Javier Arenas

Antonio Lao | 18 de junio de 2012 a las 18:07

Cuando  llega la hora de la renuncia, se agolpan mil recuerdos que son difíciles de ordenar en unas líneas. La decisión de Javier Arenas, todavía presidente del Partido Popular, de renunciar a la dirección regional de los populares, abre un tiempo nuevo para un partido político que acaba de ganar unas elecciones autonómicas, aunque no gobierna.
Javier Arenas es la política andaluza lo que la pimienta a unos buenos espaguetis carbonara. Casi todo. Le ha dado sabor, color, picante, retos, sueños, ideas, polémicas. Un sin fin de adjetivos incapaces de llenar más de veinte años plenos, sin descanso, en los que, incluidos los paréntesis, siempre ha estado presente.
La relación de Arenas con Almería va más allá de haber encabezado durante dos legislaturas la candidatura al Parlamento andaluz por esta provincia.  Incluso, me atrevería a decir que está por encima de la amistad -incombustible- con el presidente provincial, Gabriel Amat. El dirigente regional siempre obtuvo en esta tierra el respaldo, el apoyo y la comprensión que, posiblemente, en otras provincias no se escenificara con el mismo esmero, cordialidad y asentimiento.
Sea como fuere Almería lo va a echar de menos. De él salió el primer Plan del Agua que nos dejó la desaladora de Carboneras y el trasvase del Negratín. De su esfuerzo se derivó la puesta en marcha de Acuamed, el fallido trasvase del Ebro y propuestas tan generosas como llevar el agua de Carboneras a Tabernas, todavía sin realizar, o la adecuación del agua en el Poniente con la desaladora del Campo de Dalías y los riegos de Adra. Es verdad que se granjeó enemigos. Cuando uno está en primer línea hay que tomar decisiones y éstas siempre conllevan dejar heridos o muertos en el camino. Pero siendo justos, la historia, aún por contar, lo recordará como el hombre que desde la vicepresidencia del Gobierno buscó calmar la sed de esta provincia. Aunque con otros roles, quiero creer que aún no ha dicho su última palabra en política. Sigue teniendo por delante retos a los que aspira y muros que derribar. A no tardar mucho lo veremos en otras tareas y Almería, como no podía ser de otro modo, seguirá en la cúspide de la pirámide de sus prioridades.


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