PSOE, las claves de una victoria amarga

Antonio Lao | 11 de diciembre de 2018 a las 12:06

Ninguna de las encuestas que conocimos hasta el día de las elecciones vaticinaba una victoria tan pírrica y amarga para los socialistas andaluces. A toro pasado es muy fácil argumentar los motivos de la derrota. Los analistas sesudos entretejen todo un rosario de causas, más o menos acertadas, en las que los cuarenta años de socialismo ininterrumpido en la Junta de Andalucía se sitúa a la cabeza.
A partir de aquí intuimos que las diferencias, evidentes, entre el socialismo que representa Pedro Sánchez y el que tutela Susana Díaz, han chocado como fosas tectónicas, dejando los primeros cocerse en su propia agua la indiferencia y hasta la soberbia que desde Andalucía se evidenciaba a todo lo que tuviera que ver más allá de Despeñaperros. Desconozco si de forma consciente o no, pero lo cierto es que la desmotivación de parte del electorado que apoyaba a esta fuerza política ha llevado a muchos, conozco algunos casos, a quedarse en su casa, a la espera de acontecimientos. Vamos, que el triunfo o en este caso la derrota, sólo hay que atribuírsela a una parte. Gran error.
Luego están las políticas que Pedro Sánchez ha aplicado en los meses que lleva al frente del Gobierno de la nación. El acercamiento a todo el entramado independentista, buscando su apoyo tanto en la investidura como a los presupuestos del próximo año, han significado una contrariedad evidente hacia aquellos socialdemócratas que no logran entender, aunque sea desde Andalucía y Cataluña les pille lejos, como se pone en evidencia o en riesgo la unión del Estado a cambio de prebendas.
Hay quienes creen, una causa más, que la campaña a VOX se la ha hecho el propio gobierno andaluz que todavía encabeza, aunque en funciones, Susana Díaz. La estrategia de buscar la división del voto en la derecha se ha demostrado errónea desde el minuto uno. Ver como una fuerza política de ultraderecha asciende de la nada a doce diputados ha roto todas las previsiones y puesto en el ojo del huracán a quienes los han jaleado. Pero no se rasguen las vestiduras. El caldo de cultivo de VOX lleva cociéndose a fuego lento años, en especial en aquellas poblaciones en las que la inmigración es una parte importante de su territorio. Si a eso le añadimos el panorama geopolítico que nos rodea (USA, Brasil, Italia, Hungría, Polonia, Alemania o Francia) lo sucedido en Andalucía sólo es la punta del iceberg de lo que nos espera y con lo que vamos a tener que convivir en los próximos años. No olviden, por último, como dice el escritor y columnista de este periódico, Guillermo de Jorge, que “en los últimos años, quienes gobiernan ha reducido al pueblo a un ente fácil de pastorear, ignorante y divino de influenciar. Todo estaba controlado”. Pero, por lo general, la ciudadanía es sabia, y más en el ejercicio democrático de su libertad. Una lección que a partir de ahora no deben olvidar.

