Un periódico municipal encubierto

Antonio Méndez | 25 de noviembre de 2016 a las 12:26

Mi capacidad de asombro se reduce con los años en el ejercicio de esta profesión. El periodismo y la prensa viven desde hace una década en el interior de lo que algunos expertos han catalogado como tormenta perfecta. Menos ventas, menos ingresos publicitarios, ausencia de rentabilidad en los nuevos formatos digitales… Redacciones más débiles y empresas más vulnerables. Un bocado apetitoso para el poder. La tentación de travestir un periódico en propaganda para incautos lectores.

En este caladero, el Ayuntamiento de Benalmádena, gobernado por un socialista, ha lanzado sus redes. Y ha hallado la fórmula mágica. Pagará publicidad a cambio de contenidos. La institución insertará en anuncios casi 300.000 euros en dos años en el periódico que gane el concurso. Para ello, el aspirante deberá colocar el nombre de Benalmádena en la portada del rotativo, situar en este escaparate información municipal y llevar cuatro páginas en el interior de la actividad del ayuntamiento. Y trasladarlo también a su versión digital.

Y por si acaso al director del medio le da un ramalazo de libertad de expresión, en ese estrecho margen que le dejan para escoger cada día qué área del gobierno local aparece en sus páginas, el concurso determina la obligatoriedad de publicar una vez al mes una “entrevista en profundidad” con el alcalde de la localidad y con los miembros del equipo de gobierno. Que como son un puñado de partidos no es cuestión de que alguno se enfade por salir menos en las fotos. No precisa, eso sí, si las preguntas las llevará en mano el regidor para entregárselas al avezado informador que reciba el encargo mensual. Aunque para determinar las fechas de salida del trabajo periodístico, se estipula por contrato que será el gabinete de prensa el que resuelva estos asuntos de intendencia.

Para que nadie observe en el proyecto alguna tendencia autoritaria, las bases del concurso también se acuerdan de la oposición. A un concejal (no se sabe si por sorteo o por buena conducta) se le otorgará también el privilegio de una entrevista, aunque en este caso con periodicidad trimestral. El producto final se repartirá luego de forma gratuita, 4.000 ejemplares, donde determine el Consistorio.

Benalmádena acaba de fundar un periódico encubierto del Ayuntamiento. Pues sí. Proyectos similares ya funcionan en la Costa, pero al menos guardan un poco las apariencias. Otras administraciones emplean parecidos o mayores recursos para persuadir a la prensa con la publicidad. En este caso, desconozco si la brocha gorda empleada por el Consistorio para lograr su propósito se debe a su ingenuidad o es un desmesurado descaro.

El propósito de esta iniciativa, como la de todos los que emplean artes similares, es la defensa de unos medios de comunicación plurales y fuertes para conseguir unos votantes críticos y bien informados. ¿Verdad?

“Más madera”

Antonio Méndez | 11 de noviembre de 2016 a las 20:57

Mal asunto cuando debes buscar excusas y justificaciones. Y así ha sucedido con los flamantes museos de Málaga, el Ruso y el Pompidou. Apenas un año después de su inauguración, las cuentas no cuadran. El número de visitantes es sensiblemente inferior al previsto, los ingresos por entradas se parecen poco a los presupuestados y, como siempre, el dinero público debe acudir al rescate para corregir el notable desfase.

La apuesta por los nuevos museos de Málaga fue de índole político y personal, en concreto, del alcalde Francisco de la Torre. Siempre dudé de los estudios de viabilidad que se dieron a conocer. El proceso fue a la inversa. Primero se decidió acordar el convenio para importar la franquicia de la pinacoteca y luego se encargo el informe que debía justificar la excelencia de la operación. Ni el clamor ciudadano demandaba atiborrar la ciudad de estos productos culturales, ni nadie en su sano juicio podía defender que los turistas, con estancias medias de apenas unas horas, bajarían de los barcos para hacer cola delante del Cubo del Puerto.

