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Reparto de la tarta

Enrique Bellido Muñoz | 28 de marzo de 2012 a las 10:20

La verdad es que tras unas elecciones caben muchas instantáneas que tomar y muchas más, ciertamente interesantes, serán las que se pierdan tras la trastienda de los partidos políticos.

De todas ellas, de las que hemos podido ver en los medios de comunicación, yo destacaría la que ilustra estas líneas, por su significado.

¿Qué celebra J.A. Griñan con Susana Díaz y algunos miembros de su equipo? ¿La victoria electoral? Supongo que no cuando esta no se ha dado sino que se han perdido nueve diputados y la mayoría absoluta, siendo otra fuerza política, el P.P., el vencedor de los comicios.

¿Se celebra la derrota? Hombre, admito que en las huestes socialistas pueda existir cierto nivel de masoquismo, no distinto al que exista en otras fuerzas políticas, pero de ahí a caer en el ridículo más estrepitoso va un paso que, por muchos que sean los que hacia atrás ha venido dando en los últimos años el Gobierno del PSOE, no creo que Griñán sea tan estúpido como para dar.

¿Qué celebraba entonces tanto procargo socialista? Ni más ni menos que el reparto de la tarta. Sí, real y figuradamente los allí presentes se estaban repartiendo la tarta sin que nos hayan permitido verles los morros llenos de merengue.

La tarta del poder orgánico, con un José A. Griñán y una Susana Díaz por los que no daban ni para una chocolatina horas antes de abrirse las urnas, y la tarta del poder institucional que todos ellos veían perdido a tenor de los problemas internos que han venido arrastrando, la nefasta gestión política que en Andalucía han hecho y los casos de corrupción que les han surgido dentro del propio Gobierno de la Junta.

Lo curioso de la foto es que a la misma no hubieran invitado a Valderas o Sánchez Gordillo que, en gran medida, deben colaborar a la hora de pagar el gran pastelón. Puede que treinta años de estar aposentados en la misma posición y en idéntica poltrona les haya hecho ser displicentes con quienes han de compartir mesa y mantel de ahora en adelante, olvidándose de que “es de bien nacido ser agradecido”.

Por ello que puede que la tarta tuviese algún huevo en mal estado y en los próximos días haga aparición la enterocolitis, cuando Izquierda Unida les haga llegar sus propuestas de acuerdo, y no les quede más remedio que la consabida “bajada de pantalones”.

Mucha prisa se dio la vicesecretaria de organización del PSOE-A en ser la primera en probar el pastel porque tal vez sea ella, también, la primera en usar el “baño” cuando los miembros de la coalición de izquierda le reclamen el dinero que pusieron para pagar la tarta. O tal vez no.

Dependerá de aquello de “programa, solo programa” o de lo más pragmático de “cargos, solo cargos”. Pronto lo veremos.

Mientras, el reparto prosigue y seguro que hubo quienes se conformaron con sólo un poco de crema pastelera. También estos pueden ser víctimas de los retortijones.

Sin acritud alguna

Enrique Bellido Muñoz | 13 de septiembre de 2011 a las 8:24

En más de una ocasión he afirmado en estas páginas o en artículos de opinión publicados en otros medios, que la memoria histórica no existe en política.

Nuestros cargos públicos se olvidan, no sé si al día siguiente, de sus promesas electorales, y los ciudadanos nos olvidamos, por completo, de los incumplimientos de aquellos a nada que pasen siete días de producirse.

Si no, no se explicaría como los unos se atreven a prometer tanto cuando es tan poco lo que se puede dar en la mayoría de las ocasiones, y los otros seguimos acercándonos a las urnas, erre que erre, cada vez que los partidos nos llaman -no lo hacen para otra cosa- para ello.

Les cuento esto porque ayer leía las declaraciones que en un periódico provincial hacían distintas personalidades del mundo de la política, la empresa, la cultura o la universidad, con respecto a qué estaban haciendo el aciago día del 11 de septiembre de 2001, cuando el atentado a las torres gemelas de Nueva York.

Entre ellas se encontraba nuestro alcalde, José A. Nieto, el cuál comentaba como anécdota que en aquél día era precisamente secretario provincial del Partido Popular y la presidenta del mismo María Jesús Botella, disponiéndose él a viajar a Dos Torres para acompañar a esta a un acto de partido en la feria de aquel municipio de Los Pedroches.

Terminaba afirmando que desde entonces no ha olvidado ese día.

Una anécdota que muestra, una vez más, cual lábil es la memoria de nuestros políticos, pues, sin acritud ninguna, porque además el hecho no la merece, el 11-S era secretario general del PP José Ángel Palomares y presidente del mismo quien firma estas líneas, cargo para los que habíamos sido elegidos un año antes y que no abandonamos -no entraré en modo alguno en los detalles- hasta el 13 de mayo del 20o2.

