre dramáticamente el efecto del paro.

Una jornada que al margen del seguimiento, libre o forzado, que tenga, incidirá, aún más, en el deterioro de nuestro país, en el marco de este tipo de juegos de artificio que partidos y sindicatos vienen auspiciando a fin de distraer a la ciudadanía de los problemas reales que vive nuestra sociedad.

¿Estamos ante una huelga exitosa o será un fracaso?

No tengo la menor duda de que para los gabinetes de prensa de las dos centrales sindicales de clase el éxito está garantizado. Ya me aventuro a adelantar que ambos sindicatos hablarán de seguimientos de la huelga en torno al 75% de los trabajadores, en un habitual y cínico ejercicio de desprecio a la verdad en beneficio de la desinformación.

Porque la realidad será muy distinta –al margen de aquellos que por la fuerza, no sólo tiene porqué ser física, falten a su trabajo- a la que quieran hacernos ver los sindicalistas, por dos motivos fundamentales. El primero de ellos, porque cada vez es menor, en número, la clase trabajadora, aquellos que disfrutan de un puesto de trabajo al que no asistir, por culpa, en gran medida, de unos sindicatos anticuados y conservadores que siguen defendiendo las teorías de la izquierda más clásica.

El segundo motivo no es otro que las penurias económicas que hoy sufren quienes todavía cuentan con un empleo, lo que en modo alguno les anima a perder un día de salario.

Y, puestos en esta situación, cuáles serán los datos que exhiba el Ejecutivo. Dada la caradura proverbial con la que se están ejercitando los ministros de Zapatero, mucho me temo que pondrán cara de póquer, no entraran a discutir con sus aliados sindicalistas y se limitarán a declarar que España va saliendo de la recesión –no dirán, claro, que a miles de leguas de los países de nuestro entorno- y que las reformas laborales no lo son sino en defensa de los trabajadores, una vez que la no adopción de estas en su momento nos ha llevado a contar con cinco millones de parados.

En definitiva, una huelga general con engaño que como modo de protesta se merece un Gobierno inoperante y generador de paro, pero que en último término no es al propio Gobierno a quien debilita, porque amén de no poder estar más debilitado aguanta con displicencia todos los envites, sino al país y a los trabajadores que la protagonicen, lavando los sindicatos en la pila de Pilatos su conciencia sin perder un ápice de los multimillonarios beneficios estatales de los que gozan.

¿O es que creían ustedes que tras el 29-S algo iba a cambiar?

>El chapoteo de Aznar

Enrique Bellido Muñoz | 18 de agosto de 2010 a las 20:44

>Si, como afirma María Dolores de Cospedal, Mariano Rajoy consensuó la reciente visita de José Mª Aznar a Melilla, pienso que el presidente del P.P. ha cometido un error.
Si realmente lo que se pretendía era dejar claramente diáfana la posición de los populares ante el conflicto surgido nuevamente con Marruecos, lo lógico hubiese sido que en lugar de que fuese el vicesecretario de comunicación, Esteban González Pons, quien visitase la ciudad autónoma justo el día anterior a la llegada de Aznar, esta visita la hubiese realizado el propio Rajoy.
Sin embargo, tengo la sensación que desde las filas populares no se tiene demasiado claro a qué carta jugar no ya solo en ciertos apartados de política internacional, como pueda ser este, sino en muchos otros de política interna, por miedo a ahuyentar a distintos sectores del electorado que pudieran colaborar decisivamente en las próximas generales a la hora de alcanzar una victoria sobre los socialistas.
En todo caso, no creo oportuno que Mariano Rajoy haya dado el visto bueno a la visita del ex presidente popular, cuando este tipo de actuaciones, de un evidente contenido político, que afectan claramente a la política de relaciones entre España y en esta ocasión Marruecos, debieran ser coordinadas con el Gobierno a fin de no interferir en las posibles negociaciones que pudiesen estar llevándose a cabo.
No voy a ser yo quien defienda la política internacional de los socialistas, tan errática como carente de personalidad, como se ha evidenciado en el fracaso que el semestre de presidencia española de la U.E. ha representado.
Sin embargo, desde el Partido Popular no se ha estado en modo alguno fino a la hora de afrontar este asunto, máxime cuando la Casa Real ya ha intervenido, en Melilla existe un gobierno del P.P. que está cumpliendo con su labor de denuncia de la actual situación y en las filas socialistas melillenses ya se han alzado voces en contra de la actuación de Marruecos, habiendo sido mucho más prudente, a la vez que eficaz, demandar, como por otra parte se ha hecho, del Gobierno, una inmediata resolución del conflicto, sin necesidad de complicar la situación con las visitas de González Pons y Aznar, que en cierta medida han venido a dejar en evidencia a Rajoy por su ausencia.
Comprendo que sin ganar unas elecciones es imposible llevar a cabo un programa de gobierno, pero me pregunto hasta qué punto la definición que conlleva ejercer el poder, tras triunfar en unos comicios, debe nacer de la indefinición, cuando se es oposición, como estrategia para la consecución de un mayor número de apoyos.
Si realmente en el Partido Popular se consideraba que la dirección nacional del mismo debía estar presente en estos momentos en la frontera de Beni-Enzar apoyando a las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado, era al presidente de esta formación a quien le hubiese correspondido ese papel y no a José Mª Aznar.
Nadar y guardar la ropa no dudo que pueda hacerse, pero de seguro que ni se llega el primero a la otra orilla, ni las prendas se libran del chapoteo del agua.

