Proyecto de provincia y ciudad

Antonio Lao | 11 de marzo de 2019 a las 18:28

Llega la hora de los balances. Con el fin de la legislatura aquellos que nos gobiernan o los que aspiran a hacerlo se afanan en mostrar, negro sobre blanco, la idea que tienen para la provincia o la ciudad en los próximos cuatro años.
Una exigencia por la que todos deben caminar, aunque algunos tratan de hacerlo más de puntillas que otros -ahora no importa quienes- desviando la atención, tratando de desvirtuar el debate o, lo que es lo más común, haciendo de la elaboración de las candidaturas el elemento más importante y primordial, por encima de ideas y proyecto. Así nos va.
Digo esto porque asisto atónito a lo poco que se está hablando en las últimas semanas de la provincia, de sus problemas, de sus soluciones y el excesivo tiempo que se dedica a las peleas de compañeros por abrirse un hueco en tal o cual candidatura. Para olvidar.
Pero no queda ahí, ni muchos menos, el cambalache que se montan a escasas semanas de que los ciudadanos votemos. Sin empacho, y con seguridad sin vergüenza política, vemos como aquellos que ayer defendían con uñas y dientes su pueblo o su ciudad, tratando de hacernos ver que en ello les iba poco menos de la vida, cambian de chip con la misma celeridad que se cambian de bragas o calzoncillos, y asumen un nuevo rol de liderazgo en las alturas de la parra, creyendo que no hay otra cosa más importante que la jaula de oro en la que en pocos meses quedarán encerrados y de la que saldrán a poco que la puerta se abra o se la abran para no volver nunca. La tierra que habitamos, con una historia milenaria, con un presente óptimo y un futuro por llegar más que prometedor, no necesita de la mediocridad instalada y sí de la excelencia de aquellos que se alejan de los focos. El camino a emprender nadie cree que pueda ser fácil ni cómodo. Pero la senda no está hecha para forjarla con aquellos que buscan el triunfo personal frente al colectivo, sin importar cuántos puedan ser los heridos o muertos que quedan en el camino.
Es la hora de los valientes y los preparados, de aquellos que sean capaces de tener un proyecto de provincia, ciudad o pueblo con la mirada puesta en lontananza y no en la pared de enfrente. De estos quedan pocos y si hallamos, a poco que levantemos cualquier piedra o abramos compartimentos, una pléyade de soldadesca aleccionada bajo batutas de directores ausentes que, si me permiten, me provoca desconfianza, cierto miedo y, si me apuran terror por poner en sus manos el futuro de una tierra ambiciosa, plagada de bonhomes, a los que les cuesta salir de su cubil y poner encima de la mesa carencias, necesidades y soluciones y que se afronten de una vez por todas, sin miedo a represalias o a situarte en el punto de mira de críticas o represalias mal entendidas, en un mundo acogotado y encorsetado.


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