Presupuestos

Antonio Lao | 16 de abril de 2018 a las 12:17

En este mundo traidor nada es verdad ni mentira, todo es del color del cristal con el que se mira”. La frase de Ramón de Campoamor muestra el escepticismo en grado superlativo. Escepticismo aplicable cada año a los Presupuestos Generales del Estado, este no podía ser menos, y a unas cuentas para la provincia que a mi juicio son bastante exiguas; escasas, según los empresarios; insuficientes para la oposición y realistas y creíbles para el partido que sustenta el gobierno. Sea como fuere, y al margen de opiniones más o menos interesadas, si nos centramos en el análisis no hay que ser muy sesudo para comprobar lo “esmirriadas” de unas cifras que, con el paso de los años, han dejado casi en mera anécdota el acto de presentación de los PGE en cada capital. Tienen razón aquellos que gobiernan cuando hablan de credibilidad y ajustadas. Para qué van a hincharlas si luego no se cumplen ni ejecutan los proyectos. Pues es verdad. Sin embargo no se trata tanto de cumplir con lo escrito en el papel y certificado por las mayorías parlamentarias, sino de conocer el compromiso de aquellos que ejercen el poder con esta tierra, olvidada en exceso y volcada con el conjunto del país en crecimiento, inversiones, empleo y compromiso. No todos pueden decir lo mismo y son más agraciados que nosotros, siempre a la espera de la pedrea, que agradecemos como si del Gordo se tratase.
La opinión de quienes ejercen el poder o de la oposición pierde valor y credibilidad desde el momento que no son capaces de abstraerse de sus compromisos políticos para hacer un ejercicio de realidad. Del argumentario fácil y burlón no hay quien los saque. Cualquier intento de buscar coherencia se estrella en la ideología, que prima por encima de cualquier otra consideración.
Sí echo en falta algo más de contudencia en los empresarios. Se han limitado a mandar una nota a los medios en la que califican de escasas las cuentas del Estado de 2018 para Almería. Esta es la de cal. Luego hacen una pirueta digna de la mejor gimnasta circense, al expresar su más absoluta confianza y credulidad con las promesas para el año 2019 y las obras del AVE con Murcia. Una confianza que el propio ministro se ha ganado con sus visitas a Almería y a la que me sumo, aunque siempre con reservas. Habrá que verlo.
La tibieza a la que hacía referencia queda patente en la mínima crítica a la falta de inversiones en agua, verdadero caballo de batalla y clave para el futuro de esta tierra. Ahí está la desaladora de Villaricos anegada, viendo pasar el tiempo durante años. Cuando se decida recuperar el proyecto valdrá más que hacerla de nuevo. Pueden pensar que es lo que tenemos y hasta la próxima. Pero me rebelo ante tanto conformismo, ante tanta declaración vana. Es hora de exigir, que para eso pagamos y mucho. ¿No creen?

