El complejo encaje de Málaga

Antonio Méndez | 5 de marzo de 2012 a las 13:01

El reciente reportaje de  este periódico sobre la aportación malagueña a la construcción regional, en el 30º aniversario del primer Gobierno salido del Parlamento andaluz, me ha permitido charlar con algunos dirigentes políticos que desempeñaron importantes responsabilidades en este periodo. Con matices, hay una conclusión compartida. El empeño por fortalecer la idea de la autonomía en torno al poder político anclado en Sevilla ha terminado por consolidar un centralismo, que ha suscitado el rechazo en muchas provincias, sobre todo en las del litoral, el gran incomprendido en los primeros años de autogobierno.

Carlos Sanjuán, factótum del PSOE, cree que su llegada a la secretaría regional del partido en 1988 ayudó a combatir ese mirada corta de la Administración. Manuel Atencia, el joven abogado que simboliza el arranque de la derecha que ahora más que nunca puede gobernar Andalucía, opina que su etapa como portavoz del PP en el Parlamento, hasta 1999, sirvió para que Málaga empezara a sentirse a gusto. Sanjuan incluso ante un tema tabú, como la Expo 92, asegura que le sirvió a Málaga para lograr inversiones para construir las rondas de circunvalación y su primer gran aeropuerto, el Pablo Picasso. La excusa era la hipotética avalancha de visitantes con destino a la capital hispalense que antes dormirían aquí.

Atencia defiende que las tres décadas han sido las mejores de la historia en Málaga pero censura a la Junta por funcionar en cierta medida como rémora. Ha pasado poco tiempo para sacar conclusiones definitivas. En un despacho político se decidió que a Málaga le correspondía el papel de motor económico de Andalucía. Así se equilibraba la pujanza institucional y administrativa de Sevilla.

Pero al margen del título artificial nunca se le ha dejado espacio para jugar un papel determinante en esa construcción regional. Complicado conciliar a dos gallos en este gallinero, dice el sabio refrán. Tal vez no hay solución porque el problema es original. Como avisaba el alcalde Pedro Aparicio, Málaga es la única ciudad de más de medio millón de habitantes que no es capital de comunidad autónoma. Pero para combatirlo se optó por recetar centralismo a ultranza.

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