No somos dignos señor Ábalos

Antonio Lao | 2 de diciembre de 2018 a las 19:43

Después de cultivar el alcalde durante meses el género epistolar con el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, a la caza de una reunión para poner negro sobre blanco las necesidades ferroviarias de la capital, el titular del Ministerio ha tenido a bien darle cita para el próximo 10 de diciembre. Podría pensarse que bien está lo que bien acaba, aunque en el caso que nos ocupan son muchos los flecos que hay por cerrar, demasiadas las cuentas pendientes y escasos los fondos a repartir. A una semana del encuentro deseado todo parece indicar que el alcalde de la capital se vendrá de Madrid con las manos vacías. No cabe duda que llenará las alforjas de promesas, de apuestas a largo plazo y de compromisos que, pasado el tiempo, se cumplirán o no.
En los últimos años he visto pasar por la cartera de Fomento, y para no alargarme mucho, a Elena Delgado, Ana Pastor e Íñigo de la Serna. Todos, sin excepción, ha visitado Almería cargados de buenas palabras, aunque desde el año 2000 en el que Rodrigo Rato avanzara la posibilidad de conectar Almería con Madrid por AVE, tan sólo hemos visto como en los tiempos de Jesús Miranda Hita, como secretario de Estado de Infraestructuras, las máquinas llegaron al tajo y hasta lograron construir algunos túneles y parte de la plataforma que algún día verá pasar los trenes.
Todo lo demás han sido palabras vacías, promesas incumplidas, anuncios de expropiaciones y poco más. Las obras llevan más de seis años paradas y no hay, ciertamente, visos que se vayan a iniciar de forma inminente.
Y no es porque el ministro José Luis Ábalos no quiera, que a buen seguro estaría encantado de venir a poner primeras piedras, visitar los trabajos e incluso inaugurar la línea. La realidad siempre es tozuda. El año 2018 está a punto de concluir. En el horizonte no se otea que vaya a haber presupuestos y sí elecciones anticipadas.
Bajo estas premisas, la realidad supera al Gobierno por todos los frentes. No se dispone de fondos, los famosos 443 millones anunciados y, lo que es más complicado, nadie conoce quienes van a gobernar el país en los próximos años.
Así que aplaudo el interés del alcalde en ser recibido por el ministro. Me consta que pondrá toda la buena voluntad que le caracteriza, pero a partir de ahí me temo que podemos esperar poco o nada. Ojalá me equivoque y no les quepan dudas que rectificaré, pero el día a día es tozudo y no hay un solo indicio que me haga ser optimista en un tiempo prudente y razonable.
Más allá de la foto y de los titulares, más o menos positivos que nos podamos encontrar, lo cierto es que el encuentro quedará para la historia como uno más de los muchos que se producen. Uno más de aquellos que pueden mostrar deseo y voluntad, pero que quedará cercenado a las primeras de cambio por una alta dosis de realismo y debilidad pecuniaria.

La industria del mármol y su futuro

Antonio Lao | 26 de noviembre de 2018 a las 11:58

Llevo asistiendo a los premios del mármol casi desde que se crearon. Este año han celebrado su XXXII edición y creo sólo haber faltado en dos ediciones. Nacidos para destacar y visualizar la proyección de una industria emergente, han tenido a lo largo de las tres últimas décadas momentos de esplendor y otros de depresión, marcados por las sucesivas y cíclicas crisis que la industria ha padecido.
En 2018 la gala ha sido de las más reivindicativas que se recuerdan. El cambio de las reglas de juego en la restauración de la sierra, toda vez que las explotaciones se hayan agotado, ha abierto una brecha entre la administración andaluza y los empresarios que es preciso resolver cuanto antes por el bien de las partes. No se puede ni se debe poner en riesgo un sector que, después de una crisis muy dura y compleja, regresa a los niveles de empleo previos a ésta. Desde la atalaya de observador en la que llevo instalado tres décadas, los galardones sirven para proyectar en el mundo una industria milenaria, a la vez que los que allí trabajan reivindican y ponen negro sobre blanco las necesidades de las que todavía carecen. Las administraciones han hecho mucho y bien por una industria que ha sido capaz de sostener la población en una comarca como la del Almanzora, a la vez que ha alcanzado cotas de internacionalización jamás soñadas, aunque el objetivo desde siempre ha sido ese. Ver en el escenario arquitectos, diseñadores o propietarios de edificios premiados de los cinco continentes es una de las mayores satisfacciones a las que pueden aspirar aquellos que han convertido el oficio de tallar la piedra en un arte prestigiado.
Los reconocimientos hace mucho que dejaron atrás los compromisos para recorrer el camino de la proyección, la senda del valor añadido a un sector que va más allá de la industria y se adentran en el diseño, en la innovación, en la calidez de las formas de los edificios e interiores y casi, si me apuran, en el mundo de la moda e interiorismo. El mármol de los Filabres, aquel que un día embelleció el Patio de los Leones de la Alhambra de Granada, para hacerse inmortal, mantiene viva la misma idea con aquellos a los que hoy les ha tocado representar a los pioneros. Los Cosentino, Cuéllar, Gutiérrez Mena, por citar sólo a algunos, son dignos herederos de una estirpe empeñada en permanecer en la posteridad con obras novedosas, con proyectos innovadores, con diseños imposibles y con empresas a la vanguardia, en las que permanece el uso de la misma piedra sacada de las entrañas de la Sierra de los Filabres, pero vista y tratada desde los ojos del futuro. Piedra noble para embellecer obras en los cinco continentes, de la mano de artesanos enamorados de su trabajo como aquellos que, cincel el mano, tallaron un día el patio del castillo de Vélez Blanco.

