Campaña agrícola, precios de récord

Antonio Lao | 21 de agosto de 2017 a las 11:34

La agricultura intensiva o bajo plástico debe estar de enhorabuena. El consejero del ramo, Rodrigo Sánchez Haro, ha presentado un avance, en el que hemos conocido que el valor de los productos comercializados superan los 3.150 millones de euros, un 18% más y lo pagado a los agricultores alcanza los 2.400. Pero lo más importante, a mi juicio, es el precio medio que se ha pagado por kilo, que ha estado en los 0,66 euros. Una cifra que permite a los miles de trabajadores de agricultura intensiva obtener un rendimiento óptimo, con un interesante margen, descontada la inversión necesaria en la producción.
La justificación a un año de récord como el vivido tiene en la ola de frío que padecieron nuestros principales competidores (Marruecos, Turquía o Grecia) en los meses de mayor producción en la provincia, su principal causa. Y este, quizá, sea el borrón que más puede preocupar a aquellos que hoy se felicitan por lo alcanzado, la mejor campaña de los últimos diez años, y que mañana cuando las inclemencias meteorológicas no acompañen, se rasgarán las vestiduras, tratando de buscar argumentos al fiasco que está por venir.
Pero no se trata de ser agoreros, ni ponernos la venda antes de que los acontecimientos ocurran. Con datos como los anunciados por el consejero Rodrigo Sánchez, esta tierra se confirma como la despensa de Europa, una frase que puede ser recurrente y hasta manida, pero que refleja de forma fiel la capacidad que tiene la horticultura bajo plástico de superar registros, a poco que las circunstancias acompañen. Con lar arcas de los agricultores llenas, ya se plasma en el inicio de la nueva campaña un crecimiento de las inversiones en infraestructuras, en la mejora de las instalaciones y en nuevos recursos innovadores, que muestran el músculo que el sector agroalimentario mantiene intacto con el paso de los años en esta provincia. Aún así hay retos pendientes, que por más que permanezcan aparcados o enmascarados por la nueva campaña, siguen siendo el objetivo a cumplir en los próximos años. Y no es otro que la comercialización y la unión del sector en cooperativas y alhóndigas más fuertes, capaces de hacer frente a las grandes superficies cuando tratan de implantar precios, con el consiguiente perjuicio para los cultivadores, la cadena más débil de un mundo cada vez más abierto, más global y más competitivo. Y por ahí nos movemos. En un ambiente de optimismo, por lo que ha sido la campaña que finalizó en junio, pero con la incertidumbre de la nueva que ya está en marcha. La mayor parte de las plantaciones ya crecen en las casi 60.000 hectáreas invernadas de la provincia, con un estrés adicional, que llega de los problemas de agua que padecen en el Bajo Andarax. Pero hay que seguir.


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