Archivos para el tag ‘Crisis’

Pasando miedo

Enrique Bellido Muñoz | 19 de julio de 2012 a las 8:35

Vaya equipo de caraduras que están hechos quienes conforman  el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía.

Ahora que el Gobierno de Mariano Rajoy les está haciendo el trabajo sucio, el que por responsables de la situación económica que vive el país y Andalucía les correspondería realizar a los socialistas, vienen con la desvergüenza que les caracteriza a decirnos:

“Lo que ya está decidido es que los funcionarios tendrán la paga íntegra de julio porque no queremos que sufran un doble castigo por parte del Gobierno dela Nación, que es el que decide estas agresiones a los empleados públicos”

Son palabras textuales del portavoz del Ejecutivo andaluz, Miguel Ángel Vázquez, haciendo alarde de la catadura política del equipo al que representa, a la vez que mostrando la cara más mísera de quienes debiendo estar pidiendo perdón a toda España por la situación en la que nos han dejado, se permiten utilizar términos como castigo o agresión cuando por dignidad política debieran, al menos, guardar un no disimulado silencio de complicidad en la toma de decisiones.

Pues no, nos viene ahora este señor a decirnos a los funcionarios, como si fuésemos a caernos de un guindo, que el Gobierno de la Juntano es malo, que ellos no quieren hacernos daño, que nos protegen y amparan y por ello van a devolvernos lo que nos habían quitado por decreto, una parte de la paga extra de julio.

No dicen los muy tunos todas las medidas de recorte que contenía el decreto 1/2012, de 19 de junio y que piensan mantener.

No hablan, ¡como iban a hacerlo!, de la reducción de jornada y sueldo en un 10% al personal interino, estatutario temporal, laboral temporal y laboral indefinido.

Tampoco del recorte de un 10% en productividad, complementos variables, carrera profesional, etc. a todos los funcionarios, o de otras medidas que afectan a la incapacidad por enfermedad o a la jornada laboral.

Y todo porque, como decía al principio, el Gobierno de la Nación les está haciendo el trabajo sucio, consistente en aumentar la jornada laboral hasta las 37 horas y media y, más recientemente, suprimir la paga extra de Navidad, lo que supera, con mucho, las expectativas de ahorro que con la aplicación del decreto autonómico hubiese podido hacerse José A. Griñan.

Por ello y sólo por ello han dado ese cuarto de paso atrás –eso sí, vendido como si se hubiese tratado de un paso de gigante-, aún a sabiendas de que nos estaban inflingiendo a los funcionarios un daño añadido que sumar al que ya de por sí representa la pérdida de una paga extraordinaria vigente desde 1944.

Por ello que tenga la sensación de estar entre dos fuegos, entre la batalla de los unos contra los otros sirviendo de blanco útil.

Es más, no creo tan siquiera que ni unos ni otros tengan la fobia a los funcionarios que con sus medidas pudieran aparentar. Sólo pienso que ambos han dado a luz y alimentado a una hidra a la que no se atreven a enfrentarse con valentía a fin de descabezarla, por muy necesario que así sea. Por el contrario, prefieren seguir dándole alimento, aunque sea en menor ración, a fin de mantenerla con vida e intentar seguir sirviéndose de ella.

Ejercicio, este, peligroso, cuando se sobrepasan ciertos límites y ello debiera tenerlo también muy presente el Gobierno dela Junta.

En todo caso, y a pesar del dolor que puedan producirnos ciertas medidas, tenemos derecho a que se nos expliquen, a que se nos argumenten didácticamente –no todos somos expertos en Economía como la consejera Martínez Aguayo o el ministro de Guindos-  y a que se nos aclare a qué se destinará cada euro que se nos retire del sueldo y en qué plazo real la sociedad andaluza, la española y todos y cada uno de nosotros obtendremos rentabilidad por ello.

