Antonio Lao | 13 de mayo de 2013 a las 19:45
No es lo mismo redactar un proyecto en doce meses que prolongarlo durante dos años. Puede parecer simple, casi banal, pero lo cierto es que en una obra que necesita años de cocción para salir adelante se prolonga sine die a poco que la administración lo pretenda, priorice otras o, simplemente, como ocurre en los tiempos que corren, no haya dinero ni para tomarse un café.
Este es el panorama que se dibuja en las obras del AVE que debe unir Murcia con Almería. No sabemos cuando, a pesar de que las obras en cuatro tramos están a punto de concluir. Bien es verdad que son los más complejos e, incluso, los más costosos, pero no lo es menos que a partir de su terminación nos vamos a encontrar con un impás difícil de cambiar, si nadie lo remedia. Y lo que es peor, los fondos FEDER que hay para Andalucía hasta este año, casi mil millones de euros, es posible o probable que deban devolverse a Europa por la falta de agilidad de aquellos que nos gobiernan, la falta de peso de aquellos representantes que tenemos en Madrid o, simplemente, porque la ministra del ramo se ha empeñado en priorizar otros proyectos en detrimento del que ya está en marcha.
Preguntaba hace unos días la diputada socialista Consuelo Rumí en la Cámara Baja por el estado de ejecución de ocho tramos del AVE entre Murcia y Almería, tramos que van desde el límite de la provincia en Pulpí hasta casi la capital. Y lo hacía la señora Rumí con la entereza y la facilidad que la oposición te permite. Reclama agilidad, -y me parece muy bien- pero olvida la señora diputada que cuando ellos gobernaban ya decidieron pasar de uno a dos años el periodo de redacción de proyectos. Si a eso sumanos la lentitud agobiante con la que se mueve la actual responsable de Fomento, nos vamos a encontrar con cuatro tramos ejecutados y con las vías puestas y el resto a la espera de que a alguien se le encienda la bombilla y decida acortar los tiempos.
Se hizo en el Córdoba-Málaga y todo el mundo aplaudió. Ahora estamos empeñados en lo contrario, sobre todo cuando disponemos de una financiación del 30% de Europa y parece que nadie ve que el dinero se va a perder y retornar a Bruselas.
El uno por el otro, como dicen en mi pueblo, el AVE sin hacer. Eso si, ya verán ustedes como cada cierto tiempo, al igual que el Guadiana, nos encontramos con una polvareda de declaraciones entre el PP y el PSOE, echándose la culpa entre ellos, ocupando titulares de periódicos, aunque la realidad no sea otra que la inoperancia de los que estaban antes y la lentitud y olvido de los que gobiernan ahora. ¡Qué falta de compromiso por parte de todos!
Antonio Lao | 6 de mayo de 2013 a las 11:30
ElL día que Fernando Martínez, flamante secretario general de la agrupación local del PSOE de Almería, decidió optar al cargo ya sabía que contaba con una mayoría razonable. La experiencia es un grado y el Georgio Napolitano almeriense, como muy bien lo ha bautizado mi compañero Iván Gómez, no ha dado nunca en política una puntada sin hilo. Se mueve como pocos, nada como nadie y otea el horizonte con la pericia que dan sus muchos años de militancia, su notable preparación y, porqué no decirlo, los “golpes” en forma de fracaso, que también los ha tenido, a lo largo de su vida política.