>Desequilibrios grotescos

Enrique Bellido Muñoz | 17 de agosto de 2010 a las 18:15

>Por el hecho de no ser usuarios habituales del transporte aéreo no habremos de dejar de alegrarnos por el acuerdo alcanzado entre AENA y el sindicato de controladores.
Ciertamente, un conflicto como este, como todos aquellos que se establecen en el transporte –tenemos reciente el del Metro de Madrid o Auto Res- genera no sólo importantes trastornos a sus usuarios directos, sino también al resto de la sociedad que de alguna manera está ligada a estos últimos.
Son lo que se ha venido en denominar como servicios básicos, que enfrentan al derecho laboral y constitucional a la huelga de sus trabajadores, los que son de aplicación a toda una sociedad que se ve afectada por aquella.
Pero no era hablar de las huelgas y sus consecuencias lo que me ha traído a escribir estas líneas. No.
Realmente lo que me interesaba destacar son los datos que en torno al conflicto de los controladores aéreos se han venido manejando y que en esta ocasión, curiosamente y en la situación de crisis y penurias que vive el país, no han tenido una especial repercusión en los medios de comunicación y, por ende, en la opinión pública.
Datos económicos y laborales que no son nuevos pero que pudieran herir muchas sensibilidades.
Parece ser que el acuerdo entre el ente estatal AENA, adscrito al Ministerio de Fomento, y el sindicato USCA, establece una jornada laboral de en torno a las 1450 horas anuales, dos días de descanso por cada cuatro trabajados, un máximo de 80 horas extraordinarias y un salario medio de unos 200.000 euros al año.
El ministro de Fomento, José Blanco, ha pedido a los españoles que tras la firma de este acuerdo transformemos la mala imagen que teníamos de los controladores en otra positiva, como si la calidad de los profesionales tuviese que ser valorada en función de su capacidad para entenderse con el Gobierno y no de su cualificación para el cargo que ostentan.
Por cierto que, hablando de cualificación y al margen de la que pueda obtenerse en la Universidad Camilo José Cela a partir del próximo curso, el título que da acceso al ejercicio de esta actividad se obtenía hasta ahora en escuelas privadas, tras 39 semanas –un curso académico- de formación, siendo requisito para su ingreso estar en posesión del COU, BUP o FP de segundo grado. Bien es cierto que hasta los 21 años no puede desempeñarse la actividad profesional.
Por ello que sin pretender crearme una imagen negativa de los controladores, no porque lo diga Blanco -¡hasta ahí podíamos llegar!-, sino porque cada cual defiende sus intereses como mejor le conviene y, en este caso, le permiten, sí que no les pueda negar mi perplejidad ante las cifras acordadas con el Ministerio, cuando es precisamente este mismo Ministerio el que ha decidido paralizar la mayoría de la obra pública del Estado con el fin de ahorrar.
En este caso, como en otros muchos, la perplejidad nace, también, de la comparación, y yo no puedo sino comparar los datos del acuerdo con aquellos que me son más cercanos, los de la profesión médica.
De acuerdo que controlar el tráfico aéreo conlleva un importante nivel de responsabilidad, pero seguro que no es, al menos, distinto al que soporta un médico cuando diagnostica en una consulta al paciente, interpreta una exploración radiológica o interviene quirúrgicamente a un enfermo. Al menos a mi así me lo parece sin cargar en ningún modo las tintas.
Curiosamente, el médico necesita para formarse seis cursos académicos, más cuatro cursos más para obtener una especialidad que le capacite para optar a un puesto de trabajo. O sea, diez veces más, en tiempo, que el exigido a los controladores en su formación. Supongo que ello indica algo.
Por tanto, hasta los 28 o 29 años, en el mejor de los casos, el médico no tiene acceso a una plaza. Por supuesto, con precariedad laboral.
En cuanto a la jornada de trabajo, junto a las 35 horas semanales, que deben sumar en torno a 1650 horas anuales, debe realizar las horas extraordinarias que en forma de guardias se le exijan, por necesidades del servicio, hasta los 55 años, descansando, en caso de no tener guardia en sábado o domingo, dos días después de cada cinco trabajados.
Queda por valorar el apartado retributivo. La media del salario de un médico debe situarse en torno a los 50-60.000 euros brutos anuales, incluidas guardias, antigüedad y complementos, cuatro veces menos de lo que percibirá, tras el acuerdo con José Blanco, un controlador aéreo.
Algo hay en esta sociedad española que no cuadra. Algo que, además, no es nuevo ni sobrevenido con los socialistas, pero que el Gobierno del PSOE está convirtiendo en verdaderamente grotesco.
Tal vez para quienes dirigen los destinos del país resulte más importante mantener el tráfico en nuestros aeropuertos que la actividad en nuestros hospitales y centros de salud, pero, en todo caso, no dudo que existen desequilibrios sociales –algunos mucho más hirientes- que el socialismo no ha venido a resolver.