Ferrocarril en Almería, final en Huércal

Antonio Lao | 19 de noviembre de 2018 a las 12:10

Desde el miércoles y hasta el final de las obras del paso a nivel de El Puche, Huércal de Almería se va a convertir en la estación término del ferrocarril en la provincia. Los trenes que nos unen con Madrid, Granada y Sevilla saldrán o concluirán su viaje desde una estación olvidada desde hace años y que ahora, con un pequeño lavado de cara, va a recuperar a lo largo de un año, plazo estimado de las obras ya comenzadas, el esplendor que antaño tuvo.
La apuesta de Renfe tiene sus partidarios y detractores. Entre los primeros se encuentran aquellos que entienden, entendemos, que para la realización de los trabajos con cierta normalidad, sin contratiempos y en evitación de riesgos, el planteamiento es correcto. Es verdad, nadie lo pone en duda, que las molestias ocasionadas a los viajeros serán notables. Incluso, hasta es posible, que el número de ciudadanos que decidan tomar el tren experimente un notable descenso. Bien es cierto que desde el administrador ferroviario se ha puesto un servicio de autobuses y taxis. Pero todos conocemos que todo aquello que suponga un esfuerzo extra, se entiende como un contratiempo, a veces difícil de superar.
En el lado contrario están los que, como es el caso de la Mesa del Ferrocarril, defienden que los trenes, pese a las obras del paso a nivel, sigan concluyendo e iniciando su trayecto en la estación como lo hacen desde hace más de cien años. Consideran que desde la empresa se debía haber contemplado un bypass que, de alguna manera, sorteara las obras y evite el desplazamiento hasta Huércal de Almería. Recuerdan los defensores de esta propuesta del tren hasta la capital el caso de Granada. Allí han estado cinco años sin que los convoyes lleguen a la estación, tiempo que han tardado en acondicionar el espacio para la llegada de un AVE, que aún se desconoce cuando surcará los railes de la ciudad de la Alhambra. Sea como fuere, lo cierto es que de una u otra manera cuando se comienza una obra todos debemos entender las molestias que ocasiona. Molestias que por fortuna acaban en el ostracismo cuando terminan, la normalidad se recupera y se perciben las mejoras que los trabajos han supuesto.
Tratar de contentar a todos siempre es complicado. Cuando se toman decisiones, cuando se opta por una solución frente a la contraria, el camino a recorrer en elogios y críticas es similar. Lo importante es buscar y optar por la alternativa que ocasione menos perjuicios y, sobre todo, tratar de que los tiempos de las obras se reduzcan a la mínima expresión y no se conviertan en la tumba de aquellos que, en la búsqueda de una solución razonable y coherente, vieron como el paso del tiempo y los incumplimientos ahondan en un velatorio que comenzará con música de réquiem y puede terminar como rosario de la Aurora.

