Cajamar, el triunfo del trabajo bien hecho

Antonio Lao | 26 de noviembre de 2012 a las 12:18

El relevo en la presidencia de Cajamar no ha sido más que un acto administrativo. La llegada de Juan de la Cruz Cárdenas y la marcha de Antonio Pérez Lao no va a modificar en nada, o en casi nada, la hoja de ruta marcada por la entidad almeriense hace ya muchos años y que desemboca, como un río de enorme caudal, en el mar una y otra vez sin que apenas se perciba la llegada del agua.
Y es que la primera cooperativa agrícola de España se mantiene fiel y firme a sus principios, a aquellos que sus fundadores inculcaron a sus primeros trabajadores y que hoy, medio siglo después, siguen tan vigentes como el primer día.
No se trata de hablar de cifras,  importantes y básicas para una entidad de crédito, sino de recoger permanentemente una cosecha de resultados en una tierra bien abonada, libre de plagas y alejada de la pompa y el boato.
Al contrario hoy, cuando La Caja es líder nacional, aún acudes a una oficina y recibes el trato cordial y familiar de antaño;el cariño del amigo que te aconseja y las recomendaciones de aquellos en los que puedes confiar . Y eso, en los tiempos que corren, creanme, no tiene es un valor seguro.
La distancia que hay entre Juan del Águila y Juan de la Cruz Cárdenas sólo es la del tiempo. En ese tramo no hay conceptos que puedan truncar objetivos; elementos que rompan la armonía; distorsiones que deshilvanen los fijos y férreos pespuntes de una entidad que ha sabido hacerse a si misma, reinventarse y adpatarse a los tiempos, manteniendo los cimientos que la han hecho grande, casi infinita diría yo.
Quizá por ello, cuando veo a Juan de la Cruz Cárdenas atender a los periodistas con la normalidad que le caracteriza, no puedo evitar recordar mi niñez. Veo a  Antonio Pérez Lao abriendo la primera cuenta a mi padre; a Bienvenido Ayala, el cajero, vecino, amigo, director y lo que ustedes quieran de la pequeña sucursal de Nacimiento, en el que siempre confíamos, buscando fórmulas para ayudarnos. Y es que no entenderé nunca otra caja que no sea aquella. La añeja, la de tradición, la cercana. La caja que hoy, aún preñada de última tecnología, sigue fiando su crédito a los pequeños ahorradores y al campo. Su razón de ser.


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