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Sin acritud alguna

Enrique Bellido Muñoz | 13 de septiembre de 2011 a las 8:24

En más de una ocasión he afirmado en estas páginas o en artículos de opinión publicados en otros medios, que la memoria histórica no existe en política.

Nuestros cargos públicos se olvidan, no sé si al día siguiente, de sus promesas electorales, y los ciudadanos nos olvidamos, por completo, de los incumplimientos de aquellos a nada que pasen siete días de producirse.

Si no, no se explicaría como los unos se atreven a prometer tanto cuando es tan poco lo que se puede dar en la mayoría de las ocasiones, y los otros seguimos acercándonos a las urnas, erre que erre, cada vez que los partidos nos llaman -no lo hacen para otra cosa- para ello.

Les cuento esto porque ayer leía las declaraciones que en un periódico provincial hacían distintas personalidades del mundo de la política, la empresa, la cultura o la universidad, con respecto a qué estaban haciendo el aciago día del 11 de septiembre de 2001, cuando el atentado a las torres gemelas de Nueva York.

Entre ellas se encontraba nuestro alcalde, José A. Nieto, el cuál comentaba como anécdota que en aquél día era precisamente secretario provincial del Partido Popular y la presidenta del mismo María Jesús Botella, disponiéndose él a viajar a Dos Torres para acompañar a esta a un acto de partido en la feria de aquel municipio de Los Pedroches.

Terminaba afirmando que desde entonces no ha olvidado ese día.

Una anécdota que muestra, una vez más, cual lábil es la memoria de nuestros políticos, pues, sin acritud ninguna, porque además el hecho no la merece, el 11-S era secretario general del PP José Ángel Palomares y presidente del mismo quien firma estas líneas, cargo para los que habíamos sido elegidos un año antes y que no abandonamos -no entraré en modo alguno en los detalles- hasta el 13 de mayo del 20o2.

Recuerdo perfectamente que yo me encontraba en Madrid, a punto de iniciarse el primer pleno del nuevo periodo de sesiones en la tarde de un martes.

José Ángel Palomares era quien se encontraba en Dos Torres, en función de su cargo, acompañado por M.J. Botella, no recuerdo si como parlamentaria andaluza o como representante de la Diputación Provincial por el P.P., pues tampoco mi memoria es perfecta.

Hombre, algo si que ha olvidado ese día nuestro alcalde, o igual es que por la premura en responder a la pregunta del periodista le bailaron las fechas.

Nada, que la memoria de nuestros políticos -salvo la de Javier Arenas que, he de reconocerlo, es prodigiosa-  hace aguas. La de quienes votamos, también.

>El melón podrido

Enrique Bellido Muñoz | 31 de marzo de 2010 a las 18:11

Nunca negaré mi filiación liberal y, por tanto, mi cercanía al Partido Popular como formación política que en su ideario más se acerca a dicho pensamiento.

Pretendo trasladar a este blog esos principios y, como no, mi distancia con el socialismo gobernante en España.

De ahí que, tras el auto del juez cordobés, José Castro, en el caso Palma Arena, en el que imputa al antiguo presidente del gobierno balear, el popular Jaime Matas, las declaraciones de algunos miembros relevantes del P.P., Javier Arenas o Francisco Álvarez Cascos, me hayan producido cierta perplejidad por apartarse de la línea que debiera defender una formación política que presume de su respeto por sus militantes y, en el otro caso, por las decisiones judiciales, aspectos ambos muy ligados al progresismo liberal con el que el Partido Popular debe reencontrarse con el poder en el 2012.

No puedo coincidir con Arenas en sus declaraciones en las que afimaba que le parecía bien que el P.P. pagase un sueldo a Matas un vez que este abandonó su escaño como diputado balear, al no obtener mayoría absoluta.

Son decenas, centenares e incluso miles, los cargos municipales, autonómicos y nacionales populares que han dedicado gran parte de su tiempo y, en muchos momentos, de su posición social, en defensa de los postulados del partido, sin que en el momento de su retirada -en el caso de Matas fue voluntaria- hayan percibido gratificación económica por ello.

Admitir este tipo de privilegios para unos pocos supone establecer categorias que sin lugar a dudas hieren la sensibilidad de muchos.

Además, las cuotas de los militantes, las aportaciones que en forma de donaciones puedan hacerse e incluso los fondos que el partido recibe de todos los españoles a través del Estado en función de los votos obtenidos, nunca deben alimentar los bolsillos de la clase dirigente del mismo sino destinarse a garantizar dignamente la presencia de este en todas las circunscripciones.

Unido a ello, reconocer ese tipo de actuaciones deja traslucir que las mismas no se llevan a efecto sólo en un caso, sino que se generalizan entre la cúpula, pudiendo llevarnos a deducir que tales sobresueldos tal vez también se hagan efectivos cuando los miembros de la pirámide de poder perciben sus retribuciones como cargos institucionales.

Comprendo que el auto ha calado un melón que huele mal, pero o se reconoce su hedor o se corre el peligro de indigestarse con el mismo.

Y en cuanto a Cascos, me parece absolutamente improcedente que, cuando desde el Partido Popular se está defendiendo la independencia judicial en casos como el que puede separar al juez Garzón de la judicatura, dude de la imparcialidad de fiscales y juez instructor en este proceso, sin aportar pruebas que legitimen tal opinión.

Su presunta vuelta a la política activa como candidato a la presidencia del gobierno del Principado de Asturias no debiera guiarse por esos derroteros, propios, en todo caso, de posturas menos tolerantes que las que el centro reformista que nuevamente se postula habría de defender.

En todo caso, tampoco los dirigentes socialistas, José Blanco entre ellos, que han levantado la voz, aprovechando el auto, pueden esgrimir demasiados argumentos a su favor si tiramos de hemerotecas recientes en Cataluña, Andalucia, etc.

Demasiados melones podridos en una mesa en la que casi cinco millones de comensales no tienen un bocado, en forma de salario, que llevarse a la boca.