Once años al servicio de Almería

Antonio Lao | 12 de noviembre de 2018 a las 11:26

Diario de Almería cumple hoy once años desde que llegara a los quioscos. No es muy habitual que les hable de nosotros, pero la ocasión lo merece. Nuestra historia existe y está ahí gracias a todos ustedes, a todos los que en su día creyeron en este proyecto y que hoy, once años después, lo confirman como una realidad plenamente consolidada.
Y es que el paso de los años nos ha dado la razón. Llegamos para proyectar una visión local de la provincia, pero a la vez global y cosmopolita de los nuevos problemas que afectan a la sociedad. Una prueba de ello es el seguimiento, por ejemplo, que hemos hecho de la crisis catalana, de la moción de censura al Gobierno de Rajoy, de la convocatoria de elecciones andaluzas o del caso del malogrado niño Gabriel. Aquel que ha querido estar informado no ha necesitado más que su periódico: Diario de Almería.
Queríamos ser el periódico de referencia de esta tierra. Transcurridos once años podemos afirmar, orgullosos, que estamos camino de cumplir nuestro objetivo. Ocupamos un hueco notable en el mercado y contamos con la credibilidad que da el trabajo; la confianza que ofrecen los lectores y el compromiso de los que hacemos Diario de Almería y nuestra web, diariodealmeria.es cada día.
En la era de la posverdad, el oficio de contar las cosas es más necesario que nunca; vital para que estemos a la altura de los cambios que se avecinan. Por eso nunca debemos olvidar nuestra esencia: contar lo que sucede de manera rigurosa, precisa y veraz. Es lo que yo llamo periodismo imprescindible. Necesitamos un periodismo competente, que no se limite a decidir qué es de interés público con el “me gusta” o el “no me gusta”. En este oficio, el pesimismo ha tenido buena prensa. Y eso ha sido muchas veces peor que las propias derrotas. Llevamos años rendidos. Pronosticando, nosotros mismos, el final del periodismo. Muerto por Internet. Por el derrumbe del papel. Por las redes sociales. Muerto por la inteligencia artificial. Por las falsas noticias virales.
Pero este oficioes de los optimistas. De aquellos que no le tenemos miedo al futuro porque depende de nosotros. Los que creemos que ese futuro del periodismo puede ser más brillante que su pasado. La verdad, como ven, es que el camino recorrido por Diario de Almería en estos once años no ha sido fácil. Pero ahí está el fruto de una labor periodística. Hoy existen numerosas e importantes razones para mirar atrás y mostrarnos satisfechos de nuestra trayectoria. No sabemos cómo será la forma de hacerlo en el futuro, el formato o el enfoque, pero lo que sí sabemos es que en el mundo digital que nos acecha hay algo que no desaparecerá: el interés de los ciudadanos por estar informados. Y ahí seguirá Diario de Almería, fiel a los intereses de ustedes, de los lectores.

Palomares, 53 años después

Antonio Lao | 5 de noviembre de 2018 a las 12:26

CINCUENTA y tres años han pasado desde que dos aviones nortemaricanos, un B52 y un KC135 chocaran en pleno vuelo sobre el cielo de Palomares. El bombardero llevaba en sus entrañas cuatro bombas termonucleares de 1,5 megatones. Como consecuencia del accidente dos de ellas quedaron intactas, una en tierra (cerca de la desembocadura del río Almanzora) y la otra en el mar. Las otras cayeron sin paracaídas, una en un solar del pueblo, la otra en una sierra cercana. Se produjo la detonación del explosivo convencional que contenían, lo que sumado al choque violento con el suelo, hizo que ambas se rompieran en pedazos. Las tres que cayeron en tierra fueron localizadas en cuestión de horas; la que se precipitó al mar pudo ser recuperada 80 días después. Como resultado de la explosión, se formó un aerosol, una nube de finas partículas compuesta por los óxidos de elementos transuránicos que formaban parte del núcleo de las bombas, más el tritio que se vaporizó al romperse el núcleo. La nube fue dispersada por el viento y sus componentes se depositaron en una zona de 226 hectáreas de superficie que incluía monte bajo, campos de cultivo e incluso zonas urbanas. La contaminación resultante (principalmente por Plutonio-239, también Pu-240 y Americio-241) superó los 7400 Bq/m², con notables diferencias según el punto considerado, habiendo zonas con 117000 Bq/m², y hasta más de 37 millones de Bq/m² (saturaron los instrumentos de medida) cerca de los puntos de impacto. A finales de los años 1980, la contaminación residual era de 2500 a 3000 veces superior a la de las pruebas atómicas.
Pues bien, transcurrido este tiempo el incidente no ha dejado tranquilos ni un solo día a los habitantes de la barriada cuevana. Periódicamente algunos de los vecinos acuden a hacerse revisiones y de forma paralela los gobiernos de Estados Unidos y España tratan de buscar una salida a la tierra contaminada. Lo más cerca que se ha estado de lograrlo fue durante los gobiernos de Obama y Rajoy. Ambos firmaron un protocolo de intenciones que parecía resolvería, de una vez y para siempre, el problema. Transcurrido el tiempo nos hemos topado con Trump, al que poco o nada le importamos. En una respuesta del Gobierno al diputado de Cs, Diego Clemente, se deja claro que el acuerdo alcanzado por los ministros de Exteriores (Kerry y Margallo) no tiene rango de tratado, por lo que si nada lo remedia la tierra seguirá donde está, la zona vallada y los habitantes de Palomares soportando una imagen que no es la más deseable para su agricultura y sus playas. Y, lo que es peor, con escasos o ningún dato de las verdaderas consecuencias que ha tenido, tiene o tendrá para la salud la dichosa tierra, que seguirá en el pueblo y con pocas esperanzas de que un día los yankis decidan que es hora de repatriarla a su país. Triste.