Ésa es la realidad, admitida fuera del periodo electoral. Los museos son un producto deficitario. Significa que para su mantenimiento la ciudad debe renunciar a inversiones muy importantes. Y después de leer la crónica de sucesos del balance de la pasada fiesta de Halloween podríamos concluir que a cambio de ese esfuerzo Málaga tampoco es hoy ni una ciudad más culta y mejor educada.
El alcalde ha reaccionado ante estas noticias adversas con el grito de “más madera”. Acaba de formalizar un acuerdo con el propietario de uno de los coleccionistas de arte antiguo de Europa para habilitar un edificio del centro para exponer al público una gran muestra arqueológica. No sé si Málaga necesitaba para completar su oferta exhibir piezas del antiguo Egipto. Un anuncio, además, a unas semanas sólo de la inauguración del museo de La Aduana, cuya sección de arqueología supera a la colección pictórica, según me han asegurado expertos que han accedido a sus salas. Y de postre, el propio regidor ha proclamado la necesidad de que el Museo Picasso de Málaga amplíe sus instalaciones a través del Convento de San Agustín. La Junta se ha visto sorprendida por  la iniciativa. El Picasso le cuesta a las arcas andaluzas 4,3 millones, el mayor desembolso público en esta materia en la comunidad. Prefiere huir de esa cáliz que el propio director del Picasso puso sobre la mesa en una entrevista hace pocas semanas en este periódico.

No seré quien defienda que el gasto en museos es innecesario y que la ciudad debería atender otras prioridades. Prefiero esas inversiones a otras ocurrencias. La personalísima decisión del regidor ha logrado resituar a Málaga en el mapa. Pero es sólo una acertada operación de marketing.

Las cenizas del PSOE

Antonio Méndez | 31 de octubre de 2016 a las 13:23

Afortunadamente el PSOE no es todavía una formación confesional y católica. Eso le ha librado de afrontar, en uno de los periodos más difíciles de su historia, la nueva instrucción del Vaticano sobre los restos cremados de todo difunto, de su partido.
¿Qué hacer con las cenizas de esta organización política que sirvió para transformar y modernizar España? Desde luego no se podrían dividir y repartirlas entre los militantes, una opción salomónica póstuma después del empeño de sus mandos en hacer añicos el centenario partido. Tampoco se podrían guardar en las viejas sedes (si es que abren a estas alturas) porque, evidentemente, hace años que dejaron de simbolizar un lugar sagrado para el debate entre compañeros en la eterna búsqueda del bien general de los ciudadanos.

Asimismo, sería inapropiado reconvertirlas en recuerdos conmemorativos y menos transformarlas en una pieza de joyería para adoración de nostálgicos. Es cierto que los 80 están de moda. Recuperado Felipe González como estandarte frente a Sánchez, si rescatan ahora a Alfonso Guerra podrían rememorar aquellas entretenidas batallas fratricidas para que los jóvenes y desencantados asistieran a un espectáculo original. ¡Pero es que Iglesias y Errejón se pelean tan bien y, además, por Twitter! ¿Quién compite con ellos hoy?

Descartadas estas alternativas,  la única opción es esparcir las cenizas del PSOE. El eco del viento propalaría para las generaciones venideras que la paulatina decrepitud de unos dirigentes egoístas fue capaz de sepultar su mejor instrumento de cambio. Y esta decisión tampoco es fácil. Queda como último recurso pedirle al Papa que medie para encontrarle al partido un camino de  salvación, si es que la militancia cree que existe el más allá de Rajoy y Podemos.

Los mandamases de la gestora y los barones confían en que este infierno será pasajero. Tras lo del sábado 29 de octubre, pueden dar por ejecutado al secretario general anterior con todas las bendiciones mediáticas y estatutarias. Con su dimisión, Pedro Sánchez tomó por fin una determinación coherente y que le honra. Ahora se convertirá en un walking dead de la carreteraY si, como en la serie, acapara millones de seguidores en este nuevo papel durante las próximas temporadas, igual supone una seria amenaza.

