#Déficit Polihídrico

Antonio Lao | 17 de julio de 2017 a las 12:31

Agradezco, como creo que lo harán cientos de miles de almerienses, la implicación de la Cámara de Comercio y de los empresarios, agrupados en ASEMPAL, el “salto al ruedo” que el martes tuvieron con el problema del agua. Los presidentes de ambos organismos, Diego Martínez Cano y José Cano, tuvieron el valor -sigo con la terminología taurina- de coger al morlaco por los cuernos y tratar de torear en una plaza compleja, en la que el triunfo se me antoja caro y difícil. Incluso, es posible que sufran alguna voltereta y hasta reciban heridas por asta de toro.
Pero la faena, si finalmente se culmina, merece la pena, porque los beneficiados serán los miles y miles de almerienses, agricultores y empresarios de la tierra y ciudadanos en general, que esperan desde hace muchos años soluciones al déficit hídrico, que de forma secular afecta a nuestros campos.
La tarea no es fácil. El paso que ambos protagonistas daban esta semana es sólo, esperemos, el primero de muchos que llegarán en los próximos meses. No se trata de convocar a los medios, secuenciar el problema y dibujar la situación. Hecho el análisis, planteada la premisa, que todos en mayor o en menor medida conocemos, hay que avanzar en la senda de la presión, en la senda de la búsqueda de soluciones para tratar de alcanzar un déficit cero, que ahora está en 191 hectómetros cúbicos por año.
El problema existe, es real y está ahí. Aún así es preciso aclarar que en las cuatro últimas décadas, especialmente en los últimos 20 años, los pasos dados en el buen camino han sido muchos. Aquí se logró que llegase agua del Tajo-Segura, muy poca para la que necesitamos; aquí se hizo el trasvase del Negratín al Almanzora; la desaladora de Carboneras es una realidad; también la del Poniente y la de la capital. Entre todos son capaces de aportar a esta provincia casi 180 hectómetros cúbicos, que es una cantidad ciertamente importante y a tener en cuenta.
Pero es verdad que en la misma medida que llegaban aportaciones crecía el consumo agrícola y el humano, con lo que seguimos arrastrando un déficit considerable, complejo de abordar si no somos capaces de concluir las obras iniciadas. Y estas pasan por culminar la desaladora del Levante, enterrada en barro hace unos años tras una riada. Tampoco se ha hecho mucho con los aportes de aguas residuales depuradas y, claro está, dejando olvidado el famoso trasvase del Ebro, que es posible que fuera una quimera, pero que fue capaz de ilusionar a esta tierra. Trabajo, como ven, no falta. Y es ahí donde parece que se ha mojado la Cámara de Comercio y Asempal. Debemos darles las gracias, pero en la misma medida exigirles que no se queden en una convocatoria a los medios de comunicación. Les animo a proyectar acciones concretas, que nos devuelvan la esperanza y acaben con la sed.