Generación 3.0: el relevo en el campo

Antonio Lao | 29 de octubre de 2018 a las 13:11

EL Grupo Joly presentó en Madrid el martes la quinta edición de Agricultura & Alimentación (Generación 3.0. El relevo en el campo). Una obra que pretendemos sea como una especie de compendio del sector agrícola y alimentario de Andalucía. Por segundo año este Vademécum de la agricultura tiene carácter regional. Y quién mejor que el Grupo Joly y sus nueve periódicos en las distintas provincias de la Comunidad para liderar un proyecto que considero, puede ser, un trabajo de consulta indispensable para un sector, el agro industrial, que supone una parte fundamental en el Producto Interior Bruto (PIB) de nuestra tierra.

El escritor ruso León Tolstoy, en su obra Calendaria de la sabiduría, aseguraba allá por 1909 que “nada es más gozoso que el trabajo del agricultor que cultiva la tierra”. Con estas palabras quiero resumir lo que queremos este año con el Anuario, que dedicamos  a aquellos que son hijos, nietos y biznietos de agricultores. Aquellos que a lo largo de los últimos cien años han sido capaces no sólo de mantener sus tierras productivas, sino que han sabido aplicar las nuevas tecnologías para convertir su modo de vida en una industria generadora de empleo y riqueza. Son ellos los que tienen la capacidad de producción para ayudar a alimentar a una sociedad cada vez más numerosa, que busca una dieta equilibrada y saludable. La generación 3.0 llega preparada, con mentalidad empresarial, sabedores de que la tecnología aplicada al campo significa romper con los moldes establecidos.

Un paso al frente hacia un desarrollo agrícola moderno, aunque sin perder las señas de identidad, los secretos y los pequeños detalles de aquellos que los han precedido: padres, abuelos o bisabuelos, que plantaron la semilla de lo que hoy es, en Andalucía, un sector pujante, moderno y sostenible, capaz de alimentar a Europa. El propio ministro de Agricultura hablaba hace unos días de esta cuestión. Luis Planas considera necesario impulsar las grandes potencialidades y oportunidades de desarrollo del medio rural, y paliar las carencias que amenazan su futuro. La lucha contra el despoblamiento del medio rural se ha incorporado a la agenda política del Gobierno, que considera este problema como una cuestión de Estado.

Este desafío es necesario abordarlo de manera global, integral y transversal con el conjunto de políticas sectoriales e instrumentos disponibles. Para impulsarlo es imprescindible implementar políticas y actuaciones que aseguren unas explotaciones competitivas y rentables. La incorporación de los jóvenes debe ser un objetivo estratégico y que cuente con una dotación financiera adecuada en la nueva PAC. Se hacen necesarias, pues, medidas horizontales que conduzcan a mejorar la rentabilidad y competitividad de las explotaciones agrarias, como forma efectiva para promover la incorporación real de los jóvenes agricultores al campo.

Infinitas gracias a mi pueblo

Antonio Lao | 25 de octubre de 2018 a las 12:36

Todavía me embarga la emoción.  No hay momento más importante en la vida de un ciudadano que aquel en el cual está siendo proclamado Hijo Predilecto del pueblo en el que nació, y no casualmente, sino en el seno de una familia que tiene en él raíces seculares. En Doña María vive mi madre y mi hermana, vivió mi padre, vivieron mis abuelos, agricultores, que trabajaron la tierra hasta la extenuación y sufrieron los rigores de la guerra, con el destierro y con la cárcel. Tanto mi abuelo como mi padre fueron en realidad filósofos de la vida, y el honor que me ha hecho mi pueblo, Doña María, recae sobre mis espaldas y transciende, desde luego, a ellos; incluso sus palabras y sus historias fueron las primeras que yo pude escuchar. Y no hay momento más importante porque no hay un honor comparable al honor de ser acogido por su propio pueblo como hijo suyo predilecto, sobre todo cuando aquí han tenido hijos tan ilustres como Manuel Lao y Antonio Pérez Lao. Coincidencia en apellidos y en amistad con ambos.