Les monsieurs franceces y la agricultura

Antonio Lao | 9 de abril de 2018 a las 12:20

No es nada nuevo, aunque si recurrente. La agricultura de la provincia de Almería, en especial los cultivos bajo plástico, han estado en los últimos 40 años siempre presentes en la cabeza de nuestros vecinos los franceses, y casi nunca para bueno. Todos los males de su campo, los reales y los inventados, van ligados a la fuerza, la pujanza y al buen hacer de esta tierra.
La incapacidad manifiesta de producir con rentabilidad, su permanente dependencia de las ayudas europeas y el chauvinismo habitual galo, nos ha puesto más veces de las deseadas en su punto de mira. Antológicas fueron las guerras comerciales, dolorosos los camiones de frutas y hortalizas bloqueados en las carreteras de este país y lamentables los escarceos y batallas campales entre trabajadores de la tierra de nuestros vecinos y camioneros españoles. Ninguna de ellas ha dejado buenos recuerdos y tampoco soluciones para un sector, como el francés, que no puede competir con el almeriense en calidad, temporada y precios. Es una batalla perdida, que no están dispuestos a aceptar.
No contentos con esparcir nuestras producciones por el asfalto, algunos iluminados han puesto el foco en aquello que más nos duele: la limpieza de nuestros cultivos y la calidad sanitaria de aquello que producimos y comemos. Hechos aislados y puntuales tratan, a costa de lo que sea, de convertirlos en generalidad, conscientes del daño que pueden producir. No lo van a conseguir. La práctica totalidad de la producción es de calidad, cumple con la trazabilidad sanitaria y supone la envidia de todos aquellos que nos ven como la huerta de Europa, aunque nunca podrán alcanzarnos.
Este planteamiento llega después de que cuatro “chalaos” propongan sólo comer tomate en temporada, en un intento vano y baldío de ir contra una agricultura limpia como es la de esta tierra. Juegan con las redes sociales y con aquellos incautos que se les enciende la bombilla con todo lo que ven y se dejan atrapar como los mosquitos por la luz.
En todo este cúmulo de despropósitos echo de menos un verdadero papel activo de aquellos que se dicen defensores del sector y que sobre el papel parece que lo son. Hortiespaña realiza un trabajo digno, aseado, con excesiva pulcritud diría yo. Se echa en falta un compromiso más firme, más decidido, más presente, con influencia. Y esta, la tienes o no la tienes. Un vídeo o una presentación no son suficientes argumentos para desmoronar y superar en Europa tanta falsedad, tanta mentira y tanto daño, en favor de intereses espurios y nada claros. Es la hora de la unidad, del frente común, de las campañas con proyección. Pero sobre todo es el momento de desterrar cualquier argumento falso en torno a la agricultura de esta tierra, que se prolonga demasiado en el tiempo.

Almería se moviliza

Antonio Lao | 2 de abril de 2018 a las 11:02

Quién  dijo que los almerienses éramos apáticos. Quién esbozó tal posibilidad, sesudos analistas de salón, desconocen o desconocían la capacidad de solidaridad, orgullo y protesta de un pueblo como este. Con seguridad el planteamiento estaba errado y lo que hacían falta eran motivos reales para la protesta, que se nos toque la fibra o que aquellos que tienen en sus genes la capacidad de convocatoria sean capaces de poner en el asador la carne -eso siempre-, pero además la capacidad de sazonarla, sumar el condimento adecuado, encender el fuego y, cómo no, tratar de que se cocine según mandan los cánones de los mejores cocineros. Desde el 8 de enero hasta hoy Almería y su provincia ha respondido, con creces, a las llamadas que ha recibido para expresar su opinión. La huelga y manifestación del Día de la Mujer hizo historia. La llamada al paro fue secundada de forma masiva y la concentración, por numerosa, festiva y reivindicativa, fue una sorpresa hasta para los convocantes. Y es que sólo hace falta una causa que llegue al alma o al corazón para que esta tierra, solidaria donde las haya, se sume con alborozo, júbilo y reivindicativa a ella. Primer motivo de alegría de un mes que toca a su fin y que será recordado por los que aquí habitamos como uno de los más tristes de nuestra historia reciente, pero también por el despertar de Almería del letargo en el que parecía sumida desde hace décadas. El caso del niño Gabriel ha puesto sobre el escenario la solidaridad, la indignación y la rabia de todos aquellos que nos sentimos personas de bien. Almería respondió con creces a la primera concentración en apoyo de los padres del pequeño y por su pronta liberación. Los hechos hicieron añicos cualquier atisbo de esperanza. Todos conocen el resultado de 13 días de solidaridad, indignación, rabia y tristeza, pero ahí queda la capacidad de apoyo de un pueblo como este, acostumbrado al olvido de los que nos gobiernan, innovador para luchar por si mismo, pero cercano hasta los tuétanos cuando de mostrar sentimientos y cercanía a raudales se trata. Apagados los rescoldos del caso, aunque siempre en nuestros corazones, le tocó el turno a los jubilados. Más de cinco mil se manifestaban el domingo por unas pensiones dignas. Y es que la famosa carta del ministro de turno, en la que todos los años se les informa de la subida, fue este año un fiasco y una tomadura de pelo. Algunos veían como su ya exigua pensión era mejorada en 25 céntimos de euro. Una mierda pinchá en un palo, similar a la que Pablo Motos entrega en algunas ocasiones a los concursantes de sus cajas de Trancas y Barrancas que gestiona Manolo Sarria. Y es que hay momentos en la vida en los que después de soportar con estoicismo que se queden contigo llega un día, en el que sin saber los motivos, revientas y te pones al frente de la lucha. Y eso les ha pasado a los abuelos.