No es momento de juegos verbales sino de mirar a la cara a una ciudadanía que –y lo digo porque son muchos los comentarios que en tal sentido me llegan- está pasando miedo.

Me bajo del tranvía

Enrique Bellido Muñoz | 23 de mayo de 2012 a las 12:07

Ya se los anuncio. Me bajo, salto del tren -¿qué digo del tren?-, no, del tranvía, del esperpéntico tranvía de nuestra democracia.

Me importa un bledo, sí, un bledo, que los oficialistas del sistema, mejor aún, los oficinistas del sistema, me tachen de reaccionario.

Ya quisieran todos ellos, desde el primero al último representante de todos y cada uno de los partidos políticos que sientan sus reales en nuestras instituciones, gozar de la salud democrática que yo disfruto y que, por ello, sufro.

¿He dicho quisieran? Que va. No lo quieren, si no otro gallo nos cantaría. Les resulta mucho más cómodo y productivo seguir siendo como son, simples manipuladores del sentimiento democrático, al que prostituyen a diario obteniendo de este ejercicio pingües y sucios beneficios.

Los que están arriba porque dirigen este negocio en el que se han convertido los partidos políticos en España y el ejercicio del poder, y los que están abajo por carecer de capacidad o arrestos para tener criterio propio o hacerlo valer.

Porque, ¿no nos dirán ahora que no es nuestro sistema de partidos, aquello en lo que han convertido la utopía de la democracia participativa, el que ha generado la situación en la que nos encontramos?

Ahora dicen que los mercados, que la indolencia de la banca o los oscuros intereses de los especuladores son los causantes de nuestras desgracias, pero se callan que ellos, nuestros gobiernos de todo nivel, tenían la responsabilidad de controlar aquellos mercados, fiscalizar la banca y poner coto a la especulación.

Es más. Son los propios partidos políticos, todos ellos, desde la izquierda que ahora se dice plural a la derecha, quienes han pretendido, a veces con éxito, introducir sus garras en los mercados, hacerse con el poder de la banca –ahí está el descalabro total del sistema de cajas de ahorros, parasitadas por unos y otros sin excepción- y confraternizar con el especulador permitiendo esa explosionada burbuja inmobiliaria basada, simplemente, en la especulación que del suelo se ha venido haciendo desde ayuntamientos y comunidades autónomas.

La solución: pagar entre todos lo que han generado sólo unos pocos que, además, se han beneficiado de ello.

Por ello que me apee de este medio de transporte y recorra mi camino por mi cuenta, convencido de que no vale la pena pagar un billete tan caro para que ni te lleven a tu destino y, por el contrario, terminen descarrilándote y llenándote de magulladuras.

La dura realidad

Enrique Bellido Muñoz | 5 de agosto de 2011 a las 6:29

Que José L. Rodríguez Zapatero haya escenificado con su mujer la llegada- retrasada- a sus vacaciones en el Coto de Doñana y sólo al día siguiente haya debido tomar el camino de vuelta para Madrid,  indica que las cosas en nuestro país están para dar miedo.

Muy malas noticias debieron llegarle de Bruselas para tener que reincorporarse a su despacho, y desde él ponerse en contacto con el jefe de la oposición, Mariano Rajoy, para pedirle que saliese a los medios de comunicación transmitiendo un mensaje de tranquilidad. Malas, muy malas debieron ser para que este último le hiciese caso y declarase que España no corría peligro de ser intervenida.

Tan malas, que el Jefe del Estado, Juan Carlos I, pedía a todos los partidos, en la recepción que tuvo con el presidente balear y el del parlamento de las islas, unidad de criterio y acción para hacer frente a la situación actual.

Corrían rumores esta mañana en la que escribo estas líneas, sobre la posibilidad de un gobierno de concertación nacional que afrontase con una sola voz la crisis y trasladase a los mercados internacionales la voluntad de unidad de acción de todas las fuerzas políticas a la hora de adoptar todas aquellas medidas que garanticen nuestra economía y nos devuelvan la solvencia perdida.

