Tren al Poniente y recuperar el del Almanzora

Antonio Lao | 15 de octubre de 2018 a las 12:33

Reconozco que mi capacidad de sorpresa no tiene límite. Por muchos años que uno lleve en esto, aún quedan hechos que rompen moldes y con cualquier estructura mental establecida. Brincano como caballos jerezanos alzando su figura, cabriolas incluidas, y penetrando en mi cerebro para romper la quietud que habita por lo general en su interior.
Cuando llevamos 30 años casi suplicando un AVE, envueltos en la permanente reivindicación, los parlamentarios andaluces de esta provincia, todos sin excepción, se meten en una Comisión de Fomento en la sede de la soberanía andaluza (Parlamento) y, ni cortos ni perezosos, echan toda una jornada, en un largo debate en el que todo acabó siendo aprobado por unanimidad, para solicitar un estudio que ponga negro sobre blanco en la necesidad, o no, de conectar el Poniente por tren y, ya que estaban envueltos en harina, ver la posibilidad de recuperar la línea ferroviaria cerrada en 1985, que unía Guadix con Almendricos, por la comarca del Almanzora. Y dos huevos duros, añadiría yo.
No, no me entiendan mal. No es mi intención. Muy al contrario. Alabo y casi aplaudo la ocurrencia de aquellos que buscan un minuto de gloria de vez en cuando. Ahora bien, la propuesta y el planteamiento no va más allá de un mera intención, de un desahogo mañanero porque en algo hay que ocupar el tiempo. Insisto, no lo vean como una dura crítica al planteamiento, que no. Todo es posible cuando se dispone de voluntad y, fundamentalmente, de fondos. Por tanto, todo va a quedar en agua de borrajas, en un azucarillo diluido en un café, en un ejercicio de voluntarismo político facilón, pero alejado de la realidad y de los problemas de los ciudadanos. Porque ya me dirán ustedes el recorrido que tiene la propuesta cuando las obras de la autovía del Almanzora llevan tres años paradas y a la espera de obras por falta de dinero o los trabajos del AVE con Murcia un día si otro también, nos anuncian deseo y voluntad política, pero siguen ahí durmiendo el sueño de los justos desde hace seis años. Bajo este panorama, poco halagüeño, va a llegar el ejecutivo andaluz, va a oír el planteamiento de los parlamentarios de Almería, lo va a dejar todo y se va a poner a construir una línea de tren hacia el Poniente, hasta El Ejido o Adra y vamos a recuperar el viejo del Almanzora, cerrado por deficitario, por poco usado y que no fuimos capaces de defender ni de mejorar cuando estaba en servicio. Insisto. No me lo tomen como una crítica, que no lo es. Se trata de bajar del guindo a aquellos que hemos elegido en las urnas y que a veces tienen ocurrencias que más bien parecen un chiste de los de Eugenio, que eran buenos aunque se vendían en viejas cassettes en gasolineras, pero no dejaban por ello de ser eso, ocurrencias para lograr una sonrisa.