SOS por la Plataforma Solar de Tabernas

Antonio Lao | 2 de abril de 2018 a las 10:59

Considerada por la Unión Europea un centro estratégico de investigación de energía termosolar, la Plataforma de Tabernas atraviesa uno de sus peores momentos. Y no es porque las investigaciones den poco resultados, tampoco porque los que allí trabajan no cumplan con los objetivos y, ni mucho menos, porque la energía solar no sea una alternativa de futuro. Aquí, aunque nos pese, quien está fallando es el Gobierno por la nueva fórmula fiscalizadora y la incapacidad de los que ejecutan las políticas, de alcanzar un acuerdo en los Presupuestos Generales del Estado (PGE). A día de hoy la central tiene bloqueados más de seis millones de euros. La cantidad supone en la práctica casi todo lo conseguido en 2016 y 2017 en proyectos de investigación y representa la mayoría de los fondos de I+D que la PSA podía estar ejecutando en la actualidad.
Para mayor gloria (ironía)de quienes tienen la obligación de gestionar con diligencia, la plataforma suma ya una decena de proyectos paralizados hasta disponer de recursos y personal, pues a estas alturas sólo se han convocado cuatro plazas de las 17 necesarias y de esto hace ya cuatro meses. Por el camino se han dejado de renovar los contratos de 14 empleados y, a no tardar, se perderán otros tantos. Y lo peor es que el problema no radica en el dinero, pues la PSA tiene fondos suficientes, sino que no los puede utilizar.
Los trámites administrativos relativos a la fiscalización de los recursos pueden impedir que el centro deje de ser un referente a nivel mundial e, incluso, hasta desaparecer. Como ven, una vez más, en esta provincia caminamos un paso hacia adelante y dos hacia atrás. Parece como si estuviésemos tocados no por la varita mágica del hada de los deseos, sino por el palo de un troll gordo, verrugoso y feo. Líderes en tantas cosas por nuestra propia capacidad, por la innovación permanente en la que nos movemos y siempre carentes de la ayuda de aquellos que, en teoría, deben sumar para crecer. Aquí, al contrario, nos zancadillean y esperan que besemos el suelo mientras no pierden la sonrisa, a la vez que hacen de la mentira un ejercicio de cinismo. La Plataforma Solar de Tabernas requiere un cuidado especial, la atención minuciosa de aquellos que tienen en sus manos la posibilidad de liderar el crecimiento de un centro que siempre ha sido pionero no ya en España, sino en todo el mundo, liderando la investigación y el desarrollo de todo un país en energía solar. Hoy, muchas de las tecnologías que se aplican en este campo y que las vemos y usamos con normalidad, tuvieron un principio en un centro líder, un centro que algunos parecen empeñados en defenestrar. Ya no nos valen promesas. La PSA y esta tierra exigen ya el compromiso y el desbloqueo de la situación y desligar cualquier desarrollo futuro de los proyectos a que haya presupuestos no.

