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Gasol’s time

Santiago Cordero | 15 de abril de 2013 a las 10:38

El infortunio de Kobe Bryant, unida a la baja de Steve Nash, coloca a Pau Gasol al frente de los Lakers. A Mike D’antoni no le queda otra que darle los galones que nunca debió quitarle e incluso darle aún más. Dwight Howard es en teoría ahora el jugador franquicia, pero a lo largo de la temporada ha quedado suficientemente acreditado que el talento de pivot norteamericano pasa exclusivamente por su fortaleza física. Los Lakers necesitan en este final de temporada la inteligencia, el control y la lectura del juego que posee Gasol.

 

La temporada ha sido un calvario para Los Lakers en general y para Pau en particular. Cambio de entrenador, lesiones y una crisis absoluta de identidad han situado al equipo angelino al borde de la no clasificación para los play off .

 

El desprecio que ha sufrido Gasol solo podría haberlo soportado alguien como Gasol en la NBA. Un All Star, dos veces ganador el anillo, fue ninguneado por Mike D’antoni desde su llegada. Solo su capacidad mental, su calidad baloncestística y sobre todo su educación, le han permitido aguantar una presión que hasta ahora no había sufrido, la de su propio entrenador. Pau ha sido durante años tachado de Soft (blando) en la pintura. Evidentemente tiene sentido en una cultura como la americana que basa su baloncesto en el musculo y el mate. Este sambenito jamás fue pensado por jugadores y especialistas, la calidad del jugador español está muy por encima de la media, solo a la altura de los escogidos para la gloria.

 

Ahora las circunstancias sitúan a Pau Gasol en el lugar que le corresponde, aunque para el entrenador sea una obligación antes que una decisión.  Gasol no llega en el mejor momento físico de la temporada, las lesiones y, porque no decirlo también, los años le están pasando factura. A diferencia de los jugadores que dependen del músculo, Gasol tiene muchas más cartas que ofrecer. La principal de todas ellas es la inteligencia. Pau piensa como un base, ve el juego en toda su dimensión y eso es algo que ahora más que nunca, sin Kobe, Los Lakers necesitan por encima de todas las cosas. Bryant ha sido capaz, prácticamente solo, de levantar a un equipo que estaba muerto. De hecho Kobe, siguiendo un guion de Hollywood, se ha sacrificado por el equipo. Ahora  es el tiempo del equipo, no hay ni un solo jugador en L.A. que pueda ganar un partido. La piedra angular de ese equipo debe ser  Gasol. Es evidente que  Pau y todo jugador de Los Lakers, desearían tener a su lado, en la cancha, a la mamba, pero así es el deporte y la vida.

 

No hay pasado, no hay futuro. Es el tiempo del equipo. It’s Gasol’s time.

 

 

Sin memoria (Gasol, Nadal, Casillas y Villa)

Santiago Cordero | 19 de marzo de 2013 a las 11:09

Solo existe el presente. Solo existen los vencedores. Así lo queremos. Vivimos en una sociedad de consumo y desde pequeño nos programan para e querer más y más. Si tienes dinero, puedes comprar. Si tienes dinero, puedes pasar. Lo que bueno que fuiste, lo  mucho que hiciste, hoy no vale absolutamente para nada. Nos da miedo el alzhéimer y sin embargo, vivimos sin memoria, solo el presente, incluso nos han robado el futuro.

 

El deporte profesional es un fiel reflejo de nuestro sociedad occidental. Citius, altius, fortius. Valores olímpicos que nos impulsan al progreso, a la superación, pero que también tiene su reverso en el desprecio, la invisibilidad, el olvido del perdedor. Es así, así somos, así queremos que sea.

 

Gasol, Nadal o Casillas ilustran esto que os cuento. ¿Cuántos partidos épicos nos han  regalado? ¿Cuántos títulos conseguidos? ¿Cuánto esfuerzo, trabajo, sufrimiento? Son íconos, son modelos, así nos lo venden en la victoria , pero en la derrota se convierten en juguetes rotos, olvidados. Me dirán, que más quisiéramos nosotros vivir como ellos viven, ganar lo que ganan. Cierto, pero no estoy hablando de ellos, estoy hablando de nosotros.