Enrique Bellido Muñoz | 17 de agosto de 2010 a las 16:30

>El Día de Córdoba

LA TRIBUNA

Empresariado político

Enrique Bellido

QUE los partidos políticos en España -no conozco desde dentro el funcionamiento de aquellos en otros países-, se mueven como empresas vendedoras de proyectos -y digo bien, proyectos- a cambio de votos, no creo que haya ningún español que lo dude.

Bueno, es cierto, no soy riguroso. Hay millones de españoles que todavía hoy ni siquiera se lo cuestionan porque la fuerza de la derecha o la izquierda, del nacionalismo o el estatalismo, supera con creces la lógica que debiera imponer en democracia una selección mucho más meditada, menos sectaria, que la que se sigue practicando desde que el franquismo cedió su espacio a nuestro nuevo régimen.

Sin embargo, reconozco que me interesan mucho más aquellas minorías que a la hora de depositar un voto son capaces, al menos, de cuestionarse qué tipo de proyectos apoyan, en quiénes delegan su representación para llevarlos a cabo, qué estructuras políticas van a sustentarlos o incluso qué tipo de alianzas puedan alcanzarse a fin de lograr mayorías suficientes.

Por ello me refería a “ningún español”, haciéndolo a aquéllos que no tienen su voto condicionado de antemano por distintas circunstancias, que no entraré a valorar, y mucho menos a cuestionar, pero que sí les impiden, en muchas ocasiones, descubrir ciertos matices en nuestro sistema democrático que en último término son los que determinan la cualidad y, por qué no, la calidad del mismo.

Pero no quiero desviarme del contenido nuclear de este artículo. Me refería a los partidos como empresas y mantengo que no se apartan un ápice de esa denominación.

Empresas con una estructura directiva muy influyente en la toma de decisiones, claramente piramidal de arriba hacia abajo y muy excepcionalmente en sentido contrario. Con una amplia red comercial que atiende a los intereses de sus superiores jerárquicos más que a los de los propios ciudadanos que, por otra parte, carecen de capacidad para designarlos al tenerlo que hacer, salvo en el caso del Senado, en listas cerradas. Y con una cuenta de resultados que, como sucede en muchas empresas, con fines comerciales, ven maquilladas sus cifras a fin de ofrecer un resultado siempre exitoso.

Hago esta valoración al hilo de lo que está sucediendo en la empresa política que representa el PSOE -como ya ocurriera, y sigue ocurriendo, en el resto de partidos españoles, de ahí que en este asunto sea mejor tener la boca callada- con la designación de candidatos al Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid.

