Antonio Méndez | 19 de junio de 2012 a las 19:09
Creo que no es la primera vez que cuento esta anécdota, usted me disculpará por la reiteración. Hace varios años coincidí en Fitur, la feria turística que se celebra en Madrid, con la responsable de una agencia de viajes de Chicago. Me aseguró que la ciudad española más conocida para los norteamericanos era Barcelona. “Por las Olimpiadas”, le repliqué convencido. “No, porque de su puerto salen los cruceros”, me desveló para mi asombro.
Ver como en este último lustro Málaga se ha convertido en una potencia crucerística nacional ha sido una gran noticia. Pero poco se compadece la realidad con el imaginario de unos visitantes adinerados, de múltiples de países europeos y norteamericanos, que gastan a espuertas cuando zarpan o llegan a Málaga. Esta semana me contaba un responsable del Puerto de la capital que de los 150.000 a 200.000 cruceristas que desembarcan al año de la mano de los buques de la empresa Royal Caribbean, de capital estadounidense, el 70% son nacionales.
El temor a la crisis en España, Italia y Grecia parece que está en la raíz de su decisión de levar anclas de Málaga, Valencia y Baleares, al menos durante un año, y buscar puertos mas resguardados de las tempestades del euro, por ejemplo en Gran Bretaña. Habían notado ya una caída del volumen del pasaje.
Es cierto que la retirada de esta gran compañía, que acaparaba este mercado por el Mediterráneo, puede dar entrada a otras empresas con menor dimensión y, por tanto, con la posibilidad de hallar la rentabilidad sin necesidad de llenar enormes transatlánticos. Porque el negocio de estos viajes ni mucho menos está en decadencia.
También han comenzado los vuelos directos entre Málaga y Nueva York a través de la línea Delta Airlines. Otra sueño del que a tozuda realidad nos despierta cada año. Los esfuerzos y el dinero de la Junta y las presiones para mantener esa conexión directa permanente han fracasado. La hipótesis de partida dibuja este enlace como la puerta de entrada del turismo de Estados Unidos a Andalucía y, por tanto, a la Costa del Sol. Pero sólo hay que subir a la aeronave o preguntar a algún conocido que lo ha hecho para descubrir que la alta ocupación que registra este trayecto, descontados los pasajeros franceses del acuerdo con la aeorolínea gala, se debe a los andaluces.
Por eso cuanto acaba el verano Delta siempre llega inexorablemente el The End.