Apuesta por el ferrocarril

Antonio Lao | 9 de diciembre de 2015 a las 12:35

Algo se mueve en positivo en Almería y su provincia. Una nueva conciencia reivindicativa parece que prende en los ciudadanos. Atrás quedan los tiempos del conformismo, de la resignación y hasta de la indiferencia, si me apuran, cuando de reclamar lo nuestro se trata.
La semana pasada casi dos mil almerienses fueron capaces de salir a la calle para reivindicar unas comunicaciones ferroviarias dignas, acordes con el siglo XXI, en el que estamos, y alejadas del XIX, como son las que padecemos.
Detrás de este lento, pero consolidado cambio, hay un gran número de personas, todas ellas comprometidas con su tierra, inasequibles al desaliento, que han sabido conjugar la paciencia con la celeridad. Algo así como un “vísteme despacio que tengo prisa” para poner al frente a aquellos que pueden lograr las verdaderas necesidades ferroviarias de esta tierra.
He escrito en más de una ocasión que sería utópico creer que el AVE iba a llegar antes a esta provincia que a otras con mayor número de habitantes y más desarrolladas. Eso sólo lo logran presidentes del Gobierno como Felipe González, capaz de comunicar Sevilla con Madrid, con la Expo 92 de por medio, antes que la ciudad catalana con la capital del reino.
Aunque, como el docto y humilde Don Quijote, cuando hablaba con su escudero y le decía aquello tan cierto de … “cosas veredes amigo Sancho…” no debemos desesperar ni morir en el intento y sí permanecer y mantener la presión sobre aquellos a los que se les llena la boca cuando llegan las elecciones con promesas vacías de contenido, huecas en su estructura y falsas en su concepción.
Aún así, la insistencia, como la gota de agua en la roca es capaz de abrir agujeros, se me antoja prioritaria, en el intento de esta provincia por acercarse a cubrir las necesidades que aún tiene y que muchos parecen de forma permanente olvidar, aunque las tengan presentes cuando de buscar un titular se trata.  Almería carece de muchas cosas, tiene otras muchas, logradas a base de sangre, sudor y lágrimas de aquellos que la habitamos. No le debemos nada a nadie y, ni mucho menos, a los que ahora se les llena la boca y se preñan de buenas formas y maneras para tratar de arañar unos votos que van a tener complicado de mantener.
Cuatro años es demasiado tiempo de paralización de una obra iniciada, como era el AVE con Murcia, para que vayamos de esquina en esquina pregonando que a partir de ahora todo será posible. Siempre creí que la forma de lograr algo empieza por el trabajo, continua por la presión permanente hacia aquellos que deben concederla y acaba derrumbándose como un castillo de naipes cuando ha madurado. A finales de 2015 y con los almerienses en la calle, no duden que todo será un poco más fácil. Eso espero.


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