Recuerdo perfectamente que yo me encontraba en Madrid, a punto de iniciarse el primer pleno del nuevo periodo de sesiones en la tarde de un martes.

José Ángel Palomares era quien se encontraba en Dos Torres, en función de su cargo, acompañado por M.J. Botella, no recuerdo si como parlamentaria andaluza o como representante de la Diputación Provincial por el P.P., pues tampoco mi memoria es perfecta.

Hombre, algo si que ha olvidado ese día nuestro alcalde, o igual es que por la premura en responder a la pregunta del periodista le bailaron las fechas.

Nada, que la memoria de nuestros políticos -salvo la de Javier Arenas que, he de reconocerlo, es prodigiosa-  hace aguas. La de quienes votamos, también.

La dura realidad

Enrique Bellido Muñoz | 5 de agosto de 2011 a las 6:29

Que José L. Rodríguez Zapatero haya escenificado con su mujer la llegada- retrasada- a sus vacaciones en el Coto de Doñana y sólo al día siguiente haya debido tomar el camino de vuelta para Madrid,  indica que las cosas en nuestro país están para dar miedo.

Muy malas noticias debieron llegarle de Bruselas para tener que reincorporarse a su despacho, y desde él ponerse en contacto con el jefe de la oposición, Mariano Rajoy, para pedirle que saliese a los medios de comunicación transmitiendo un mensaje de tranquilidad. Malas, muy malas debieron ser para que este último le hiciese caso y declarase que España no corría peligro de ser intervenida.

Tan malas, que el Jefe del Estado, Juan Carlos I, pedía a todos los partidos, en la recepción que tuvo con el presidente balear y el del parlamento de las islas, unidad de criterio y acción para hacer frente a la situación actual.

Corrían rumores esta mañana en la que escribo estas líneas, sobre la posibilidad de un gobierno de concertación nacional que afrontase con una sola voz la crisis y trasladase a los mercados internacionales la voluntad de unidad de acción de todas las fuerzas políticas a la hora de adoptar todas aquellas medidas que garanticen nuestra economía y nos devuelvan la solvencia perdida.

Otras voces, desde el P.P. también, solicitaban que el adelanto electoral no se fuera al ahora tan lejano 20 de noviembre, sino que se hiciese efectivo mucho más pronto, disolviendo ya las Cortes y convocando elecciones generales para septiembre.

La verdad es que soy de los que piensan que hemos entrado en una dinámica de mercados que se ha vuelto incontrolable por los gobiernos, porque han sido muchos los cientos de miles de millones de euros o dólares que han caído en manos de especuladores internacionales que, en definitiva, son los que están moviendo a su interés las deudas de los estados sin que estos sepan a ciencia cierta como frenar esa diabólica ruleta.

Estamos cansados de escuchar aquello de que la prima de riesgo ha superado el nivel crítico, pero mucho me temo que todo acabe en un crack masivo en el que, como sucede con las fichas de dominó, el impago de la deuda por parte de los países más afectados vaya llevando al resto a situaciones parecidas hasta imponerse un nuevo orden económico que habrá de nacer de las cenizas del ahora existente, eso sí, tras la trágica destrucción del mismo.

Entre tanto, a los españoles no nos queda sino, frente a esta situación, mostrar la mayor unidad posible, de forma que los intereses de partido –que ahí están y resultan más que evidentes- no pongan en aún mayor peligro a los de la propia sociedad.

Pensemos, en todo caso, que gobiernos conservadores como el italiano han llevado a sus países a similar situación que la española, por mucho que otros, como es el caso de Francia o Alemania, estén sorteando por ahora los principales efectos de la crisis.

Está claro que el nuestro, nuestro gobierno y quien lo preside, no han sabido transmitir en Europa una posición de fortaleza que frenase en gran medida los movimientos especulativos que contra nosotros se vienen dando en los últimos meses.

Resulta evidente que ante una situación así mejor hubiese sido adelantar las elecciones hace ya meses, permitiendo que nuevas ideas y distintas actitudes hubieran podido ponerse en práctica.

Sin embargo, una vez que el PSOE ha sido realmente mezquino a la hora de reconocer sus limitaciones, esa mezquindad no puede trasladarse al resto de fuerzas políticas manteniendo una actitud destructiva en lugar de la constructiva que aquellos no supieron poner en práctica.

De ahí que haya llegado el momento de las grandes decisiones, de los grandes acuerdos, no ya con Pérez Rubalcaba, que hoy por hoy no posee ningún rango ejecutivo, sino con el actual Gobierno, con Zapatero al frente, de forma que las medidas básicas y duras a adoptar lo sean por unanimidad.

Eso sí, también habría que exigirle al próximo candidato socialista que se apartase de la línea electoralista hacia la que está derivando, con propuestas que miran más al voto perdido que a la realidad económica del país.