El AVE con Murcia y la inversión millonaria

Antonio Lao | 8 de octubre de 2018 a las 12:44

EL ministro de Fomento, José Luis Ábalos aún no ha tenido tiempo, motivos de agenda aduce, de venir a Almería. Si ha estado en Córdoba, en Granada, en Murcia y la semana pasada en Barcelona, donde salió casi a hombros cuando les contaba al movimiento reivindicativo “Quiero Corredor” los planes de su departamento para esta magna y necesaria obra. El presidente de la Cámara de Comercio de Almería, por ejemplo, se mostraba más que satisfecho con las promesas de Ábalos para el AVE de esta tierra, que alguna vez, desconocemos cuando, nos debe unir con Murcia y Madrid. Y no era para menos, Fomento acababa de anunciar la licitación de tres tramos de la obra, con una inversión cercana a los 444 millones de euros y, al parecer, se mantienen los plazos dados por su antecesor en el cargo de finalización de los trabajos: 2023.
Todos contentos y a otra cosa. Sin embargo, son muchos los flecos y dudas, bajo mi punto de vista, que aún quedan por resolver. Y no es que a estas alturas ya necesite ver las máquinas en el tajo para creer., que sí. Es que veo difícil, por no decir casi imposible, que el ejecutivo que preside Pedro Sánchez sea capaz de sacar adelante los presupuestos del Estado para 2019, primera condición para que, negro sobre blanco, figuren partidas para la larga y reivindicada infraestructura.
No se trata, como en los últimos seis años ha sucedido, de vivir de declaraciones, más o menos efectistas, y esperar a que escampe o culpar al vecino del incumplimiento de la promesa. Son tantas y variadas las justificaciones que los gobiernos del PP y ahora del PSOE nos están dando que, insisto, necesito ver las máquinas iniciando las obras para certificar las dudas razonables que en este tiempo me invaden y que no quieren desaparecer.
Puedo comprender la necesidad que tenemos los humanos de no perder la esperanza, de ahuyentar las dudas, de caminar en la senda de la botella medio llena, pero mi optimismo pasa por palpar la realidad, por visitar las obras y comprobar como las excavadoras, los orugas, los arquitectos, las vigas y los raíles llegan y comienzan a dar forma a las vías, para cambiar de opinión. Y eso, hoy por hoy, no ha sucedido y me temo que no tiene visos de suceder en los próximos meses.
Ya pasó el tiempo de los juegos malabares, del equilibrismo practicado por unos y por otros en el alambre destensado y en la práctica de la fe como ejercicio de verdad suprema, o verdad de Gobierno, cuando una y otra vez, y han pasado más de veinte años, no hemos visto más realidad que la que en su día practicó el añorado secretario de Estado Jesús Mirada Hita. Única ocasión en la que los hechos superaron a las palabras, en los que no hubo ni trampa ni cartón, ni intentos vanos y baldíos por vender duros a cuatro pesetas, puro ejercicio de trileros.

Paisajes con sabor y una rectificación

Antonio Lao | 1 de octubre de 2018 a las 12:25

Susana Díaz, presidenta de la Junta confirma el compromiso de la administración andaluza con Almería. Incluso tacha de “frívolos” a aquellos que juegan a enfrentar territorios. “Nadie, afirma la presidenta, puede dudar de nuestro compromiso en la promoción de Almería”. En parecidos términos se ha expresado el parlamentario y secretario general de los socialistas almerienses, José Luis Sánchez Teruel, al defender la campaña “Paisajes con Sabor”, en la que la Junta de Andalucía trata de vender y promocionar diez rutas por toda la Comunidad Autónoma. El secretario general de los socialistas, incluso se atreve a afirmar que algunos están “perdiendo el norte y sólo buscan polémica”. Puede que hasta sea así. Pero no es esta la cuestión. Faltaría solo que el Gobierno Andaluz no se implique en la promoción de la provincia. Sería ilógico y censurable a todas luces. Pero aquí, en esta campaña, no hablábamos del grado de implicación de la Junta con Almería, que se supone, como el valor en la mili. La cuestión era que la administración autonómica había puesto en marcha una campaña para promocionar Andalucía y su gastronomía y se había olvidado de Almería y de Jaén. Y eso, nos pongamos como nos pongamos, no era defendible. Quizá por ello, una semana después han decidido rectificar, lo que merece mi aplauso y consideración. Estoy convencido de que los cargos políticos no tenían conocimiento del contenido de la misma o no había caído en ello.

Sea como fuere no tenía sentido que cuando Almería aspira a ser capital gastronómica en 2019, con el apoyo claro y explícito de la Junta, se elabore una propuesta de promoción y que una de las rutas no fuera de esta tierra. No hay que rasgarse más las vestiduras, ni buscar presuntos culpables, ni ver tramas judeo-masónicas allí donde no las hay. Andalucía es un todo, pero un todo conformado por ocho provincias distintas, cada una con unos problemas y con unas necesidades. Lo fácil, por tanto, debía llegar por reconocer el error, cosa que se ha hecho, que tampoco es tan complicado, e integrar a aquellas provincias que se han quedado fuera.

