Segunda visita del ministro de Fomento

Antonio Lao | 21 de agosto de 2017 a las 11:33

EL martes 25 de julio, el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, visitaba Almería por segunda vez en cuatro meses. Lo hacía el 4 de abril en plena efervescencia informativa y ciudadana por los retrasos del AVE que un día nos debe unir con Madrid y acercarnos a Europa por el Corredor Mediterráneo. El ministro, quizá espoleado por los responsables provinciales del Partido Popular, se fajó con los empresarios y los medios de comunicación -no recibió a la Mesa del Ferrocarril- un día antes de que se aprobaran los Presupuestos Generales del Estado, en los que no se recogía prácticamente nada para Alta Velocidad en esta provincia. Sin embargo tuvo el valor, la gallardía, de venir y contar los planes de su Ministerio con la vista puesta en 2023.
La visita, por descontado, no dejó ni un sólo poso de optimismo en una sociedad acostumbrada a que la ninguneen y condenada al ostracismo. Sin embargo, si se le reconoció el interés, la valentía y el compromiso y, sobre todo, dar la cara para que te la partan, cuando no traes nada próximo debajo del brazo.
El día 25 de julio, como les decía, Íñigo de la Serna regresaba a Almería con poco más de lo que ya nos dio en abril. Pero ha cumplido con su palabra. Si ya entonces aseguraba que vendría a Almería cada cuatro meses para supervisar el avance de los trabajos -cuando los haya-, de los proyectos y pequeños detalles de la inversión, hay que reconocer que ha cumplido y con creces. Y eso, puede gustar más o menos, habrá quienes lo aplaudan y quienes lo critiquen, pero es un gesto a tener en cuenta y que debe ser valorado en su justo término y con carácter positivo.
El proyecto del AVE a Almería va lento, nadie lo duda. Es necesario una importante inyección económica, no ya para licitar los trabajos y los proyectos de los distintos tramos, sino para dar credibilidad a unas palabras que, hoy por hoy, y tras la visita del martes del responsable de Fomento, ganan muchos enteros de cara a la sociedad de esta tierra. Insisto en que lo importante, después de cinco años de obras paradas no son las palabras, sino los hechos y el dinero, pero creo que el señor De la Serna merece romper una lanza en su favor. No es tarea fácil la que le espera, máxime cuando los recortes siguen siendo el pan nuestro de cada día, en unos presupuestos ridículos y absurdos, no ya para esta provincia, sino para el resto del país, salvo honrosas excepciones, que tienen en los votos para sacarlos adelantes una importante condición, caso de Cataluña y País Vasco. Salvedades importantes, incluso algo hirientes como estas, lo cierto es que por primera vez en muchos años, quizá desde la época Jesús Miranda Hita como secretario de Estado de Fomento, no se producía una imagen positiva para un tren que, seamos claros, aún quedan muy lejano para una provincia alejada y olvidada como es Almería.


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