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Duelo entre ellas

Enrique Bellido Muñoz | 10 de septiembre de 2011 a las 18:04

Apelaba Carmen Calvo a la “memoria” a la hora de justificar su negativa a acompañar a Rosa Aguilar en una candidatura socialista al Congreso el próximo 20N.

Realmente a lo que se oponía Calvo era o bien que la Aguilar la desplazase –por aquello de las listas cremallera que se inventaron los socialistas- hasta un tercer lugar en la candidatura que en modo alguno tiene garantizado un escaño en la Cámara Baja, o bien que la descabalgará del Congreso por mucho que pudiera encontrar hueco en el Senado o, más tarde, en el Parlamento andaluz

Y todo ello porque de antiguo la rivalidad entre ambas figuras políticas ha resultado más que evidente –no hay sino que echar mano de las hemerotecas- y en este envite se jugaba algo más un simple escaño o la continuidad en política, estaba en juego quien resultaba vencedora en una confrontación entre dos que en este caso se celebraba en un mismo escenario político: el seno del PSOE.

Carmen Calvo, no me cabe la menor duda, sabía desde hace tiempo que era la ex alcaldesa de Córdoba quien se llevaría el gato al agua, teniendo en cuenta la actual situación de esta y su cercanía a Rubalcaba, y a mi criterio no le quedaba sino –como quien dimite antes de que lo cesen- manifestar públicamente su rechazo a compartir candidatura con ella, basándose para ello en lo que ha denominado como “memoria” de los años pasados en los que Rosa Aguilar, desde las posiciones de Izquierda Unida, se convertía en látigo de los socialistas.

Una memoria que utiliza ahora que llega el momento de elaborar candidaturas y no cuando Aguilar fue designada Consejera de la Junta y, posteriormente, Ministra del Gobierno, momentos ambos en los que bien podía haber sido lo explícita que ahora lo es, contando, además, con que ella desempeñó, así mismo, ambas funciones ejecutivas.

Ciertamente pueden sacarse multitud de conclusiones de este enfrentamiento que tan poco debe estar gustando en las direcciones regional y nacional de los socialistas y que representa un quebradero de cabeza más para el secretario provincial, Juan Pablo Durán, envuelto en una dinámica negativa de la que se muestra incapaz de salir.

Una de tales conclusiones es el sonrojo que debe producirle a los socialistas democráticos, a gran parte de las bases, el que frente a los aireados ejercicios de democracia interna que desde el PSOE se nos han querido trasladar, finalmente sea la decisión unipersonal de quien aspira a dirigirlo la que se imponga, designando digitalmente a quien encabezará la candidatura y me imagino que al resto de la misma.

Otra, lo distinto que sería el panorama si en lugar de mohína los socialistas tuviesen harina para repartir. ¿Creen realmente que si las encuestas dieran una clara victoria del PSOE sobre el PP esta situación se hubiese dado? Estoy convencido que no.

Hablaba Calvo en sus últimas declaraciones de que una de las diferencia de ella con Aguilar es que mientras la ex Ministra de Cultura tiene su plaza de profesora universitaria esperándola, Rosa Aguilar lleva viviendo de la política casi toda su vida laboralmente activa, y efectivamente así es. Sin embargo, hecho nuevamente de menos que el impulso reivindicativo de aquella no se hubiese expresado en tal sentido con otros muchos compañeros de su partido, entre ellos, sin ir más lejos, su secretario general y Presidente del Gobierno, José L. Rodríguez Zapatero y el vicesecretario general, Portavoz y Ministro de Fomento, José Blanco, titulares de un cargo público desde casi siempre.

No voy a entrar a valorar si Carmen Calvo ha dado más al PSOE de lo que los socialistas le hayan podido dar a ella, como ha denunciado, y tampoco el sorpresivo paso de Rosa Aguilar desde la alcaldía de Córdoba a una Consejería de la Junta.

En cuanto a lo primero, no dudo que debió representar un grandísimo honor para la política egabrense participar del gobierno autonómico de Andalucía y del gobierno de la Nación. Si con ello no se encuentra bien pagada es que evidentemente se valora en un muy alto precio.

Con respecto a lo segundo, los partidos, y también las personas, nos muestran inescrutables caminos que en muchas ocasiones nos sorprenden y generalmente nos dejan estupefactos.