Las cloacas de las redes

Antonio Lao | 19 de marzo de 2018 a las 11:35

Los trece días que ha durado la búsqueda del pequeño Gabriel Cruz han confirmado lo peor y lo mejor que las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagran..) tienen. Han logrado mantenernos interconectados de forma instantánea y trabajar como una sola voz en la búsqueda del niño, pero son capaces también de sacar lo peor de nosotros mismos. En el caso que nos ocupa tenemos un inocente asesinado, que no tiene culpa de nada. Una madre que lo parió, rota por el dolor de la búsqueda y su muerte.Un padre que ha soportado, él sabrá como, compartir y dormir con la asesina confesa y Ana Julia Quezada, una mujer que rompe, destroza, hace añicos lo mejor de la condición humana: la solidaridad, la bondad, lo que conocemos de forma coloquial como “buenas personas”. Planteada la premisa y si usted ha logrado leer hasta aquí, creo que no hace falta adivinar de qué lado estamos usted y yo. En el último cuarto del siglo XX un periódico de sucesos, El Caso, logró abrirse un hueco en el mercado gracias a contar, publicitar y sacar lo peor de las personas, jugando con el morbo. Luego fueron las televisiones. El caso de las Niñas de Alcasser situó en el centro de nuestras vidas a las reinonas catódicas de las mañanas. El alimento de estos buitres revoloteadores han sido todos y cada uno de los siguientes casos mediáticos, dolorosos, terribles, inhumanos a veces que han sacudido este país. Ahí siguen y nunca les ha importado hacer “negocio”, “caja” y “audiencia” con lo peor de nosotros mismos. Y es ahora, con las redes sociales, cuando los catedráticos del terror y del horror han salido de la pequeña pantalla para abofetearnos una y otra vez, no sólo con abrir la pantalla del ordenador. Te ametrallan en los teléfonos inteligentes con miles de mensajes, que casi nunca puedes evitar. Siempre hay un conocido, una ‘amigo’ de la red que ni sabes quien es, pero que un día añadiste para engordar tu ego, que tiene un tuit a punto, una foto dispuesta, un comentario preparado. Carroñeros de las redes que, amparados en el mundo de internet, dando la cara o de forma anónima, se muestran orgullosos y hambrientos de despedazar lo que se les ponga por delante. Si es negra, inmigrante y mujer, para que les cuento. Cada día que transcurre, como bien describe Susana Cuadrado en La Vanguardia, argumento que comparto, “la red me produce arcadas. Una especie de sensacionalismo casero, obsceno, que confunde duelo y venganza. Y lo peor de todo es que parece ser aceptado por las élites cultas, y no tan cultas, porque hay palmeros jaleando a los tuiteros de día y de noche”. Y contra todo este mundo putrefacto se ha revelado hasta la propia madre del pequeño Gabriel, quien siempre ha reclamado que la gente no se deje llevar por la rabia. No agita a nadie, tampoco pide venganza, sólo que se deje trabajar a la justicia. “Mi hijo ya está jugando con los peces y la bruja ya no existe”. Menuda lección de sensatez.

El caso del niño Gabriel y las fake news (noticias falsas)

Antonio Lao | 11 de marzo de 2018 a las 16:34

Almería se mueve esta semana entre el dolor y la esperanza. Dolor por la desaparición del pequeño Gabriel de 8 años en la barriada de Las Hortichuelas (Níjar) y esperanza en la posibilidad, casi dos semanas después de no conocer nada de su paradero, en que se encuentre con vida y todo haya sido un mal sueño, una pesadilla. En una situación como la descrita, en la que lo único importante debe ser la vida del pequeño y la ayuda y solidaridad con los padres y familiares, nos encontramos con un circo mediático, en el que las televisiones por una parte y las redes sociales por otra, han acudido a la “carnaza fresca” como si de buitres se tratara. El espectáculo que algunos están ofreciendo abochorna a aquellos que tienen, tenemos, la obligación de informar con el equilibrio que el caso requiere, con la sobriedad que la ocasión merece y alejados del amarillismo facilón que este tipo de sucesos te pueden hacer caer. Pero no es sólo la televisión basura lo que golpea a una profesión noble como la de informar, sino que nos hemos envuelto y convivimos con una lacra terrible que lo complica todo un poco más. Hablo de las Fake News o noticias falsas que llenan hasta rebosar a redes sociales y que se abren hueco como una tela de araña en el mundo de internet y al que muchos consumidores de información dan pábulo y las consideran ciertas, sin hacer un simple ejercicio de verificación.
Para hacer frente, en casos como el que nos ocupa, a tal cantidad de bulos, mentiras y falsedades es necesario regular las redes, pero las medidas jurídicas, con ser necesarias, no bastan. Y no sólo por su lentitud, sino también porque para ser efectivas han de contar siempre con el carácter de las personas y las sociedades, que genera las costumbres. Es imprescindible un periodismo profesional, competente, al que se puedan pedir responsabilidades, tanto al profesional como al medio informativo. Un periodismo que no se limite a decidir qué es de interés público a través del “me gusta”, “no me gusta”, sino preocupado por potenciar una sociedad bien informada y abierta, explica la catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, Adela Cortina. La pregunta se impone de forma inevitable: ¿ha llegado el fin del periodismo profesional? La afición por los juegos de suma negativa es una constante en el mundo humano, propenso a pensar en términos de “esto o aquello”, cuando lo inteligente suele ser recurrir a juegos de suma positiva (“esto y aquello”), para contar con mayor riqueza en cada ámbito. En este caso, es necesario fortalecer el periodismo profesional para tener mayor riqueza informativa y de opinión, se exprese a través de medios digitales o en papel, porque la clave no es el medio, sino la necesidad de contar con profesionales bien preparados, que se hagan responsables de sus noticias y opiniones. Y ahora más que nunca, como apunta Juan Cruz en Un golpe de vida.

