Miguel Cazorla

Antonio Lao | 21 de agosto de 2017 a las 11:32

Asegura que la marcha de la concejala Mabel Hernández al grupo de no adscritos le ha pillado por sorpresa (luego ha regresado). Dice desconocer las razones que la han podido llevar a hacer tal cosa, “cuando la relación en el grupo municipal era normal, con sus tiras y aflojas como en cualquier familia”. Compungido, extrañado, imagino que malhumorado por ser el último en enterarse, el concejal de Ciudadanos y portavoz municipal, Miguel Cazorla, ha visto de la noche a la mañana como su “poder” en el Ayuntamiento se diluye como un azucarillo, mengua como una prenda de vestir mal lavada en agua caliente, a la vez que la carrera política que retomaba unos meses antes de las municipales se tiñe de gris oscuro, tirando a negro. Cazorla ya nos dio una clase magistral de cómo no se hacen las cosas el día de la toma de posesión de la nueva corporación municipal, elegida en las urnas en 2015. Un día antes se aprestó a convocar a los medios de comunicación para anunciar que votaría por el cambio de gobierno, elevando a la alcaldía al socialista Juan Carlos Pérez Navas. No se había encomendado ni a Dios ni al diablo, o lo que viene a ser lo mismo, tomó una decisión precipitada sin consultar y Albert Rivera, líder de la formación naranja, le hizo cambiar de opinión en menos de doce horas. Contactos al más alto nivel de PP y Ciudadanos obligaron al señor portavoz de Ciudadanos a “morder el polvo” y llegar al acto formal y protocolario de la toma de posesión de la nueva corporación con el “rabo entre las piernas”. Pero no se arredró en ningún momento, mantuvo el tipo como pudo, cabeza alta, gesto serio, soportando los abucheos que los asistentes al acto le dedicaron. Los que lo conocemos sabíamos que nos iba a dar días gloriosos al frente de esta fuerza política. Su capacidad de trabajo, que la tiene, va unida de forma inexorable a un enorme afán de protagonismo, olvidándose en la mayoría de las ocasiones de aquellos que lo pusieron donde está y de los compañeros de partido que hacen el, digamos trabajo sucio, para que su “estrella” brille en lontananza por siempre jamás. O eso es al menos lo que él piensa. Vive en una realidad paralela de la que le cuesta salir, hasta el extremo de que la marcha y regreso de su concejala le ha “pillado” por sorpresa. Sin embargo, habría que echar mano del teléfono y ver las conversaciones mantenidas con unos y con otros, los mensajes que se han cruzado en estos meses y de la presión, por ejemplo, que ha tenido que soportar algunos de los asesores del grupo, hasta el extremo de decidir marcharse. Aun así, sigue instalado en la sorpresa continua, viendo como el fuego amigo no le permite muchos más movimientos, que los giros de torso y cabeza, tratando de esquivar las ráfagas que buscan descabalgarlo de donde está, con fecha límite, si no cambian las cosas, en las municipales.


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