El mineral de Alquife y Almería

Antonio Lao | 23 de octubre de 2012 a las 12:34

La minería ha estado ligada al desarrollo de la provincia de Almería como el sol a la Plataforma de Tabernas. Esta tierra no se entendería tal y como hoy la conocemos por lo que de bueno han aportado las minas. Ahí está Cuevas del Almanzora, Rodalquilar, Serón o el famoso Cable, que era capaz de trasladar el fruto de las entrañas de la tierra desde La Alpujarra hasta la estación de ferrocarril de Doña María. Luego, ya iniciado el siglo XX, Almería recibió el hierro desde Alquife hasta el puerto. Eran tiempos de miseria, de fotografías en blanco y negro, de calles rojizas por el polvo en suspensión que el embarque producía y de una ciudad sometida al hierro primero desde el Cable Inglés y luego desde el Francés.
Los medios para evitar la contaminación fueron escasos y llegaron tarde. Incluso, cuando ya todo parecía más o menos arreglado llegó la crisis del precio del mineral y se llevó por delante la explotación de Alquife. Ahora, casi dos décadas después de aquello, la capital regresa a la encrucijada de volver a cargar ese mineral por el puerto. De entrada, el Ayuntamiento dice “no” a la propuesta de la empresa que quiere reabrir las minas, porque contempla dos decenas de trenes al día, más de 12.000 toneladas de descarga y carga en barco y composiciones de más de trescientos metros.
Un “sinvivir” que diría un castizo para los ciudadanos y ciudadanas que posean sus viviendas en los aledaños. Y un “sinvivir” para el turismo en una ciudad que quiere repuntar y que busca, con ansiedad, el desarrollo de un sector servicios generador de empleo y recursos.
Dicho esto, siempre queda una tercera vía. Una solución que debe pasar por conjugar medio ambiente e industria. Y es aquí donde hay que bucear. Siempre existe la posibilidad de sacar el cargadero de la ciudad, a zonas como El Perdigal, con un ramal de ferrocarril. La solución no parece descabellada. Se logra, de una tacada, satisfacer las necesidades de la empresa, que el valor añadido que deja la explotación, escaso, se quede en Almería y abrir una puerta a la tan ansiada unión del puerto con el ferrocarril. Una necesidad que permitirá la supervivencia del puerto como puerta de Europa hacia una cada vez más pujante África.


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