Almería, delicias de príncipes

Antonio Lao | 5 de marzo de 2018 a las 12:15

La ciudad aspira a convertirse en 2019 en capital gastronómica. El objetivo es ser referente nacional durante todo un año, con lo que supone de consolidación de la marca. La tarea no es fácil, claro que no, aunque el trabajo emprendido por el Ayuntamiento, bendecido por todos los grupos políticos y por amplios sectores de Almería, cuenta con la solidez necesaria para competir con éxito en octubre cuando el jurado de a conocer al ganador.
La capital sucedería a León, que este año tiene por delante un amplio abanico de eventos, programados mes a mes, que tendrán la virtud de poner en valor la gastronomía de una tierra de reyes, cuna del parlamentarismo, que ha sabido con tino, cierto tacto y criterio situarse en el mapa con un evento del que todos hablan.
Manjar de Reyes es el eslogan sobre el que se asienta la capitalidad de una ciudad que tiene todas las posibilidades turísticas. Sumarle la gastronomía es sinónimo de éxito y triunfo.
El proyecto de Almería debe ser original, diferente, capaz de poner en valor aquellos productos con los que contamos y aquellos locales que aún están por eclosionar y que la capitalidad, no lo duden, ofrecería el impulso o empujón que necesitan.
Pasear por las calle de León y recorrer los restaurantes y bares merece la pena. No ya por el placer de degustar la cecina, los bollos preñaos o una simple, pero exquisita sopa de ajo, sin poner reparos a cualquier tipo de carne. Si importante es esto, lo es más la gran unanimidad que la apuesta logró para optar con garantías al triunfo. Un proyecto en el que la Diputación se sumó con la marca “Productos de León”, que ya cumple 25 años o la Cámara de Comercio, que aglutina a las empresas de una provincia con 211 municipios, y que se ha sumado con el mismo entusiasmo como si fuera con ellos la aspiración de la capital.
Un espejo en el que Almería debe mirarse, porque si importante es el legado posterior que la capitalidad deja, más lo es la ilusión colectiva que genera. El chute de endorfinas en lo colectivo que reparte de forma solidaria entre aquellos que muchas veces, más de las necesarias, se preñan de un pesimismo tan falso como innecesario.
Almería, la capital que lidera el proyecto y la provincia que se suma como un todo a la idea, es capaz y tiene los mimbres necesarios, para solidificar una apuesta tan de futuro, salvando las distancias, como ya fueron los Juegos Mediterráneos de 2005. Un evento que cambió cualquier concepto trasnochado, casposo o anclado en el pasado de que esta tierra se queda más en lo individual que en lo colectivo, en el pasado que en el brillante y prometedor futuro, en la indolencia que en la capacidad de innovación. Fuera ya los tratamientos de diván para pesimistas y bienvenidos a un futuro prometedor.