Otras voces, desde el P.P. también, solicitaban que el adelanto electoral no se fuera al ahora tan lejano 20 de noviembre, sino que se hiciese efectivo mucho más pronto, disolviendo ya las Cortes y convocando elecciones generales para septiembre.

La verdad es que soy de los que piensan que hemos entrado en una dinámica de mercados que se ha vuelto incontrolable por los gobiernos, porque han sido muchos los cientos de miles de millones de euros o dólares que han caído en manos de especuladores internacionales que, en definitiva, son los que están moviendo a su interés las deudas de los estados sin que estos sepan a ciencia cierta como frenar esa diabólica ruleta.

Estamos cansados de escuchar aquello de que la prima de riesgo ha superado el nivel crítico, pero mucho me temo que todo acabe en un crack masivo en el que, como sucede con las fichas de dominó, el impago de la deuda por parte de los países más afectados vaya llevando al resto a situaciones parecidas hasta imponerse un nuevo orden económico que habrá de nacer de las cenizas del ahora existente, eso sí, tras la trágica destrucción del mismo.

Entre tanto, a los españoles no nos queda sino, frente a esta situación, mostrar la mayor unidad posible, de forma que los intereses de partido –que ahí están y resultan más que evidentes- no pongan en aún mayor peligro a los de la propia sociedad.

Pensemos, en todo caso, que gobiernos conservadores como el italiano han llevado a sus países a similar situación que la española, por mucho que otros, como es el caso de Francia o Alemania, estén sorteando por ahora los principales efectos de la crisis.

Está claro que el nuestro, nuestro gobierno y quien lo preside, no han sabido transmitir en Europa una posición de fortaleza que frenase en gran medida los movimientos especulativos que contra nosotros se vienen dando en los últimos meses.

Resulta evidente que ante una situación así mejor hubiese sido adelantar las elecciones hace ya meses, permitiendo que nuevas ideas y distintas actitudes hubieran podido ponerse en práctica.

Sin embargo, una vez que el PSOE ha sido realmente mezquino a la hora de reconocer sus limitaciones, esa mezquindad no puede trasladarse al resto de fuerzas políticas manteniendo una actitud destructiva en lugar de la constructiva que aquellos no supieron poner en práctica.

De ahí que haya llegado el momento de las grandes decisiones, de los grandes acuerdos, no ya con Pérez Rubalcaba, que hoy por hoy no posee ningún rango ejecutivo, sino con el actual Gobierno, con Zapatero al frente, de forma que las medidas básicas y duras a adoptar lo sean por unanimidad.

Eso sí, también habría que exigirle al próximo candidato socialista que se apartase de la línea electoralista hacia la que está derivando, con propuestas que miran más al voto perdido que a la realidad económica del país.

Si el Partido Popular se “mojase” no lo sería, evidentemente, para hacerle la campaña a Rubalcaba representando el lado más duro de la toma de decisiones, lo sería para que este diese un paso atrás y, en todo caso, asumiese como propias las decisiones que gobierno y oposición adoptasen.

En todo caso esto no son sino meras elucubraciones que no sé si tendrán plasmación en la realidad.

La realidad, la de verdad, debe ser mucho más dura de lo que nos imaginamos. Esperemos que quienes nos representan estén a la altura suficiente para afrontarla.

59 diputados

Enrique Bellido Muñoz | 7 de julio de 2011 a las 9:13

Quieren que hablemos de número de diputados, pues vamos a hacerlo.

La semana pasada se dejaba caer el Presidente de la Junta, José A. Griñan, con la propuesta de crear el escaño 110 en el Parlamento andaluz para entregárselo al pueblo a fin de que defienda desde él las iniciativas populares que se admitan a trámite.

Me preguntaba yo que cuando lo propone es porque piensa que los 109 escaños restantes, los actualmente ocupados por las tres fuerzas políticas que nos representan, no son propiedad del pueblo ni transmiten la voluntad de los andaluces a la cámara autonómica.