Como empresa que es, y no como partido democrático -eso es algo muy distinto-, quien ahora la preside parece ser que tiene muy claro que en ella quien debe mandar es él y no los pequeños accionistas que en realidad la sustentan, aunque por su atomización carezcan de fuerza, intentando designar digitalmente y no en unas primarias, a los candidatos a alcalde y presidente de la Comunidad, posiblemente, todo hay que decirlo, porque las encuestas no sean muy favorables para quienes en principio se postulaban como tales.

Lo curioso, en este caso, es que, quien así pretende actuar, alcanzó su actual rango orgánico en un congreso abierto y reñido en el que a él sí se le dio la opción de defender su candidatura.

Ello habla muy a las claras de la catadura ética de este “empresario político” que, además, ha terminado llevando a su empresa a la quiebra, si nos atenemos a los datos de la última encuesta del CIS, dejando a la sociedad de la que recibe el crédito en una difícil situación económica y social.

No ha cedido, en principio, Tomás Gómez a las presiones y, por el contrario, hará caso de los consejos de históricos socialistas como Peces Barba y Matilde Fernández, manteniendo un pulso que puede resultar premonitorio.

En cualquier caso, todo ello deviene de una ley de partidos y electoral que en nada beneficia a la democracia interna de estas formaciones, interesadas, por mucho que afirmen lo contrario, en seguir siendo empresas antes que instrumentos políticos al servicio y al criterio de los ciudadanos.

>El Día de Córdoba

Enrique Bellido Muñoz | 21 de julio de 2010 a las 8:05

>LA TRIBUNA

Vaya papelón

Enrique Bellido / Ex Senador | Actualizado 21.07.2010 – 01:00

0 comentarios2 votosSI les afirmo que cada día que pasa tengo más aversión a la distribución autonómica que de España se ha hecho, no podrá extrañarles que la adquisición de Cajasur por la BBK no me produzca ningún tipo de sarpullido, convencido, como estoy, de que la fuerza no la ofrecen mayores niveles de autonomía, autogobierno y, como pretenden algunos, independencia, de las distintas CCAA del territorio español, sino precisamente la complementariedad, en su diversidad, de los distintos territorios del Estado, capaces de generar una unidad de acción que hoy brilla por su ausencia.

Por ello que en un mercado común, que ya hasta supera a nuestras fronteras, me parezca bien que la opción que menos fondos demandaba de las arcas públicas y menos gasto social va a hacer en despidos, haya sido la que, al final, haya adquirido a la caja cordobesa que, por otra parte, estaba en liquidación.

Eso no quiere decir que, como a todos, la noticia no me haya sorprendido, no ya por inesperada -que todas las opciones eran posibles- sino por el empeño puesto a lo largo de los últimos meses por parte de los socialistas andaluces en transmitirnos que la opción de Unicaja iba a ser la triunfadora, entendíamos todos -craso error- que conocedores de las ofertas presentadas.

Lo cierto es que el papelón de José Antonio Griñán y el largo repertorio de adláteres que le bailan la cumbia, entre ellos su vicesecretario general, Rafael Velasco, y la consejera de presidencia, Mar Moreno, ha sido hilarante si recordamos como esta última sacaba pecho en contra de la opción de Caja Madrid a asistir a la puja y vemos a qué latitudes se ha marchado el control de Cajasur, o como el número dos de los socialistas andaluces difundía a bombo y platillo la segura adquisición de la caja cordobesa por la malagueña Unicaja.

De ridícula y esperpéntica cabe catalogar la situación en la que ha quedado el PSOE-A, con su dirección regional y la provincial de Córdoba a la cabeza, mucho más después de escuchar las reacciones de algunos de sus dirigentes cuando el Banco de España, no sé si influido o no por Rodríguez Zapatero para que este tendiese puentes con el PNV que le salven de adelantar elecciones, hizo pública su decisión.

Declaraba Rafael Velasco: “Estaremos ojo avizor para impedir que se pierda un solo empleo”. Curioso interés este cuando aplaudía sólo días antes la posible adquisición por Unicaja, entidad esta que acudía a la puja con un plan de viabilidad por el que se despedirían en torno a 1.000 trabajadores.

