Un año de ayuntamientos

Antonio Lao | 28 de mayo de 2012 a las 11:56

El 22 de mayo se cumplía un año de las elecciones municipales que auparon al Partido Popular a la mayoría de los ayuntamientos de la provincia de Almería y confirmó aquellos que ya tenía, caso de la capital, Roquetas o Adra. Un año con la Diputación Provincial, que también cambiaba de color, que ha dejado muy claro otra forma de hacer política, diferente o no, pero desde luego marcada por una atroz crisis económica.
Atrás han quedado los tiempos de bonanza, los de las licencias de obras a ritmo de vértigo, los de la urbanización de hasta el patio del colegio y los de la recogida de beneficios inmediata, traducida en grandes y magnas obras. Nadie se acuerda ya de los teatros en los pueblos, por pequeños que fueran, los de los pabellones deportivos, piscinas cubiertas o simples pistas de tenis. Todo con tal de hacer obras y mostrar a los votantes el valor del pueblo.
Hoy, un año después de las municipales, algunos de los alcaldes han llegado, incluso, a pensar en irse a su casa. Se han sacado facturas del cajón para poder pagar a los proveedores con la ayuda del Estado; se piensa en eres extintivos para tratar de bajar las plantillas municipales infladas hasta la explosión y, lo más cruel para aquellos que tienen raices y se sienten de un lugar, se plantea la unión de varios municipios, con el objetivo de abaratar costes.
Una propuesta que puede ser muy interesante si se trata de limitar el capítulo de gastos, pero que tiene un claro y marcado carácter desafectivo para los que lo viven.
Los que hemos visto como nuestro pueblo se unía a una entidad mayor conocemos lo que significa. Servicios que no se prestan igual, viajes a decenas de kilómetros para que te hagan un papel y, lo que es más decepcionante, una especie de división a dos, tres o más partes de todo lo que se hace, con lo que al final se acaba siempre con la sensación del que el de al lado ha sido más beneficiado.
La coherencia debe imponerse. Hay fórmulas para bajar costes sin que nadie pierda su identidad y tampoco sus servicios, no ya de magnas obras, sino de que el secretario o el administrativo te atienda con celeridad y sin desplazamientos.


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