Luz de Cobre

El tren regresa al Almanzora, sólo para crédulos

Antonio Lao | 26 de julio de 2021 a las 17:42

El Ministerio de Fomento ha sacado a licitación el contrato de servicios para la redacción del estudio informativo del corredor Lorca-Guadix. Sólo el rimbombante nombre que le han puesto al “muñeco” ya es para salir corriendo, ahuecar el ala, no dar mayor credibilidad que la que tiene y arrojar a la basura o al bolsillo de quien lo ejecute 1,6 millones de euros.
Esta es, con seguridad y miren que ha habido muchas, la propuesta menos creíble que el Ministerio que dirigía José Luis Ábalos ha hecho para Almería. La prueba del algodón es que el plazo de ejecución es nada más y nada menos que dos años. Justo el tiempo que le queda a la legislatura, siendo benévolos. A saber quién gana las elecciones y donde va a quedar esta descojonante apuesta de un Gobierno que es capaz de presupuestar casi 600 millones para el AVE entre Almería y Murcia en 2021, venderlo como si del maná se tratase, y cuando han pasado seis meses del compromiso, comprobamos que las obras, como ya he escrito en este mismo espacio son de palustre y talocha, por no avanzar en la ironía y mirar a ellas recordando a Benito y Manolo de aquella mítica serie de Antena 3, “Manos a la obra”.
No creo que se deba jugar con los sentimientos de los almerienses como lo intenta hacer el Ministerio de Fomento desde el primer día que accedieron al cargo. Un juego que ya venía de largo, pues el Gobierno de Rajoy hizo tres cuartos de lo mismo nada más llegar al poder, taponando los túneles del AVE y de la obra nunca más se supo.
Estando como estamos, en medio de una crisis provocada por la pandemia de coronavirus, sería de agradecer que aquellos que ejercen el poder, los que tienen la potestad de poner o quitar obras en una provincia o en otra, traten, en la medida de lo posible de no generar expectativas que no se van a cumplir, gastar dinero innecesario, cuando hace falta taponar mil y una vías de agua y, sobre todo, evitar, en lo posible tomaduras de pelo. El tren que unía Guadix con Almendricos, cerrado el 31 de diciembre de 1984, es muy difícil, por no decir imposible, que vuelva a surcar los caminos del Levante y Almanzora.
Hoy por hoy no se dan las condiciones de tráfico de pasajeros ni de mercancías que lo hagan factible y viable. Incluso tampoco es una necesidad social, pues la autovía -aún sin terminar- que serpentea la zona se confirma como el argumento perfecto de unión de comunidades y junta de voluntades de la zona.
Lo demás son puras maniobras de distracción de aquellos que creen que sostienen los palos de la marioneta, para tratar de que cobre vida o bailar al son que pretenda su urdidor. Pero la realidad es tozuda, pues el títere, como Pinocho, tiene vida y ya no soporta más mentiras que le hagan crecer la nariz. ¡En manos de quien estamos!

El legado que el ministro Ábalos no dejó a Almería

Antonio Lao | 19 de julio de 2021 a las 13:20

La salida del ministro José Luis Ábalos de Transportes (antes Fomento) debe de suponer un alivio para los almerienses. Si lográramos poner en una balanza a todos los que han sido los últimos 30 años y el legado que han dejado en la provincia de Almería, el fiel se inclinaría al precipicio con el valenciano.
Y no es que sus predecesores hayan merecido un trato preferencial, una alfombra roja cuando nos han visitado, -las pocas veces que lo han hecho-, o el descubrimiento de una placa por su contribución a mejorar las comunicaciones de la provincia, que no. Pero la palma se la lleva el señor Ábalos por su displicencia, su altanería , su dejadez continuada y por sus visitas a la provincia, escasas y casi a palos, para nunca decir nada.
En su haber sólo está desbloquear el AVE con Murcia. Pero a partir de ahí nos hemos encontrado retrasos continuos, inversiones que no llegan, presupuestos incumplidos y, lo que es más grave de todo, el jugar de forma permanente con la ambigüedad, rozando la mentira, en cuanto a fechas se refiere.
Su última visita, en la que apenas se le pudieron hacer un par de preguntas, pasará a la historia como la del quiero y no puedo, la del escaqueo, la de la tensión con aquellos que queríamos saber el estado de las obras del AVE y las del juego de palabras permanente para insinuar sin decir, vestir bien cuando al final llevas el “traje del rey” y, lo que es más triste, conocer que no hay dinero para invertir en poner las obras en vía rápida, cuando la realidad es que están en vía muerta.
El legado del responsable de Transportes es tan triste, que a poco que la nueva responsable, Raquel Sánchez, se interese por las trabajos, la sacamos a hombros y por la Puerta Grande del coso de la Avenida Vilches si fuese necesario. Reconozco que tengo cierta curiosidad por conocer los pasos que  va a dar en una obra de esta inversión y que sigue ahí, esperando los euros como las cigarras el calor para batir las alas. Aunque el optimismo está en mi ADN, con lo que cabe esperar de la señora Sánchez me van a permitir que sea más que prudente. Un buen detalle, para ir abriendo boca, sería que aquellos que aún tienen ascendencia con el Gobierno de Madrid, en un intento de retomar los trabajos y la imagen, se esfuercen porque visite Almería hoy mejor que mañana.
Todo lo que no sea empezar de cero, sin mentiras, sin medias tintas, sin juegos des escapismo, será bienvenido por los almerienses. Otra cosa será más de lo mismo, beber de la botella que ya está vacía y a la que sólo le queda el poso de una gestión triste y poco decente con quienes aquí habitamos. Merecemos plazos, inversiones, verdades, creer en aquello que nos digan porque hay sustento para ello y alejar la política de baja estopa para recuperar compostura, la credibilidad y la fortaleza.

Aprender a convivir con el virus

Antonio Lao | 12 de julio de 2021 a las 17:48

Saturados y agotados, tras más de un año de pandemia y restricciones, y con la ventana que las vacunas han abierto de par en par, los conceptos y percepciones de los ciudadanos en este julio caluroso poco o nada tienen que ver con los de hace un año. Tanto es así que la espita la acaba de abrir el ministro de Sanidad del Reino Unido.  Sajid Javid indicó el domingo pasado que el Gobierno conservador se propone levantar las últimas restricciones vigentes por la covid, al advertir de que el país debe “aprender a convivir” con la enfermedad.
Un cambio radical que ya se percibe en nuestra Europa, alentados por el importante número de inmunizados, el descenso de la presión en los hospitales, las ganas de soltar amarras, cerrar un año aciago y vivir. Vivir con los riesgos, más o menos controlados, pero vivir al fin y al cabo.
La situación, pese a la amenaza latente de una nueva ola, ha cambiado de forma radical. Las muertes se reducen en la misma medida en la que los inmunizados crecen. Los hospitales mantienen un nivel de ocupación soportable y los ingresos, que siguen produciéndose, están más controlados.
Son los jóvenes, aquellos que desde el principio se sintieron invencibles, los que han dado paso a una nueva ola de contagios que, aunque controlada por ahora, desconocemos hasta donde nos va a llevar. Quiénes respetaron a regañadientes las restricciones durante los días más duros de la pandemia son los que ahora han roto cualquier armisticio y se han lanzado, como posesos, a vivir como si no hubiera un mañana.
Las fiestas multitudinarias de Mallorca, los macrobotellones consentidos en aras a  recuperar la economía, se han convertido en argumentario perfecto para dar alas a quienes desde el inicio de esta tortura han abogado por política de puertas abiertas, al más puro estilo Bolsonaro o Trump cuando gobernaba Estados Unidos, en la creencia de que el control del virus debemos tenerlo en nuestras manos. Nunca en aquellos que, se supone, tienen más conocimientos y experiencia que nosotros.
Tan es así que no se entiende, y vuelvo a Almería, como se permitió en Tíjola una fiesta de fin de curso (no valoro cómo se produjo y quiénes lo aceptaron) que ha disparado la tasa de contagios en la provincia a niveles preocupantes. No les extrañe, por tanto, que pese a que el virus sigue ahí, amenazante, en las próximas semanas aquellos que tienen interés en el consumo, en la mejora de la economía y otras zarandajas, por encima de la salud, nos bombardeen con nuevos argumentarios en los que la COVID-19 pase de ser una pandemia, que en este provincia ha provocado mil muertos, a convertirse poco menos que en una gripe, soportable, sin más trascendencia. No se fíen. El riesgo es extremo. Sean responsables. No olviden tomar todas las medidas de prevención.