El historiador almeriense, profesor universitario y ex-alcalde de la ciudad, se ha visto arropado por aquellos que han hecho política en Almería en los últimos treinta años. Por aquellos que han gobernando en los buenos tiempos y que han visto pasar las legislaturas desde las trincheras a base de pan y cebolla. Por aquellos que cuentan sus batallas por victorias y derrotas a la par, que mantienen más cicatrices de las que quisieran y heridas sin cerrar, a la espera de que el cirujano las cosa y el tiempo las disipe. Desde el lunes pasado Fernando Martínez tiene la tarea de recuperar muchas cosas, demasiadas diría yo, en un partido que ha ido dando tumbos mucho tiempo y en el que las personas se han impuesto a los programas y a las ideas. Bajo este prisma no es de extrañar el hartazgo de la sociedad, del pueblo, e incluso de los propios votantes. El profesor llega sin ataduras y sin complejos y, lo que es más importante, sin pretensiones. No quiere ser alcalde y sí pretende trabajar para que uno de los suyos ocupe el sillón municipal. Otra cosa es que le dejen hacer, que se sienta arropado, incluso por aquellos que se las prometían felices y que el lunes, tras el recuento, se toparon de bruces con la realidad más brutal y más dolorosa: la derrota. En el PSOE la experiencia sigue siendo un grado, la coherencia se impone y los experimentos los dejan para hacerlos con gaseosa. Aún así no lo va a tener fácil. Parece poco razonable que lo acusen de vieja guardia cuando un voto es un voto, sin importar la edad; tampoco tiene sentido decir que son los que siempre han gobernando, cuando en los últimos 15 años el poder sólo lo han visto de soslayo y, por último, no creo que la tarea que tiene por delante el ex-alcalde sea un camino de rosas. Al contrario, la vereda está serpenteada de espinas y algunas como clavos. La izquierda vive anclada en unas horas tan bajas, que creer que la alcaldía está a tiro de piedra es ser un iluso. Los ciudadanos están cansados de políticas de recortes, pero las encuestas se encargan un día si y otro también de recordar que en este mar revuelto, los socialistas no pescan.
Antonio Lao | 30 de abril de 2013 a las 17:37
Luis Reogelio Rodríguez, alcalde de la capital y su equipo, están inmersos desde hace varios meses en una serie de conflictos que amenazan la serenidad y el equilibrio en el que se han movido las últimas legislaturas, sólo con sobresaltos puntuales.
El Convenio Colectivo llevó al Pleno y a las Comisiones Informativas una protesta larvada durante excesivo tiempo y que, al final, con la mediación del “negociador” permitió al primer edil salir relativamente airoso, aunque el coste político para alguno/a de sus concejales se me antoja excesivo.
Sellada esa pérdida, renace la tensión con la empresa de la basura. En época de duros recortes, desde la Plaza Vieja se han bajado los costes a las concesionarias en casi diez millones de euros, con lo que supone, para todos, de pérdida de servicios y valor adquisitivo de los trabajadores. El cascabel de este gato, fiero y de uñas, se llama división en la prestación del servicio: por una parte la recogida de basura y, por la otra, la limpieza diaria. La pelota sigue en el tejado, a la espera de caer o no. El conflicto en forma de huelga parece alejado, aunque en cualquier momento puede girar en el sentido que menos desean.
Con ser estos problemas complejos y capaces de quitar el sueño a más de uno, el de la Policía Local parece destinado a acabar con la vida política de algunos concejales y con la imagen de serenidad que han ofrecido algunos cargos de este cuerpo policial.
El órdago que el superintendente ha lanzado a la concejala, con la petición de mediación del alcalde de por medio, sitúa a la Policía Local en un “volcán” en erupción, del que más de uno va a salir chamuscado. Parece coherente que Luis Rogelio confirme a la concejala en sus decisiones. Un cuerpo de este tipo, con sus mandos, tiene por encima a los responsables políticos, encargados de ejecutar los proyectos y propuestas. Parece necesario, no obstante, que la mano izquierda del “negociador” regrese con la fuerza que le caracteriza y trate de sellar una herida que sangra más de lo que cabría esperar.
En situaciones de este calibre los intereses particulares, las amistades y los malos rollos entre personas deben quedar al margen. El interés general, que no es otro que el de los ciudadanos que habitan en la ciudad está por encima, pese a que algunos y algunas traten de empozoñar de forma aleatoria, creyendo que cuanto peor mejor. Un error de cálculo que amenaza de forma seria la credibilidad y el trabajo razonable que ha caracterizado la gestión municipal en los últimos años. Es hora de tomar decisiones, por dolorosas que puedan ser, harán cicatrizar las heridas. Lo contrario es la gangrena.
Antonio Lao | 22 de abril de 2013 a las 17:32
Cualquier tipo de juego que genere ruido, como dados, dominó o música en vivo, prohibido; dejar sólos a los animales en balcones, patios o zonas comunes, prohibido; gritar, vociferar, cantar o tocar instrumentos musicales, prohibido; hacer obras durante el periodo estival del 1 al 31 de julio, prohibido. Estas y algunas otras son las “perlas” que recoge la nueva ordenanza reguladora del ruido de Mojácar, aprobada en Pleno el 16 de marzo.