Al recibir la noticia de que el Ayuntamiento de Las Tres Villas había pensado hacerme Hijo Predilecto, me asombró como me afectó la comunicación. De pronto, aparecieron todo un cúmulo de sensaciones, de vivencias guardadas en el fondo del cajón de la memoria en las que ni siquiera había reparado antes, concentradas todas ellas con una intensidad que llegaron a sorprenderme. Fue como si visualizara de nuevo toda la red afectiva y de lazos familiares que marcaron mis primeros años, mi infancia.  Allí, en Doña María pase los primeros 18 años de mi vida y, sin embargo, puedo recrear vividamente momentos muy concretos, como si éstos se hubiesen dilatado mucho en el tiempo.

Pero también es verdad que siempre vuelvo a Doña María: cualquier ocasión me parece un momento oportuno para volver a sentir mi tierra. De niño, soñaba en Doña María. Ahora, no puedo vivir en mi pueblo, pero quiero “vivir soñando –con él- como quien busca un rincón, un rincón de amor”. Y ahora, después de este homenaje que sobrepasa todas mis expectativas y méritos, seguiré soñando con mi tierra, porque en ella mis raíces sentimentales encuentran el sustrato del mejor bálsamo vital posible. Muchas gracias de todo corazón, porque parte de él seguirá prendido del tejido de este nostálgico y balsámico paisaje afectivo.  No tengo palabras para agradecer al Ayuntamiento de Las Tres Villas, a toda su Corporación Municipal que, por unanimidad, me hayan hecho el mejor regalo de mi vida y que nunca llegué a imaginar. La dádiva más hermosa de mi pueblo Doña María, en el que pasé poco tiempo, pero que ha marcado toda mi vida y en cuyo paraíso, el paraíso de mis recuerdos, acabo de entrar al ser nombrado, por vuestra generosidad, hijo predilecto. Queridos vecinos, siempre podréis contar conmigo porque “no es de bien nacidos no ser agradecido”.

Tren al Poniente y recuperar el del Almanzora

Antonio Lao | 15 de octubre de 2018 a las 12:33

Reconozco que mi capacidad de sorpresa no tiene límite. Por muchos años que uno lleve en esto, aún quedan hechos que rompen moldes y con cualquier estructura mental establecida. Brincano como caballos jerezanos alzando su figura, cabriolas incluidas, y penetrando en mi cerebro para romper la quietud que habita por lo general en su interior.
Cuando llevamos 30 años casi suplicando un AVE, envueltos en la permanente reivindicación, los parlamentarios andaluces de esta provincia, todos sin excepción, se meten en una Comisión de Fomento en la sede de la soberanía andaluza (Parlamento) y, ni cortos ni perezosos, echan toda una jornada, en un largo debate en el que todo acabó siendo aprobado por unanimidad, para solicitar un estudio que ponga negro sobre blanco en la necesidad, o no, de conectar el Poniente por tren y, ya que estaban envueltos en harina, ver la posibilidad de recuperar la línea ferroviaria cerrada en 1985, que unía Guadix con Almendricos, por la comarca del Almanzora. Y dos huevos duros, añadiría yo.
No, no me entiendan mal. No es mi intención. Muy al contrario. Alabo y casi aplaudo la ocurrencia de aquellos que buscan un minuto de gloria de vez en cuando. Ahora bien, la propuesta y el planteamiento no va más allá de un mera intención, de un desahogo mañanero porque en algo hay que ocupar el tiempo. Insisto, no lo vean como una dura crítica al planteamiento, que no. Todo es posible cuando se dispone de voluntad y, fundamentalmente, de fondos. Por tanto, todo va a quedar en agua de borrajas, en un azucarillo diluido en un café, en un ejercicio de voluntarismo político facilón, pero alejado de la realidad y de los problemas de los ciudadanos. Porque ya me dirán ustedes el recorrido que tiene la propuesta cuando las obras de la autovía del Almanzora llevan tres años paradas y a la espera de obras por falta de dinero o los trabajos del AVE con Murcia un día si otro también, nos anuncian deseo y voluntad política, pero siguen ahí durmiendo el sueño de los justos desde hace seis años. Bajo este panorama, poco halagüeño, va a llegar el ejecutivo andaluz, va a oír el planteamiento de los parlamentarios de Almería, lo va a dejar todo y se va a poner a construir una línea de tren hacia el Poniente, hasta El Ejido o Adra y vamos a recuperar el viejo del Almanzora, cerrado por deficitario, por poco usado y que no fuimos capaces de defender ni de mejorar cuando estaba en servicio. Insisto. No me lo tomen como una crítica, que no lo es. Se trata de bajar del guindo a aquellos que hemos elegido en las urnas y que a veces tienen ocurrencias que más bien parecen un chiste de los de Eugenio, que eran buenos aunque se vendían en viejas cassettes en gasolineras, pero no dejaban por ello de ser eso, ocurrencias para lograr una sonrisa.