El control del agua

Antonio Lao | 5 de julio de 2021 a las 17:24

La guerra, porque no tiene otro nombre, vivida en la asamblea por el control de la Comunidad de Usuarios de la Comarca de Níjar (CUNC) el sábado de la semana pasada, sólo es un eslabón de las futuras confrontaciones que se avecinan en la provincia por el control del agua. No es baladí que aquellos que pretenden dominar un mercado al alza pongan toda la carne en el asador para desplazar, si es posible, a quienes durante años han distribuido el líquido elemento entre los comuneros. La CUCN sólo me sirve de ejemplo, de punto de partida, para alertar de la que se nos viene encima en los próximos años, si no somos capaces de poner coto a intereses desmedidos, a controles políticos y al poder, con mayúsculas, de aquellos que han visto, y con razón, que quienes dominan, entre comillas, este complejo mundo, son capaces de cara al futuro, sí no de cambiar voluntades, porque al final es un hombre un voto, sí de modificar o planificar el futuro, con una base sólida en la que sustentarse.
Recuerdo, con tristeza, como la primera información que publiqué en un periódico, hace… demasiados años, fue un suceso relacionado con el agua. Un agricultor fue capaz de clavar una horca a su vecino porque había osado “meter la compuerta (argot agrícola) dos minutos antes que concluyera el tiempo que tenía asignado. El resultado fue triste, desolador, lamentable, doloroso. Murió en el acto, con lo que el hecho supuso de indignación y tristeza, no sólo para los familiares cercanos, sino para los vecinos del pueblo en cuestión, que no viene el caso. ¿Qué es lo que pretendo recuperando este detalle informativo muchos años después?. Muy simple. Estamos apostando con un elemento vital para nuestro desarrollo presente y futuro como especie, no ya a nivel económico, que también, sino a nivel evolutivo. Es un bien esencial en el que nos jugamos todo a una carta. La moraleja, con la sinceridad que trato de imprimir a todo aquello que escribo, es muy sencilla: estamos actuando con fuego, con un fuego que es capaz de no solo quemar, sino de abrasar a poco que prendamos la cerilla, mucho más allá de lo que podemos pensar.
El poder calorífico del agua, por mucho que les extrañe, es difícil de sofocar por los bomberos o por todo el equipo del Plan Infoca, si llega a prender. Creo que es urgente que se establezcan los cauces necesarios para que un bien tan preciado no sea capaz de prender más allá del fogón de una barbacoa. Un bien en que todos los implicados sean capaces de celebrar un reparto justo, equitativo y económicamente viable de un sector, como el agrícola, del que depende de forma tan directa y tangencial el éxito o el fracaso de que abrir el grifo o la pará y tengas al otro lado un bien tan preciado como el agua, permita que la plantación, sea de lo que sea, crezca, dé frutos y genere riqueza.

El triunfo de Juan Espadas y Almería

Antonio Lao | 28 de junio de 2021 a las 12:25

Con la calma, la mesura y la distancia que el transcurrir del tiempo permite podemos analizar las consecuencias que para Almería tendrá el triunfo de Juan Espadas en las primarias socialistas andaluzas. Un triunfo que lo convierte en candidato a la presidencia de la Comunidad autónoma por el PSOE. No es baladí afirmar que el terremoto político que se avecina en las estructuras del PSOE  provincial se producirá de forma lenta, pero inexorable o puede tener carácter de tsunami.
A pesar de que una buena parte de los militantes optaron por la expresidenta Susana Díaz, lo cierto es que su derrota, sin paliativos, moverá todo el castillo de naipes, o de piedra, construido en torno a su figura y que ahora deja huérfanos a quienes la apoyaban.
El trasvase de votos, no les quepan dudan, se visualizará en los próximos meses, como si de uno de agua se tratase. Con amplio caudal o por goteo, en la misma medida en que las ofertas y los candidatos a presidir la secretaría general de Almería vayan tomando cuerpo. No se trata, por ahora, de hablar de personas. Habrá tiempo para hacerlo. Lo que busco es visualizar hasta que punto el proyecto liderado por la expresidenta se ha quedado huérfano en la provincia, cómo se trasvasan las afinidades hacia los nuevos dirigentes y qué papel van a jugar en el proceso los líderes que desde el inicio del sanchismo han trabajado y trabajan por abrir vías de agua en el liderazgo provincial, asentado y esculpido a sangre y fuego en los últimos años. El tiempo, medio año, será el que defina las estrategias y las rutas a seguir en una batalla que se presupone dura, larga y con algún que otro cadáver político en el camino. No va a ser tan fácil para unos mantenerse, ni para los que llegan ocupar el espacio que se abre frente a ellos. Mientras que a nivel regional se trata de lealtades, siempre susceptibles de cambiar, a nivel provincial son los alcaldes y los líderes de los pueblos, muchos de ellos asentados en el poder local, los que tendrán en sus manos sostener, con las variaciones que se consideren necesarias lo establecido o, por el contrario, apostar por aquellos que en los últimos tiempos han mantenido un porcentaje en torno al 30% de apoyos críticos con la dirección provincial.
Como ya sucedió en el anterior congreso, serán los militantes quienes elijan con sus votos al secretario general, no los delegados. Y es aquí donde cualquier cábala que se pueda hacer a priori corre el riesgo de saltar por los aires, porque el control de la militancia es más volátil y menos contundente.
Sin olvidar, claro está, que en ese juego de voluntades y adhesiones tiene mucho que decir el futuro más próximo, que no es otro que las elecciones andaluzas y las candidaturas a las alcaldías de 2023. Cualquier conjetura o pronóstico, ya les digo, tiene un serio margen de error.