Para cualquier neófito o desconocedor de la realidad, la norma que el Ayuntamiento que preside Rosa María Cano ha sacado adelante, puede parecer descabellada. Sin embargo, a poco que se bucee en la realidad y se mire con objetividad lo bendecido por el consistorio, podremos llevarnos una sorpresa positiva en favor de los redactores de la norma y de los políticos que la han certificado. Si hacemos algo de historia y miramos a los municipios turísticos similares a Mojácar comprobamos como algunos han perdido para siempre el visitante de calidad y el que de verdad deja dinero, en favor de mochileros, juerguistas y demás fauna dominguera que no suelta un euro, que lleva hasta el bocadillo y la cerveza al hombro, y para dormir se conforma, si hay éxito, con una pensión barata, cuando no se dejan caer en la arena de una cala cualquiera.
Rosa María Cano busca alejarse de este mundo que tan pocas castañas saca del fuego a aquellos empresarios turísticos que de verdad pretenden solidez, calidad y, sobre todo, imagen turística para llegar a los bolsillos más exigentes. Si bien es cierto que desde el Ayuntamiento no se ha hecho, que se diga, un ejercicio positivo de explicación de la norma, no lo es menos que cuando se lee con detenimiento nos encontramos que difiere bien poco de las aprobadas por otros municipios costeros de este país, que quieren alejarse de la cutrez y el casperío, y se adentran en la excelencia de la calidad. Mojácar y su embrujo se han labrado con los años una imagen notable en Europa. Una imagen de sostenibilidad, de playas cristalinas, hoteles de encanto, restaurantes variopintos y noches, en las que salir a tomarse una copa no tiene porqué ser sinónimo de botellón, latas de cerveza, despendole y playas abarrotadas de potentados de medio pelo.
El pueblo es y debe aspirar a la sublimidad que subyace de las mil y una posibilidades que tiene por su situación, su enclavamiento privilegiado, su historia y un prestigio labrado a cincel y martillo durante muchos años. La nueva ordenaza llega para consolidar lo que existe y no desviarse por el camino de turistas descamisados y borrachos de fin de semana que viven de alcohol barato, bocadillo y playas para dormir.
Antonio Lao | 15 de abril de 2013 a las 20:48
Una buena parte de los pueblos de Almería corre serio riesgo de desaparecer. Los datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística son dramáticos para esta provincia. El interior se despuebla en la misma medida que se deshace un azucarillo en el agua. Los intentos de mantener la población en sus lugares de origen se han revelado hasta ahora infructuosos, quizá porque no se haya hecho lo suficiente; tal vez por la incapacidad de aquellos que tienen los medios para cambiar las cosas o porque, simplemente, es imposible salvar de la desaparición a aquellas localidades en las que no hay nada que permita asentar a la población.
Una conversación con un alcalde de estos municipios hace unos días me dejó perplejo, a la par que extrañado y dubitativo. En la localidad en cuestión no viven más de doscientas personas, aunque el padrón municipal habla de 700 habitantes. Todas las energías del primer edil -y se creía lo que decía- iban encaminadas a hacer un espacio escénico, unas pistas deportivas y un parque infantil. Lo cierto es que en el pueblo en cuestión no ha nacido un niño desde hace más de una década, la media de edad de sus habitantes supera con creces los setenta años y en las calles durante el invierno, sea de día o de noche, “no hay ni un cristiano”. Una frase castiza, que expresa la realidad a la que se enfrenta el municipio en cuestión. Aún así, dispone de una de las mejores vegas de olivos de la provincia, con agua suficiente si hay real empeño en crear una Comunidad de Regantes, y voluntad de trabajar en aquellos que tienen la posibilidad de marcar el camino de la recuperación de la población.
Qué sentido tiene invertir miles de euros en infraestructuras si luego no las va a usar nadie. Es algo así como comprar los toneles sin haber plantado las viñas. Un ejercicio casi de esperpento, si no fuera doloroso para aquellos que hemos nacido y criado en un pueblo y que ahora vemos como padecen una lenta agonía que los acogota y los asfixia, a la espera de la muerte. Me niego a pensar que no hay futuro para estos poblados. Pienso que los que nos gobiernan se han centrado en lo superficial, en dar contenidos y salidas a sus egos políticos irrefrenables en forma de infraestructuras vanas, dejando al margen la búsqueda de un futuro poblacional. Sin niños, sin jóvenes y sin familias es más que complicado fijar la población a sus lugares de origen, por más que la vida en las grandes ciudades sea compleja y entendiendo que en el campo aún existe la posibilidad de una peonada en el Plan de Empleo, el cultivo de hortalizas o la cría de gallinas y cerdos para poder subsistir. Esto pasó a la historia. Son otros tiempos, con otras soluciones, pero posibles.
