Justificaciones para un AVE descarrilado

Antonio Lao | 27 de marzo de 2017 a las 11:31

El miércoles, el presidente de la Diputación y del PP de Almería, Gabriel Amat, se reunía en Madrid con el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, tras el último fiasco de las obras del AVE con esta tierra. En el encuentro, en el que también estaba el alcalde de la ciudad, Ramón Fernández Pacheco y el líder regional de esta fuerza política, Juan Manuel Moreno Bonilla, se pudo apreciar, a tenor de la nota que remitieron a los medios de comunicación, un cambio de actitud con respecto a la postura que han mantenido en los últimos cinco años. Por primera vez han expresado públicamente su preocupación por “la situación de los proyectos del AVE y la exigencia de que el tramo Murcia-Almería esté entre las prioridades inversoras del Gobierno”. No es mucho, pero es más que nada. Es un paso adelante, en el que se prioriza el interés de los que aquí vivimos frente al interés del partido político en el Gobierno. Aunque haya que tomarlo con la cautela debida y cogerlo con pinzas, si es cierto que se vislumbra un cambio que debe ratificarse en la visita del ministro la primera semana de abril a la provincia de Almería, donde expondrá el nuevo calendario -esperemos- de las obras que aún faltan por realizarse y, lo que es más importante, cómo se va a ver reflejado en los Presupuestos Generales del Estado que el Gobierno de Rajoy presentará públicamente el próximo día 31 de marzo.
Visto lo visto y acontecido no creo que vayan a producirse cambios significativos de la noche a la mañana, aunque insisto en lo positivo del cambio de actitud del PP de Almería. Por más que pretendamos empujar los trabajos y acelerar obras, harto difícil pues hay que cumplir con unos plazos, el tiempo juega en contra de aquellos que llevan más de 1.600 días sin poner una sola traviesa para hacer realidad el sueño de conectarnos con AVE con Madrid el resto del Mediterráneo. Han sido demasiadas declaraciones fallidas, excesivas palabras huecas, defensas numantinas de los indefendible y engaños permanentes a la ciudadanía, en un intento vano y baldío por evitar la degradación y putrefacción de un asunto que acabará pasando factura a aquellos que lo han permitido.
Los almerienses somos en muchas ocasiones indolentes, poco dados a salir a la calle en defensa de nuestros derechos e intereses, pero en situaciones como la que estamos viviendo con las obras del AVE, parece, y sólo parece, que puede producirse un cambio de actitud y romper de forma definitiva con una tradición no escrita de serenidad y , si quieren, hasta de pasotismo.
Reivindicación tras reivindicación y manifestación tras manifestación, la conciencia acaba creándose y la necesidad también. Y siempre quedan las urnas para hacer pagar los agravios permanentes a los que llevamos sometidos demasiado tiempo. ¿O no?


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