 

Selección natural acuñó Darwin. La supervivencia de la especie, aunque llegados a este punto, nos quedamos cortos en la valoración de este concepto. Solo vemos el presente, la victoria o la derrota, sin pararnos a pensar de donde venimos y a donde vamos.

 

Gasol es el mejor jugador español de baloncesto de todos los tiempos. Él lo cambió todo, situó el basket profesional de nuestro país en el centro, en la cúspide. ¡Ya! Navarro, Garbajosa, Calderón, Rudy… sin duda, pero preguntemos en USA. Pues a pesar de sus dos anillos (el sueño más pueril, deseado e inalcanzable para los de mi generación), a pesar de sus títulos con la selección, a pesar de que en la derrota de los últimos juegos olímpicos, el equipo con más ego del mundo se puso en cola para felicitar a Pau, a pesar de toda su trayectoria, lleva toda la temporada cuestionado (allí y aquí). No existe memoria.

 

Nadal no solo es, el mejor tenista español de todos los tiempos, sino probablemente unos de los más grandes a nivel mundial en la historia mundial de este deporte. Numero uno indiscutible durante un tiempo, pero las lesiones lo convirtieron en pasado. ¿Quién creía en Nadal hace unos meses? Solo ahora y nada más que ahora, justo cuando vuelve a ganar, es idolatrado como entonces.

 

Casillas es el mejor portero español de todos los tiempos y unos de los mejores del mundo. ¿Títulos? Todos. Mou decidió cargárselo, justo en esos momentos llegó la fatídica lesión,  la llegada de Diego López y sus buenas actuaciones. Mientras Mou y el Madrid ganen partidos, avancen en la Champions, nadie pedirá el retorno del gran capitán. Esto es así.

 

 

¿Es bueno que así sea? Afortunadamente hay personas que sí valoran lo ya realizado, el camino recorrido, que respetan lo que fue y que miran más allá, lo que puede llegar a ser.

 

El ejemplo es Del Bosque con Villa. Desde la distancia, siendo muy simplista en mi análisis, me atrevo a afirma que fue Del Bosque quien mantuvo el equilibrio y la fuerza mental de David Villa en su peores momentos al convocarlo con la selección. Pero en el deporte como en la vida, son pocos los que toman decisiones desde una perspectiva amplia, lo normal es el aquí y ahora.

 

 

El pasado no existe, el futuro es una quimera, solo el presente.

¿Cenamos? ¿Dónde jugamos?

Santiago Cordero | 2 de marzo de 2013 a las 12:35

La prensa nacional se hizo eco esta misma semana de que Pau Gasol y Ricky Rubio,  justo el día antes del partido Lakers – Minessota, acudieron a ver un partido de basket universitario para seguir en directo al pequeño de los Gasol.  Después de eso, imagino, como es norma habitual,  el día terminaría con una cena entre  los dos jugadores españoles, algo cotidiano en la NBA.

Foto publicada por Marca

Esa es una de las razones por la que el deporte profesional americano está a años luz del nuestro. ¿Alguien en sus “sano juicio” se podría  imaginar que anoche, Higuain y Di María invitaran a cenar a sus compañeros de selección Messi y Mascherano? “ Che pibe, ¿dónde querés cenar vos?” Pues eso, años luz. Los norteamericanos, con todos sus defectos, que son muchos, tienen muchas virtudes y una de ellas es saber gestionar el deporte profesional como un verdadero negocio. Es decir, los aficionados y amantes del deporte son sus clientes y, por tanto, se les mima hasta límites impensables por estas lides. Mientras que los jugadores son el producto, los auténticos generadores del espectáculo, por tanto, del negocio. De esa mezcla tan simple de los principios  del mercado, nacen modos de operar tan lógicos, como el permitir a los medios de comunicación entrar en los vestuarios al final de los partidos para entrevistar a los jugadores, pero no como una prebenda hacia el medio o el periodista, sino como fórmula de acercar aún más el show al aficionado, de hacerlos partícipes emocionalmente del espectáculo. Aquí, salvo que la selección gane un título y baje la familia real a sacarse una foto para intentar reforzar su imagen (hoy por los suelos) no entra una cámara en un vestuario, que por lo visto es algo sagrado o místico.