La ciudad del futuro

Antonio Lao | 1 de marzo de 2018 a las 12:25

Que Almería queremos en el horizonte de 2030? ¿Cuál es la delgada línea que debe guiar el crecimiento y desarrollo de la ciudad a doce años vista? ¿Cuáles son los vectores o los raíles sobre los que tiene que rodar el tren de la capital? A estas y otras preguntas son a las que debe responder el Plan Estratégico de la Ciudad, en el que el Ayuntamiento se ha embarcado y en el que quiere implicar a todos los que en esta tierra habitan.
La idea está ampliamente justificada y viene a confirmar la necesidad de conocer de antemano cuál es la Almería que anhelamos en el horizonte 2020-2030. Los ocho “gurús” de distintos sectores que conforman el tejido social y productivo de la ciudad, junto con los responsables de los medios de comunicación de la provincia y los propios responsables municipales, con el alcalde Ramón Fernández Pacheco a la cabeza, manteníamos esta semana un primer encuentro en el que, por decirlo así, se pusieran sobre el tapete las múltiples y variadas visiones que sobre este macroproyecto se tienen.
Coincidencia generalizada, de casi todos los presentes, en la necesidad de ordenar a largo plazo tanto las fortalezas como las debilidades de la capital y poder afrontarlas con criterio, orden, responsabilidad y, porqué no, sensibilidad con la participación ciudadana, así como la implicación y compromiso de todos cuantos van a participar en el proyecto.
El Plan Estratégico, como bien ha entendido el alcalde, es una oportunidad y la música que suene debe alejarse, lo más posible y cuanto antes, del mismo estribillo de siempre. Aunque el documento no obligará a nada, si tiene que obtener el respaldo y el consenso de todos para que ejerza de guía real del desarrollo futuro de Almería.
Infraestructuras, agroalimentario, desarrollo urbano, comunicaciones, innovación o sostenibilidad deben ser algunos de los argumentos sobre los que trabajar y avanzar, para que en dos años esa vía imaginaria, de la que hablaba al principio, sea capaz de transportar a una ciudad media hacia el éxito.
Un éxito que ha sido posible gracias al trabajo y esfuerzo de todos los que la habitan, a pesar de la escasa o nula implicación de las administraciones. Reniego de aquellos voceros instalados en el secular pesimismo, y que no han sido capaces de salir del ambiente casposo que algún que otro salva patrias ha intentado instaurar e instalar en la sociedad capitalina. La realidad, siempre tozuda, indica que esta tierra, tanto en lo individual como en lo colectivo, ha sido capaz de alzarse por encima de cualquier contratiempo y como el Ave Fénix, superarse y volver a la vida de sus cenizas. Nada que nos propongamos dejará de hacerse. Y un plan como el previsto y que comienza a andar nos ayudará a ello. No lo duden.

La unidad avala el éxito

Antonio Lao | 19 de febrero de 2018 a las 11:27

Las sensibilidades en el Partido Socialista ha existido, con seguridad, desde que lo fundara Pablo Iglesias. Digo sensibilidades por no usar la palabra bando o facción, que es posible que hiera alguna sensibilidad. No es el objetivo de este artículo. En la historia reciente de esta fuerza política en la provincia, hablemos de los últimos treinta años, se han producido multitud de “rupturas controladas”, en las que un sector ha prevalecido sobre el el otro o los otros. Cuando los que estaban en el poder sufrían el desgaste habitual del ejercicio gobierno o de los resultados electorales iban siendo sucesivamente laminados o sustituidos por la oposición interna. Siempre dejando atrás un poso de división, negada con rotundidad por unos y otros, pero ahí estaba, aunque se convivía con ella. Con la llegada de las primarias, un ejercicio de verdad democrático para un partido político, -acostumbrados como estaban al ordeno y mando revestido de aperturismo-, se han puesto de manifiesto las enormes heridas que el tener que elegir entre compañeros provoca en el seno de unas siglas históricas. El triunfo, inapelable, del actual secretario general, José Luis Sánchez Teruel, ha devuelto cierta normalidad al PSOE en la provincia, aunque aquellos que optaron por otra candidatura va a ser difícil que se sumen al proyecto. Mucho y bien debe trabajar el también parlamentario andaluz para aunar voluntades y luchar por lo verdaderamente importante en estos casos, que es alcanzar el gobierno.
Pero si las primarias provinciales se han saldado con cierta normalidad, no ha sucedido lo mismo en la agrupación provincial de Almería. El triunfo, ajustado, de Fernando Martínez abre una época compleja, pues lo que se juega en Almería no es la agrupación local, sino la pervivencia del sanchismo en Andalucía o su ausencia en cualquiera de las agrupaciones de la comunidad autónoma.
Si no hay nadie que lo remedie, con la división existente y con la que se avecina en las listas electorales, en especial la de la capital, el PSOE de Almería irá a las municipales de 2019 lastrado por una división interna injustificable, con lo que esto supone en trabajo por unas ideas, en movilización y en votos.
Todavía hoy están a tiempo de reconducir una situación que se me antoja de difícil solución. Aunque a poco que las partes dejen de buscar el cortoplacismo y sustituyan el yo por el nosotros, se pueden dar pasos en la senda de la coherencia, la lógica y, ¿quien sabe?, hasta de unos buenos resultados electorales. La división sólo conduce a darle al oponente papeletas para mantener su estatus, mientras que los actores que conforman unas siglas históricas se debaten en como repartirse la nada de la que ahora disponen y la nada de la que dispondrán en unos meses con el escrutinio de los votos encima de la mesa.