Todo no vale

Antonio Lao | 10 de julio de 2017 a las 11:54

Cuando el populismo invade cualquier rincón, los riesgos de trivializar la política y transformarla en algo banal son tan elevados, que la erosión del sistema amenaza con convertir en meseta la montaña más alta. La introducción me sirve para alertar del constante uso torticero que se hace de la propaganda partidista para tratar de desgastar al contrario, sin importar lo más mínimo el daño colateral que se genera a la forma de gobierno que nos hemos dado y que, con errores, funciona con normalidad.
En las últimas semanas se han dado situaciones para lamentar, que me provocan una enorme tristeza, si no fuera porque estamos jugando con “las cosas de comer”. Me explico. No logro, por más que trato de ponerme en situación, entender los motivos que llevan a un partido político, me da igual su color, a poner en entredicho la labor de los profesionales cuando se ha gestionado con criterio y responsabilidad. El último caso lo hemos vivido con el incendio del Parque Natural de Cabo de Gata. Les faltó tiempo a algunos para poner en duda el trabajo del Infoca y para denunciar “los chambaos” que dan sombra a los bomberos de montaña en su vigilancia. ¿Qué habría que darles? Un chalet adosado con vistas a Sierra Nevada, un ático con paisajes marítimos de fondo. El compromiso de los agoreros brilla por su ausencia, en la creencia de que cuanto peor, mejor para ellos. Una irresponsabilidad.
En el caso sanitario ocurre tres cuartos de lo mismo. Cada año, cuando llega el verano, se pone el grito en el cielo por el cierre de camas, la ausencia de profesionales, el maltrato a los pacientes. En el caso de los sindicatos lo entiendo. Están en su papel de defender puestos de trabajo y los contratos de muchos trabajadores. No lo concibo, en cambio, cuando es la oposición la que pone en entredicho, en tela de juicio, la labor que se hace. Porque no se trata de desgastar a aquellos que gobiernan, que es comprensible, sino de poner en duda a uno de los mejores sistemas sanitarios del país, sembrando la inquietud entre los ciudadanos. Y eso es grave y no admisible.
El último de los casos tiene carácter municipal. Y es el intento del portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de poner en duda la colaboración que mantiene con el actual equipo de gobierno del Ayuntamiento porque el Plan de Playas ha tenido dos semanas de retraso. El señor Cazorla insiste en que no hay de por medio rencillas personales o viejas cuentas pendientes de la campaña electoral, pero escuchando a unos y a otros y viendo como se desarrolla la obra teatral y sus actos, la realidad acaba imponiéndose a la ficción y cada uno queda retratado para la posteridad. El tiempo da y quita razones y al final de legislatura, esperemos estar allí todos, verán como los ciudadanos dejan a cada uno en su lugar.

El “Pingurucho” y su traslado

Antonio Lao | 3 de julio de 2017 a las 18:40

Cuando las obras de rehabilitación del Consistorio avanzan a un ritmo razonable y con la certeza de tener una Plaza Vieja remozada a la vista, vuelve como el Guadiana el traslado del monumento de “Los Coloraos” o “Pingurucho” de su actual ubicación a otra aún por definir.
Lo que no debe ir más allá de una decisión plenaria, a tomar con el máximo consenso posible y con el justo ruido, se ha convertido en un “guirigay”, que amenaza con ser el culebrón del verano, más allá y con más trascendencia del que cada estío monta el presidente del Real Madrid con su fichaje galáctico.
Trasladarlo o no tiene una serie de connotaciones a tener en cuenta porque van a definir el futuro, tanto de la Plaza de la Constitución, como el del lugar a donde se traslade, si finalmente esto sucede. Parto de la premisa de que el original monumento estaba en la Puerta de Purchena, por lo que moverlo o no de la Plaza del Consistorio no debe suponer más trauma que el de la búsqueda de un lugar digno para la celebración anual del homenaje, que se viene sucediendo desde finales de la década de los ochenta.
El casco histórico de la ciudad necesita de forma urgente impulsos para trabajar en su recuperación. El primero vendrá de la finalización de las obras del Ayuntamiento, el segundo de un gran remozado de la plaza y el tercero de la mejora y rehabilitación de los edificios del entorno. Debemos buscar que este espacio recupere el pulso del casco histórico de la ciudad, como lo son otros similares en capitales tan emblemáticas como Salamanca, Burgos, Valladolid, Segovia y otras más cercanas como Granada o Córdoba. La Plaza tiene que ser el marco para la celebración de actividades culturales y para ello si es diáfano, mucho mejor. Sobre esta premisa me atrevo a apostar por el cambio de ubicación del “Pingurucho”, y que se busque un lugar emblemático, como puede ser el final de la Rambla, a la altura de la Plaza de las Velas. Un marco perfecto para su visualización por aquellos que entran o salen de la ciudad por el puerto, además de prestigiar y valorar en su justo término el simbolismo de la gesta de aquellos que un día llegaron de Gibraltar, para tratar de sublevar la ciudad en contra del absolutismo de Fernando VII. De forma paralela sugeriría que se trabaje en conocer si los restos hallados en el cementerio corresponden a aquellos valientes, liderados por el coronel Pablo Iglesias. En caso afirmativo, apuesto por su traslado al monumento para cerrar de forma definitiva un círculo que lleva muchos años abierto y que ya es hora de que se cierre con el máximo consenso. Como símbolo de la libertad, el Pingurucho forma parte de la ciudad, de las gentes que en ella habitan y que creen todavía en la utopía como fórmula para cambiar las cosas, frente a la adversidad.

