#Déficit Polihídrico

Antonio Lao | 17 de julio de 2017 a las 12:31

Agradezco, como creo que lo harán cientos de miles de almerienses, la implicación de la Cámara de Comercio y de los empresarios, agrupados en ASEMPAL, el “salto al ruedo” que el martes tuvieron con el problema del agua. Los presidentes de ambos organismos, Diego Martínez Cano y José Cano, tuvieron el valor -sigo con la terminología taurina- de coger al morlaco por los cuernos y tratar de torear en una plaza compleja, en la que el triunfo se me antoja caro y difícil. Incluso, es posible que sufran alguna voltereta y hasta reciban heridas por asta de toro.
Pero la faena, si finalmente se culmina, merece la pena, porque los beneficiados serán los miles y miles de almerienses, agricultores y empresarios de la tierra y ciudadanos en general, que esperan desde hace muchos años soluciones al déficit hídrico, que de forma secular afecta a nuestros campos.
La tarea no es fácil. El paso que ambos protagonistas daban esta semana es sólo, esperemos, el primero de muchos que llegarán en los próximos meses. No se trata de convocar a los medios, secuenciar el problema y dibujar la situación. Hecho el análisis, planteada la premisa, que todos en mayor o en menor medida conocemos, hay que avanzar en la senda de la presión, en la senda de la búsqueda de soluciones para tratar de alcanzar un déficit cero, que ahora está en 191 hectómetros cúbicos por año.
El problema existe, es real y está ahí. Aún así es preciso aclarar que en las cuatro últimas décadas, especialmente en los últimos 20 años, los pasos dados en el buen camino han sido muchos. Aquí se logró que llegase agua del Tajo-Segura, muy poca para la que necesitamos; aquí se hizo el trasvase del Negratín al Almanzora; la desaladora de Carboneras es una realidad; también la del Poniente y la de la capital. Entre todos son capaces de aportar a esta provincia casi 180 hectómetros cúbicos, que es una cantidad ciertamente importante y a tener en cuenta.
Pero es verdad que en la misma medida que llegaban aportaciones crecía el consumo agrícola y el humano, con lo que seguimos arrastrando un déficit considerable, complejo de abordar si no somos capaces de concluir las obras iniciadas. Y estas pasan por culminar la desaladora del Levante, enterrada en barro hace unos años tras una riada. Tampoco se ha hecho mucho con los aportes de aguas residuales depuradas y, claro está, dejando olvidado el famoso trasvase del Ebro, que es posible que fuera una quimera, pero que fue capaz de ilusionar a esta tierra. Trabajo, como ven, no falta. Y es ahí donde parece que se ha mojado la Cámara de Comercio y Asempal. Debemos darles las gracias, pero en la misma medida exigirles que no se queden en una convocatoria a los medios de comunicación. Les animo a proyectar acciones concretas, que nos devuelvan la esperanza y acaben con la sed.


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