Está claro que con su anterior interpretación carecía de futuro. No levantó demasiadas pasiones entre los votantes. El PSOE adquirió un color mortecino en las urnas de diciembre y en junio necesitó la respiración asistida porque la mayoría pronosticó que acabaría morado. Pero igual era una estrategia y el líder solo ganaba tiempo para resucitar desde ultratumba y abducir, de nuevo, con su “No es no”.

Menos mal que esto sucede entre el Día de Difuntos y Halloween. Algunos ya no necesitarán ni disfrazarse.

Que nos salve la campana

Antonio Méndez | 25 de octubre de 2016 a las 11:17

Si hay asuntos recurrentes en esta provincia, el saneamiento integral y la sequía figuran a la cabeza y a veces caminan juntos. Si del primero se habla desde hace casi medio siglo, el segundo reaparece durante los habituales periodos de sequía que sufre Málaga y escapa de la atención informativa en cuanto llegan las lluvias. Es un cuento del lobo crónico que una vez más llevamos meses escuchando con la confianza de que, como en otras ocasiones, la naturaleza salvará al rebaño.

El agua es vital para Málaga. La principal conclusión tras la crisis que aún no hemos superado, es que nuestro modelo productivo gira sin remedio sobre el turismo. Y ese líquido es vital para abastecer la industria. No podemos permitirnos el lujo de anunciar restricciones. Y si, en todo caso, la población sería la última perjudicada por cualquier medida extrema, el campo sí que se vería en primer lugar en ese disparadero y tampoco la economía malagueña puede permitirse ese lujo con uno de los pocos sectores que crecen y aportan valor añadido.

Solo cuando el agua (su falta) nos llega al cuello, repasamos las hemerotecas para comprobar como en una situación similar en 2005 la administración autonómica sacó a pasear ese proyecto de recrecimiento de la prensa de la Concepción, para guardarlo luego en el cajón cuando pasó el peligro. Es en momentos así cuando nos interrogamos cómo es posible, al menos, que este embalse, que en todas las temporadas de lluvias necesita aliviar por su escasa capacidad, no está conectado con el de la Viñuela, el mayor con diferencia de la provincia para aprovechar los excedentes. ¿Por qué las redes de riego agrícolas sufren importantes pérdidas sin que se les conceda importancia? ¿Cuál es la razón por la que no se pueden acometer algunas conducciones de pocos kilómetros con otros pantanos cercanos para utilizarlas en caso de urgencia? ¿Por qué a estas alturas igual es más eficaz sacar a los santos en procesión que confiar en una solución a través de la gestión política?

El 1 de enero se cumple el plazo definitivo para la enésima adaptación de la directiva europea que obliga a que las aguas estén perfectamente depuradas. Pero no soñemos a medio plazo con un verano sin natas y otros condimentos sólidos que de vez en cuando se asoman a las playas. A la depuradora de Nerja le falta un año, a la ampliación de la de Estepona, si se cumplen los plazos, deberá funcionar en pruebas en 2016. Y mientras tanto, los alcaldes del Guadalhorce están en pie de guerra porque aún no han empezado las obras previstas en la comarca. En el siglo XXI hay municipios en Málaga que vierten sus aguas residuales directamente a un río.

 

El mejor oráculo

Antonio Méndez | 25 de octubre de 2016 a las 11:06

Nadie puede dudar de que el alcalde de Málaga, como gestor, ha sido un adelantado a su tiempo. En octubre de 2010 pocos sabían de la existencia de Pablo Iglesias Turrión, al margen de sus alumnos de la Complutense y los pocos espectadores que ese año decidieran asomarse con curiosidad a su debut televisivo al frente del programa La Tuerka.

Lo más parecido al simbolismo de la casta que habíamos escuchado hasta entonces eran las soflamas de Alfonso Guerra, dos décadas antes, en favor de los descamisados. Y, por supuesto, la moda de las consultas ciudadanas ni siquiera figuraban en el imaginario de los dirigentes de CiU. Entonces confiaban en que el Tribunal Constitucional les permitiera proclamar en el preámbulo de su Estatuto que Cataluña era una nación. Tras el fallo negativo, solo los andaluces podemos presumir de vivir en la única “realidad nacional” que no discuten ni los jueces. Aunque nadie haya conseguido interpretar para qué sirvió esa última reforma de la norma fundamental para el autogobierno.