Siente uno vergüenza que algunos de nuestros políticos utilicen varas de medir tan desproporcionadamente distintas y discriminatorias según evalúen a los propios o a los extraños.

Casi al unísono, era el presidente de la Junta, quien afirmaba: “Cajasur abandonó Andalucía el día que no aceptó la fusión con Unicaja”, como queriendo lavar un prestigio que ya tenía perdido, pero que este envite lo arrastra por los suelos, culpando a la Iglesia de lo sucedido en lugar de reconocer que su capacidad de influencia en el asunto ha sido nula, lo que lo convierte no ya en un mal negociador, que lo ha sido si nos atenemos a los resultados del intento de creación de una caja única, sino en un mal político por su escasa capacidad de previsión y decisión y el nulo respaldo de su partido a nivel nacional.

Pero no sólo han quedado mal los políticos socialistas en toda esta tramoya, también es digno de tener en cuenta el fracaso que el presidente de Unicaja, el prosocialista Braulio Medel, ha obtenido. Si cuando la Iglesia decidió solicitar la intervención del Banco de España, rompiendo las negociaciones con Unicaja, Medel cesó a su director general, como cabeza de turco del desacuerdo, ahora no sé si se cesará a sí mismo -en otras palabras, dimitirá- ante lo que es un estruendoso fiasco. Sería lo que honestamente habría de hacer, pero apelar a la honestidad a estas alturas tal vez sea excesivo…

En desangelada situación han quedado, también, los ex vicepresidentes de Cajasur Blanco y Ojeda defensores a ultranza de la adquisición por Unicaja, a la vez que bestias negras de la Iglesia, cuando va a demostrarse que al final era la propia Iglesia quien menos se equivocaba pues al renunciar a la opción malagueña ha logrado que con la vasca sean muchos más los puestos de trabajo que logren salvarse.

Otro que parece que había puesto todos los huevos en el mismo cesto era el presidente del Córdoba, José Miguel Salinas. Toca ahora negociar con los bilbaínos la financiación de un Córdoba C.F. que hace aguas en lo económico. En definitiva, y como siempre he defendido, los cordobeses tenemos ni más ni menos aquello que nos merecemos, así que espero que la BBK no venga a dejarnos en evidencia, aunque algunos sí que han quedado ya en dicha situación.

>El error de Contador

Enrique Bellido Muñoz | 20 de julio de 2010 a las 9:50

>Soy aficionado al ciclismo y como casi todas las tardes atiendo con interés a los últimos 80 kilómetros de cada etapa del Tour de Francia.
Allí estaba ayer, viendo la subida de Balés, en plenos Pirineos, cuando el líder de la carrera, Andy Shleck, al realizar un cambio en su desarrollo vio como la cadena de su bicicleta se salía de su sitio, perdiendo varios segundos en solucionar la avería, tiempo en el que sus máximos contrincantes le adelantaron, llegando a meta con casi 40 segundos de ventaja, lo que le hizo perder el maillot amarillo en beneficio del español Contador.
A partir de ahí la polémica ha estado servida situando como telón de fondo la existencia o no de juego limpio por el hecho del posible “aprovechamiento” por parte de un grupo de ciclistas de la avería del luxemburgues.
Mi opinión, al margen de chauvinismos, es que en modo alguno actuaron incorrectamente quienes adelantaron a Schleck pues el ciclismo, al margen de ser un deporte de esfuerzo personal, utiliza para su práctica un medio, como es la bicicleta, mecánico y sujeto a averías que pueden afectar a unos y otros por igual.
Curioso sería que en cada pinchazo, por cada rotura, todo el pelotón tuviese que parar a esperar que el ciclista de turno o sus mecánicos reparasen la bicicleta. Nunca lo hacen y en modo alguno había que hacerlo en esta ocasión.
Otra cosa bien distinta es la reacción de Contador al llegar a la meta y hacer sus primeras declaraciones.
En las que realizó ante el micrófono de TVE afirmó que en ningún momento se había dado cuenta de la avería que sufrió Schleck cuando fue más que evidente, porque circulaba detrás de él, que no fue así, que observó lo que sucedía y optó por acelerar.
Es esto, el no ser sincero,lo que quita valor a la actitud del español y no el hecho de obtener ventaja de una circunstancia que es consustancial a este deporte.
Por ello que en la tarde-noche se viese obligado a emitir un comunicado pidiendo perdón, dado el cariz mediático de los acontecimientos y su metedura de pata.
Afortunadamente quedan aún etapas de montaña, en línea y contra el reloj, para que ambos ciclistas demuestren cuál de ellos se encuentra en mejor forma y es capaz de ganar esta edición del Tour.
Hay muchas circunstancias de la vida que resultan mucho más fáciles de explicar desde la verdad, y en el deporte también…..