La susceptibilidad siempre estará a flor de piel, porque son demasiados los agravios que una tierra como esta ha recibido a lo largo de su historia, no ya de la Junta, sino de aquellos que siempre han gobernado desde Madrid o Sevilla, lo mismo da que lo mismo tiene. Ha llegado el momento de no tolerar ni uno más, sin que levantemos la voz para tratar de evitarlos. Desconozco, insisto, quiénes han sido las cabezas pensantes que alumbraron tal desaguisado. De forma lamentable han metido en un jardín de espinas a una administración, que trabaja bien, que busca la proyección de todos por igual,porque el turismo y la industria que mueve nos preocupa lo mismo a los de Ayamonte que a los de Terreros, a los de la Costa del Sol o a los de Despeñaperros. Todo lo demás, no se engañen, son ganas de enredar y de sacar tajada política.

Un empujón más para la candidatura gastronómica

Antonio Lao | 24 de septiembre de 2018 a las 12:21

A menos de un mes para conocer la ciudad que será capital gastronómica en 2019, el Ayuntamiento de la capital ha puesto sus avales encima de la mesa. El martes por la noche, en un escenario de ensueño como es el Teatro Real, los fogones de Almería se vestían de cofia y pajarita para mostrar en la capital del reino todo cuanto somos capaces de hacer, que no es poco. Dos días después, el escenario era el Cuartel de la Misericordia de la ciudad, el lugar que la capitalidad eligió para enseñar al mundo la potencialidad gastronómica de una tierra preñada de sabores, rica en variedad y con gusto por productos únicos, variados, diferentes a los que sacar todo su jugo.
Madrid entiendo que ha sido la guinda de un trabajo bien hecho. Un trabajo en el que se ha implicado toda la sociedad de esta provincia y que espera, nos lo merecemos, el reconocimiento del jurado en forma de nominación. Y es que a lo largo del año han sido muchas y variadas las actividades que la ciudad ha desarrollado. Se ha estado en los grandes eventos y en los pequeños. Todo medido con tino, sin dejar nada al azar, en un intento que debe ser cierto, para alcanzar la meta deseada.
La capitalidad gastronómica buscar ser el trampolín en el que esta ciudad se suba para catapultarnos al turismo del buen yantar nacional. En más de una ocasión he escrito que tenemos todo cuanto es necesario para ser una provincia líder en visitas.Una provincia con tanto potencial aún por desarrollar que las posibilidades son infinitas. En la historia ha quedado el turismo de sol y playa. Esa historia que sigue siendo presente, pero a la que hay que sumar nuevas ideas y nuevas propuestas. Y la gastronomía se me antoja básica para sumar. Visitar una ciudad por sus monumentos, por su historia o por sus playas es una realidad cierta, que está ahí y que jamás se puede desdeñar. Pero si todo este primer plato no se consuma con un excelente segundo, difícilmente vamos a volver.
Y es en este campo, en el que Almería y su provincia tiene aún mucho por decir. La capitalidad debe lograr, como ya hicieran en parte los Juegos del Mediterráneo, consolidar aquellas potencialidades con las que contamos y que todavía hoy no hemos sido capaces de sacarles todas las posibilidades que atesoran. No albergo dudas sobre cuál será la ciudad elegida por el jurado para ser capital gastronómica en 2019. Almería ha hecho los deberes y se ha doctorado cum laude en el máster, de los de verdad, de un año que han desarrollado los responsables de la concejalía de Turismo y Comercio. Sin desmerecer el apoyo recibido, y sin condiciones, de todos cuantos tienen algo que decir en este mundo de los fogones. Una vez examinados nos resta esperar la nota, que no debe ser otra que la designación. Y a partir de aquí dar contenido a un año que debe ser prolijo en eventos y rico en sabores.