Francisco de la Torre fue un visionario de la participación. No un pionero. En 2008 España mandó a Eurovisión por votación popular al Chiquilicuatre. Ese hito democrático es insuperable hasta para el alcalde malagueño. Pero en ese octubre de 2010 y tras una módica inversión de 200.000 euros, con cargo a un fondo estatal para el empleo, compró 25 opinómetros. Necesitaba saber qué sentían sus vecinos. Es verdad que los artilugios, puntales de la tecnología demoscópica, tenían sus lagunas. Imposible registrar al participante y tampoco determinar el número de veces que respondía el mismo usuario. Un año después, el concejal de Participación Ciudadana desveló que los aparatos habían tramitado casi 5.000 cuestionarios. En más de un 40% se reflejaba la satisfacción con la gestión del munícipe. Por fin una inversión más que justificada.

Por eso no podemos reprocharle al alcalde el carpetazo a la consulta de las torres de Repsol. Que la oposición hubiera usado en su día los opinómetros, cuyo paradero desconozco. Él es el experto en esta materia y no necesita sumarte al carro de estas modas pasajeras. Por eso sabe que los vecinos que se oponen al Metro al Civil sí que son representativos de la ciudad. Que el hotel en el puerto tiene más ventajas que inconvenientes y los que dudan son una minoría. Con la polémica de Repsol y el mantra de las consultas, en cuanto se les explique bien a los residentes los puntos favorables y que con los 30 millones o más que ingresará el Ayuntamiento podrán cruzar el Guadalmedina por otros puentes y hasta en bicicleta, seguro que les extienden la alfombra roja a las grúas.

No hay mejor oráculo que este alcalde.

El consejo invisible

Antonio Méndez | 14 de octubre de 2016 a las 11:51

El debate en exclusiva en este medio ( gentileza de nuestros competidores) de la torre-hotel en el Puerto de la capital me ha permitido conocer de la existencia del Consejo Social de la ciudad de Málaga. “Un órgano de consulta, participación y asesoramiento, en materias tan relevantes como el Plan General de Ordenación Urbana, la planificación estratégica de la ciudad, y el desarrollo socioeconómico con la perspectiva de hacer avanzar la calidad de vida del municipio y de sus habitantes. El Consejo goza de plena independencia en el ejercicio de sus funciones”, dice la página web del Ayuntamiento sobre su funcionamiento.

Lógicamente, la primera conclusión a la que llegué es que soy bastante peor periodista de lo que me valoro. Un organismo de esta importancia, que el Ayuntamiento creo que en 2011 y cuya asamblea se constituyó en 2012, dice poco de mí que cuatro años después desconociera su existencia. Para buscar alguna justificación a mi falta de profesionalidad, rastreé (lo admito no en profundidad) los agregadores tradicionales sin encontrar una sola noticia.

Tampoco me ha servido de mucho el apartado “prensa” que reconoce la propia institución sobre la actividad de la misma. Un artículo en la revista Miramar de la constitución del consejo, con una foto flamante de todos sus componentes, y curiosamente un teletipo del 1 de agosto de 2012, publicado por este periódico, que se refería a la creación de un grupo de trabajo sobre intermediación hipotecaria y deshaucios, dentro de una mesa de debate auspiciada por este órgano de participación ciudadana. O dimitió después el que se encargaba de subir a la web los resúmenes de prensa del Consejo Social o su producción no ha merecido desde entonces que los medios de Málaga le hayamos dedicado una sola línea en cuatro años y un mes. Es cierto que hay una sección con un boletín informativo mensual interno pero, aunque he abierto una decena, no he logrado enterarme de la relación del contenido con la actividad del citado organismo. Seguro que también fallo en lectura comprensiva.