Antonio Lao | 10 de abril de 2013 a las 13:41
De la mano de la Diputación, más de una decena de empresas de la provincia de Almería exhiben desde mañana sus productos selección en Madrid. El Salón del Gourmet se ha convertido, por méritos propios, en el escaparate para dar a conocer los sabores que van más allá de lo común, que tienen un espacio de privilegio en las estanterías y que suman más euros que los demás en las arcas económicas de esta tierra de contrastes que es la provincia.
Aunque el camino por recorrer es todavía muy largo, lo cierto es que somos conscientes de nuestras capacidades y del valor que tienen algunos de nuestros productos, más allá de la tradicional caja de muestra o de los miles de kilos producidos de hortalizas, verduras o frutas tradicionales. Todavía es un mercado reducido, exquisiteces que no están al alcance de todos, pero que van más allá de lo común para convertirse en productos demandados por aquellos que pagan.
Ahí está el raf, el auténtico, los aceites producidos en el desierto o las fritadas y pimientos asados con carbón, por poner algunos ejemplos conocidos. Pero vamos más allá. En esta tierra se están produciendo ya hortalizas de diseño como el pimiento “Angelo” o las hortalizas en miniatura, que los mercados europeos demandan cada vez más, sin importar cuánto se paga por ellas. Aquí se elaboran vinos poco conocidos, pero capaces de satisfacer a paladares habituados a lo diferente, a lo fuera de lo común.
En la provincia de Almería, somos capaces de adaptarnos a las novedades, a las necesidades del mercado, con la misma facilidad que un contorsionista dibuja sobre el alambre una pirueta. Nuestra raiz fenicia tarda poco en salir a borbotones, a poco que encontremos un pequeño sendero o un camino estrecho por el que colar ríos de innovación e inteligencia, acurrucada o dormida durante décadas. Es esta una tierra de creadores, de creativos y agradecida, a poco que caigan dos gotas, -ya lo saben ustedes-, brotan manantiales de sabores hasta en el desierto más seco como puede ser Tabernas o Cabo de Gata.
Si esto es así, qué no seremos capaces de ofrecer si contamos con la materia prima necesaria.
En este marco no es de extrañar, por tanto, que oportunidades como la que se dibuja a partir de mañana en Madrid, sea el mejor escenario para poner sobre los paladares de aquellos que visiten el salón toda nuestra capacidad. Aquí, la Diputación de Almería ha estado ágil apoyando a empresas y empresarios, -grandes y menos grandes- para que lideren toda nuestra capacidad y esparzan lo que esta tierra de contrastes es capaz de dar. Y ustedes, como ya saben, es mucho.
Antonio Lao | 1 de abril de 2013 a las 11:42
Cajamar muestra en su último número de la serie de Economía, titulado “El sector de la comercialización hortícola en Almería”, la necesidad de trabajar en pos de la concentración de la oferta, para hacernos más fuertes frente a países terceros, comercializadoras y grandes supermercados.
No es un secreto que algo se está moviendo en el campo almeriense en los últimos meses, con el aliento de la crisis que nos acogota; arengados por las administraciones que ven en la unión síntomas claros de fortaleza y, porqué no decirlo, sabedores de que un sector hortícola fuerte es sinónimo de defensa de nuestros intereses con mayor vigor y capacidad de respuesta.
En esta línea en la que todos trabajamos, y con la prudencia que las negociaciones siempre merecen, hemos visto en las últimas semanas algunos movimientos de cierto calado, como es el caso de la unión entre Agroiris y Ejidoluz o los contactos entre Agroponiente y Nature Choice para culminar en procesos lógicos de concentración de la oferta que harán alhóndigas y cooperativas más fuertes, con ahorro de costes y máxima proyección internacional.
El sector, a juicio de los expertos, está viviendo una campaña histórica. Un tiempo en el que la palabra crisis se ha olvidado para dar paso a precios fantásticos, continuos en el tiempo y con perspectivas de un futuro halagüeño.
No es extraño, por tanto, que al albur de una situación positiva, en medio de una crisis que golepa a casi todos, los gestores de la agricultura de esta provincia se hayan lanzado a procesos que nada tienen de inciertos y si mucho de coherentes.