Una autovía entre dos siglos

Antonio Lao | 17 de septiembre de 2018 a las 12:56

La autovía del Almanzora es una enorme china en el zapato de la Junta de Andalucía. Una obra que ya en 1985 se planteó como uno de los objetivos de la la administración autonómica y que aún hoy, 32 años después, no es una realidad.
El entonces presidente Manuel Chaves (estuve con él en el autobús que inauguró el primer tramo) estaba convencido de que antes de que llegara el nuevo siglo los vecinos de esta comarca industrial dispondrían de la infraestructura. Hablamos de 1994. Han transcurrido 26 años de entonces y sólo están operativos 22 kilómetros de un proyecto que un día, aún no sabemos cuando estará terminado, debe unir ciudad de Baza en la vecina Granada con la autovía del Mediterráneo, en el término municipal de Huércal Overa.
Desde que la reivindicación de los vecinos fue atendida por la Junta nunca se habló de fechas. Sin embargo se dio prioridad a los tramos almerienses, en especial desde Macael hasta la A-7. La idea era que un sector pujante como el del mármol acabara de una vez de estar limitado por una vía mejorada con los años (Redia del Almanzora se llamó), pero más cercana al siglo XIX, que al XXI que se avecinaba.
Cuando los presupuestos de la Junta se provincializaban, año tras año encontrábamos partidas residuales, aquellas que tratan de evitar las críticas, pero que no dejaban de ser cantidades pírricas que sólo servían para la redacción de un proyecto o para la licitación de alguno de los múltiples tramos en los que el proyecto se había dividido.
Es bien cierto, no se puede obviar, que la presión empresarial, en especial de aquellas empresas que mantienen un alto nivel de empleo en la comarca, ha servido para que a lo largo de este tiempo se hayan ejecutado 22 kilómetros. Un número a todas luces insuficiente y que se ha logrado casi a sangre y fuego de aquellos que reclaman el trazado.
Entiendo que los últimos diez años no han sido los mejores para las obras públicas. La crisis ha hecho mella en las arcas de todos, en las de la Junta también. Pero lo que no se puede, o al menos no se debe, es engatusar a aquellos que reclaman obras un año si y otro también y luego dejar transcurrir el tiempo sin máquinas en el tajo.
Cierto es que en la Comunidad Autónoma es posible que haya otras vías más necesarias, otros proyectos más acuciantes. Pero no lo es menos que una comarca como la del Almanzora necesita del estímulo de la administración para continuar el desarrollo que le permite una industria como la del mármol y un sector como la piedra natural, en el que está asentado uno de los líderes mundiales, como es Cosentino. No se puede si se debe poner en riesgo a empresas de este calibre porque las carreteras no sean las adecuadas. No se lo perdonaríamos.

Esperando al ministro Ábalos

Antonio Lao | 10 de septiembre de 2018 a las 18:24

El AVE entre Almería y Murcia fue la china en el zapato del Gobierno de Mariano Rajoy y amenaza en transformarse en una roca en el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Aquí, en la práctica, ya no se tolera nada, cansados como estamos de promesas vacías y anuncios guadianescos.
La portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, Adriana Lastra, anunciaba, en una entrevista concedida a Diario de Almería a finales de agosto, la inminente visita a la provincia del ministro de Fomento, José Luis Ábalos. A la espera de cerrar agendas, la visita del responsable de las obras públicas del Estado debe suponer que se disipen todas las dudas y heridas que el AVE tiene abiertas con esta tierra.
Si ya me era complicado creer al PP y al ministro De la Serna cuando ponía como fecha 2023, ni se imaginan el ejercicio de fe que tengo que practicar ahora para albergar alguna esperanza con el nuevo Gobierno. Y es que antes había presupuestos, que no contemplaban una sola partida, pero en la programación plurianual se nos juraba y perjuraba que existía el proyecto. Entiendo que la planificación sigue estando ahí. Lo que todavía no vemos es la confirmación del ministro. Su visita a Almería y lo que los socialistas siempre han pedido, y a lo que me sumo, es poner en negro sobre blanco las fechas, con partidas anuales hasta su conclusión.
Entiendo que con una pírrica minoría en el Congreso, con un presupuesto de 2019 en el limbo y con multitud de frentes abiertos, el AVE de Almería puede esperar. Pero no comparto que aquellos que vivimos en la esquina seamos siempre los últimos y, ni mucho menos, que aquellos que tanto han criticado al Gobierno del PP por los retrasos cominecen ahora a acumularlos, aunque quieran partir de cero. No es admisible y tampoco debe ser tolerado por los que aquí habitamos.
En más de una ocasión he expresado mi opinión con respecto al AVE de Almería. Los trámites deben acelerarse. Todo lo que sea ir más allá de 2023 ya era antes una tomadura de pelo. Si se dilata el adjetivo se lo pueden poner ustedes. La estación debe permanecer donde está y la doble vía es innegociable. Puedo entender que en un principio haya tramos con una, pero la plataforma que se ejecute debe prever que la segunda sea una opción cuando se necesite, aunque pasen 50 años.
Creo que la Mesa de las Infraestructuras, algo blanda en los últimos años, debe recuperar su fortaleza y la Mesa del Ferrocarril insistir en sus planteamientos iniciales. Aquí no se trata de que gobiernen unos u otros. La idea es mantener la presión en defensa de las infraestructuras de esta provincia, unas infraestructuras demandadas en el tiempo y a las que los sucesivos gobiernos les dan largas cambiadas, a la espera de que la fuerza del toro amaine con el paso del tiempo de la lidia y mantener el tipo.

