El caso del niño Gabriel y las fake news (noticias falsas)

Antonio Lao | 11 de marzo de 2018 a las 16:34

Almería se mueve esta semana entre el dolor y la esperanza. Dolor por la desaparición del pequeño Gabriel de 8 años en la barriada de Las Hortichuelas (Níjar) y esperanza en la posibilidad, casi dos semanas después de no conocer nada de su paradero, en que se encuentre con vida y todo haya sido un mal sueño, una pesadilla. En una situación como la descrita, en la que lo único importante debe ser la vida del pequeño y la ayuda y solidaridad con los padres y familiares, nos encontramos con un circo mediático, en el que las televisiones por una parte y las redes sociales por otra, han acudido a la “carnaza fresca” como si de buitres se tratara. El espectáculo que algunos están ofreciendo abochorna a aquellos que tienen, tenemos, la obligación de informar con el equilibrio que el caso requiere, con la sobriedad que la ocasión merece y alejados del amarillismo facilón que este tipo de sucesos te pueden hacer caer. Pero no es sólo la televisión basura lo que golpea a una profesión noble como la de informar, sino que nos hemos envuelto y convivimos con una lacra terrible que lo complica todo un poco más. Hablo de las Fake News o noticias falsas que llenan hasta rebosar a redes sociales y que se abren hueco como una tela de araña en el mundo de internet y al que muchos consumidores de información dan pábulo y las consideran ciertas, sin hacer un simple ejercicio de verificación.
Para hacer frente, en casos como el que nos ocupa, a tal cantidad de bulos, mentiras y falsedades es necesario regular las redes, pero las medidas jurídicas, con ser necesarias, no bastan. Y no sólo por su lentitud, sino también porque para ser efectivas han de contar siempre con el carácter de las personas y las sociedades, que genera las costumbres. Es imprescindible un periodismo profesional, competente, al que se puedan pedir responsabilidades, tanto al profesional como al medio informativo. Un periodismo que no se limite a decidir qué es de interés público a través del “me gusta”, “no me gusta”, sino preocupado por potenciar una sociedad bien informada y abierta, explica la catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, Adela Cortina. La pregunta se impone de forma inevitable: ¿ha llegado el fin del periodismo profesional? La afición por los juegos de suma negativa es una constante en el mundo humano, propenso a pensar en términos de “esto o aquello”, cuando lo inteligente suele ser recurrir a juegos de suma positiva (“esto y aquello”), para contar con mayor riqueza en cada ámbito. En este caso, es necesario fortalecer el periodismo profesional para tener mayor riqueza informativa y de opinión, se exprese a través de medios digitales o en papel, porque la clave no es el medio, sino la necesidad de contar con profesionales bien preparados, que se hagan responsables de sus noticias y opiniones. Y ahora más que nunca, como apunta Juan Cruz en Un golpe de vida.


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