Nuevo curso, mismos problemas

Antonio Lao | 18 de septiembre de 2017 a las 11:37

La vuelta al trabajo tras las vacaciones choca de bruces con la cruda realidad. Septiembre se instala como una losa entre nosotros y nos hace olvidar los días de asueto con la testarudez de la normalidad y con la rudeza de quien se encuentra con los problemas que dejó aparcados al irse de vacaciones.
En la misma medida que se instala la normalidad entre nosotros empezamos a ver la actualidad sazonada y condimentada de alta velocidad, déficit hídrico y presupuestos generales del Estado para 2018.
Para abrir boca, el jueves el ministro de Fomento visitaba Murcia, una plaza algo menos fácil de torear que la almeriense. Allí tampoco llega aún la Alta Velocidad y el retraso en las obras, como en nuestra vecina Granada, también es una lamentable realidad. La situación no es tan ácida y cruda como en Almería, en la que los trabajos llevan parados la friolera de cinco años y sin perspectivas de que se retomen, al menos por ahora.
He escrito en alguna ocasión que admiro la valentía y la sangre fría del Íñigo de la Serna para llegar a las provincias, enfrentarse a una realidad hostil y en la mayoría de las ocasiones salir airoso. En la ciudad pimentonera el jueves, como les decía, volvió a hablar de Almería, reiteró lo que ha venido haciendo en los últimos cuatro meses, que es más o menos que darle una patada hacia adelante a los proyectos del AVE, confirmando licitación y adjudicación de proyectos, pero poco más. Tras escucharlo sólo queda realizar un ejercicio de credibilidad y concederle un estadio de credibilidad y hasta la próxima.
Lo que pasa es que son tantos los años de espera y las promesas incumplidas, que hay que hacer un ejercicio tan enorme de credibilidad que va más allá del sentido común. Porque no me dirán ustedes que no es difícil aseverar y perseverar que el AVE será una realidad en 2023, cuando en los presupuestos generales del Estado de este año, a punto de concluir y en los del próximo, todavía por aprobar, vamos a ver como no se refleja ni un sólo euro para una obra tan ingente, de tan inmenso coste, amén del número de años de trabajos que quedan por delante.
Pero aquí no se trata de que se cumpla el plazo afirmado por el responsable de Fomento, que puede incluso saltar hecho añicos. Aquí, lo que de verdad importa es fijar en las cuentas del Estado fondos y, como no, ver que las máquinas llegan al tajo y se arremangan los obreros. Pero mucho me temo que viendo la celeridad de las obras en las vías que deben llegar a Murcia o en las que deben unir Antequera con Granada, aquí continuaremos en la cola y a esperar. Aún así siempre hay un conejo en la chistera en forma de electrificación de la línea lenta, pausada y triste que nos une con nuestra vecina capital de la Alhambra para dejar en los ciudadanos un poso de optimismo.


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