El estado de la ciudad

Antonio Lao | 21 de junio de 2021 a las 19:42

Los concejales de la capital volvían  el día 11 de forma presencial al salón de plenos del Ayuntamiento para debatir sobre “El Estado de la Ciudad”. Una sesión que debe servir para testar el potencial y las debilidades de la capital año tras año, a la vez que permite al equipo de gobierno hacer una loa de su trabajo y a la oposición incidir en aquellos aspectos en los que las cosas se pueden hacer mejor o, simplemente, no se están haciendo con la celeridad, la coherencia, el equilibrio y la capacidad que se requiere en estos casos.
Es bueno y saludable escuchar a unos, quienes gobiernan, relatar el camino triunfal por el que serpentean y a aquellos que hacen oposición dibujar una ciudad, dependiendo a quien escuches, en la que el Apocalipsis está a punto de producirse. Ya les digo que ni una cosa ni la otra.
Cualquiera que analice con la cordura, la lucidez, la sensatez y la mesura necesarias, advertirá que la capital ha vivido, como el resto del mundo, uno de sus peores años por la incidencia del coronavirus entre quienes la habitan. Una incidencia, que ha tenido sus altibajos, y en la que el Ayuntamiento ha tratado, como el resto de administraciones, de paliar en la medida de lo posible las dificultades por las que muchos de los colectivos han pasado. No se trata, creo que no es el camino, de ensalzar los aciertos, que han sido muchos, ni los errores, que también se pueden encontrar a poco que escarbes.
La capital está inmersa en la salida de la crisis del coronavirus. Una salida que requiere del trabajo de todos, sin excepción, sumando ideas, proyectos y apuestas que se orienten a lograr la ciudad que queremos, conocedores de las potencialidades de las que disponemos. A partir de ahí trabajar en resolver aquellos endemismos enquistados y que tanto nos cuesta voltear. A saber. No es razonable que el tren lleve dos años sin entrar a la ciudad, como tampoco lo son los retrasos del AVE. Disponer unas comunicaciones modernas es un reto que todos pueden asumir, da igual la ideología, con la mirada puesta en el futuro de esta tierra. El agua quizá es nuestro principal problema. De cómo se garantice el suministro urbano y el de riego para crecer en agricultura depende una buena parte de nuestro futuro. No entiendo como se pone en duda poner la desaladora en plena producción, con garantías claro está, de que no afecta a los acuíferos de la parte baja de la vega. El agua desalada es futuro, es crecimiento, es sostenibilidad y es independencia de nuestros vecinos. Aquí todos, sin excepción, han de poner en práctica sus artes pactistas para caminar en una sola dirección. Y llegados a ese punto, continuar en la senda de prestar los mejores servicios, que vayan desde el centro a los barrios, como una onda expansiva. Si se logra será un trabajo de muchos. Carácter y capacidad tenemos para ello. No nos diluyamos en pequeñeces.

AVE de palustre y talocha

Antonio Lao | 14 de junio de 2021 a las 11:40

Casi 590 millones de euros contemplan los Presupuestos Generales del Estado de 2021 para las obras del AVE que algún día nos conectará con Murcia. Para alguien que desconozca el “martirio” que esta obra está suponiendo para los que aquí habitamos y acabe de subirse al carro de la información, se puede creer que la cifra se ajusta al compromiso del Gobierno con esta tierra y que se cumplirá a rajatabla lo pactado.
Nada más lejos de la realidad. Ha transcurrido ya medio año y sólo con dar una vuelta por los distintos tramos adjudicados o licitados por el ejecutivo de Pedro Sánchez, lo que se percibe es la soledad de cuatro albañiles con palustre y talocha, tratando de hacer algunos pasos de agua en pequeños barrancos y alguna máquina niveladora, que ha sido capaz de pasar por donde un día irán las vías para limpiar el trazado de matas y malas hierbas. Pero como ha habido un buen año de lluvias, o al menos han llegado en los meses adecuados, la vegetación de temporada ha tardado poco en volver a forestar el camino despejado por los amigos de la propaganda, para desmentirlos una vez más.
No les quiero cansar con cifras y datos de cada uno de los tramos adjudicados, el coste y el grado de ejecución. Dos detalles para que usted, que esta mañana está leyendo este artículo, sea capaz de estructurar una opinión coherente,con contenido y ajustada a la realidad: el primero hace referencia a las expropiaciones. Hace unos días el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicaba las relativas a uno de los trechos, una situación que ya se daba hace unos años cuando el Gobierno era de signo contrario al actual. Volvemos a incidir en un capítulo del libro ya sabido, parece que con la única intención de mantener el pulso de cara a la opinión pública y la tensión de los aduladores de turno, en la creencia de que las obras siguen su curso. No real. El segundo elemento de juicio se manifiesta en la irrelevancia de unos trabajos en los que los gastos son ínfimos, con la sola idea de evitar la crítica de un nuevo parón de las obras.
La conclusión es sencilla. Aquellos que nos vendieron a bombo y platillo la inversión, les faltó la banda de tambores y cornetas en el anuncio, nos han vuelto a mentir. Otra paparrucha que sumar a las trolas que cada año se incorporan a un proyecto que Rodrigo Rato, -miren ustedes donde está- ya nos vendía en los últimos años del siglo XX como una realidad para los Juegos Mediterráneos de 2005.
La farsa continúa en una obra de teatro,  en la que el público -todos los almerienses- y algunos de los actores -aquellos que dicen defender una y otra vez su tierra-, junto con el aderezo y palmeros (clá), persisten en mantener vivo un cuento para incautos, en el que la bola cada vez se hace más grande, a la espera de que llegue el maná en forma de euros de la Unión Europea. Hasta entonces, sólo superchería.

Los escalones de la crisis de la Diócesis

Antonio Lao | 7 de junio de 2021 a las 12:20

“Los mortales, a lo largo de su vida, terminamos haciendo honor a nuestra imperfección, sobre todo cuando se trata de los asuntos de poder”, le dijo Alvar. Le daba la sensación de que muchos en vez de esforzarse en acercarse al modelo de Cristo, se dedicaban a recorrer el camino contrario. No era extraño que el prior Don Leandro pudiera haber caído en semejante trampa. Su carácter siempre lo había inclinado en esa dirección y no parecía haberle puesto contención alguna. “La fe en el Señor y la ambición personal no conjugan bien”, se lamentó Alvar. Este es un pasaje del último libro de Fernando J. Múñez, “Los Diez Escalones”. Un thriller de época que se desarrolla en una abadía ficticia, en la que los personajes se enfrentan a los demonios más antiguos que aún perviven entre nosotros: los prejuicios, las ideas más o menos racionales y los dogmas inamovibles.
La crisis de la Diócesis de Almería, que aún da sus últimas bocanadas y de la que desconocemos el final, tiene un poco de todo ello. Hasta es posible que, con el paso de los años, un buen escritor sea capaz de documentar lo acontecido en estos meses, aunque ya viene de largo, y  pueda esbozar un bestseller de intrigas que haga las delicias de millones de lectores.
La realidad siempre supera la ficción. Y el “Juego de Tronos” que nos han brindado estos días el todavía obispo, casi sin funciones y el obispo coadjutor, con mando en plaza, tiene mucho de lucha descarnada por el poder, sin contemplaciones y  de caiga quien caiga, y poco de cualquier cultivo y propagación de la fe que predica Jesús. Aireadas  y expuestas han quedado todas las “vergüenzas” de aquellos pastores de la Iglesia, salvadores de almas y de caminos, a la búsqueda de aplicar el modelo de Cristo, que han dado paso a una lucha sin cuartel, con peones de brega, soldados de a pie y muñidores cercanos al poder, -toda una legión-, que han susurrado al oído de unos y de otros, a conveniencia, para hacerse con el ‘báculo obispal’ sin importar el precio. Puedo entender que esos escalones que han debido subir,  peldaño a peldaño hasta la cima, forman parte de las debilidades humanas. Lo que me decepciona como cristiano es la paupérrima imagen que han ofrecido a todos sus fieles, que somos casi todos, el escaso pudor y el menor recato en ventilar todos los trapos sucios acumulados durante años, arrumbados  en lugares   recónditos   y escondidos de la memoria o la diócesis, -elijan ustedes- y a partir de ahí, a embarrar.
Y ya puestos,  y  proyectadas al exterior todas las debilidades humanas, no estaría demás que se hicieran públicas, para conocimiento de los fieles, las causas del cambio de obispo a cinco meses de su jubilación, abriendo de par en par la puerta de atrás para su salida. Triste. Conociendo el mundo en el nos movemos, siempre en silencio y con las manos escondidas en las  mangas de la casulla, un error de incalculables consecuencias.