>El futuro de algunos…

Enrique Bellido Muñoz | 19 de julio de 2010 a las 11:31

>Hace poco más de un mes el hasta entonces director general de Unicaja y brazo derecho de Braulio Medel, Miguel Ángel Cabello, era cesado en su cargo al no conseguirse la fusión entre la Caja malagueña y la cordobesa Cajasur.
El viernes pasado nos enterábamos de que Unicaja perdía la puja por la antigua entidad de ahorro de la Iglesia frente a la vizcaína BBK que superaba, con mucho, la oferta de la Caja andaluza.
La apuesta de Medel por Manuel Azuaga, que durante un tiempo supervisó las cuentas y el proceso de fusión de Cajasur, parece no haber sido un acierto y ahora, en buena lógica, en lo que llamaríamos ética financiera, debe ser el propio Braulio Medel quien se cese a sí mismo o, lo que es lo mismo, dimita, ante el fracaso evidente de su gestión.
Esperemos acontecimientos, aunque mucho me temo que el calor del sillón presidencial pueda más que el frío de la jubilación.
Quien también debe pensarse muy seriamente su futuro, político en este caso, es el actual Presidente de la Junta, José Antonio Griñan, ninguneado por su propio partido y dejado en ridículo ante la sociedad andaluza en su empeño por conseguir la Caja única, quedando en evidencia ante todos los andaluces, y fundamentalmente ante la sociedad financiera y empresarial, en una apuesta en la que se ha demostrado que desconocía todos los términos y que ha jugado sin soporte político alguno en el que apoyarse.
En su desgracia no es de extrañar la frase lapidaria que pronunciase al poco de conocerse la decisión del Banco de España: “Cajasur se fue de Andalucía cuando rechazó la fusión con Unicaja”, como queriéndose quitar de encima la pulga del fracaso endosándosela en este caso a la Iglesia que fue la institución que se negó al acuerdo.
Fracaso entonces, al no convencer a ambas partes y fracaso ahora al jugar sin fondos a un caballo que se ha demostrado perdedor y que no contaba, tan siquiera, con el apoyo de los suyos.
Es más, la Iglesia sale casi de rositas en este envite pues al negarse a ser absorbida por Unicaja y ganar ahora la puja BBK, parece ser que se salvan muchos de los puestos de trabajo que con la entidad malagueña iban a desaparecer, lo que socialmente la rehabilita, al margen de los errores de gestión económica, imputables, también, a las instituciones políticas representadas en el Consejo de Administración de Cajasur.
Y hablando de puestos de trabajo, curioso resulta lo afirmado por el vicesecretario de organización del PSOE-A, Rafael Velasco, al declarar: “Estaremos ojo avizor para que no se pierda un solo puesto de trabajo”, cuando días antes apoyaba públicamente la oferta de Unicaja que contemplaba en torno a 1000 despidos.
Esto de las distintas varas de medir de los políticos resulta ya burlesco a la vez que patético, apoyando su acelerado desprestigio.
Desconozco, por otra parte, qué de cierto pueda haber en la participación de Rodríguez Zapatero en la venta de Cajasur a la entidad de ahorros vasca, en su intento por congraciarse con el PNV y lograr de esta formación política el apoyo a los Presupuestos Generales del Estado para el 2011, prolongando así su vida política.
Confío que por encima de ello haya imperado la imparcialidad del Banco de España pues, de otra forma, al margen de traicionar a los socialistas andaluces, ZP habría hecho uso, de forma sórdida, del interés público en beneficio partidista e incluso personal.

>¿Quién dió la orden?