Los que conocemos, aquellos que yan han salido a la luz, no son los primeros y tampoco van a ser los últimos. En el mundo empresarial del campo se suceden contactos y negociaciones, que la prudencia aconseja silenciar por ahora y a la espera de que den los frutos deseados.
Si al final concluyen, que es lo deseable, habremos logrado un sector más fuerte y con mayor capacidad de decisión y negociación. Los grandes beneficiados, no lo olvidemos, serán los agricultores. Los pequeños empresarios que tienen en este medio de vida su presente y su futuro. Aquellos que con su tarea diaria callada y silenciosa, han sido capaces de evitar que la economía de esta provincia se desplomase. El giro a la agricultura que la crisis nos ha traído ha sido capaz de mantener el paro a raya y el futuro de esta tierra optimista. Somos, sin duda, pese al golpeo de la crisis, más fuertes, más internacionales, más innovadores y con capacidad ilimitada de crecimiento.
Antonio Lao | 25 de marzo de 2013 a las 11:43
El corte del suministro eléctrico en algunas de las dependencias municipales de Albox por impago a la compañía suministradora es un elemento añadido, que pone al descubierto la más que delicada situación por la que atraviesan las arcas municipales de la mayoría de los municipios de la provincia.
Nadie se extraña hoy de que haya retrasos en el pago de las nóminas, de que los acreedores lleven sin cobrar años o de que se ponga encima de la mesa, con toda su crudeza, la posibilidad de despedir a funcionarios para aligerar los gastos anuales de cualquier consistorio.
La situación es extrema. No hay día que no nos desayunemos con un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) o despidos masivos de empresas o compañías que han sido sinónimo de crecimiento, desarrollo y estabilidad de este país. No es de extrañar, por tanto, que algunos municipios se planteen aligerar sus plantillas para tratar de cuadrar las cuentas.
En Albox, en Adra, en Turre, Macael y otros pueblos de la provincia los alcaldes se sienten atenazados, incluso cohibidos, y dudan de tomar o no medidas drásticas. No hay que tener reparos a buscar el equilibrio presupuestario que la sociedad y los propios vecinos demandan, aunque sea doloroso. Un solo despido es lo suficientemente trágico como parar pensarlo, sobre todo porque es una familia que se va al paro. Sin embargo, un mes y otro también no se puede estar con la Espada de Damocles de las nóminas al cuello. Son más graves los retrasos que los depidos. A veces es preferible dar un paso atrás para poder caminar dos hacia adelante, que acabar en la bancarrota más absoluta o acogotados por las deudas.
Con ser importantes los trabajadores, lo son más todos aquellos proveedores que ven como no cobran por servicios que se prestan. Es inconcebible que los trabajos se hagan y nunca se paguen. En el caso de Endesa y Albox, si bien es cierto que era necesario un acuerdo de mínimos que garantice el pago y se mantenga el suministro, no lo es menos que si un servicio se da, acto seguido se salda. Todo lo demás conlleva a tensiones innecesarias, a imágenes poco edificantes de los pueblos en el exterior y a un deterioro progresivo de aquellos que gobiernan, abocados a un futuro más que incierto.
Al margen deben quedar las amenazas, los comunicados llenos de palabrería y acciones huecas, que a lo único que conducen es a dilatar en el tiempo la toma de decisiones. En casos como estos urge, de inmediato, taponar la herida para que deje de sangrar y, acto seguido, cirujía rápida y curas para que el enfermo pueda hacer vida normal.
Antonio Lao | 18 de marzo de 2013 a las 12:08
La Junta de Andalucía ha decidido conceder autorización a la empresa Basti Resources para que busque y explote oro en un total de 45 cuadrículas mineras en los términos municipales de Fiñana y Abrucena. La noticia ha generado una notable expectación en una de las comarcas más deprimidas de la provincia de Almería como es la del Nacimiento. Quien más,quien menos, tiene en la cabeza la imagen de los curtidos y rudos buscadores de oro de las películas americanas o aquellos inmigrantes que llegaron desde medio mundo a Australia y Nueva Zelanda, a la caza y captura del preciado metal.
Pero nada más lejos de la realidad. Ahora la tecnología se impone. Los estudios son minuciosos y la extracción quiero pensar que se hará con absoluta escrupulosidad y respeto al medio ambiente. La Comarca del Nacimiento es una joya ecológica, dañada a la vista por los aerogeneradores eólicos, que han convertido un paraje ácido, duro y agreste en una especie de híbrido, en el que las luces de los molinos por la noche y el ruido de las hélices las 24 horas nos trasladan a un paisaje irreal de molinos quijotescos con beneficios para unos pocos y molestias para el resto.