Agua para abastecimiento

Antonio Lao | 26 de junio de 2017 a las 18:41

Parto de una premisa constatable: La Diputación Provincial es la administración que ha tratado de calmar la sed de muchos de los pueblos de la provincia, que aún hoy tienen importantes carencias de abastecimiento. Dicho esto, y reconociendo el trabajo de la institución en aquellas localidades en las que las cubas en la plaza han formado parte del paisaje hasta hace bien poco, lo cierto es que todavía el camino por recorrer en materia de agua es largo y, con seguridad, plagado de obstáculos.
Con la llegada del verano, la tradicional escasez se convierte en necesidad, no sólo porque el nivel freático de los acuíferos baja con la carencia de lluvias y el calor, sino porque la extracción de líquido elemento aumenta de forma exponencial con el crecimiento de la población estacional ligada al verano.
Si bien es cierto que vivimos en una de las provincias más áridas del país, sino la que más, no lo es menos que las cosas no siempre se hacen con la celeridad, la coherencia y el interés que cabría esperar de aquellos que nos gobiernan. Y les pongo un ejemplo. Hace más de una década que se presentaba a bombo y platillo la conexión de la desaladora de Carboneras con la comarca de Tabernas. Una tubería que vendría a romper de forma definitiva con una sed milenaria, que se sufre en una de las zonas más hermosas de la provincia, pero también la más agreste. Aquello que fue visto entonces como el “maná” salvador, transcurrido el tiempo se ha alejado en la misma medida que los acuíferos se esquilman por las miles de hectáreas de olivos plantadas y permitidas, aunque se conocía el estrés hídrico de la zona.
No es extraño por tanto, que el alcalde de Tabernas lamente la imposibilidad que tiene este año de llenar la piscina de la localidad con el agua del pueblo y hasta ha tenido que acudir a un particular que, colaborador con su pueblo, le ha brindado las cubas necesarias para que con la llegada del estío y las vacaciones todos aquellos que quieran puedan disfrutar del baño, en unas instalaciones modélicas y ubicadas en un paraje tan desértico como hermoso.
Es verdad que el verano agranda e incrementa la necesidad. Pero no es menos cierto que algo debe haber fallado, -aunque insisto desde la administración provincial se ha hecho mucho en las últimas dos décadas-, cuando aún hoy hay barriadas que deben ser abastecidas por cubas, se mira un litro de agua como si fuera el último que quedase en la faz de la tierra y se suplica un sondeo como la salvación definitiva de la escasez que, lamentablemente siempre vuelve en verano.
Sigo echando en falta un plan serio, con previsiones ciertas, en el que se busquen recursos, se cuiden los pocos que tenemos y, sobre todo, eviten la imagen de una España en blanco y negro, cuando casi se han cumplido dos décadas del siglo XXI.