 

Curiosamente son los propios jugadores y los smartphone y la redes sociales los que hace un par de año han abierto los vestuarios para la afición, mientras los gestores del negocio futbolístico siguen viviendo bajo las claves del siglo XX. Si al final, la foto del pasado martes de Mou con su clan la van a filtrar ellos mismo, porqué no se permite que el aficionado madridista “disfrute”  de ese momento en directo. Show, espectáculo al servicio del que paga.Foto Casa Real

 

Lo de ¿Dónde jugamos? Me parece, un año más, la gota que colma el vaso de la negligencia en la gestión deportiva. En primer lugar, dejando a un lado cuestiones e intereses políticos, que tanto vienen ensuciando nuestro deporte,  el estadio donde  se dispute la final de la Copa del Rey debería saberse, como muy tarde, justo antes de que se juegue la primera eliminatoria. Es más, si se respetara a los aficionados y se quisiera engrandecer el fútbol español en general y este torneo en particular, considero que en nuestro país solo hay dos campos capaz de albergar la final de esta competición: Santiago Bernabéu y Nou Camp. Luego existen otros estadio de primer nivel, pero no llegan a la capacidad que tienen los del Real Madrid y el F.C. Barcelona. Pero lo de este año es la quintaesencia del despropósito.

 

El Madrid quiere el Nou Camp y el Atlético el Calderón.  ¿Cómo puede un club, como el Real Madrid, pretender desplazar a sus aficionados, en medio de la crisis económica que vivimos, 500 kilómetros para enfrentarse a otro club de su misma ciudad? ¿Cómo puede un club, como el Atlético,  querer jugar en su estadio con unos 25000 socios en las gradas, cuando 40000 atléticos podrían acceder al Bernabéu para presenciar una final? En fin, se supone que ellos ( RFEF, LFP y sus dirigentes) son los que saben de esto.

Pau Gasol y el Xerez

Santiago Cordero | 2 de septiembre de 2012 a las 12:17

Nadie duda que el jugador de los Lakers y líder de la ÑBA es uno de los mejores deportistas españoles de todos los tiempos. Me reconozco un admirador de su juego, pero sobre todo por su forma de afrontar la competición. Gasol es (debería) ser un modelo a seguir por muchos deportistas, desde los más jóvenes hasta los propios profesionales. En la liga más competitiva del mundo y en la que más “egos” por metro cuadrado de cancha existe, Gasol se ha ganado el respeto de compañeros y rivales. Uno de los aspectos que más me sorprende en un ganador nato como Gasol, es su capacidad para afrontar las derrotas, los fracasos y como los analiza públicamente en caliente. Cuanto más dura es la derrota, más tranquilo parece, más autocrítica hace, pero siempre termina con una especie de coletilla o  tantra por el que convierte dicha derrota en aprendizaje, en acicate para mejorar y en deseo para luchar por la vitoria nuevamente.

”Gasol

El Xerez pareció ayer una “banda” frente a un recién ascendido que llegaba a Chapín sin haber marcado un gol. Nunca supo entrar en el partido, pero lo peor, fue verle desmoronarse como un castillo de naipes ante el más mínimo soplido. Es cierto que un gol en el minuto 45 es algo más que un soplido, pero no es menos cierto que el Xerez ni supo, ni pudo reponerse en la segunda parte. Pablo Infante, el héroe de la pasada copa del rey, salió ovacionado de Chapín cuando fue cambiado, al igual que su equipo a la finalización del mismo. El cero a cuatro final no deja lugar a la duda. Por momentos llegamos a sentir vergüenza en la grada.

Aunque nadie puede salvarse de este mal partido, incluido Esteban Vigo, ya que colocar a Iñigo Vélez en el centro del campo fue una temeridad,  quizás muchas miradas se volvieron hacia Toni Lechuga por los goles encajados. Curiosamente fue el portero canterano quien evito que al descanso el resultado hubiese sido de cero a dos o a tres. Toni Lechuga debe mejorar en concentración y confianza tras encajar goles, por momentos en la segunda parte parecía un “flan” bajo los palos.

Esteban Vigo, también los jugadores, tienen una semana para trabajar, reflexionar y sobre todo levantarse. Lo mejor de todo es que esta derrota ha llegado al comienzo de la temporada. Hay tiempo y margen para mejorar.

El desanimo y el descontento de los aficionados es más que justificado. Es evidente que ningún rival va a ayudarnos a levantarnos, así que solo nos queda la autocrítica, el trabajo y buscar la victoria en el próximo partido, como hace Pau.