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¿Dudar de España?

Santiago Cordero | 23 de marzo de 2013 a las 12:08

Desde Trasfalgar nos encanta ir de perdedores por la vida. ¡Qué le vamos a hacer! Así somos los españoles. No acabamos de sentirnos cómodos siendo el campeón, el ganador, el mejor. Cuando aparece la más mínima circunstancia negativa, error, debilidad, flaqueza, nos envalentonamos, relamemos nuestros labios saboreando el amargo sabor del fracaso. No nos gusta lo dulce. Ni ser doble campeón de Europa, ni el actual campeón del mundo, nos ha cambiado. Nos va más el espíritu de Alatriste, tenemos morriña de Cardeñosa, pero sobre todo ya estamos soñando con que Víctor Valdés (catalán) recoja el testigo de Arconada (vasco) escurriéndosele el balón trágicamente bajo el cuerpo, para gozo de los gabachos y más gozo masoquista aún para nosotros.

 

El fracaso de España nos permitiría aceptar con más resignación los sobres de Bárcenas, la desaparecida contabilidad del PP, los ERES a tutiplén de la Junta de Andalucía, los trajes de Camps, el palacete de Jaume Matas, el duque en Palma do, Corina de los elefantes… En el fondo nos gusta que nos humillen, que nos saquen hasta los ojos.

 

¿Dudar de España? Sí, con rotundidad. De nuestros políticos, de los partidos, de la Casa Real, de nuestro sistema que ha desprestigiado el nombre “Democracia”.  Pero dudar de la roja, de Del Bosque, de esta generación de jugadores. ¡Por favor!

Del Bosque se equivoca. Sí. Hay jugadores que nos están al 100%. Sí. Estamos al borde del precipicio. Sí. Pero no olvidemos que hoy somos los mejores del mundo, en resultados, pero sobre todo, ante todo, por encima de todo, somos los mejores del mundo jugando a fútbol. Si existe un equipo, una selección de fútbol que tiene crédito en todo el mundo para afrontar un partido decisivo, un final, es hoy por hoy la selección española.

 

¡Ah! Si por un casual no vamos al mundial, repetiré letra a letra este artículo. ¡A ganar en Francia!

 

 

Nadal vs Bárcenas

Santiago Cordero | 3 de marzo de 2013 a las 12:32

Tengo un hijo en edad adolescente que me dijo hace unos días (en broma quise pensar), más o menos que - Para que iba a estudiar. Que eso no servía para nada, lo mejor para hacerse rico era ser  político como Bárcenas o Urdangarín – a renglón seguido se echó a reír. 

 

Broma o no, el pensamiento de mi hijo está instalado en la sociedad  desde hace años. Incluso agravado en los últimos meses con las peinetas suizas del pepero Bárcenas, la insolvencia del empalmado y la larga lista de corruptos vinculados a la política. Estamos ofreciendo un modelo a nuestros hijos en los que el éxito en la vida pasa por saber engañar, robar, insultar en un realiti o disfrutar del edredonig como está mandao. Esta es la España que triunfa, es el modelo que nuestros dirigentes han implantado.

 

Afortunadamente nuestros hijos tienen otros espejos donde poder mirarse. Ver otra vez a Rafa Nadal sonreír, mordiendo de nuevo un trofeo, es motivo de alegría para los aficionados españoles, pero quizás lo más importante de esa nueva victoria, es que se produce tras meses de esfuerzos, de lucha diaria para recuperarse de una lesión con la que ha aprendido a convivir.

 

Rafa Nadal, sin él pretenderlo, porque no es nada pretencioso, es un modelo para los jóvenes e incluso, debería ser referencia para muchos de nosotros, mayores que él, a los que nos cuesta sobreponernos ante la mínima dificultad. El famosos grito de autosugestión de – ¡Vamos Rafa! – que tanto hemos escuchado  en victorias épicas y, como no,  en derrotas más épicas aún si cabe, sintetiza ese espíritu que ha llevado al manacorí a la cúspide del tenis mundial y a ganarse el respeto de todos sus rivales. El éxito basado en el esfuerzo, en el sacrifico, en el trabajo, amén de su talento natural para el tenis.