La Feria y su futuro

Antonio Lao | 3 de septiembre de 2018 a las 11:49

Concluida la Feria toca su análisis. Como cada año la semana posterior nos envolvemos en el papel celofán de las declaraciones positivas y de las críticas más feroces. Todas, claro está, tienen un sesgo político indudable, lo que ya de antemano las invalida en parte. Nadie, o casi nadie, es capaz de hacer un examen sosegado, en el que se pongan encima de la mesa los aciertos, los errores y, sobre todo, donde se puede mejorar y cómo.
Son ya varios los ejercicios en los que, en caliente, unos y otros anuncian comisiones en las que las tormentas de ideas puedan dar con la pócima del éxito y de un futuro esperanzador y asegurado. Todo puro espejismo, que con el paso de los días se diluye, se olvida, se guarda en un cajón y hasta el año próximo, en el que nos encontraremos más de lo mismo.
La Feria que acaba de terminar no ha sido un desastre como la califican unos y tampoco la mejor de los últimos años como tratan de hacernos creer otros. Vayamos por partes: los conciertos han tenido un notable nivel, así como una asistencia masiva. Un éxito, aunque el recinto en el que se celebran no es el mejor posible para este tipo de eventos; la Feria del Mediodía sigue anquilosada. Sólo cinco ambigús dificultan su expansión, a la vez que contribuye al estancamiento; el regreso de los caballos al Paseo y las actividades para los niños han sido todo un acierto; en los horarios es necesario mejorar. No se cumplen, aunque es comprensible que entre tanta actividad se sufran cambios y cancelaciones; la Feria de la Noche, la que ha sido la estrella por excelencia de los festejos de la capital padece un imparable declive. Y lo que es peor, parece que nadie hace nada por evitarlo. Las habituales atracciones y los puestos de comida y tómbolas mantienen el ambiente hasta la media noche y poco más. Las casetas familiares han pasado a la historia y las grandes megadiscotecas efímeras feriales, con precios altos, invitan a los jóvenes a hacer un macrobotellón en el margen del río Andarax. O nos ponemos las pilas o cerramos un ciclo centenario que agoniza.
¿La solución? Compleja.

Pero si sirve para algo yo apunto la posibilidad de que el Ayuntamiento asuma la construcción permanente de un número determinado de espacios, pequeños, de no más de 200 metros cuadrados, que se los ceda a asociaciones y distintas instituciones de la ciudad para su explotación. Eso si, debe existir el compromiso, inequívoco e inviolable de precios razonables y volumen de música adecuado. Puede ser un primer paso para recuperar las casetas familiares de la noche y a la vez la Feria abierta, que nos ha caracterizado siempre. Otra solución se me antoja compleja y poco viable, dado el precio sonrojante que montar una caseta supone para aquellos que quisieran formar parte del evento, pero que no disponen de fondos para hacerlo.