Felicidad plena, llegan los turistas

Antonio Lao | 31 de mayo de 2021 a las 18:09

Cuánto hemos echado de menos a los turistas. Un año de pandemia ha dejado muy clara nuestra dependencia de un sector más volátil que la agricultura. Y miren que ésta lo es. Una granizada, una helada, una nevada, una calima a destiempo y así hasta el infinito y más allá pueden dar al traste con una cosecha. Pues en turismo, más.
Cuando vivíamos e n ese mundo parecido a jauja que era nuestra cotidianidad allá por 2019, -parece que ha pasado una eternidad-, llegamos a ser tan ilusos, casi iluminados diría yo, que la sociedad española o la italiana, por ejemplo, se planteaban reducir el número de turistas en sus calles, en sus plazas, en sus hoteles, en sus monumentos. Tan saciados estábamos de  egocentrismo, -posiblemente también nos sobraban los euros-, que quisimos poner coto a todo aquello que significara o significase la alteración de nuestra añorada normalidad. Nos molestaba casi todo lo que los turistas traían, excepto claro está, sus divisas.
A tal grado había llegado nuestra exclusividad que éramos capaces de distinguir por clases sociales los clientes que nos visitaban. Especímenes de escasa monta y menor cartera, empezaron a ser considerados casi non gratos, en ese mundo artificial alcanzado. En esa hipérbole, no es otra cosa, que dibujamos en papel inglés de diez libras el folio, casi albergábamos la esperanza de que quienes nos visitasen, a ser posible, sólo fuera un viaje mental, no salieran de sus países de origen, pero que la riqueza se quedase entre nosotros.
Pues bien, un año después nadie se acuerda del grado de idiotización que alcanzamos y ahora acudimos con fanfarria y alfombra roja a recibir el maná de los visitantes. Las puertas de los hoteles se abren, los aeropuertos cobran vida, los vuelos se multiplican y las terrazas de los bares sonríen en la misma medida que las cajas registradoras vuelven a sonar a música celestial con el efectivo y las propinas.
La felicidad de la normalidad se ha apoderado de todos nosotros. Parece, sólo parece, que el coronavirus forma parte del pasado y la inmunidad tan ansiada se adelanta días y días, en la misma medida que quienes nos gobiernan se frotan las manos buscando el rédito de lo conseguido.
Y debemos sentirnos bien por ello, ¡qué demonios!. Han sido tantos los meses de lágrimas agrias por el dolor; de abrazos a larga distancia por el miedo; de tristeza envuelta en el papel celofán del ‘ya queda menos’, que cualquier exceso que ahora se sucede ha de entenderse como la liberación de la fiera que llevamos dentro y que estuvo retenida y engordando más tiempo del que un ser humano es capaz de soportar.
Playas, sol, terrazas, monumentos, actividades para entretener hasta para los más recogidos y serios nos esperan por doquier. Aprovechémoslas porque no sabemos que sucederá mañana. Vivan.

Salud y política, incompatibles

Antonio Lao | 24 de mayo de 2021 a las 16:38

Tres semanas habrán transcurrido desde el fin del estado de alarma cuando usted lea este artículo. Tres semanas en las que cierta normalidad se ha instalado entre nosotros, los casos de coronavirus parecen controlados y a la baja, la vacunación suma y sigue de forma exponencial cada día que pasa y, lo que me parece fundamental, el número de fallecidos mengua en la misma medida en la que los colectivos más vulnerables se inmunizan.
Estamos en una fase crucial. De lo que ocurra en los próximos días va a depender, y mucho, el desarrollo del verano y la evolución de nuestras vidas en los próximos meses. Si, como parece, el control de la pandemia es un hecho propiciado por los millones de vacunas ya inoculadas, ante nuestros ojos tenemos un paraíso de sol, playa y normalidad económica, que debe llevarnos de la mano de forma paulatina a la añorada normalidad.
Si, por el contrario, aquellos que han puesto el grito en el cielo, llamando como cenizos al caos tienen razón, aún nos quedan por delante meses, tal vez años, de brega y de lucha titánica contra el coronavirus y sus variantes.
La realidad siempre es tozuda y se abre paso a golpe de coherencia, seriedad, trabajo y obras. En estos tiempos que nos han tocado vivir, se percibe más ostensible, y me preocupa, que la política va por un lado y la salud por otro. Cuando hemos sido capaces de poner los medios materiales y humanos, con sus carencias, en manos de aquellos que realmente saben lo que tenemos entre manos, la senda a recorrer se me antoja más liviana, aunque el dolor, la tristeza y el luto sigan presentes y persistan en muchas más unidades familiares de las que quisiéramos.
Un año después de que el virus se instalase para quedarse, por ahora entre nosotros, aún aquellos que nos gobiernan y los que ejercen la oposición, mantienen pulsos huecos, presiones vacías y palabras mudas. Cuando se decide llevar al Parlamento el estado de alarma, la oposición pone el grito en el cielo por la merma de libertades que supone, sin pensar en exceso en la salud y sí en el rédito político. Cuando concluye, y quienes gobiernan deciden no mantenerlo, de nuevo aquellos que hace unos meses se quejaban abiertamente y se rasgaban las vestiduras porque se coartaban nuestros derechos, mantienen de forma exacta y mimética la misma actitud, pero por lo contrario.
Es un poco aquello de forma coloquial se conoce como el “síndrome de la gata Flora” o el “ni comen ni dejan comer”. Regreso al inicio. La realidad, aquella que es siempre cristalina y sin aderezos culinarios para desviar el sabor, es que la salud y la política se repelen como el agua y el aceite. Y en el caso que nos ocupa, por fortuna, quienes han tenido el poder, todo el poder, para salvar vidas han sido los sanitarios, no la clase política.