Si el Partido Popular se “mojase” no lo sería, evidentemente, para hacerle la campaña a Rubalcaba representando el lado más duro de la toma de decisiones, lo sería para que este diese un paso atrás y, en todo caso, asumiese como propias las decisiones que gobierno y oposición adoptasen.

En todo caso esto no son sino meras elucubraciones que no sé si tendrán plasmación en la realidad.

La realidad, la de verdad, debe ser mucho más dura de lo que nos imaginamos. Esperemos que quienes nos representan estén a la altura suficiente para afrontarla.

Una última oportunidad para Camps

Enrique Bellido Muñoz | 21 de julio de 2011 a las 8:31

Cinco horas antes de producirse la rueda de prensa colgaba en mi Blog un artículo que bajo el título La dignidad de Camps, terminaba, en su último párrafo, apuntando que la única salida digna para el ahora ex Presidente, si realmente se consideraba inocente, no era otra que afrontar en sede judicial su defensa, eso sí, habiendo dimitido antes de sus cargos institucionales y de partido a fin de no dañar ni a la Comunidad Valenciana ni al Partido Popular.

Desconozco si la decisión que horas después hizo pública lo ha sido de motu propio o bien condicionada por algún acontecimiento o presión, pero lo cierto es que era la única salida digna que Francisco Camps tenía, una vez que el juez había decidido abrir juicio oral contra él y tres miembros más del gobierno valenciano.

Se ha dado en este caso la circunstancia paradójica de que dos de estos políticos imputados declaraban por la mañana su culpabilidad a fin de evitar el trámite del juicio, sin que posteriormente Camps ni Costa hicieran lo mismo, por lo que no van a poder impedir que dicho juicio se lleve a cabo, partiendo ya como culpables.

Una cosa es cierta y esa no es otra que, como repito en muchas ocasiones, la memoria histórica en política es nula, a menos que echemos mano de las hemerotecas, por lo que en pocos días el caso Camps se habrá olvidado, el político valenciano pasará al más absoluto de los anonimatos y el PSOE no podrá apoyarse ya en él para atacar a su más directo oponente, el PP.

Parece realmente absurdo que tres trajes puedan acabar con la vida política de un personaje que hace sólo dos meses había revalidado la mayoría absoluta en Valencia, pero entiendo que no son tan importantes los trajes como la sensación que ha calado en toda la sociedad de que realmente Camps aceptó el regalo de los mismos y durante dos años ha pretendido engañar al pueblo.

Digo sensación porque en último término deberá ser la Justicia quien lo declare culpable o inocente, pero no hay duda de que de cara a la sociedad, en beneficio de la transparencia que el asunto demandaba, el ex Presidente no ha sido, en modo alguno, lo suficientemente convincente para acallar las dudas existentes, y ni lo ha sido él, ni lo ha sido su entorno valenciano ni la dirección nacional del partido, moviéndose todos entre dos aguas por temor a verse atrapados en el conflicto.

No sé si, como se dice, ha sido finalmente Ricardo Costa quien ha forzado la dimisión de Camps, al negarse aquél a reconocer con este su culpabilidad, movido por su pasada destitución como secretario general de los populares valencianos.

La verdad es que si finalmente Francisco Camps hubiese aceptado ese reconocimiento de culpa para eludir el banquillo y permanecer en el poder, no ya la muerte política, que también, sino la muerte moral del ahora dimitido hubiera sido vergonzosa. Así, al menos, gozará de una última oportunidad.

La dignidad de Camps

Enrique Bellido Muñoz | 20 de julio de 2011 a las 11:12

De confirmarse las informaciones que aparecen en distintos medios de comunicación referidas a la posibilidad de que Francisco Camps, Presidente de la Generalitat valenciana, se declare culpable del delito de cohecho pasivo por los regalos de una serie de trajes por parte de los cabecillas de la trama Gürtel, pagando la multa que le sea impuesta y eludiendo así el juicio oral que tiene previsto celebrarse, estaríamos ante uno más de los episodios bochornosos a los que nos tiene acostumbrada nuestra clase política.

De ser cierto que Camps seguirá los pasos de sus compañeros de gobierno valenciano, Víctor Campos y Rafael Betoret, que ya han reconocido su culpabilidad en los hechos por los que son imputados, estaremos ante la falsaria imagen de un personaje que aún a pesar de haber obtenido la mayoría absoluta en su Comunidad,  carecería de los mínimos principios éticos para seguir al frente de su gobierno y del PP valenciano, debiendo, en el mismo acto, presentar su dimisión de ambas funciones.

No es sólo que Camps pudiese haber sido tan estúpido como para venderse por tres o cuatro trajes, sino que lo más grave es que a lo largo de los últimos años se hubiese mantenido en un engaño permanente a la población con el único fin de conservar un cargo público que, todo hay que decirlo, por la catadura de personajes así cada día está más devaluado.