El centro de la ciudad y el desierto comercial

Antonio Lao | 27 de agosto de 2018 a las 10:54

El centro de la ciudad se muere. El lento gotear del cierre de viviendas y negocios acabará por convertirlo en un desierto comercial que todos lamentaremos. Al final, cuando la situación sea irreversible, nos preguntaremos qué pudimos hacer para evitarlo. Mientras tanto, aquellos que tienen en sus manos revertir la situación no van más allá de la denuncia pública, de culpar al otro o de repartir unas migajas económicas en ayudas, que no sirven ni de cuidados paliativos. Tan sólo un pequeño fogonazo informativo, y poco más. El final de la renta antigua ha sido la estocada definitiva de los centros históricos de las grandes ciudades. Los propietarios de locales, la mayoría heredados, siempre creyeron en ellos como un modo de vida parasitario. Ya saben: “el local el mío. Pido por él una millonada en alquiler. Y que trabajen otros para que vivir de las rentas”. Un gran error permitido por la sociedad actual y una cortedad de miras apabullante y escalofriante, que nos sitúa al borde del abismo.
No quiero entrar en señalar culpables. Ese no es el objetivo. Si bien es cierto que las administraciones competentes han hecho poco o nada por buscar soluciones a la despoblación del centro. No ha habido apoyo económico a aquellos que buscaban comprar y rehabilitar viviendas. Se olvidaron de los pequeños comercios, del empleo que generaban y de la vida que irradian al entorno. Y luego está en envejecimiento paulatino de la población y la creencia, generalizada, de que una casa en el centro es una especie de gallina de los huevos de oro para vivir hasta el infinito y más allá del sudor de otros.
Una concatenación de errores, que ahora empezamos a sufrir con crudeza, cuando paseamos por los cascos históricos. Gran parte de las casas están cerradas, muchas de ellas en un proceso de deterioro brutal y, lo que es más preocupante, calles vacías y sin vida, ante la indiferencia de los que las transitamos y la inanición de aquellos que tienen en su manos arbitrar medidas para curar la enfermedad terminan que padecen.
Así las cosas siento envidia sana de caminar por ciudades en las que sus responsables vieron el problema a tiempo, buscaron soluciones y lo van atajando en la medida de las posibilidades reales que tienen que, en los tiempos que corren siempre son limitadas. Ha llegado la hora, por tanto, de tratar de reinventarnos, de buscar el retorno de los que se fueron con ideas creativas, con ayudas razonables y con apuestas decididas por la recuperación de un centro capitalino que se apaga si nadie lo remedia. Nadie dijo que la apuesta sea fácil, pero lo que si creo es que es posible, real y necesaria. Y no es cuestión de una sola administración, la tarea es de todos porque el objetivo debe ser común. Dar palos de ciego o ir por libre nos encamina al irremediable fracaso. Trabajar unidos no será sinónimo de éxito.

Desarrollo industrial y medio ambiente

Antonio Lao | 16 de agosto de 2018 a las 11:16

Lo definía a la perfección el responsable de Finzanas y Agricultura de este periódico, Elio Sancho, el 20 de julio: Cambio de reglas de juego en mitad del partido. La denuncia de los empresarios del mármol, respaldada por los presidentes de la Cámara de Comercio, Diego Martínez Cano y de Asempal, Pepe Cano, venía a poner en jaque la postura del Departamento de Minas de Almería, dependiente de la Delegación de Conocimiento y Empleo, al modificar el criterio en la aplicación de la normativa sobre garantías financieras de restauración de las explotaciones de las canteras en la Sierra de Macael. A juicio de los empresarios, cuando se diseñó el Plan Global de Restauración, allá por 2015, se contabilizaba en unos 18 millones de euros el coste y se determinaba un coeficiente en función de las toneladas de mármol extraídas por parte de las empresas. El objetivo no era otro que recuperar la sierra y devolverle su estado original, tanto de las canteras afectadas por la explotación como las agotadas en años anteriores.
La administración autonómica no es de la misma opinión. El delegado restó alarmismo a la situación descrita por los empresarios y negó que se pueda poner en riesgo la supervivencia del sector del mármol como tal y los más de 1.200 empleos que el sector aseguran están en serio riesgo. La intención de la delegación de Conocimiento no es otra, según explica Miguel Ángel Tortosa de que “haya fondos suficientes para acometer la restauración de la sierra de Macael cuando cesan las explotaciones de mármol”. Un planteamiento, parece, tan coherente como el expresado por los empresarios.
Vistos y analizados ambos, aquí se ha producido, para empezar, una falta de comunicación que raya o bordea lo tolerable en estos casos. No parece coherente que el sector, cuando observa lo que está sucediendo, no busque reuniones con Minas para eliminar de un plumazo los problemas suscitados. No le anda a la zaga la Junta de Andalucía, que consciente del riesgo en el que se pone la incipiente recuperación de un sector empresarial clave para esta provincia, no urda y establezca las condiciones necesarias para restablecer la confianza empresarial y evitar riesgos y tensiones innecesarias.
El mármol y su industria son vitales para la economía de esta provincia. Poner en riesgo al sector debe ser el último argumento al que se debe aferrar la administración para cumplir sus compromisos. Y estos deben entender, y debe quedar claro, que la restauración medioambiental de la sierra no es un capricho o una cabezonería de la Junta. En las sociedades modernas y avanzadas compaginar el medio ambiente con el desarrollo industrial no solo es necesario y aconsejable, sino exigible. Atrás, por fortuna, quedaron los tiempos en los que el rompía no pagaba y además acababa dejando esparcidos los tiestos.