En todo caso, el duelo entre ellas no viene sino a demostrar el proceso de descomposición del actual PSOE, las luchas intestinas que se producen en su seno, el temor ante los próximos resultados electorales, lo difícil que resulta entender la ética política y, por último, el favor que le están haciendo a sus oponentes con esta actitud.

Cada cual sabrá lo que hace….

La dura realidad

Enrique Bellido Muñoz | 5 de agosto de 2011 a las 6:29

Que José L. Rodríguez Zapatero haya escenificado con su mujer la llegada- retrasada- a sus vacaciones en el Coto de Doñana y sólo al día siguiente haya debido tomar el camino de vuelta para Madrid,  indica que las cosas en nuestro país están para dar miedo.

Muy malas noticias debieron llegarle de Bruselas para tener que reincorporarse a su despacho, y desde él ponerse en contacto con el jefe de la oposición, Mariano Rajoy, para pedirle que saliese a los medios de comunicación transmitiendo un mensaje de tranquilidad. Malas, muy malas debieron ser para que este último le hiciese caso y declarase que España no corría peligro de ser intervenida.

Tan malas, que el Jefe del Estado, Juan Carlos I, pedía a todos los partidos, en la recepción que tuvo con el presidente balear y el del parlamento de las islas, unidad de criterio y acción para hacer frente a la situación actual.

Corrían rumores esta mañana en la que escribo estas líneas, sobre la posibilidad de un gobierno de concertación nacional que afrontase con una sola voz la crisis y trasladase a los mercados internacionales la voluntad de unidad de acción de todas las fuerzas políticas a la hora de adoptar todas aquellas medidas que garanticen nuestra economía y nos devuelvan la solvencia perdida.

Otras voces, desde el P.P. también, solicitaban que el adelanto electoral no se fuera al ahora tan lejano 20 de noviembre, sino que se hiciese efectivo mucho más pronto, disolviendo ya las Cortes y convocando elecciones generales para septiembre.

La verdad es que soy de los que piensan que hemos entrado en una dinámica de mercados que se ha vuelto incontrolable por los gobiernos, porque han sido muchos los cientos de miles de millones de euros o dólares que han caído en manos de especuladores internacionales que, en definitiva, son los que están moviendo a su interés las deudas de los estados sin que estos sepan a ciencia cierta como frenar esa diabólica ruleta.

Estamos cansados de escuchar aquello de que la prima de riesgo ha superado el nivel crítico, pero mucho me temo que todo acabe en un crack masivo en el que, como sucede con las fichas de dominó, el impago de la deuda por parte de los países más afectados vaya llevando al resto a situaciones parecidas hasta imponerse un nuevo orden económico que habrá de nacer de las cenizas del ahora existente, eso sí, tras la trágica destrucción del mismo.

Entre tanto, a los españoles no nos queda sino, frente a esta situación, mostrar la mayor unidad posible, de forma que los intereses de partido –que ahí están y resultan más que evidentes- no pongan en aún mayor peligro a los de la propia sociedad.

Pensemos, en todo caso, que gobiernos conservadores como el italiano han llevado a sus países a similar situación que la española, por mucho que otros, como es el caso de Francia o Alemania, estén sorteando por ahora los principales efectos de la crisis.

Está claro que el nuestro, nuestro gobierno y quien lo preside, no han sabido transmitir en Europa una posición de fortaleza que frenase en gran medida los movimientos especulativos que contra nosotros se vienen dando en los últimos meses.

Resulta evidente que ante una situación así mejor hubiese sido adelantar las elecciones hace ya meses, permitiendo que nuevas ideas y distintas actitudes hubieran podido ponerse en práctica.

Sin embargo, una vez que el PSOE ha sido realmente mezquino a la hora de reconocer sus limitaciones, esa mezquindad no puede trasladarse al resto de fuerzas políticas manteniendo una actitud destructiva en lugar de la constructiva que aquellos no supieron poner en práctica.

De ahí que haya llegado el momento de las grandes decisiones, de los grandes acuerdos, no ya con Pérez Rubalcaba, que hoy por hoy no posee ningún rango ejecutivo, sino con el actual Gobierno, con Zapatero al frente, de forma que las medidas básicas y duras a adoptar lo sean por unanimidad.