El AVE con Murcia y la inversión millonaria

Antonio Lao | 8 de octubre de 2018 a las 12:44

EL ministro de Fomento, José Luis Ábalos aún no ha tenido tiempo, motivos de agenda aduce, de venir a Almería. Si ha estado en Córdoba, en Granada, en Murcia y la semana pasada en Barcelona, donde salió casi a hombros cuando les contaba al movimiento reivindicativo “Quiero Corredor” los planes de su departamento para esta magna y necesaria obra. El presidente de la Cámara de Comercio de Almería, por ejemplo, se mostraba más que satisfecho con las promesas de Ábalos para el AVE de esta tierra, que alguna vez, desconocemos cuando, nos debe unir con Murcia y Madrid. Y no era para menos, Fomento acababa de anunciar la licitación de tres tramos de la obra, con una inversión cercana a los 444 millones de euros y, al parecer, se mantienen los plazos dados por su antecesor en el cargo de finalización de los trabajos: 2023.
Todos contentos y a otra cosa. Sin embargo, son muchos los flecos y dudas, bajo mi punto de vista, que aún quedan por resolver. Y no es que a estas alturas ya necesite ver las máquinas en el tajo para creer., que sí. Es que veo difícil, por no decir casi imposible, que el ejecutivo que preside Pedro Sánchez sea capaz de sacar adelante los presupuestos del Estado para 2019, primera condición para que, negro sobre blanco, figuren partidas para la larga y reivindicada infraestructura.
No se trata, como en los últimos seis años ha sucedido, de vivir de declaraciones, más o menos efectistas, y esperar a que escampe o culpar al vecino del incumplimiento de la promesa. Son tantas y variadas las justificaciones que los gobiernos del PP y ahora del PSOE nos están dando que, insisto, necesito ver las máquinas iniciando las obras para certificar las dudas razonables que en este tiempo me invaden y que no quieren desaparecer.
Puedo comprender la necesidad que tenemos los humanos de no perder la esperanza, de ahuyentar las dudas, de caminar en la senda de la botella medio llena, pero mi optimismo pasa por palpar la realidad, por visitar las obras y comprobar como las excavadoras, los orugas, los arquitectos, las vigas y los raíles llegan y comienzan a dar forma a las vías, para cambiar de opinión. Y eso, hoy por hoy, no ha sucedido y me temo que no tiene visos de suceder en los próximos meses.
Ya pasó el tiempo de los juegos malabares, del equilibrismo practicado por unos y por otros en el alambre destensado y en la práctica de la fe como ejercicio de verdad suprema, o verdad de Gobierno, cuando una y otra vez, y han pasado más de veinte años, no hemos visto más realidad que la que en su día practicó el añorado secretario de Estado Jesús Mirada Hita. Única ocasión en la que los hechos superaron a las palabras, en los que no hubo ni trampa ni cartón, ni intentos vanos y baldíos por vender duros a cuatro pesetas, puro ejercicio de trileros.