Y ahora no vale aquello de me declaro culpable porque me lo pide Rajoy.

No, amigo, no. Si te declaras culpable es porque realmente lo eres, y esa declaración, que podrá librar al Partido Popular del espectáculo de un juicio en plena campaña electoral de las próximas generales, podrá librarte de ir ante el jurado popular pero no de las responsabilidades políticas, sociales y morales que has contraído al mentir a sabiendas de que lo hacías.

Lo peor de todo es que si las cosas son al final como se nos apuntan, las repercusiones no quedarían en Camps sino que son muchos los personajes políticos que han venido defendiendo su inocencia, conocedores, en ese caso, no tengo la menor duda, de la verdad de los hechos.

Estarían ahí Mariano Rajoy, Rita Barberá, Esteban González Pons y así hasta un largísimo etcétera, que tendrían muy difícil el explicar sus posturas y cómo han permitido que las cosas llegaran a este término.

Si Francisco Camps realmente se considera inocente, si así lo consideran sus compañeros de partido a nivel autonómico y nacional, el único camino digno que le queda es el de demostrar su inocencia en sede judicial, eso sí, posiblemente habiendo dimitido antes de la presidencia del gobierno valenciano y de sus cargos en el partido a fin de no implicar a ambos en el proceso.

>El melón podrido

Enrique Bellido Muñoz | 31 de marzo de 2010 a las 18:11

Nunca negaré mi filiación liberal y, por tanto, mi cercanía al Partido Popular como formación política que en su ideario más se acerca a dicho pensamiento.

Pretendo trasladar a este blog esos principios y, como no, mi distancia con el socialismo gobernante en España.

De ahí que, tras el auto del juez cordobés, José Castro, en el caso Palma Arena, en el que imputa al antiguo presidente del gobierno balear, el popular Jaime Matas, las declaraciones de algunos miembros relevantes del P.P., Javier Arenas o Francisco Álvarez Cascos, me hayan producido cierta perplejidad por apartarse de la línea que debiera defender una formación política que presume de su respeto por sus militantes y, en el otro caso, por las decisiones judiciales, aspectos ambos muy ligados al progresismo liberal con el que el Partido Popular debe reencontrarse con el poder en el 2012.

No puedo coincidir con Arenas en sus declaraciones en las que afimaba que le parecía bien que el P.P. pagase un sueldo a Matas un vez que este abandonó su escaño como diputado balear, al no obtener mayoría absoluta.

Son decenas, centenares e incluso miles, los cargos municipales, autonómicos y nacionales populares que han dedicado gran parte de su tiempo y, en muchos momentos, de su posición social, en defensa de los postulados del partido, sin que en el momento de su retirada -en el caso de Matas fue voluntaria- hayan percibido gratificación económica por ello.

Admitir este tipo de privilegios para unos pocos supone establecer categorias que sin lugar a dudas hieren la sensibilidad de muchos.

Además, las cuotas de los militantes, las aportaciones que en forma de donaciones puedan hacerse e incluso los fondos que el partido recibe de todos los españoles a través del Estado en función de los votos obtenidos, nunca deben alimentar los bolsillos de la clase dirigente del mismo sino destinarse a garantizar dignamente la presencia de este en todas las circunscripciones.

Unido a ello, reconocer ese tipo de actuaciones deja traslucir que las mismas no se llevan a efecto sólo en un caso, sino que se generalizan entre la cúpula, pudiendo llevarnos a deducir que tales sobresueldos tal vez también se hagan efectivos cuando los miembros de la pirámide de poder perciben sus retribuciones como cargos institucionales.

Comprendo que el auto ha calado un melón que huele mal, pero o se reconoce su hedor o se corre el peligro de indigestarse con el mismo.

Y en cuanto a Cascos, me parece absolutamente improcedente que, cuando desde el Partido Popular se está defendiendo la independencia judicial en casos como el que puede separar al juez Garzón de la judicatura, dude de la imparcialidad de fiscales y juez instructor en este proceso, sin aportar pruebas que legitimen tal opinión.

Su presunta vuelta a la política activa como candidato a la presidencia del gobierno del Principado de Asturias no debiera guiarse por esos derroteros, propios, en todo caso, de posturas menos tolerantes que las que el centro reformista que nuevamente se postula habría de defender.

En todo caso, tampoco los dirigentes socialistas, José Blanco entre ellos, que han levantado la voz, aprovechando el auto, pueden esgrimir demasiados argumentos a su favor si tiramos de hemerotecas recientes en Cataluña, Andalucia, etc.

Demasiados melones podridos en una mesa en la que casi cinco millones de comensales no tienen un bocado, en forma de salario, que llevarse a la boca.