La fuerza del cooperativismo en la provincia

Antonio Lao | 21 de junio de 2017 a las 12:38

Cinco cooperativas de Almería, Unica Group, Vicasol, Murgiverde, Indasol y Nature Choice, figuran entre las veinte primeras del país en exportación. Los datos, recogidos en el informe “El Cooperativismo Agroalimentario Español” del Ministerio de Agricultura revela la fortaleza de una forma de trabajar que ha calado hondo en esta provincia, un modo de hacer pionero y destacado, que se ha convertido en uno de los pilares sobre los que se asienta el sector de las hortalizas de esta tierra.
Almería, pionera en tantas cosas, supo desde el principio de los invernaderos que el futuro estaba fuera de España. Aquellos que avanzaron en el desarrollo de una forma de hacer innovadora y creativa sabían que no sólo la supervivencia estaba fuera, sino que el crecimiento futuro se basaba en la capacidad de abrir nuevos mercados, de mantenerlos y consolidarlos como consumidores de un producto perecedero, pero muy demandado.
Aquellos precursores que dieron los primeros pasos en el enarenado y en el invernado eran conscientes de su debilidad frente a los grandes grupos de comercialización si trabajaban en solitario -la experiencia de la uva de Ohanes estaba reciente-, por lo que avanzaron y consolidaron el cooperativismo como instrumento de defensa de sus intereses, de defensa de sus productos y de parapeto capaz de sostener un mercado amplio, enorme y por descubrir, de millones de consumidores, a los que se abrió esta tierra, en la misma medida que la superficie invernada crecía por la demanda.
No es extraño por tanto que hoy, transcurridos más de 50 años, aquellas formas primitivas de unión, se hayan consolidado en grandes empresas de primer o de segundo grado, capaces de defender y poner en el mercado millones y millones de kilos de hortalizas y recibir por ello, en la mayoría de las ocasiones, precios razonables para sus socios, el primer eslabón de la cadena, que es el agricultor. Con porcentajes que van del 60% al 80% vendido al exterior, el trabajo por hacer es hoy aún ímprobo. Aquellos que piensen que todo está hecho se equivocan. En un mundo global, con competidores duros y preparados, la clave sigue siendo la calidad de aquello que producimos, la apertura de canales de comercialización y, como no, la posibilidad de insistir en la consolidación de la unión con estructuras aún más fuertes.
Es el reto del futuro y será la base sobre la que se trabaje en los próximos años. Aquellos que nos compran son gigantes de la industria a los que debemos hacer frente con empresas y cooperativas fuertes, capaces de hablar de tú a tú, sin complejos. El camino, claro está, está plagado de retos a superar, pero no me cabe la menor duda de que serán sorteados y superados con nota, como lo hemos hecho hasta el día de hoy.

El Corredor Mediterráneo y la posverdad

Antonio Lao | 12 de junio de 2017 a las 19:06

Al director del Washington Post, Martín Baron, le preocupa el crédito que da hoy el público a las falsedades, que se niega a llamar posverdades (o verdades alternativas, como dicen los portavoces de Donald Trump). “Mucha gente no tiene interés en los hechos sino solo en la información, entre comillas, que está de acuerdo con su opinión preexistente. Es una amenaza a la sociedad civil y a la democracia. Es importante que estemos de acuerdo con los hechos, aunque estemos en desacuerdo con su análisis o las soluciones. ¿Cómo va a funcionar una democracia donde no se aceptan los hechos básicos?”. Estoy tan de acuerdo con el director del Post que no he podido resistir la tentación de que mi artículo de esta semana comience con parte de su intervención, -una lección magistral diría yo-, que ofrecía en su última visita a España. Y es que los riesgos de instalarnos en la falsedad, y de tanto repetirla perder la conciencia y creer que se está en lo cierto son tan enormes en el periodismo y sociedad actual, que me producen rubor, inquietud y cierto miedo.
Viene esto a cuento de la última reunión celebrada en Valencia de responsables del Ministerio de Fomento con algunos de los representantes de las comunidades autónomas por las que transcurre el Corredor Mediterráneo. Una reunión importante, sin duda, pero que no deja de ser una más dentro de la política del Ministerio, instaurada por su actual titular, de contar lo que sucede y los pasos que se van dando en la obra. Pues bien. Aquí, en esta tierra nuestra, algunos han querido coger el rábano por las hojas y han intentado hacer de lo secundario lo importante. Aquí se ha buscado hacer noticia la no asistencia del consejero de Fomento de la Junta a la reunión -si hubo un director general-, cuando lo realmente importante son los pasos que el Ministerio de Fomento, el Gobierno de España, está dando para que la gran obra que puede vertebrar el Mediterráneo y este país a lo largo de este siglo, avance con la celeridad que merecemos, sin olvidar que, por ejemplo, en esta provincia los trabajos llevan parados cinco años.
Aquí, de forma torticera y no sin intención, se ha querido culpar a la Junta de Andalucía del desaguisado, cuando ellos no tienen una sola responsabilidad en la ejecución de las obras. Con seguridad los incumplimientos de la administración autónoma con esta tierra son muchos y serios, pero no lo es el retraso del Corredor Mediterráneo. Una falsedad que a base de repetirla se quiere hacer real o la posverdad en la que el presidente norteamericano ha instalado en la Casa Blanca y en su mandato y que unos y otros, los interesados y sus acólitos, tratan de distribuir cual reguero de pólvora para distraer la atención de lo trascendental. ¿Y qué es lo importante aquí? El retraso de las obras del AVE en la provincia, paradas un lustro y que su ejecución corresponde al Gobierno de la Nación. Sin más.

