El AVE, el ministro y Sacyr

Antonio Lao | 5 de diciembre de 2016 a las 11:58

Todavía estamos esperando una explicación coherente, real y con cifras, de los motivos que han llevado a la empresa Sacyr a hacer “las de Villadiego” al Ministerio de Fomento y salir por patas del tramo que tenía adjudicado entre Cuevas y Pulpí, del AVE que alguna vez, esperemos, unirá Almería con Murcia.
Cinco años sin obras en la provincia y más de uno desde que se adjudicarán los 12 kilómetros más famosos de la historia de los contratos de la provincia, la empresa comunica al Gobierno su intención de no iniciar los trabajos, aduciendo una serie de problemas que “ellos no han buscado”, entre los que está el traslado de la tortuga mora. La reacción del Gobierno y del PP, al principio, fue negar la mayor. Una situación a la que ya estamos acostumbrados, por lo que no nos resulta, ni mucho menos, novedosa, descabellada o extraña. Ahuecar el ala se ha convertido, en la última legislatura, en el deporte favorito de aquellos que no son capaces de decir a los ciudadanos realmente cual es la situación. Con lo fácil que es dar la cara, aunque te la partan, y contar las cosas como son, sin más, aunque exista riesgo de sentirse cohibidos, abucheados y encerrados en la burbuja en la que viven. Pues no. Otra vez nos encontramos con altas dosis de cobardía, miedo escénico y pánico al qué dirán, para tratar de llegar a una meta, que no es otra que una nueva decepción hacia aquellos que nos gobiernan que, una vez más, no cumplen con los compromisos que ellos mismos han adquirido con los ciudadanos de esta provincia. Así las cosas nos encontramos de nuevo en el inicio de la partida, con lo que ello supone de acumular retrasos que, todos lo sabemos, es lo que realmente viene bien en los tiempos que corren porque dinero, lo que se dice dinero para acometer los trabajos, hay poco. Y luego está la baja temeraria con la que Sacyr se quedó con la obra. Ambas partes, empresa y ministerio, eran conscientes de que no podía hacer por esas cifras.

En el otro lado, sin duda, está el hecho cierto de poder ir a un modificado y ampliación de los fondos. Ha sido, es y será el hábitat cotidiano al que nos enfrentamos cuando de obra pública hablamos. Y mientras unos y otros se tiran los trastos a la cabeza, se reprochan los incumplimientos y se cruzan amenazas veladas, el AVE entre Almería y Murcia acumula cinco años de obras paradas, miles de declaraciones huecas y un sentimiento acrecentado de los que aquí habitamos de síndrome de esquina y de abandono. Claro que siempre está la visita del ministro, como ya lo hizo en tres ocasiones Ana Pastor, para templar gaitas, serenar ánimos y ganar tiempo en una batalla que, hoy por hoy y pese a la presión de los que aquí habitamos, la tenemos perdida de antemano. Un pesimismo forzado, que languidece en la misma medida que nos mienten una y otra vez aquellos en los que hemos confiado nuestros votos.


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