La fortaleza del campo

Antonio Lao | 23 de julio de 2018 a las 11:04

La superficie de producción, invernada y al aire libre, en la campaña agrícola 2017-2018 ha sido de 54.899 hectáreas, un 1% menos. El volumen de producto producido suma 3.602.253 toneladas, con un descenso prácticamente inapreciable del 0,5%, debido a las condiciones climáticas. Las cotizaciones han evolucionado con ciertos altibajos, aunque la media ha estado en los 0,60 céntimos de euro por kilo, en torno a un 12% menos que en la campaña precedente. Aunque si se toman como referencia las tres últimas se observa que los precios se mantienen estables. El valor de la comercialización, sin contar con los flecos que supone la sandía y el melón, se ha situado en los 2.800 millones de euros. Aunque las exportaciones también muestran una tendencia descendente, en torno al 11%, lo cierto es que se viene de un año excepcional en cuanto a precios, por lo que parece complejo que se mantuvieran en este nivel.
Estas son las frías cifras. Un conglomerado de números que al lector le pueden llevar a mirarlas con optimismo, atendiendo a la capacidad que tiene nuestro agro de mantenerse en la cima, liderando la producción de hortalizas de este país con destino a Europa. También habrá aquellos que miren los datos y les quede un regustillo amargo, sobre todo, si son los que en la campaña anterior vieron como sus arcas se llenaban con unas cotizaciones récord.
La realidad es que ni una cosa ni la otra. Aquí debemos ser tan fríos como uno de los primeros alcaldes de nuestra vecina Lorca, cuando inauguraba la Feria del Porcino de la comarca. Al ser interrogado por el número de cabezas de cerdos que había en la zona respondía con un lacónico depende.
– ¿Cómo que de depende?, insistieron los periodistas.
-Sencillo, argumentó el primer edil. Si es para obtener ayudas de Europa, un millón. Si es para pagar a Hacienda, 200.000 y la realidad es que habrá en torno a las 500.000. En el caso que nos ocupa ocurre algo similar. El agro almeriense disfruta de buena salud, aunque las cosas se puede y se deben de hacer mejor. Pero la realidad, siempre tozuda, muestra que mantenemos intacta nuestra capacidad de producción y que somos los únicos capaces de producir con garantías de nuestro entorno. Nos hemos adaptado, con éxito, a todos y cada uno de los retos que se nos han planteado y se trabaja en superar las dificultades derivadas de la escasez de agua y de nuestros competidores. La fuerza del campo almeriense es incuestionable, pese a los agoreros y aquellos que parece que sólo tienen en la vida la misión de hacer de plañideras, en la idea de que es la fórmula para atraer ayudas o inversiones. Error. Aquí se trata de ir por delante de los demás, aplicar las nuevas técnicas de cultivo y competir para permanecer en la cima. Lo demás es una pérdida de tiempo.