>Entre Arriola y Cospedal

Enrique Bellido Muñoz | 11 de febrero de 2010 a las 7:53

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Cuentan las crónicas políticas que se ha establecido cierto nivel de discrepancia entre los criterios defendidos por Pedro Arriola, sociólogo del PP, y la secretaria general del partido, Dolores de Cospedal, en relación a la estrategia a seguir desde la oposición.
Mientras Arriola parece defender una línea blanda, consistente en que sea Zapatero quien caiga por el propio peso de sus errores, a Cospedal se le imputa una línea de actuación más dura según la cual los populares deben cooperar activamente en esa caída, desestabilizando la figura del presidente del Gobierno.
¿Qué hacer en casos como este? Ni soy sociólogo ni tengo la responsabilidad de dirigir un partido, aunque conozco la política y los partidos desde sus bambalinas, por lo que el pisar ahora la calle me pueda dar una perspectiva que tal vez escape a quienes casi puedan tener monopolizada su visión.
Creo que el arte de un buen político – y en muchas ocasiones el político ha de ser más un artista que un gestor social- se establece en dejar en evidencia al contrario sin que la ciudadanía descubra sus intenciones.
Es cierto que los políticos han de ser buenos gestores de un proyecto, el ideológico y programático, que de su ejecución deben ocuparse los técnicos.
Sin embargo, el político ha de ocuparse, también, de la defensa del territorio desde el que es posible poner en práctica dicho proyecto o de la conquista de este cuando no se posee. Me refiero al territorio del poder.
Ello le obliga a mantener un cara a cara continuo con sus oponentes, que de ser muy sangriento los ciudadanos percibirían como negativo.
De ahí que la mejor estrategia consista en saber establecer sinergias con el resto de líderes sociales de forma que no se visualice con nitidez al atacante, produciéndose, eso sí, el desgaste del adversario político.
Pero esta estrategia quedaría sin valor si el ciudadano no es capaz de distinguir una alternativa social de liderazgo que la motive a seguirla.
Y es aquí donde cabe realizar un ejercicio serio y bien elaborado de traslado a la sociedad de las propias propuestas.
¿Es esto lo que se viene haciendo desde el Partido Popular?. Me temo que no, al menos de una manera organizada.
De ahí que, sin dejar pasar más tiempo, sea necesario poner en valor una estrategia en común ante una situación que ahora es la que es pero que de aquí al 2012 puede cambiar sustancialmente.

>Los desvergonzados de la Historia

Enrique Bellido Muñoz | 10 de febrero de 2010 a las 8:31

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Ya nos sorprendió, no hace muchos días, el Consejero de Empleo de la Junta, Antonio Fernández, al justificar los importantes niveles de paro en Andalucía con el descabellado argumento del mimetismo familiar. Los familiares se solidarizan con el parado apuntándose también a las listas del INEM.
Este personaje, capaz de intentar reírse de quienes aún mantenemos cierto nivel de cordura intelectual, desvergonzado, por tanto, se deja caer ayer mismo con otro de sus lapidarios juicios, al afirmar que la prorroga de las ayudas de 426 euros para los parados sin prestación, que va a aprobarse por el Gobierno, representa “el mayor esfuerzo social de la historia de España desde el nacimiento del mundo”.
Al margen de carecer de conocimientos de Historia y de poseer un bajísimo nivel crítico de lo que ha sido la evolución social de España a lo largo de los años y no digamos ya en el último siglo, Fernández cae en el mismo error político en el que lo hace su jefe de filas -al que debe dedicar su exagerado comentario para seguir contando con sus favores y mantener el cargo-, al creer que la mejor política social es aquella que subvenciona el paro, negando la mayor a la creación de empleo como vehículo de desarrollo de la dignidad social.
Semejante personaje, ligado en otros tiempos a las asesorías jurídicas de UGT y CC.OO, se ve que ha mimetizado plenamente ciertos tic sindicales que le impiden ver que la mejor inversión social es aquella que nace como inversión productiva, generando riqueza no solo al trabajador sino a todo el entorno social en el que se asienta.
Y si nos atenemos a los niveles de inversión productiva que hasta ahora ha venido aplicando el Gobierno del PSOE a nuestra economía, podría afirmarse, sin margen para el error, que nuestros actuales dirigentes vienen realizando uno de los más inútiles ejercicios de progreso social de la historia moderna de nuestro país.
Ocurre que, cuando lo que se persigue es no perder el voto de los más desprotegidos, la solución más cómoda, aunque sea la más errática, es aquella de repartir la miseria entre muchos en lugar de propiciar el esfuerzo común para salir de ella.
Y los socialistas se han instalado en la comodidad. Si no, cómo explicar los cinco millones de parados con que cuenta España.

>Sostener a Zapatero

Enrique Bellido Muñoz | 9 de febrero de 2010 a las 11:15

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Escuchaba ayer a un portavoz del Partido Nacionalista Vasco afirmando que su fuerza política no participaría en un proyecto que “sostuviese” a Rodríguez Zapatero a través de un gran pacto de Estado contra la crisis.
Y, ciertamente, a los partidos políticos se les presenta ahora la disyuntiva entre llegar a grandes acuerdos, apoyando en sus actuaciones al Gobierno del PSOE, con lo que quedarían sin discurso de oposición, o no hacer posibles estos, permitiendo que se queme en su propia hoguera el Ejecutivo socialista.
La decisión que se adopte habrá de ser muy meditada, teniendo en cuenta el efecto mediático de la misma, así como las repercusiones sociales que el desencuentro en las medidas a tomar pueda generar.
Parece evidente que quien a lo largo de los últimos tres años ha estado falseando la situación económica del país y errando una y otra vez en la toma de decisiones, no pueda recibir, ahora, un cheque en blanco de sus oponentes.
La decisión con un mayor calado ético sería disolver las cámaras y convocar nuevas elecciones a las que cada fuerza política acudiese con su proyecto de medidas frente a la actual situación.
Ello generaría, además, nuevas expectativas internacionales que podrían ser muy positivas de cara a restaurar nuestra posición, ahora devaluada, en el marco de los países de nuestro entorno.
Sin embargo, y conocidos los antecedentes políticos en los que se han movido los socialistas, parece imposible que esta posibilidad se haga realidad.
No es nada fácil, por tanto, adoptar una posición clara sin debilitar los objetivos electorales, y tal vez lo más adecuado sea plantear propuestas en sede parlamentaria a las que se sume, o no, el Gobierno, sin establecer acuerdos formales que ante el desgaste de los socialistas de seguro estos intentarían rentabilizar torticeramente.
Choca, en cualquier caso, la posición del PNV que hace sólo un mes apoyaba los Presupuestos Generales del Estado, validando, con ello, la política económica de Zapatero.