Chiringuitos

Antonio Lao | 5 de junio de 2017 a las 12:35

Acercarse a un chiringuito a tomar una cerveza fresca con una buena tapa de sardinas en bañador, con arena incrustada hasta en el carnet de identidad, en chanclas o descalzo, abrasándote las plantas de los pies, es un clásico sin el que no se entendería un buen día de playa. La importancia de este tipo de establecimientos en la costa española, y en la almeriense en particular, los hace imprescindibles y casi habría que declararlos Bien te Interés Cultural (BICI), algo así como se hizo con Toro de Osborne en las carreteras españolas. Queda clara pues la defensa numantina que hago de los chiringuitos, como elementos imprescindibles de la costa española en verano. Incluso voy un paso más allá. Forman parte de nuestra cultura turístico-gastronómico-veraniega. Si no existieran habría que inventarlos.
Pero dicho esto, vayamos a la polémica generada en la última semana en la capital y Mojácar en torno a estos “templos gastronómicos” del pueblo playero. En Almería, el responsable de Urbanismo, Miguel Ángel Castellón, ha llegado a afirmar que para seguir como están, mejor ninguno. Y no le falta razón. La mayor parte de ellos son una especie de aglomerado de maderas, chapas y otros artilugios, que han ido copando y ocupando la playa a su antojo, con la aquiescencia municipal en la mayoría de las ocasiones, respetando poco o nada los intereses de los bañistas y, ni mucho menos, las servidumbres y zonas de paso. Así pues, parece más que comprensible la necesidad de adaptarlos a los nuevos tiempos, a las nuevas circunstancias, que nos hablan de mejorar, no ya los productos que degustamos en ellos, que también, sino las instalaciones, en la búsqueda de una armonía en diseño acorde con la imagen de modernidad y prosperidad que queremos ofrecer a los que nos visitan.
En Mojácar la situación no es mejor. Con criterio, coherencia y a la búsqueda de armonizar la costa y concluir el Paseo Marítimo, la alcaldesa de la localidad, Rosa María Cano, ha presentado la obra que ejecutará en breve y que viene a dignificar uno de los pueblos más hermosos de la costa española y, -pueden visitarlo-, uno de los más cuidados.
Pues bien. En ese intento se ha encontrado con el rechazo de los propietarios – la mayor parte de ellos ocupan lugares y zonas que no le corresponden- y también la de algunos grupos de la oposición que han visto en la polémica un suculento manjar de votos para próximas citas electorales. No les importa nada que no se respete la Ley de Costas. Les importa un pimiento la imagen turística del municipio y, lo que es peor, se alían con aquellos que tratan de incumplir la ley. No es el camino. La solución pasa por acuerdos entre las partes, ya negociando, y por el escrupuloso respeto a lo que marca la legalidad vigente. Otra cosa es sólo populismo.