Salidas en tromba

Antonio Lao | 17 de mayo de 2021 a las 12:57

EL fin del estado de alarma no supone la derrota del virus. Puedo compartir los deseos, con seguridad irrefrenables, de cualquier ciudadano o ciudadana que haya estado confinado o perimetrado durante meses, de soltar amarras y dejar que la libertad fluya por las venas y los poros de la piel. Pero en ningún caso concibo que la manada salga en estampida, rompiendo normas, compromisos, seriedad y coherencia, para instalar entre nosotros de nuevo al bicho. Por mucho que nos empeñemos en deterrarlo, el único vencimiento llegará de la inmunidad de grupo provocada y alcanzada por las vacunas. Y ese día aún está lejos. En alguna ocasión he puesto en duda las medidas adoptadas por los distintos gobiernos confinando y coartando las libertades de  aquellos que, a lo largo de la pandemia, han sido menos vulnerables a la enfermedad. Tanto apretar el corpiño ha acabado por asfixiar todos los conductos que nos permitían respirar, aunque fuera de forma asistida.
Un análisis más sosegado, con seguridad, nos hubiera bridando otras oportunidades de gestión, otros planteamientos en los que ahora no hemos pensado, menos restrictivos, que hubieran sosegado a millones de almas jóvenes, ansiosas de romper cualquier cordón sanitario, entendiendo que no iba con ellos.
Pero visto con la perspectiva que el tiempo ya nos permite y la evolución que la enfermedad también nos da, creo  que la gestión de todos, casi sin excepción ha sido la correcta casi siempre. Con los errores provocados por lo desconocido a los que nos enfrentamos, a medida que el conocimiento del patógeno ha ido creciendo hemos ajustado el arnés, como si de un traje de seguridad se tratase. Ni el decreto del estado de alarma era la panacea, ni su eliminación va a ser el caos. En ambas situaciones aquellos que eran irresponsables van a seguir en sus trece y la mayoría de la ciudadanía mantendrá el equilibro para retomar la necesaria normalidad y compaginarla con las mínimas medidas, que eviten volver a aquello que ya hemos vivido y que tanto daño se ha cobrado, no ya en vidas humanas o afectados, que también, sino en estados de ánimo. Cien días se da el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez para lograr la inmunidad y es posible que hasta tenga razón. Entendiendo que la cuarta ola, que tanto temíamos, ha pasado con menos horror y dolor del previsto por los efectos de la vacunación. Quiero creer, y a eso me aferro,  que vamos a ser capaces de derrotar al virus con la fuerza de la ciencia y antes de que él nos saque de los bares, de las fiestas y de las reuniones en familia con el rostro de la muerte, con el tormento de la enfermedad o con la aflicción de aquellos que se marchan de forma inesperada. La batalla sigue en todo lo alto. No está ganada. Así que, una vez más, les pido prudencia y paciencia. Hemos remado hasta la orilla, no nos ahoguemos cuando la arena roza nuestras manos.

Los ‘niños’ del PP alcanzan el poder

Antonio Lao | 10 de mayo de 2021 a las 12:44

La proclamación de Javier Aureliano García a finales de junio como presidente provincial del Partido Popular de Almería supondrá, de facto, que quienes a finales de los años noventa y primeros del 2000 fueron bautizados como “los niños” alcancen todo el poder en esta fuerza política.
Ha sido una tarea ardua, cocida a fuego lento en todos los fogones. Pero aquel grupo que lideraba el propio Javier Aureliano, acompañado por Pablo Venzal, Francisco Amizián, Juanjo Alonso, Manolo Guzmán o Miguel Ángel Castellón y en menor medida otros como Ramón Fernández Pacheco o Carlos Sánchez, logrará el objetivo trazado hace tres décadas, en algunos casos dos, nunca sobre papel, pero si en los mapas virtuales de  sus cabezas, de un cuadro dirigente de “amigos”, que se fogó en Nuevas Generaciones y que ha estado en todas las batallas, ya sean grandes o pequeñas, que se han producido en el partido conservador en Almería. Todos, sin excepción, llevan  en sus alforjas experiencia suficiente. Curtidos como pocos han vivido por la política y de la política desde su época universitaria. Incluso algunos desde el mismo instituto. Tras ellos queda un reguero de trabajo, de despacho y de calle, de negociaciones y rupturas, de intrigas y mesas camilla, en el que el objetivo era la victoria o, como mal menor, sobrevivir  o quedar maltrecho o herido, aunque nunca muerto. Siempre, claro está, en términos políticos.
En ese trasiego han contado en los tiempos de Luis Rogelio Rodríguez, mentor de muchos de ellos y quien los catapultó a la cima haciéndolos concejales, diputados o asesores. Las dos décadas de Gabriel Amat han supuesto la consolidación del grupo como un todo, con alguna escisión y desacuerdos. Pero nunca el agua ha llegado al río.Y ahora, en junio de 2021, llega el momento de la verdad para todos ellos. El tiempo en el que llegados a la cima sólo queda permanecer en ella o comenzar la lenta pero inexorable decadencia que provoca el ejercicio del poder. No llegan tiempos fáciles. Al contrario. La fragmentación  de la derecha en tres partidos va a poner a prueba la capacidad de seducción, el compromiso con su electorado y la competencia de todos ellos para ejercer el liderazgo en tiempos de turbulencias. Los primeros pasos de Javier Aureliano han sido tan de tanteo como inteligentes. Nombrar a su “amigo”  Ramón Fernández Pacheco, alcalde también de la ciudad, su número dos supone el primer paso de la “pax romana”, en un PP en el que conviven desde el Congreso Nacional que elevó a Casado a la presidencia dos sensibilidades bien delimitadas. A partir de aquí definir el congreso, atraer voluntades y adhesiones y confirmar que la capacidad de ‘torear’ en plaza de primera no sólo era factible y ejecutable sobre el papel, sino que se traslada al ruedo con decisión, firmeza, mano izquierda y templanza, mucha templanza.

El agua como motivo de confrontación

Antonio Lao | 3 de mayo de 2021 a las 17:41

Magnificar todo aquello que nos separa ha sido siempre rentable para quienes cuya mirada no va más allá de un palmo de su nariz. Los conflictos entre provincias aúnan intereses dispares y los convierten en confluentes, en la misma medida que te rascan el bolsillo o ves peligrar un supuesto bienestar que no existe, pero que de tanto como se pregona acaba calando como la lluvia fina: hasta los huesos.
Hace unos días se escenificó en la provincia de Almería una cumbre por el agua, en defensa del trasvase Tajo-Segura, a la que acudieron los presidentes de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla y el de Murcia, Fernando López Miras. A ella, supuestamente, también estaba invitado el de Valencia, Ximo Puig, que de forma amable declinó la llamada, hizo una larga cambiada, y salió como pudo de la embestida del morlaco, pidiendo no hacer del agua un motivo de confrontación política.
Y tiene razón, aunque el argumento no es tan simple como para limitarlo a una frase facilona, previsible y con la que todos, con seguridad sin excepción, podemos estar de acuerdo. Lo que ocurre es que detrás de las palabras nos encontramos con una serie de connotaciones más complejas, más tela de araña y más madeja difícil de hilar en un ovillo de lana fina o de hectómetros del Tajo al Segura para regar las vegas del levante y continuar con nuestro futuro y desarrollo.
Convertir el agua en motivo de enfrentamiento político, con la intención de ganar votos no renta. Y no lo hará al Partido Popular de Murcia y Almería defendiendo que el trasvase se mantenga tal cual y tampoco en el PSOE de Valencia, que gobierna la comunidad. Porque no se trata de conocer quién o quienes van más allá o están más cerca de los intereses de los agricultores. Lo que está por dilucidar es cómo se usa el agua de forma más racional; quién o quiénes han sido capaces de obtener el máximo rendimiento con el menor gasto posible y, sobre todo, de consensuar que los caudales sean repartidos acorde con las necesidades, sin ir más allá en conceptos que nos dividan como pueblo para rentar en beneficio de unos pocos.
Almería, Murcia y Valencia necesitan agua. Nadie lo duda. Pero del mismo modo hay que buscar las condiciones para que las comarcas más deprimidas de las que parte el trasvase tengan garantizado el caudal que les permita avanzar en un desarrollo que hasta ahora no ha sido posible. Y, claro está, siempre bajo el paraguas de la sostenibilidad ambiental. No creo que el camino o la solución vaya por crear tensiones innecesarias. Si abogo por aunar criterios y por avanzar en soluciones de consenso. Y dicho esto, caminemos en la senda de buscar alternativas propias, en las que no dependamos de otros. Y esas pasan por la desalación y por desbloquear proyectos como Villaricos, congelado.