Eso sí, también habría que exigirle al próximo candidato socialista que se apartase de la línea electoralista hacia la que está derivando, con propuestas que miran más al voto perdido que a la realidad económica del país.

Si el Partido Popular se “mojase” no lo sería, evidentemente, para hacerle la campaña a Rubalcaba representando el lado más duro de la toma de decisiones, lo sería para que este diese un paso atrás y, en todo caso, asumiese como propias las decisiones que gobierno y oposición adoptasen.

En todo caso esto no son sino meras elucubraciones que no sé si tendrán plasmación en la realidad.

La realidad, la de verdad, debe ser mucho más dura de lo que nos imaginamos. Esperemos que quienes nos representan estén a la altura suficiente para afrontarla.

El discurso de Rubalcaba

Enrique Bellido Muñoz | 12 de julio de 2011 a las 9:46

No creo, tan siquiera, que Alfredo Pérez Rubalcaba tenga la oportunidad de encabezar la candidatura del PSOE a las próximas generales.

La situación económica del país es tal que muy posiblemente su antecesor se vea obligado a desprenderse de los “trastos” de Presidente, dejando al país y a su partido en una situación de ruina económica y moral tal que hasta el mismo Rubalcaba, como cómplice directo de las políticas desarrolladas por los socialistas en los últimos ocho años, haga mutis por el foro.

Por ello que su discurso ante el comité federal del PSOE y los aplausos que le acompañaron en el mismo, no representaran sino un canto de sirena, un brindis al sol, de toda una generación de políticos, no sé si socialistas, socialdemócratas o vaya usted a saber qué, que ven como han de agarrarse a un clavo ardiendo, tienen que acogerse a una reliquia del pasado, ante la ausencia de argumentos con los que defender la secuencia de errores que han situado a España en su declive actual.

Un brindis al sol de quien dice ahora contar con la piedra filosofal que remedie todos nuestros males y al que no le ha importado –con la coreografía de los asistentes al acto- incluso dejar en evidencia a quien lo situó como su mano derecha, en un ejercicio más de la descomposición interna que se vive en el seno de la orgánica socialista.

Fue el discurso, efectivamente, del desprecio a las políticas de Zapatero, con el más solemne descaro de quien ha sido portavoz de las mismas y cooperador necesario en ellas.

El discurso del antes y el después como si no existiese una nítida línea de continuidad entre lo pasado y lo que podría quedar por venir en el caso de que el ex ministro de Felipe González y Rodríguez Zapatero alcanzase su objetivo.

Y, no podía ser de otra forma, todos aquellos que ahora ostentan un cargo en la dirección del partido y aspiran a seguir ostentándolo en el futuro, se deshacían en elogios hacia el nuevo candidato y su retórica, conocedores, como lo son, de las dificultades para recolocar a muchos de los que en municipales y autonómicas se vieron desmontados en las urnas de sus poltronas.

Se ha dicho del discurso de Pérez Rubalcaba que recuperaba  los fundamentos socialdemócratas del nuevo PSOE. Nada más lejos de la realidad.

El alegato que hizo contra la banca, el que planteó contra el patrimonio, no recuerda sino a lo más rancio del viejo socialismo que hundía sus raíces en la lucha contra el capitalismo.

¿O es que Rubalcaba no ha sido cómplice de la propia banca en sus años de bonanza y lo ha seguido siendo hasta ayer con las medidas que admitió secundar de la Unión Europea?

Y en cuanto a su guerra personal contra el patrimonio, le aflora la demagogia al candidato. No debe ser tarea de un Gobierno perseguir los bienes patrimoniales legítimamente alcanzados, sino potenciar esa clase media que poco a poco España va perdiendo, en base a establecer las bases para que los empresarios recuperen la capacidad emprendedora, generen nuevamente puestos de trabajo y las arcas públicas ingresen impuestos de toda la sociedad.

Ilusionar a quienes tienen sus expectativas políticas por los suelos no debe ser difícil, a tenor de cómo sus compañeros de partido le hacían coro.

Hacerlo con los ciudadanos de a pie resulta mucho más complejo. Mucho más ahora que la prima de riesgo española llega a niveles insólitos, las bolsas bajan y las esperanzas de crear nuevos empleos se desvanecen.

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