Sevilla en tren, una viaje para no hacer

Antonio Lao | 1 de abril de 2019 a las 12:56

Cuatro transbordos en tren y autobús y más de siete horas de viaje agotan al espíritu más aventurero. Un trayecto sólo para los arriesgados y aquellos que no tienen otra opción. Una aventura para contar, pero si es posible se evita. Un camino de raíles y ruedas interminables que el martes hicieron algunos de los componentes de la Mesa del Ferrocarril, acompañados por gestores de la administración municipal y regional, en un intento vano y baldío por acelerar unas obras y mejorar una línea anclada en el siglo XIX y con escasas posibilidades de avanzar en el tiempo en los próximos meses o años.
Mientras el avión, con un precio coherente y asequible a casi todos los bolsillos te traslada desde Almería a la capital hispalense en menos de 40 minutos, la ruta en tren es para masoquistas o similares, para amantes del sufrimiento, maquinistas de la tristeza y despistados.
La reivindicación promovida por la Mesa del Ferrocarril, uno de los pocos entes que todavía mantiene viva la llama de la crítica, del inconformismo, mucho me temo que caerá el saco roto del olvido de quienes nos gobiernan. Que se quedará en el lenguaje de los gestos, en el baúl de los papeles de la pequeña historia provincial y poco más.
Da igual quien gobierne. Desde que la crisis nos abrazó a todos con su manto de recortes, se apoderó de la provincia el negro de las obras paradas, el gris de aquellos que mentían una y otra vez y el blanco de los optimistas “ponefechas” para luego no cumplir.
Transcurrido el tiempo, compruebas como aquellos que habían puesto un contador de días sin obras hoy salen corriendo cuando escuchan la reivindicación y viceversa. No atisbo lo que puede pensar, por ejemplo, un votante socialista cuando en el Gobierno de Rajoy cada día había una moción en la que se preguntaba por el inicio de los trabajos y hoy, cuando son ellos los inquilinos de la Moncloa no acuden a uno sólo de los actos que se organizan para presionar en la adjudicación de tramos, mejora de las vías y reducción del tiempo de viaje con Madrid y Sevilla.
En la misma línea imagino a aquellos votantes del PP agazapados en su cubil, esperando a que escampara durante sus años de gobierno, alzando ahora la mano de la reivindicación, con la bandera y el mástil asido y cosido a sus manos, apostando por unas obras que, por mucho que nos cuenten unos y otros no van a tener visos de realidad hasta que exista un gobierno fuerte, un gobierno capaz de avanzar en propuestas reales, sin imagenería semanasantera y alejada del trilerismo que tanto daño está haciendo a este país y a aquellos que una vez y otra también insisten en vendernos la burra vieja, desdentada y de culo. No se la compramos por los defectos, y encima se molestan cuando son objeto de rechazo.


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