Enrique Bellido Muñoz | 7 de julio de 2010 a las 10:15

>Coincidí con José Joaquin Ripoll en el Senado a lo largo de la V Legislatura, entre 1993-1996. Me pareció siempre un político serio y honesto, arquitecto de profesión, y con una excelente capacidad parlamentaria.
He venido siguiendo su trayectoria política a lo largo de los años y al margen de algunos kilos de más con respecto a la figura que hace quince lucía, Ripoll se ha caracterizado por su compromiso político y por mantener una línea de trabajo dentro de la organización del partido crítica con Francisco Camps, pero entiendo que leal con las ideas que desde el PP defiende.
Pero no es esto lo que me trae el asomarme al Blog, sino su detención, ayer mismo, por motivos aún no desvelados y que según fuentes policiales se hacen coincidir con una presunta adjudicación del servicio de recogida de basuras en el Ayuntamiento de Orihuela.
Digo fuentes policiales porque, sorprendentemente, a las 24 horas de ser detenido, el juez instructor del caso Brugal ha declarado que en ningún momento ha dado orden de detención del Presidente de la Diputación de Alicante.
¿Quién ha dado esa orden entonces? Supongo que la polícia no habrá actuado sin mandamiento judicial, a criterio de superiores jerárquicos o políticos. De haberlo hecho habríamos entrado de lleno en un Estado policial y fascista como el que hace ahora treinta y dos años abandonamos.
¿De quien proviene entonces la decisión de detener y trasladar a dependencias policiales a este representante de la democracia popular?
Seguro que en las próximas horas esta interrogante será aclarada. De no ser así resulta evidente que Rubalcaba debe coger el camino de la calle abandonando el Gobierno, junto al Ministro de Justicia y la Vicepresidenta De la Vega.
Y, en todo caso, de no demostrarse la participación de Ripoll en esta presunta trama, entrarimos, una vez más, en el uso electoralista de la Justicia y del aparato del Estado, lo que pondría en serio riesgo nuestro sistema democrático.

>Mirar hacia otro lado

Enrique Bellido Muñoz | 29 de junio de 2010 a las 11:01

>O muy mal deben andar mis neuronas, o la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña ha destrozado las expectativas que los socialistas catalanes tenían en el sentido de crear un estado dentro del Estado español.
No comprendo, por tanto, la reacción de los socialistas de Ferraz, de la ejecutiva federal del PSOE, calificando de fracaso del PP la resolución al recurso interpuesto por los populares.
Que Montilla se deje caer llamando a la “rebelión de los ciudadanos y los partidos políticos contra la sentencia” no creo que represente un signo de complacencia hacia lo decidido por el Tribunal Constitucional sino más bien todo lo contrario.
Que dicha sentencia eche por tierra 14 de los artículos del Estatuto y reinterprete 23 más, alguno de ellos tan significativos como los que hacen referencia al término nación o al uso preferente del catalán sobre el castellano no es pecata minuta sino una carga de profundidad sobre las aspiraciones independentistas de una parte importante de la izquierda catalana y el catalanismo excluyente que desde la administración de aquella Comunidad se venía aplicando en muchos sectores, también en el privado al sancionar la rotulación en castellano.
En nuestro actual sistema democrático, de acuerdo con nuestra Constitución, poco o nada debe importarnos aquello que decidieran los ciudadanos catalanes a la hora de votar su Estatuto si la propuesta que se les hacía vulneraba, como así plantea el Constitucional, algunos principios constitucionales.
No puede apelarse, como lo ha hecho el presidente del Parlamento catalán, Ernesto Benach, a que la sentencia “ignora la voluntad de la ciudadanía”, porque dicha voluntad deberá estar sometida siempre a la ley de leyes del Estado por mucho que quienes la promuevan sean partidos políticos legítimamente constituídos.
Aquí se establece una de las grandes diferencias existentes entre P.P. y PSOE. En la existencia de un discurso único por parte de los populares en todo el territorio nacional en defensa de la unidad constitucional del Estado algo que, a la vista está, no sucede con los socialistas.
Ocurre que dentro de cuatro meses se celebrarán elecciones en Cataluña y pongo la mano en el fuego porque desde Ferraz se volverá a mirar hacia otro lado con tal de no perjudicar a sus intereses electorales en aquella Comunidad, evidenciando, una vez más, la falta de criterio que en estos últimos años ha venido demostrando.