Después de las primarias

Antonio Lao | 29 de mayo de 2017 a las 11:07

LA victoria clara de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE tendrá consecuencias. Las llamadas a la unidad de todos y al trabajo en común para alcanzar la presidencia del Gobierno no es más que un deseo de buena voluntad. El camino para lograrlo tendrá múltiples vericuetos, grandes atajos y profundos cambios. El corolario alcanzará en cascada a las distintas federaciones regionales. Pero donde realmente se librará la batalla será en los congresos provinciales, con un horizonte que no irá más allá del verano y en el que unos y otros plantarán sus reales, tratando de sumar para sus líderes. Todos conocen que el camino llega serpenteado de espinas, hasta el punto de que recibirán a los “compañeros” con el cuchillo en la boca. En Almería los resultados de las primarias dejaron una victoria clara para los partidarios de Susana Díaz. Sin embargo, en la capital el triunfo fue para Pedro Sánchez. Su hombre en Almería, el exalcalde de Almería, Fernando Martínez, ha trabajado muy duro en las últimas semanas, en favor de la candidatura pedrista, hasta el punto de que el ya secretario general ha hablado de él en algunos de los mítines de campaña.
Parece, sólo parece, que los tiempos de “calma chicha” que se han vivido hasta ahora, sólo con escarceos leves y de forma interna, han pasado a mejor vida. Comienza una nueva etapa en la que la lucha por el poder provincial en el PSOE de Almería va a ser un hecho y se va a vivir en toda su intensidad en los próximos meses. Una batalla fratricida que volverá a minar a las maltrechas, divididas y heridas huestes del socialismo, troceado, cuarto y mitad, por la batalla nacional de las primarias.
Aquí la la disputa se planteará entre el actual secretario general, José Luis Sánchez Teruel, hombre de Susana en Almería y sus partidarios, frente al pedrismo reforzado y animado que ha encabezado el exalcalde de Almería, Fernando Martínez y el que fuera secretario general, José Antonio (Nono) Amate. Firmado entre las partes un armisticio hace un lustro con la salida de Martín Soler, las llagas vuelven a manar de nuevo, en un partido acostumbrado a las luchas internas siempre, pero que sangra en exceso cuando las discrepancias salen a la calle y forman parte del café de la mañana en el bar o del “chismorreo” vespertino de la merienda.
Flaco favor el que unos y otros van a hacer a un partido centenario, que ha gobernado este país durante 21 años y que ahora trata de sobrevivir a la peor crisis de su historia. Los beneficiados serán, claro está, el PP en el gobierno de la mayoría de las administraciones provinciales (Diputación y casi sesenta ayuntamientos, los más importantes) y las nuevas fuerzas políticas (Podemos y Ciudadanos), ávidos por recoger los restos de un barco que un día fue un trasatlántico y que hoy trata de seguir a flote como barquilla.

Todo se fía a la ‘Marca’

Antonio Lao | 22 de mayo de 2017 a las 11:53

La ‘marca’ es la base sobre la que se asienta el crecimiento de un producto. Si tienes ‘marca’ has ganado gran parte del futuro. Todo se fía a la ‘marca’, como argumento invencible contra cualquier vaivén, tumulto o cambio imprevisto. Sin ‘marca’ todo avance en el desarrollo de una empresa se verá limitado y coartado por la fuerza de aquellos que son más conocidos que tú.
Este quizá sea el resumen, siempre libre, de la conferencia que el presidente de la Confederación Española de Alojamientos Turísticos y Establecimiento Hoteleros de España (CEHAT), Juan Molas, ofrecía en el Foro de Diario de Almería la pasada semana.
Interesante, distentida, argumentada y con criterio. Casi una hora de datos, anécdotas, ejemplos, trufados con premisas incuestionables, para llegar a conclusiones más que evidentes. Siendo consciente del potencial turístico que la provincia de Almería tiene, -innegable por otra parte-, el señor Molas puso sobre la mesa el recorrido de otros destinos, caso de Barcelona o en menor medida Málaga, y como en los últimos años han alcanzado ese nivel de excelencia y conocimiento internacional, como referentes en un mundo global, en lo que lo individual, lo diferente, triunfa necesariamente, si se logran conjugar una serie de parámetros y que confluyan en el vértice de la pirámide.
Ejemplos obvios como el de la coca-cola, capaz de acaparar el mercado hasta el punto que nadie, o casi nadie, pide un refresco de cola, sino la marca en concreto, sirvieron para concienciarnos de la necesidad de trabajar en un proyecto y hacerlo el mejor, el de referencia. Aquí no vale ser segundo, pues siempre serás un perdedor.
Juan Molas no es el primero que postula el valor de la ‘marca’ y su importancia. Ya hace unos años, el ahora presidente de las Cámaras de España y fundador de Freixenet, José Luis Bonet, en el mismo Foro de Diario de Almería, argumentaba en la misma línea. Y es que esta tierra, que hoy vive momentos de bonanza agrícola y turístico, será capaz de mantenerse y crecer en aquello que sabe hacer bien, siempre que lo que producimos se venda bajo el paraguas de una misma marca, amén de contar con la calidad, la selección y el buen hacer del que siempre hemos hecho gala.
Pero la calidad no será suficiente. Porque a ese nivel siempre habrá otro u otros que te pongan en el mercado lo mismo que tu haces, pero mejorado. Por tanto, cuando un comprador de unas vacaciones se acerque al mundo global de internet o a una agencia a adquirir un viaje debe tener claro y grabado a sangre y fuego qué ofrece un destino como el nuestro, qué va a encontrar en nuestras playas o la calidad de los hoteles. Igual ocurre con la agricultura. Huerta y despensa de Europa sí, pero avalados por la imagen, invencible siempre, de una marca de garantía.