Vacunarse, siempre sí

Antonio Lao | 26 de abril de 2021 a las 17:26

La  polémica en torno a alguna de las vacunas contra el coronavirus es una especie de Guadiana. Dependiendo de como se desarrolle el proceso y de la importancia de las noticias en torno a la COVID-19, ascienden al primer plano de la actualidad o se sumergen en las profundidades de las redacciones de los medios a la espera de mejor ocasión. El ejemplo que corrobora la tesis lo tenemos en cómo hace dos semanas se paralizó de forma cautelar la inmunización con AstraZéneca y como hoy, quince días después, el proceso continua con la normalidad que requieren situaciones de este tipo y que no es otra que el silencio del trabajo, la responsabilidad de los vacunadores y el alivio de quienes reciben la primera o segunda dosis.
¿Quiere ello decir que los casos de trombos han cesado por arte de magia? Rotundamente no. Siguen ahí, pero son tan contados que no pasan de un porcentaje ínfimo. Tanto como para considerarse uno más de los riesgos que entraña tomar cualquier otro medicamento. Algo similar ha ocurrido esta semana con la vacuna de Janssen. Tras la paralización cautelar que adoptó la Agencia del Medicamento de Estados Unidos, nos encontramos con la prudencia de la europea y, transcurridos los plazos prudenciales, se retoma la inmunización colectiva. No se puede, o mejor dicho, no se debe poner en tela de juicio el proceso. Sobre todo si los mensajes vienen dictados por aquellos que de medicina saben lo que un pastor de ovejas de energía atómica. En el caso que nos ocupa deben ser siempre, sin excepciones, los expertos los que tomen las decisiones. Caso contrario nos envolveremos en el paraguas de la polémica, tan vana, huera y vacía como lo son todas, aunque en casos como el de la pandemia de coronavirus, estemos jugando con vidas humanas. Lo peor de todo este complejo mundo de informaciones contradictorias, de bulos innecesarios y de noticias falsas, es la generación de miedos y dudas en los ciudadanos de la calle, en aquellos que simplemente están expuestos al virus y  que, con la vacuna, desaparecería de sus vidas para volver a la normalidad. Les cuento un caso de una familia tipo. Un matrimonio almeriense de entre 60 y 70 años. A él, vamos a llamarlo Juan, por poder identificarlo, lo llamaban esta semana para inocular la primera dosis de AstraZéneca. Acudió a la cita raudo y convencido. En él, tanto bombardeo informativo no ha dejado el menor poso de miedo o de duda. La mujer, María, aún no ha sido citada, pero tiene la posibilidad de usar el teléfono de citas que existe, y poder comenzar su inmunización. En ella, por contra, tanta saturación de noticias contradictorias han provocado un miedo atroz y escénico. No quiere ni oír hablar de vacunas. Los riesgos son muchos, pero ahí sigue. ¿Por cuánto tiempo? Lo desconozco. Pero si los llaman, ¡vacúnense!, siempre. No arriesguen su salud.

El mundo con el que soñamos

Antonio Lao | 19 de abril de 2021 a las 12:43

Sólo con echar la vista atrás somos capaces de imaginar el mundo con el que soñamos. ¡Qué paradoja! Aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor cobra en los tiempos que corren tanto significado y tan gratificante,  que con sólo cerrar los ojos y volver nuestros pensamientos a la Navidad de 2019, las lágrimas son capaces de aflorar en los ojos de los tipos más duros y fluir desperdigadas y como ríos en aquellos en los que la sensibilidad aparece en la epidermis.
Y es que todos, pienso que sin excepción, buscamos a estas alturas de la pandemia un minuto para tratar de huir de aquello que nos atenaza, que nos asfixia, sin que por medio podamos atisbar unas manos que nos impidan respirar o nos aprieten el cuello. Es tanta la necesidad, el calado del deseo de libertad no impostada, que miramos con ojos de envidia, ya dudo si sana o malsana, a aquellos países que empiezan a abrir tiendas y bares y retiran las vallas de las fronteras provinciales o locales, las que todos nos hemos autoimpuesto para tratar de vencer al virus.
Porque no me negarán que debe percibirse una sensación de placer inmensa cuando, tras algo más de sufrimiento, la vacuna está siendo capaz de darnos el triunfo frente al virus. Países como Israel o el propio Reino Unido caminan en la dirección de la apertura, de la normalidad, de aquellos tiempos en los que el cansancio por lo común nos hastiaba y ahora que no lo tenemos lo deseamos como si no hubiera un mañana.
No se ustedes, pero espero el momento de poder escaparme a un lugar libre de las maldiciones del virus en la misma medida que tu mascota, pongamos un gato, eleva el lomo cuando inicias una caricia desde la cabeza hasta el rabo. Este tiempo de dolor, de muerte y de luto también ha tenido sus momentos para la esperanza, para la superación, para la confianza en los hombres y mujeres que habitan el planeta tierra. Desconozco, y tampoco viene mucho al caso, quienes han salido triunfadores: si los imbéciles que han aprovechado este tiempo para hurgar en la herida de la insolidaridad, el racismo o la indecencia o aquellos que, quizá con una labor más callada, han sido capaces de poner en los mercados la vacuna salvadora o los que, sin ser científicos e investigadores de primera fila, han logrado evitar la soledad y la depresión de tantos y tantos. Ellos, unos y otros, son los que mantienen viva la fe y la esperanza en los humanos frente a la mezquindad y el balbuceo sonoro de los que  han dedicado este tiempo al interés propio y particular.
Y mientras llega el mundo con el que soñamos, les invito a recorrer los caminos de la provincia, las sierras con restos de nieve en el interior, o el manto verde que hoy, en primavera, es Cabo de Gata. Un anticipo del mundo que viene. Espero que mucho más feliz.