 

Frente a los Bárcenas, Urdangarín y demás mequetrefes, tenemos afortunadamente hombres como Nadal para mostrar a nuestros hijos.  Enhorabuena por ganar en Acapulco, pero sobre todo por demostrar que con esfuerzo también se consiguen éxitos y además, saben mejor.

¡Puta democracia!

Santiago Cordero | 22 de febrero de 2013 a las 11:39

No cabe duda de que la Operación Puerto es una bendición para nuestro deporte, tanto o más cómo el caso “Gurtel” o el de los “Eres de la Junta” para nuestra joven democracia.

 

Recuerdo como si fuera ayer, escuchar a media noche a José María García, el amo de la prensa deportiva de este país, entrevistar a  Manolo Sainz o Sabino Padilla ( entonces médico del Athletic Cub de Bilbao). Íbamos camino de nuestra meta, Barcelona 92, desbocados hacía el éxito deportivo. Recuerdo esas entrevistas porque “Supergarcía” nos presentaba a estos personajes como revolucionarios, innovadores y la vanguardia de nuestro deporte.

 

En España somos muy dados al masoquismo público y al tremendismo. Frente al chovinismo francés, la flema británica o el orgullo americano, nosotros preferimos infringirnos dolor y por supuesto, todo lo pasamos por el tamiz de lo definitivo. ¡Cierto! Estoy con ustedes, las generalidades son injustas, pero no hay otra forma para defender un posicionamiento.

 

Rafael Nadal está harto de pregonar a los cuatro vientos que, por unos pocos no se debe manchar la imagen de todos lo deportistas, ni de todo un país.  Cierto una vez más, pero no es menos cierto que los Eufeminianos, Barcenas, Urdangarínes de nuestra querida “España” son los que durante décadas han triunfando en este país, enarbolando la bandera del esfuerzo, de la honradez, el sacrificio y por su puesto, la bandera de las libertades y la democracia.

 

Por una vez no nos rasguemos las vestiduras. ¡Qué no nos ofendan los guiñoles franceses! El dopaje ha sido practica habitual en nuestro deporte, pero también en el resto del mundo. ¡ Dios existe porque Armstrong es americano! No olvidemos a la Checa Jarmila Kratochvilova ¡Qué miedo de mujer o lo que fuera aquella máquina!La Checa kratochvilova

Ni olvidemos  todos los éxitos que provenían del otro lado del telón de acero. Eufemianos, Barcenas y Urdangarines los ha habido, los hay y los habrá aquí y en la Conchinchina. La clave estriba en como la sociedad convive con estas prácticas y estos personajes.  Si lo aceptamos como algo normal o por el contrario nos revelamos y ponemos todos los medios (éticos, legales, físicos) para combatir, de pleno, cualquier tipo de corrupción o engaño.

 

Hace unos días escuche a un anciano decirle a un amigo que en nuestro país no había democracia, que  vivíamos en una “puta democracia”, donde lo único que valía era engañar. Dentro del pesimismo de esas palabras pronunciadas por una persona en el ocaso de su existencia y nacido en una dictadura, existe, eso quiero ver, un atisbo de esperanza. Por primera vez en los más de 30 años de nuestra democracia, debido a esta brutal crisis económica, estamos visualizando y verbalizando cómo y quienes han violado nuestro sistema. En el fondo todos somos parte moral y culpable de la Operación Puerto, del Gurtel o de los Eres de la Junta. Al menos ahora, las cartas están bocarriba.  Es el tiempo de acabar con los tramposos, es el tiempo de regenerar nuestro deporte, nuestra sociedad. Aunque a lo mejor es más cómodo para todos escoger unos cuantos chivos expiatorios y si te he visto, no me acuerdo. ¡Puta democracia!