#Quiero Corredor

Antonio Lao | 15 de mayo de 2017 a las 12:19

Incontestable. La cita del miércoles pasado en Almería al Encuentro del Corredor Mediterráneo, convocada por los empresarios del Levante español, y que daba continuidad a las celebradas en Tarragona y Murcia, ha supuesto un paso más -no debe ser el último- en la presión que distintos colectivos y sectores sociales, especialmente del mundo de la empresa, ejercen desde hace años, -más acentuada en los últimos meses-, para “convencer” al Gobierno de la necesidad de acometer las obras de un proyecto de comunicaciones básico para del desarrollo de la costa levantina, desde Gerona hasta Huelva. Más de 800 personas, encabezadas por el presidente de Mercadona, Juan Roig o por los empresarios más representativos de la provincia de Almería, demandaron compromisos serios de la administración estatal, en pro de una obra que se nos antoja clave para el presente y devenir futuro de la costa mediterránea.
La tarea es ingente. No va a ser un camino de rosas. Muy al contrario. El trabajo que hay por delante se me antoja de tal magnitud que sólo con constancia, argumentos y presión, se puede lograr un objetivo, no sólo necesario y justificado, sino esencial para entender el desarrollo de una costa preñada de un gran presente y un notable futuro. No se trata de priorizar unas infraestructuras sobre otras, aún siendo consciente de la importancia que tiene e Corredor del Centro para el futuro del país y las tierras por las que atraviesa. Pero dicho esto, es que la demanda mediterránea alcanza unos parámetros y límites muy por encima de cualquier argumento en contra. La costa levantina concentra una gran parte de la población de este país y ha alcanzado grados de desarrollo impensables, incluso sin el apoyo del Estado. ¿Se imaginan dónde estaríamos si nuestra realidad y nuestra proyección hubiera sido entendida y apoyada desde la administración central?
Pues ha llegado el momento de plantarse. De decir basta al olvido secular, al síndrome de esquina o al punto término, para abrazar la idea que el Levante es capaz de crear empleo, sumar Producto Interior Bruto (PIB) y tirar del carro de la economía, incluso en los momentos de crisis. Sentadas las bases y aunadas las voluntades, parece evidente que no es suficiente con los permanentes anuncios de los miembros del Gobierno, ministros y el propio presidente. Las palabras que el viento aleja nada más pronunciarse han de venir acompañadas de hechos tangibles, que en el caso de Almería y su provincia no bastan con la visita del responsable de Fomento, sino con euros contantes y sonantes en los Presupuestos Generales del Estado. Pero mucho me temo que entre catalanes, vascos y canarios y el peaje para aprobar las cuentas, vamos seguir más tiempo del necesario viendo pasar el tren, nunca mejor dicho, pero por otras vías que no son las nuestras.