Surfeando olas de la COVID-19

Antonio Lao | 12 de abril de 2021 a las 17:38

Cuando camino por la  mañana  o algo ejercicio a lomos de un rodillo instalado en una bicicleta de montaña con las mascarilla puesta tengo la sensación de que en muchas ocasiones me falta el aire. A medida que el ritmo crece o el porcentaje de subida se incrementa, la sensación de ahogo se multiplica de forma exponencial. Y no les digo nada si el pedaleo se ajusta al plato grande y al piñón pequeño de la “Mountain Bike”. ¿Hacia donde quiero llevarles? Al hartazgo necesario de surfear a lo largo de todo un año sobre las olas de la Covid-19. No ha sido fácil este tiempo y mucho me temo que lo que resta hasta la normalidad, si es que un día llega, va a ser aún más complejo. Pero todo sea por la salud y las consecuencias, imprevisibles, que un contagio puede acarrearte en cualquier momento.
Si usted, sí usted, es uno de esos que ha logrado hasta el día de hoy sortear la enfermedad, primero le felicito; segundo le aplaudo porque, con seguridad, ha respetado las normas casi al dedillo y tercero, le aplaudo por el estoicismo y capacidad de sufrimiento y aguante que ha tenido para llegar hasta aquí. Si ha sido capaz de nadar durante casi 400 días en dirección a la playa, no lo fastidie con un descuido o un error de confianza y al final se quede en la orilla sin percibir en sus pies el placer de pisar la arena. Todos, creo que sin excepción, hemos hecho a lo largo de este tiempo un ejercicio de compresión y análisis sobre los riesgos que conlleva, -les expongo un par de casos-, tomar unas cervezas en un local cerrado o llevar la mascarilla en el cuello o en la mano, como elemento decorativo, cuando en el círculo en que te mueves se han añadido conocidos, y hasta amigos, pero no habituales. Y es que como bien dice el escritor Jonh Carlin, “riesgo” debería ser reconocida como la palabra del año. Como somos tan aficionados a dejar constancia de lo nuevo de lo no habitual, no me dirán ustedes que a lo largo de este tiempo no hemos evaluado los riesgos que corremos si desescalamos con más celeridad de la debida. Los riesgos, más que evidentes, si nos sumamos al desenfreno y a la fiesta en locales cerrados; el riesgo a brotes innecesarios; el riesgo al desempleo; el riesgo a tener accidentes y así hasta el infinito y más allá.
La conclusión, si es que podemos llegar a alguna so pena de equivocarnos y rectificar a los cinco minutos en los tiempos que nos ha tocado vivir, es que los gobiernos, casi todos, han priorizado a toda costa que no se extienda el virus. Entre otras razones porque la suma de casos aumenta la presión en hospitales y UCIs y todo queda desprotegido. Pero aún así, y siendo conscientes de ello, mantenemos el riesgo y buscamos encima de la ‘tabla de surf’ la nueva ola, que se nos acerca, cuando la inmunidad de grupo está a la vuelta de la esquina. Piensen antes de cometer una insensatez. Pueden quedarse varados en la orilla.

Lo que Ábalos nos dejó

Antonio Lao | 5 de abril de 2021 a las 18:02

Hace exactamente un mes en este mismo espacio, escribía sobre el AVE con Murcia y como lo ve un optimista, un pesimista y un equilibrado. Cada uno con sus percepciones y atendiendo a la realidad, siempre tozuda, que los distintos gobiernos, -da igual el color- han tenido con esta provincia y sus infraestructuras. Después de la visita del ministro de Fomento, José Luis Ábalos, tenemos algunos argumentos más, nuevos datos y conceptos que me permiten analizar desde otros puntos de vista el futuro de la infraestructura. A fuerza de errar en alguna opinión -les ruego me disculpen por ello- tengo claro que el ministro vino a Almería porque la presión de todos los que aquí vivimos, entre los que me incluyo, se les hacía insoportable. No para él, que está en otros asuntos y en un escalón superior, sino para aquellos que representan al Gobierno y al partido que lo sostiene en la provincia.
Después de analizar cada una de sus palabras he de reconocer que fue valiente. A su manera, pero valiente. No tenía opciones. Haber insistido aquí, que mantenían la fecha de 2023 para la llegada del AVE a la capital, como hasta hace unos días sostenían sus correligionarios, hubiera sido un duro golpe de credibilidad que no estaban dispuestos a soportar y temerario.
Bien. Dicho esto, todo lo que nos encontramos a posteriori fue un discurso aprendido de memoria, estudiado con minuciosidad y tirar de argumentario. Si más. No encuentro ni un solo motivo para ser optimista con respecto a la principal infraestructura que esta tierra  tiene pendiente y que los sucesivos gobiernos han metido y sacado una y otra vez en el cajón, según les convenía. Les digo hoy, y estamos a cuatro o cinco años de que la promesa se cumpla -nueva fecha puesta por el señor Ábalos para que los AVE surquen territorio indálico- que lo afirmado ese jueves fue lo que de forma coloquial se conoce como una “patá p’alante”. A poco que desmenucemos el estado de las obras y grado de ejecución de los distintos tramos, llegamos a la conclusión de que, una vez más, es imposible cumplir con la palabra dada.
Es lo que hay y nos aferramos a ello, a sabiendas de que el papel lo aguanta todo y no digamos las palabras, que se las lleva el viento, ya sople de levante o poniente, lo mismo da que lo mismo tiene, porque el resultado es el mismo. Cualquiera sabe donde estará el señor Ábalos en el año 2025 o 2026 como para que le importe lo que afirmó un buen día de fin de invierno en Almería allá por 2021. Y si no que le pregunten a sus antecesores recientes, empezando por Álvarez Cascos, Magdalena Álvarez, Ana Pastor o Íñigo de la Serna. Pocos se acuerdan de ellos. Tan sólo quedan las hemerotecas y las grabaciones de televisión y radio para dar pública fe de cuánto se puede mentir ejerciendo la política y como juegan con la ilusión de los demás y el dinero de los españoles.

La dignidad de las hortalizas y de quienes las cultivan

Antonio Lao | 5 de abril de 2021 a las 17:59

Dignificar las viviendas de los inmigrantes que trabajan en las explotaciones agrícolas de la provincia (Poniente, Levante y Costa de Níjar) es un reto de ingentes proporciones, que esta tierra debe situar entre sus principales prioridades. Es urgente acabar con asentamientos y con imágenes que no deseamos ver, pero que están ahí y que no nos dejan en el mejor de los escenarios posibles. Ha llegado el momento de afrontar, con los instrumentos necesarios y con el compromisos de todas las partes en liza, la viabilidad de la edificación y funcionamiento de dotaciones habitacionales, viviendas, dirigidas a trabajadores inmigrantes en las explotaciones agrícolas bajo plástico.
Los intentos, desde los tristemente famosos sucesos de El Ejido, han sido muchos y variados. El camino andado es importante, a pesar de que el trayecto por recorrer aún es largo, tedioso y jalonado de clavos y espinas.  Pero lo que trasciende, lo que hace en esta ocasión que exista una posibilidad real de lograrlo es la voluntad de las partes y la vigilancia que desde Europa ya se ejerce sobre el modo de vida de aquellos que cultivan los productos, las hortalizas, que cada día consumen en los supermercados del viejo continente.
Esta cuestión no es bal

