Agua para abastecimiento

Antonio Lao | 26 de junio de 2017 a las 18:41

Parto de una premisa constatable: La Diputación Provincial es la administración que ha tratado de calmar la sed de muchos de los pueblos de la provincia, que aún hoy tienen importantes carencias de abastecimiento. Dicho esto, y reconociendo el trabajo de la institución en aquellas localidades en las que las cubas en la plaza han formado parte del paisaje hasta hace bien poco, lo cierto es que todavía el camino por recorrer en materia de agua es largo y, con seguridad, plagado de obstáculos.
Con la llegada del verano, la tradicional escasez se convierte en necesidad, no sólo porque el nivel freático de los acuíferos baja con la carencia de lluvias y el calor, sino porque la extracción de líquido elemento aumenta de forma exponencial con el crecimiento de la población estacional ligada al verano.
Si bien es cierto que vivimos en una de las provincias más áridas del país, sino la que más, no lo es menos que las cosas no siempre se hacen con la celeridad, la coherencia y el interés que cabría esperar de aquellos que nos gobiernan. Y les pongo un ejemplo. Hace más de una década que se presentaba a bombo y platillo la conexión de la desaladora de Carboneras con la comarca de Tabernas. Una tubería que vendría a romper de forma definitiva con una sed milenaria, que se sufre en una de las zonas más hermosas de la provincia, pero también la más agreste. Aquello que fue visto entonces como el “maná” salvador, transcurrido el tiempo se ha alejado en la misma medida que los acuíferos se esquilman por las miles de hectáreas de olivos plantadas y permitidas, aunque se conocía el estrés hídrico de la zona.
No es extraño por tanto, que el alcalde de Tabernas lamente la imposibilidad que tiene este año de llenar la piscina de la localidad con el agua del pueblo y hasta ha tenido que acudir a un particular que, colaborador con su pueblo, le ha brindado las cubas necesarias para que con la llegada del estío y las vacaciones todos aquellos que quieran puedan disfrutar del baño, en unas instalaciones modélicas y ubicadas en un paraje tan desértico como hermoso.
Es verdad que el verano agranda e incrementa la necesidad. Pero no es menos cierto que algo debe haber fallado, -aunque insisto desde la administración provincial se ha hecho mucho en las últimas dos décadas-, cuando aún hoy hay barriadas que deben ser abastecidas por cubas, se mira un litro de agua como si fuera el último que quedase en la faz de la tierra y se suplica un sondeo como la salvación definitiva de la escasez que, lamentablemente siempre vuelve en verano.
Sigo echando en falta un plan serio, con previsiones ciertas, en el que se busquen recursos, se cuiden los pocos que tenemos y, sobre todo, eviten la imagen de una España en blanco y negro, cuando casi se han cumplido dos décadas del siglo XXI.


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