Y es que al margen de la demagogia que encierra la propuesta de Griñán, lo que realmente piensa el Presidente es que esos ciento nueve escaños son patrimonio de los partidos y no está de más ofrecer uno al pueblo, aunque sólo lo sea a efectos de imagen, que no de capacidad de decisión, como resulta evidente.

Unas semanas antes era Izquierda Unida Convocatoria por Andalucía la que se dejaba caer con la iniciativa de incrementar el número de parlamentarios andaluces, creo que en veintitantos más, decían ellos que para facilitar la entrada de grupos minoritarios en la cámara cuando en realidad lo que se pretendía era aumentar la propia representación de IU, hoy escuálida, poseer más cargos institucionales que repartir y, en último término, engordar a una clase política que tira de presupuestos para su manutención y hoy está inflada tanto en su número como en su contenido institucional.

Y es ahí donde pretendo incidir. Si realmente se quiere hacer una reforma estructuralmente útil de nuestro Parlamento andaluz, funcionalmente operativa y económicamente adaptada a los tiempos que corren, que no son sino de crisis, vayamos a una disminución racional del número de diputados, pasando de los 109 ahora existentes a un número de 59 que sería más que suficiente no sólo para expresar la pluralidad política en cada provincia, sino el desarrollo normal de las actividades que en pleno y comisiones se hayan de desarrollar en el Palacio de las Cinco Llagas.

Sí, señores mandatarios de los partidos políticos, 59 parlamentarios distribuidos de la siguiente manera en función de la población de cada provincia: 12 en Sevilla, 9 en Málaga, 8 en Cádiz, 7 en Granada y Córdoba, 6 en Jaén y 5 en Almería y Huelva.

Suficientes, todos ellos, para representar a “grandes y chicos” en base a una ley electoral que a parte de considerar las listas abiertas, sea equitativa en el reparto de escaños, y suficientes para cubrir, de forma eficaz –siempre la eficacia irá en función de quienes la practiquen- las actividades parlamentarias.

Claro, ya no serían necesarios los dos vicepresidentes y los dos secretarios de Mesa del Parlamento y Comisiones, que reciben sus prebendas por ello, por lo que se quedarían en uno en cada cargo, y, eso sí, sus señorías deberían a la cámara una dedicación mayor a la actual sin que por ello hayan de cumplir ni siquiera con las 35 horas semanales de cualquier trabajador.

Y para justificar esta medida sólo tenemos que recurrir a mirar con cierto detalle la declaración de actividades de nuestros representantes andaluces y descubrir que bastantes de ellos compatibilizan a la vez cargos como alcalde o concejal, diputado provincial y diputado autonómico, junto a un cargo orgánico en el partido, en un ejercicio de demostración de que sus ocupaciones en cada una de las instituciones a las que representan no les demandan una especial dedicación, cuando las simultanean, por lo que, en el caso del parlamento andaluz, estamos dilapidando fondos públicos en pagar al doble de diputados requeridos para cumplir una misión que podrían realizar sólo 59 si se entregasen en exclusividad y con especial dedicación a ello, quedándoles incluso tiempo para recorrerse sus respectivas provincias y recoger y trasladar las demandas del diputado popular que ocuparía ese escaño 110 del que habla Griñán.

El ahorro económico sería muy importante para las arcas públicas, pero también lo sería el cambio de imagen de nuestros representantes, la actitud de estos y la operatividad del resto de instituciones en las que hasta ahora han venido ocupando asientos.

No tendrán narices, ninguno de los mandatarios andaluces, de llevar esta propuesta al programa electoral de las próximas autonómicas y no las tendrán porque, como realmente piensa Grinán, los escaños siguen siendo de los partidos y sin ese poder patrimonial dejarían de tener el poder absoluto que hoy ejercen en nuestro sistema democrático.

Verán como en eso sí que están de acuerdo.