adí. La competencia es mayor cada día y si no somos capaces de salir airosos de este maremoto, la ola que produce nos arrastrará a todos. Lo que está en peligro es el modelo Almería y su supervivencia. No temo que fracasemos. Al contrario. Al igual que logramos en un año acabar con los residuos fitosanitarios y avanzar en la senda de lo ecológico y lo natural para erradicar  las plagas, avanzaremos con la celeridad necesaria es buscar alternativas para que aquellos que colaboran de forma sustancial en que Almería sea la huerta de Europa, vivan en las mejores condiciones. La apuesta, liderada por Níjar, creo que debe ser atendida por quienes tienen en sus manos voltear la imagen que proyectamos. Se aplicó y se aplica con éxito en Francia en la vendimia. Se ejerce ya con notable aceptación en la recogida de la fresa en Huelva y debe ser una realidad en Almería más pronto que tarde. Son los empresarios, con la colaboración de las administraciones, los que deben poner las bases de un futuro que se me antoja más humano, más digno y más decente. Y a dignidad no nos gana nadie.
La primera piedra que acaba de poner el Ayuntamiento de Níjar abre un camino de buenas e infinitas posibilidades. No subirse al carro de la dignidad de nuestros productos en Europa es un riesgo que, en ningún caso, debe pasarse por la cabeza de quienes tienen en su poder la posibilidad de cambiar la imagen de nuestros cultivos. Dejar todo a su suerte o en el cajón de los incumplimientos conllevará que muchas empresas no puedan vender en Europa y en sus supermercados más pronto que tarde. Ese es el reto. Hagámoslo realidad.

El control del agua

Antonio Lao | 22 de marzo de 2021 a las 18:36

Hoy es el Día Mundial del Agua. Una efeméride con mucho sentido a nivel global -cada vez existen mayores problemas para abastecer el planeta- y con un significado especial en la provincia de Almería. El control del agua, su uso, distribución y consumo, se ha convertido en el eje sobre el que gira el poder, en casi todos los sentidos en esta tierra nuestra. Quien tiene la llave de paso, esa que se abre o se cierra según necesidades, lleva ventaja con respecto al resto en el ejercicio del dominio de un bien común y su reparto.
Y es que como dice el proverbio inglés “no se aprecia el valor del agua hasta que se seca el pozo”. Una invitación clara a reflexionar sobre el consumo, el ahorro y su cuidado y a no dar por sentado ningún recurso natural.
Y aquí, en la provincia, sabemos muy bien de qué estamos hablando. Con la caída en picado de los índices de pluviometría, ya escasos y ahora acentuados con el cambio climático, una tierra como la nuestra debería, o al menos intentarlo, avanzar en un pacto global que concluya con la garantía de flujos necesarios tanto para abastecimiento como para regadío.
Lo que hoy somos, una tierra de prosperidad y crecimiento, ha sido posible gracias a la explotación, cada vez más razonable y coherente, de unos recursos escasos y con fecha de caducidad. Pese al trabajo, arduo, complejo, certero en muchas ocasiones y con algunos errores evitables, lo cierto es que hemos sabido aprovechar, o tratado, cada gota para alcanzar el máximo rendimiento posible.
La provincia es pionera en muchas cosas, pero con seguridad una de ellas, sino la primera, ha sido la búsqueda de soluciones novedosas a un déficit hídrico permanente con el que nos hemos acostumbrado a convivir.
Pero se hace necesario ir un paso más allá. No basta con los acuíferos, sobre explotados, los trasvases, -alcanzados a base de esfuerzo, presión y lógica- y la desalación. Ha llegado el momento de avanzar en la búsqueda de nuevos retos, que pasan no por un mayor consumo, sino por optimizar lo que tenemos, con nuevas redes, tanto de abastecimiento como de riego, en las que las pérdidas sean intrascendentes. Para progresar en este objetivo no vale avanzar en el mercadeo o en la consecución de dinero fácil venido de un bien necesario e imprescindible.
La apuesta pasa por dejar trabajar a aquellos que conocen las necesidades, los problemas y la forma de solucionarlos. El paracaidismo y el control por parte de los advenedizos debe ser cortado de raíz. Evitado con la fuerza de la lógica, de planteamientos útiles y con el acuerdo de quienes cada día son capaces de rentabilizar una gota de agua como si de una pepita de oro se tratase. Otros planteamientos avanzan en guerras del agua, que ya les digo, pueden ser dolorosas y crueles.

AVE Almería: el optimista, el pesimista y el equilibrado

Antonio Lao | 15 de marzo de 2021 a las 20:07

No salgo de mi asombro. Leo una nota del diputado socialista por Almería Indalecio Gutiérrez, con toda la pompa, el boato y la propaganda necesaria -sólo le faltó tirar cohetes, un castillo de fuegos artificiales y hacer una escapada a Alhabia o a comprar pan en el entorno de El Alquián- en la que se felicitaba porque el Boletín Oficial del Estado (BOE) recogía que el Gobierno había publicado el estudio informativo del soterramiento en la ciudad murciana de Lorca, único gran tema a resolver para el avance de la línea.
Si uno quiere ser optimista, pero de esos que pase lo que pase mantienen la sonrisa, la esperanza y la ilusión, como muy, muy pronto, estamos hablando de un lustro para que la obra estuviera terminada. Eso en el mejor de los casos. Entonces, y sólo entonces, el tren de velocidad alta podría cruzar hasta Almería y seguir rumbo a la estación de la capital.
Luego estaría el pesimista, aquel que viendo el ejercicio de propaganda, abre los ojos, pestañea dos o tres veces, enseña una pequeña mueca, una mezcla entre escepticismo, enfado y pasotismo, no sigue leyendo y piensa: “ya están estos con un intento más de convencer a incautos de que las obras, esas que esperamos como agua de mayo, obras de las de verdad, con movimientos de tierra de los de verdad, con puentes y túneles de los de verdad, avanzaran al ritmo, por ejemplo, como en su día lo hicieron las del AVE con Málaga,  cuando la ministra de Fomento era Magdalena Álvarez”. Pero no, va a ser que no. No pasamos de un papel lanzado a los medios y a las redes, a la caza de incautos que aún ven la botella medio llena, como el ciudadano por el que hemos comenzado. El derrotista, harto de que lo  engañen desde los inicios del siglo XXI, cierra la página del periódico donde lo ha leído y con ella envuelve las tripas del pescado que acaba de limpiar y la tira a la basura, para que huela lo menos posible antes de llevarla al contenedor.
Y luego está el equilibrado, aquel que sólo cree en lo que ve. Y lo que percibe en estos tiempos de zozobra que a todos nos torturan en mayor o menor medida, es que hay, como no podía ser de otra manera, interés por parte del Gobierno en avanzar en los trabajos del AVE entre Murcia y Almería. Pero la realidad, siempre tozuda, es que pese a unos presupuestos millonarios que nos vendieron y se aprobaron, todo requiere su tiempo. Y no están las arcas para avanzar en una comunicación largamente demandada, demasiadas ocasiones paralizada y casi siempre “metida” con   calzador en un zapato que va pequeño para ese pie. No nos engañemos. La verdad es terca como una mula y pasa porque hoy por hoy, por más que nos rasguemos las vestiduras, el tren de velocidad alta no llegará a Almería en 2023 y mucho me temo que tampoco en la década que estamos. Pensar otra cosa es un brindis al sol.