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Valderas, en la nube

Enrique Bellido Muñoz | 31 de mayo de 2012 a las 8:15

SE nota que a Diego Valderas le viene pequeño Bollullos Par del Condado y su ilusión de niño no era ser alcalde de su pueblo sino ocupar cargos de una mayor enjundia institucional.

No sé, lo reconozco, que le vería Javier Arenas, allá por 1994, para auparlo, con el apoyo de Izquierda Unida, a la Presidencia del Parlamento andaluz, pero lo cierto es que el onubense no ha cejado en su empeño y con el beneplácito de la derecha o la izquierda se ha ido abriendo paso, al contrario que sus compañeros de partido en Extremadura o Asturias, hasta conseguir una vicepresidencia del Gobierno de la Junta.

Dicen que la ambición, en política, es legítima. Yo creo que lo es en todos los órdenes de la vida siempre que dicha ambición se conduzca por los cauces de la ética, algo, esto último, que precisamente en política no suele suceder siempre, por no decir comúnmente.

Ambición, desde luego, no le falta a Valderas. En cuanto a la ética, no soy yo quien va a cuestionarla y más bien será el discurrir de la Legislatura el que nos dará elementos de juicio para valorarla.

En todo caso, no me interesa tanto el historial político del vicepresidente -que no me interesa en realidad nada-, como el contenido de la rueda de prensa del pasado viernes, en la que el también coordinador regional de IULV-CA -a todas estas siglas habrá que añadirle ahora las de Izquierda Abierta, promovida por Llamazares, e Izquierda Plural, nacida de las elecciones de 2011-, anunciaba el aplazamiento del decreto sobre el plan de ajuste del gobierno autonómico, en una expresión, desde luego la primera pero mucho me temo que no será la última, de cómo chirrían las ruedas del carro del poder andaluz, no se si por estar mal engrasadas o porque cada buey tira en dirección contraria o, al menos, no paralela.

Resulta que después de difundidas con toda clase de argumentos las medidas a adoptar; después de dado a conocer a los sindicatos presentes en la mesa sectorial, sin posibilidad alguna de rechiste; y después de que las jerarquías del funcionariado andaluz se desgañitasen intentando justificar el nuevo ataque a los empleados públicos, el ínclito vicepresidente y consejero descubre que lo por él apoyado no coincide, precisamente, con lo -también por él, su formación política y el sindicato que nace de ella- defendido a lo largo de los años, ni con aquello que le llevó a lograr su escaño y el de otros once compañeros de militancia.

Y como se da cuenta de su metedura de pata -o se la hacen ver desde las instancias nacionales o sindicales de la coalición- supongo que hace valer su valor numérico en la Cámara y exige un plazo de demora de diez o quince días para llevar a cabo un simulacro de negociación tras el que apretar un poco más las clavijas a los altos cargos -habrá que ver qué entiende Diego Valderas por altos cargos- en beneficio, dice, de los mileuristas del funcionariado, entre los que me imagino que pretende ver a muchos de sus votantes.

Con ello aspira a recuperar la imagen progresista y a marcar unas diferencias con sus aliados de gobierno que en realidad no existen.

No se plantea el que fuera presidente del Parlamento andaluz que, en lugar de parches electoralistas, tendría que preguntarse por qué ha apoyado con su entrada en el gobierno unos presupuestos andaluces inflados artificialmente y a los que ahora hay que meter la tijera en 2.700 millones de euros con cargo a los funcionarios, los mileuristas y aquellos otros que por el tipo de responsabilidad profesional que asumen no lo son, en lugar de recortar de otras muchas partidas y empresas públicas menos arraigadas socialmente.

Ni ha olido Valderas, tal vez porque su olfato le llevada hacia otras aspiraciones, que la función pública andaluza necesita de un cambio estructural y de filosofía más que de un ajuste coyuntural y económico como el que va a aplicar su gobierno.

Es cierto. Con el decreto del plan de ajuste lograrán cuadrar los presupuestos, pero saben muy bien que tales ajustes van en detrimento de nuestro sistema de protección social -lo cual, dicho sea de paso, no creo que les importe demasiado- por el deterioro laboral que generan en colectivos cada vez más desmotivados.

No es tanto cuestión de ajustar como de definir un modelo que hay que adaptar a la realidad económica y social y que en la actualidad se muestra, en muchos aspectos, impotente ante la función que debe cumplir, ya sea en la Justicia, en la Sanidad, en la Educación e incluso en los Servicios Sociales.

De acuerdo, podremos atender a todas esas áreas a la vez y además hacerlo a precio de saldo, pero no esperemos que de ello se derive una mejora de la calidad sino todo lo contrario.

En cualquier caso, Valderas está en lo suyo y no creo que baje de la nube.

Reparto de la tarta

Enrique Bellido Muñoz | 28 de marzo de 2012 a las 10:20

La verdad es que tras unas elecciones caben muchas instantáneas que tomar y muchas más, ciertamente interesantes, serán las que se pierdan tras la trastienda de los partidos políticos.

De todas ellas, de las que hemos podido ver en los medios de comunicación, yo destacaría la que ilustra estas líneas, por su significado.

¿Qué celebra J.A. Griñan con Susana Díaz y algunos miembros de su equipo? ¿La victoria electoral? Supongo que no cuando esta no se ha dado sino que se han perdido nueve diputados y la mayoría absoluta, siendo otra fuerza política, el P.P., el vencedor de los comicios.

¿Se celebra la derrota? Hombre, admito que en las huestes socialistas pueda existir cierto nivel de masoquismo, no distinto al que exista en otras fuerzas políticas, pero de ahí a caer en el ridículo más estrepitoso va un paso que, por muchos que sean los que hacia atrás ha venido dando en los últimos años el Gobierno del PSOE, no creo que Griñán sea tan estúpido como para dar.

¿Qué celebraba entonces tanto procargo socialista? Ni más ni menos que el reparto de la tarta. Sí, real y figuradamente los allí presentes se estaban repartiendo la tarta sin que nos hayan permitido verles los morros llenos de merengue.

La tarta del poder orgánico, con un José A. Griñán y una Susana Díaz por los que no daban ni para una chocolatina horas antes de abrirse las urnas, y la tarta del poder institucional que todos ellos veían perdido a tenor de los problemas internos que han venido arrastrando, la nefasta gestión política que en Andalucía han hecho y los casos de corrupción que les han surgido dentro del propio Gobierno de la Junta.

Lo curioso de la foto es que a la misma no hubieran invitado a Valderas o Sánchez Gordillo que, en gran medida, deben colaborar a la hora de pagar el gran pastelón. Puede que treinta años de estar aposentados en la misma posición y en idéntica poltrona les haya hecho ser displicentes con quienes han de compartir mesa y mantel de ahora en adelante, olvidándose de que “es de bien nacido ser agradecido”.

Por ello que puede que la tarta tuviese algún huevo en mal estado y en los próximos días haga aparición la enterocolitis, cuando Izquierda Unida les haga llegar sus propuestas de acuerdo, y no les quede más remedio que la consabida “bajada de pantalones”.

Mucha prisa se dio la vicesecretaria de organización del PSOE-A en ser la primera en probar el pastel porque tal vez sea ella, también, la primera en usar el “baño” cuando los miembros de la coalición de izquierda le reclamen el dinero que pusieron para pagar la tarta. O tal vez no.

Dependerá de aquello de “programa, solo programa” o de lo más pragmático de “cargos, solo cargos”. Pronto lo veremos.

Mientras, el reparto prosigue y seguro que hubo quienes se conformaron con sólo un poco de crema pastelera. También estos pueden ser víctimas de los retortijones.