Hace unos días coincidí con un relevante miembro del consejo. Me trasladó su frustración porque en las reuniones (hay dos asambleas al año y reuniones periódicas  de la comisión permanente), además de las distinguidas ausencias, apenas se abordan temas de interés para la ciudad. Ni el Metro, el parque en Repsol… nada. Lo máximo, creo, el análisis del estudio para reducir el ruido en el túnel de la Alcazaba. Este es el órgano que el PP en el Ayuntamiento quiere también silenciar en el debate sobre la torre para no crear “inseguridad jurídica”.

Lo admito, sí que soy mal periodista. Gracias al hotel del puerto he descubierto qué fácil es para los políticos tendernos anzuelos en los que siempre picamos.

La crisis de los ‘mil días’

Antonio Méndez | 4 de octubre de 2016 a las 18:49

Mi primer trabajo serio como periodista en Málaga fue en el verano de 1985. El PSOE provincial estaba gobernado por una gestora y la agencia Efe me encargó un reportaje que titulé la crisis de los mil días. Más o menos el tiempo que llevaban los socialistas tirándose los trastos a la cabeza. La pugna entre los llamados guerristas y borbollistas llegó a un punto sin retorno el 9 de junio, el día del congreso provincial. Discrepancias con el censo.

La dirección nacional del partido envió al secretario de Imagen y presentó una lista con 300 delegados más con derecho a voto que la que había elaborado el PSOE de Málaga. Estaba claro qué candidato quería Madrid que ganara. “No podemos, bajo ningún concepto, presentarnos ante la sociedad como una organización que ni siquiera sabe gobernarse a sí misma”, comunicó a los presentes el secretario de Organización del PSOE de Andalucía entonces, Gaspar Zarrías, la decisión de suspender el congreso.

La crónica de aquel acontecimiento merece un lugar de honor en la hemeroteca malagueña. José Antonio Frías contó para El País que “el secretario de imagen del PSOE controló la situación desde una habitación del hotel, que no abandonó en ningún momento”. Y añadía el periodista, que más tarde dirigió durante 17 años Sur, que los dos contendientes, los históricos Antonio García Duarte y Carlos Sanjuán “salieron del hotel llorando”.

No es ninguna sorpresa que los guerristas controlaron el partido durante casi una década. Eso sí, siempre integraron en la dirección a dirigentes de los perdedores. Hasta que la imposible convivencia entre Felipe González y Alfonso Guerra, con modelos de partido incompatibles, estalló en toda su magnitud. También Málaga fue pionera en aquella batalla en la que a los críticos se les llamaba renovadores. Un madrugada, en Fuengirola, en un congreso para elegir delegados para participar en un cónclave nacional, José Asenjo, antiguo hijo del guerrismo y nuevo líder renovador, derrotó a su padre político, Carlos Sanjuán, en ese instante secretario general del PSOE andaluz. Minutos después de aquella debacle, que supuso el principio del fin de una era en el partido, Sanjuán acusó en los micrófonos de la Ser al presidente de la Diputación José María Ruiz Povedano de utilizar los fondos del Plan de Empleo Rural para conseguir el voto de los alcaldes y concejales socialistas de los pueblos. Povedano anunció después una querella que nunca se presentó.

Son dos episodios circunscritos a la historia del PSOE de Málaga que igual sirven para relativizar lo sucedido  en el  Comité Federal. La diferencia es que entonces, además de la eterna lucha interna por el poder, había líderes y contrastes de ideas.

La batalla perdida

Antonio Méndez | 29 de septiembre de 2016 a las 16:39

“Ponerse en contra es perder, la gente quiere puestos de trabajo, lujos y árabes millonarios”, me sintetizó hace unos días  en un mensaje sobre el proyecto de la torre en el puerto un antiguo compañero de batallas. Las que libraron durante más de una década diversos representantes de la sociedad civil para que la “recuperación para el uso ciudadanos de los muelles 1 y 2” no se redujera a una suma de hamburgueserías, multicines y supermercados. Nadie puede contra las hamburguesas, pero del resultado final de aquella pugna hay que sentirse más que satisfechos.

