Antonio Lao | 25 de junio de 2012 a las 12:07
Casi una vida llevamos hablando de la balsa del Sapo y de los problemas que los vecinos y agricultores de la zona están soportando. Como el Guadiana, el problema aparece y desaparece si de echar basura al contrincante político se trata. Aquí, lamentablemente, parece que lo que menos interesa es resolver una situación que amenaza la supervivencia de muchas hectáreas de invernaderos y el modo de vida de decenas de agricultores.
La Consejería de Agricultura Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de El Ejido, a partes iguales, se desprenden de la pelota en la misma medida que el futbolista limitado la suelta para evitar dejar al descubierto sus carencias. Hace demasiados años, más de los necesarios, que el presidente de la Junta de Andalucía -entonces Manuel Chaves- visitaba la zona y se comprometía a subsanar un problema serio, más grave de lo que las disputas y cuitas partidistas nos tratan de hacer ver.
En plena vorágine de crecimiento de los cultivos bajo plástico y con un control casi nulo, las empresas de venta de arena se dedicaron de forma machacona a la extracción, sin control de ningún tipo, a una tarea que más parecía una mina a cielo abierto en un país africano que una actividad regulada y perfectamente controlada. Se miró para otra parte, en la creencia que el daño ambiental, de producirse, ya lo arreglaría otro. Se bajó del nivel freático permitido, el agua comenzó a aflorar y hoy la acumulación de líquido elemento es insostenible. De forma paralela toda la basura en forma de residuos plásticos, botes y demás, se acumula en unas aguas si no salobres, si con un importante grado de sal, sin vía de escape hacia el mar. En la época de bonanza porque faltaron gestores y en la época de crisis porque no hay dinero, lo cierto es que en años ni unos ni otros han sido capaces de pasar de las palabras a la acción y nos encontramos en un punto de casi no retorno. Anclados en las protestas, en las frases hechas y en la inanición más profunda, parece que hemos encontrado un un gestor de verdad, comprometido y con criterio como es el consejero Luis Planas. Parece que las protestas vecinales han logrado que se mueva al menos un dedo. El bombeo de agua es ya un hecho.