Antonio Méndez | 19 de junio de 2012 a las 19:57
Por una vez estoy totalmente de acuerdo con el presidente provincial del PP de Málaga. “El modelo de Arenas sin Arenas no sirve”, asegura Elías Bendodo. Aunque admito que después de veinte años de vigencia en Andalucía, a estas alturas desconozco en realidad cuál es ese modelo de partido que a la marcha de su creador deja un inmenso vacío de poder sin visos de que se pueda reemplazar.
Hoy por hoy, todos coinciden en que cualquier decisión que se tome para tapar este inesperado adiós debe ser temporal, con el único objetivo de ganar tiempo para asimilar el huracán y recomponer de forma más sosegada el escenario cuando pase esa tempestad. Hay tres años por delante para designar un candidato a la Junta, si no sucede algo inesperado. Otra cosa es que el elegido, aunque ahora sea consciente del papel que debe desempeñar, acabe finalmente pensando: ” Y por qué no soy la solución definitiva”.
Me explican, y es más que comprobable, que el modelo Arenas era la dedicación cien por cien al PP andaluz. Su dinámica los últimos años consistía en celebrar actos todos los días por toda la geografía autonómica y si el domingo quedaba en blanco, pues se improvisaba algún encuentro,o para desazón para la provincia elegida que debía ponerse a disposición del líder. Una maquinaria siempre en marcha y sin conceder ni un día de respiro. Ésta ha sido una de las claves para variar en esta región el imaginario que representaba la derecha antes de Arenas y la que ahora deja, ganadora por primera vez de unas elecciones. Aunque el hombre artífice de este logro, curiosamente, nunca logró superar el estigma del “señorito sevillano”. Y eso que presumió de Olvera como cuna y de Almería como lugar de adopción política. Además de veranear en Marbella.
Pero su etapa también representó un hiperliderazgo que impidió alumbrar una elite política capaz de tomar el relevo. La consecuencia, que ningún posible aspirante a sucederle se ve a su altura para asumir esta tarea. Y el único posible, el secretario de Estado de Asuntos Sociales, Juan Manuel Moreno Bonilla, dudo que acepte en estas condiciones bajar a este ruedo andaluz en el que poco tiene que ganar con este nuevo escenario.
Ni un solo barón popular en España ha detentado tanto poder como Arenas. Cuentan los que están al tanto de lo que sucedió en la semana clave, que ha sido ésta la primera vez que su partido, encarnado en su acérrima enemiga, la secretaria general María Dolores de Cospedal, se ha opuesto a una decisión suya: pretendía dimitir en septiembre y dejar entonces al frente al hasta ahora secretario general, Antonio Sanz. Al final, y lo que es peor para él, con el visto bueno de su amigo Rajoy, se ha visto obligado a adelantar el congreso del PP a julio para plasmar el cambio y aceptar que le suceda el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, con quien Cospedal trabó amistad en su etapa de delegado de Castilla y León en el periodo 2000–2002.
La misión de Bendodo, convencer a los 278 compromisarios que acudirán al cónclave reigional que tienen que votar todos a una por Zoido. Para conseguir aplacar ánimos les puede contar, ya lo ha hecho en su junta directiva provincial, que se trata de abrir un periodo de transición y que el futuro ya se verá. Pero es consciente de que la organización malagueña no da saltos con este candidato y la disciplina de partido no podrá funcionar eternamente.