Y ahora llega el hotel para coronar con sus 135 metros de altura el largo brazo con el que Málaga recibe al mar Mediterráneo. Así qué hay que ser pragmático. ¿Impacto visual brutal? Qué más da si allí no va nadie. ¿Paisajismo? Eso qué es. ¿Que la postal de Málaga con el horizonte de la Alcazaba y la Catedral queda hecha trizas? Si esa imagen sólo la hemos visto una vez en la vida cuando nos subimos al Melillero. Dejémonos de romanticismo. Son 120 millones de inversión. Dinero catarí que dicen que lo tienen por castigo. 350 empleos estables y 340 turistas que cuando se despierten cada día en sus habitaciones nos estarán eternamente agradecidos.

Pero si casi un 30% de los demandantes de trabajo aspiran a un puesto de camarero. ¿No residimos en la capital con más terrazas por metro cuadrado y eso es calidad de vida y generación verde de recursos? A ver si alguien discute que las sillas no están al aire libre. Si la hostelería es nuestro monocultivo económico su icono es un hotel. Tan lógico como que en Torremolinos haya un monumento al top less.

Además, como todo se ha hecho con discreción, hemos evitado un rascacielos de antenas de 240 metros o una escultura de Picasso a modo de moderno Coloso de Rodas. Las últimas ocurrencias del alcalde. Sí, podía haberse convocado un concurso de ideas. Pero el arquitecto José Seguí ha construido La Rosaleda, la Ciudad de la Justicia, ganado el proyecto del río Guadalmedina (si cuela una tuneladora se habría hecho), el hotel gran lujo del Palacio Miramar y ahora éste, su máximo competidor en el puerto. Admitámoslo, somos una ciudad de autor. Al menos él ya nos conoce.

Y la cultura neolítica está de moda. La Unesco acaba de reconocer a los Dólmenes como Patrimonio Mundial. La capital de la Costa del Sol tendrá también su menhir. Fuera complejos de altura. Y todo gracias a estos nuevos druidas del siglo XXI: Francisco de la Torre, Francisco Conejo y Paulino Plata. Es que vamos a comparar sus conocimientos con los del grupúsculo de intelectuales y académicos que han alzado la voz. ¿Y no queremos en España la gran coalición PP-PSOE? En Málaga es posible. Mi amigo tiene razón, ésta es una batalla perdida.

Todos al diván

Antonio Méndez | 21 de septiembre de 2016 a las 16:06

Ya lo he contado, así que me plagio. Hace tiempo fui con un compañero a ver al jefe de Alcaldía de un ayuntamiento. Estábamos investigando la adjudicación de diversas actuaciones, una encadenada a la otra, de contratos menores. Se utilizaba el procedimiento negociado por el que se invitaba a tres empresas a presentar ofertas. Pero curiosamente nos habíamos percatado de que dos de las mismas que concurrían tenían al mismo socio y la tercera finalmente desistía.

“No conozco a la empresa ganadora ”, nos dijo el funcionario. Y entonces mi compañero y ello nos echamos a reír. Al entrar en su despacho y al sentarnos en la mesa, habíamos observado un regalo recuerdo con el logo de esa firma.
Curiosamente esa empresa, tiempo después, se encargo de unas vallas a publicitaria del partido gobernante en aquel municipio. Lógicamente no conseguí del responsable económico de aquella formación la factura de los pagos. El partido era una entidad privada y no tenía por qué desvelarme sus cuentas. Mi conclusión es que no había factura porque los favores de las adjudicaciones municipales se pagaron luego con la campaña. Pero no lo conseguí probar y no hubo noticia.

La financiación irregular de los partidos está detrás del inicio de muchos de los casos de corrupción que han sacudido a España en este última década. Desde la Gürtel al penúltimo episodio de Rita Barberá. Otros nacen de la mala gestión y de la utilización indebida del dinero público gracias al descontrol de la administración, ahí hunde sus raíces el caso de los ERE.