Bajo este planteamiento y con la vista puesta en la necesidad de generar empleo, que está bien, el desarrollo de los trabajos se deben encaminar hacia el más escrupuloso de los respetos al mantenimiento de la zona con sus particularidades, su historia y su paisaje. Roturar ahora, en pos de un objetivo del cual desconocemos su rentabilidad, montes y veredas tiene un precio alto que hay que valorar en su justo término antes de afrontarlo.
Recuerdo hace unos años otra empresa que decidió denunciar como zona minera la mayoría de las hectáreas sobre las que se asienta el Centro de Experiencias Michelín. Sabedores de que Rodalquilar tuvo sus minas y que el mineral está, aunque en cantidades pequeñas,puso en peligro un centro puntero en el mundo que sitúa a Almería como lugar de referencia y en la vanguardia de la tecnología. Entoces fue la misma administración autonómica la que debió poner coto a los despropósitos y blindar la presencia de Michelín en esta tierra, alejando a merodeadores de dudosa reputación y menor rentabilidad en el empleo.
En Fiñana y Abrucena se han despertado muchas conciencias. Son demasiados los que creen que las expectivas de empleo son enormes y la ocasión no es para perderla. Pero lo cierto es que ahasta ahora se han dado pasos, aunque desconocemos realmente cual es el proyecto, que empleo genera, cómo va a modificar el paisaje y qué precio debemos pagar en daños a nuestro sistema ecológico.
Antonio Lao | 11 de marzo de 2013 a las 17:46
El tren, desde la supresión del expreso con Madrid, se ha convertido en Almería más en un quebradero de cabeza que en un medio de transporte. Pocos han creído en el ferrocarril y muchos menos los que lo han defendido como vertebrador de territorios y de enlace con el resto del país o con la propia Comunidad Autónoma.
Nos hemos preocupado más por lograr unas comunicaciones aéreas modernas y rápidas, muy importantes, que de conservar un medio fiable, histórico y con la suficiente raigrambre como para permanecer como la gran alternativa comunicacional, con las mejoras necesarias y adaptadas a los tiempos en los que vivimos.
No hicimos un solo gesto de protesta cuando se suprimió la única conexión con el levante que viajaba a través del Almanzora. La base de la iniciativa fue la de siempre: una vía obsoleta y con escaso tráfico de pasajeros. No fuimos entonces capaces de reivindicar las mejoras necesarias para atraer a los usuarios.
A los pocos años, y en ese lento marchitar del tren, nos encontramos con la desagradable sorpresa de que el expreso con Madrid, un clásico, se suprimía con la peregrina justificación de poner en marcha un Talgo más moderno. Así se acababa con la posibilidad de viajar a Madrid, hacer las gestiones pertinentes y volver a Almería sin necesidad de pernoctar. Un argumento más para alejar a los viajeros de este medio de transporte.
No contentos con esto se puso fin a la conexión con Barcelona. Era lo lógico, ya que el viaje era como ir a Tombuctú, pero sin salir de España. El tren te llevaba de Almería a Alcazar de San Juan y desde allí a Valencia y luego a la Ciudad Condal. Un disparate de kilómetros y de horas.
Entre tanto, la Junta de Andalucía apostó por un tren con Sevilla, alargando la comunicación con Granada. Ha funcionado razonablemente bien, si tenemos en cuenta que los viajeros siempre han sido pocos. Quedaba Granada, pero con la creación de la Universidad de Almería y la mejora de nuestros hospitales, nuestra comunicación con la ciudad nazarí ha quedado disminuida.
Ahora, se avecina una vuelta de tuerca al cierre de líneas, con el intento de conectarnos con Madrid a través de Antequera. Más tiempo en el viaje y, por tanto, un nuevo alejamiento de los pasajeros del tren.
Y así hasta que la crisis pase y seamos capaces de conectarnos por el Levante con Madrid y con Europa. Las obras del AVE están ahí, aunque somos pocos los que creemos que avanzarán con la celeridad debida y con el compromiso que en su día se pactó y que nadie, absolutamente nadie, ha respetado hasta ahora. Y mientras, claro, aquí casi nadie viaja en tren.