Después de las primarias

Antonio Lao | 29 de mayo de 2017 a las 11:07

LA victoria clara de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE tendrá consecuencias. Las llamadas a la unidad de todos y al trabajo en común para alcanzar la presidencia del Gobierno no es más que un deseo de buena voluntad. El camino para lograrlo tendrá múltiples vericuetos, grandes atajos y profundos cambios. El corolario alcanzará en cascada a las distintas federaciones regionales. Pero donde realmente se librará la batalla será en los congresos provinciales, con un horizonte que no irá más allá del verano y en el que unos y otros plantarán sus reales, tratando de sumar para sus líderes. Todos conocen que el camino llega serpenteado de espinas, hasta el punto de que recibirán a los “compañeros” con el cuchillo en la boca. En Almería los resultados de las primarias dejaron una victoria clara para los partidarios de Susana Díaz. Sin embargo, en la capital el triunfo fue para Pedro Sánchez. Su hombre en Almería, el exalcalde de Almería, Fernando Martínez, ha trabajado muy duro en las últimas semanas, en favor de la candidatura pedrista, hasta el punto de que el ya secretario general ha hablado de él en algunos de los mítines de campaña.
Parece, sólo parece, que los tiempos de “calma chicha” que se han vivido hasta ahora, sólo con escarceos leves y de forma interna, han pasado a mejor vida. Comienza una nueva etapa en la que la lucha por el poder provincial en el PSOE de Almería va a ser un hecho y se va a vivir en toda su intensidad en los próximos meses. Una batalla fratricida que volverá a minar a las maltrechas, divididas y heridas huestes del socialismo, troceado, cuarto y mitad, por la batalla nacional de las primarias.
Aquí la la disputa se planteará entre el actual secretario general, José Luis Sánchez Teruel, hombre de Susana en Almería y sus partidarios, frente al pedrismo reforzado y animado que ha encabezado el exalcalde de Almería, Fernando Martínez y el que fuera secretario general, José Antonio (Nono) Amate. Firmado entre las partes un armisticio hace un lustro con la salida de Martín Soler, las llagas vuelven a manar de nuevo, en un partido acostumbrado a las luchas internas siempre, pero que sangra en exceso cuando las discrepancias salen a la calle y forman parte del café de la mañana en el bar o del “chismorreo” vespertino de la merienda.
Flaco favor el que unos y otros van a hacer a un partido centenario, que ha gobernado este país durante 21 años y que ahora trata de sobrevivir a la peor crisis de su historia. Los beneficiados serán, claro está, el PP en el gobierno de la mayoría de las administraciones provinciales (Diputación y casi sesenta ayuntamientos, los más importantes) y las nuevas fuerzas políticas (Podemos y Ciudadanos), ávidos por recoger los restos de un barco que un día fue un trasatlántico y que hoy trata de seguir a flote como barquilla.


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