 

En Málaga éramos expertos en escándalos urbanísticos. Con el Ayuntamiento marbellí se aplicó una drástica decisión que debería haberse ensayado ya en media España: una gestora para empezar de cero. Aunque no evita el riesgo de reincidencia. La Fiscalía ha decidido presentar acusación contra la ex alcaldesa popular, Ángeles Muñoz. Le atribuye un cambio en los planos para favorecer a unas propiedades de su familia. Si estaban en Benahavís, los suelos adquirían la calificación de terrenos urbanizables, si la linde los situaba en Marbella, el suelo perdía valor porque se no podría construir. Por si alguien todavía duda de la utilidad de un cartabón.

Otro representante del Ministerio Público ha puesto en su lupa, entre otros, en uno de los dirigentes con más prestigio de la provincia, el director del PTA, Felipe Romera por un supuesto fraude en unas ayudas públicas. ¿Cómo estábamos en 2007 para que la Junta impulsara una Fundación para la Investigación del Bienestar Integral de los Ciudadanos y defendiera la necesidad de construir una edificio para la misma de 16 millones?

Todos al diván.

Los perros de esta ‘guerra’

Antonio Méndez | 3 de agosto de 2016 a las 20:08

Málaga  la roja, pero que siente adoración por ver a los militares de procesión por sus calles y que vota mayoritariamente al PP desde hace dos décadas. La que celebra en su Feria de agosto y convierte en día festivo, porque así lo impulsó un alcalde socialista, la toma de la ciudad por los Reyes Católicos, uno de los episodios más sanguinarios de su historia que sufrió entonces su población autóctona.

La que se echó a la calle para saquear e incluso incendiar más de una veintena de parroquias y conventos en dos inefables días de 1931. La que venera al Cautivo, una imagen tallada en 1939 para evocar a los prisioneros de la Guerra Civil. La que mantiene sin restaurar a un Cristo mutilado.
El islote fiel a la República, hasta que en 1937 Franco lo desarboló a sangre y fuego. La de la desbandá de la carretera de Almería, con miles de civiles bombardeados desde el aire y el mar, cuando intentaban huir de la represión de ese ejército golpista. La que calló, como si debiera pedir excusas por sufrir esa infamia, ese episodio  que tuvieron que rescatar del olvido historiadores extranjeros. La de la mayor fosa común de España en San Rafael, con más de 4.000 fusilados.

La que ha exhumado en los últimos años casi 3.000 de aquellos restos, en una labor compleja y silenciosa de la Memoria Histórica. La que ha contado al frente con un alcalde comprometido, Francisco de la Torre, que fuera presidente de la Diputación provincial en los estertores del franquismo. La que coronó su mirada atrás sin rencor con un monumento a las víctimas de aquel infame conflicto entre españoles.

La misma Málaga, con el mismo regidor, que luego decide el disparate de recuperar parte de ese árido descampado, impregnado por el indeleble olor que deja la muerte, con la construcción de un parque para perros, con sus pipican incluidos. La que no rechistó por esa decisión durante diez meses. La que al tanto descubre que en realidad los animales orinan y defecan sobre la tierra que se ahogó con la sangre vertida tras el ajusticiamiento de miles de paisanos.

La Málaga de la burocracia, de los errores concatenados, la que demuestra que sus gestores son ineficaces. La que reacciona tarde, incapaz de delimitar en un plano un puñado de metros cuadrados. La Málaga que alcanza notoriedad nacional e internacional, hasta el The Guardian , en el 80 aniversario de la Guerra Civil española por dejar que los perros se meen en las fosas del conflicto. La Málaga oportunista, en la que la oposición ve un fácil desgaste del gobierno local y se lanza ávida a por la presa. Con el tiempo descubren que su mejor baza es volver al pasado.

Si se me permite la licencia, para completar la historia, sólo falta la protesta de una asociación de defensa animal, por el perjuicio causado a unos solícitos chuchos.