Entretenidos

Antonio Lao | 13 de febrero de 2018 a las 11:35

Comienzo afirmando, una vez más, mi compromiso en la defensa de las infraestructuras de la provincia. Un compromiso que pasa por la reivindicación permanente y sin descanso en la necesidad de que el AVE, que un día nos debe conectar con Madrid, sea de primera y no una alta velocidad para contentar a aquellos paladares que no sean exigentes o que tengan en las ligaduras con sus partidos políticos una visión parcial o limitada y no sitúen en primer término los intereses de la provincia. O en la necesidad de acabar con el déficit hídrico o paliarlo en lo posible si queremos, de verdad, mantener el crecimiento y desarrollo de una tierra hecha a sí misma y que algunos parecen empeñados en truncar. Primera aseveración que no tiene una dirección concreta, sino que se dirige a todos los que han ejercido, ejercen o ejercerán el gobierno. El camino es tan largo que esto siempre va por ciclos y los que hoy gobiernan mañana estarán en la oposición y los que ahora no tienen descanso en la reivindicación se pondrán a la defensiva cuando lleguen los incumplimientos.
En materia ferroviaria, lo he escrito en otras ocasiones, quiero creer en las palabras del ministro de Fomento, Íñigo de la Serna y en sus compromisos con el AVE a Almería. Pero tanto el ministro, como aquellos que aquí ejercen de portavoces, y muy dados al aplauso fácil, tienen que entender que las decepciones han sido tantas y tan grandes, que la duda siempre va a permanecer, a la vez que la presión permanente para que no olvide que somos una tierra agradecida, pero maltratada la mayor parte de las veces por aquellos que han ejercido el gobierno.
Es cierto que los pasos que se están dando van por el buen camino. El señor De la Serna está cumpliendo sus compromisos, pero hasta ahora y que me corrija si me equivoco, las máquinas siguen paradas desde hace cinco años y no hay una sola previsión de que a lo largo de 2018 lleguen al tajo y comiencen las obras. No quiero recordar, pero se hace necesario, la imagen del señor Rodrigo Rato, entonces todopoderoso vicepresidente del Gobierno de Aznar, a finales de la década de los noventa en la Diputación Provincial asegurando, con solemnidad, que Almería dispondría de AVE en los Juegos Mediterráneos de 2005 y hoy, tres lustros después, nos lo están fiando a 2023. Lo que pase hasta entonces nadie, absolutamente nadie lo sabe. Y en déficit hídrico, para nuestra desgracia, Junta y Gobierno siguen en declaraciones de culpabilidad del otro, perdiendo tiempo y dinero, mientras los agricultores pagan el agua a precio casi de oro, cuando la tienen, y proyectos tan necesarios como la desaladora de Villaricos permanece anegada por el barro de las riadas de hace cinco años y sin nadie que sea capaz de dar una fecha para recuperar una inversión tan millonaria como necesaria para esta provincia.