>Rajoy no es hombre de mitines

Enrique Bellido Muñoz | 25 de junio de 2010 a las 9:05

>No hace muchos días se me encargó moderar un Foro del Partido Popular en el que participaron en torno a treinta personas, con Mariano Rajoy, Javier Arenas, Ana Mato y Soraya Saenz de Santamaría al frente de la representación del partido y un nutrido grupo de catedráticos, ex-ministros e intelectuales independientes, que debatieron, a lo largo de tres horas, sobre “Coordinación y cooperación entre administraciones: estrategia para una descentralización eficiente y equitativa”, tras las exposiciones que llevaron a cabo Santiago Muñoz Machado, Catedrático de Derecho Administrativo de la UCM y Ángel de la Fuente, Profesor de Investigación de CSIC.
La experiencia me pareció plenamente enriquecedora pues al margen de la publicitación electoralista o propagantista que en otras ocasiones se hace de encuentros de este tipo, el evento, cerrado a los medios de comunicación, puso sobre la mesa una gran variedad de opiniones sobre la realidad y el futuro de nuestro Estado de las Autonomías, nacidas unas del academicismo y la solvencia profesional y otras de la experiencia política y social de los participantes, que habrán de servir a un previsible futuro Gobierno de Mariano Rajoy para aplicar políticas adaptadas a las necesidades de los distintos niveles institucionales.
Ayer mismo, Javier Arenas, responsable de política autonómica y local del PP, planteaba, de cara a un futuro no muy distante, un gran pacto de gobierno entre Partido Popular y PSOE, que abordase, entre otros asuntos que sólo pueden ser resueltos desde la participación y el acuerdo entre ambas fuerzas políticas, una valoración crítica del Estado Autonómico, lo que podría llevar a una reforma constitucional de calado.
Y este parece ser el camino emprendido que va a tener continuidad en el tiempo.
Ayer mismo, el Partido Popular organizaba un Foro de Economía en el que con la presencia de más de una veintena de prestigiosos economistas, estos plantearon, desde una visión amplia y diversa, las distintas opciones con las que afrontar una más rápida salida a la actual situación crítica que vive nuestra economía.
Un foro, este, que sirvió de antesala al desayuno de trabajo que hoy mismo ha mantenido el presidente del PP con los más destacados empresarios y representantes del sector financiero español a fin de presentarles la medidas que el Partido Popular está en disposición de aplicar en materia económica.
Ya en una entrada anterior en este Blog hacía referencia al órdago como jugada que desde el PP era necesario poner sobre el tapete, en una partida en la que los socialistas han venido mostrando su pasividad, haciéndola tediosa en el tiempo a la vez que generando en la sociedad un desgaste y una sangría innnecesarios.
Y, ciertamente, creo que ultimamente la dirección de los populares camina en ese sentido, en el de tomar la iniciativa, realizando una apuesta fuerte por la seriedad, el rigor y la prudencia a la hora de llevar a cabo el ejercicio de oposición, frente al dogmatismo inconsistente que Rodríguez Zapatero ha venido aplicando a sus políticas en los últimos años.
Comentan las crónicas que en la reunión con economistas Rajoy atendió especialmente a las propuestas que allí se hicieron en referencia a la gestión privada de la Sanidad, lo que especialmente me alegra porque, siendo este uno de los gastos sociales que mayor cantidad de recursos consume, se hace necesario profundizar aún más en las reformas de su gestión, ya iniciadas por Romay Beccaría y Nuñez Feijóo al final de los noventa con las Fundaciones Públicas Sanitarias y continuada posteriormente en las Comunidades de Valencia y Madrid, de manera que calidad, eficiencia y eficacia no estén enfrentadas a racionalidad en el gasto.
En cualquier caso creo que es el camino que ha de seguir Mariano Rajoy.
Quienes lo conocimos desde los escaños del Parlamento en su etapa de ministro de Aznar, siempre vimos en él a un político eficaz y riguroso en sus planteamientos a la vez que alejado de liderazgos.
No es Rajoy hombre de mítines, por mucho que deba protagonizarlos. Lo es de compromisos y de trabajo serio, en una sociedad que necesita recuperar la ilusión en el futuro en base a creer en algo y en alguien.
Es ahí donde se establece el gran reto de líder popular. No en alcanzar el liderazgo entre los suyos, que vendrá sobreañadido, sino en conseguir el liderazgo social a base de transmitir credibilidad, confianza e ilusión.
Y escuchar a quienes más saben, alejado, otra vez, del dogmatismo sectario que otros practican, representa un magnífico ejercicio.