El fracaso de la derecha

Antonio Lao | 6 de mayo de 2019 a las 12:33

Mucho se ha escrito esta semana de los motivos por los que la derecha ha fracasado en las elecciones generales del domingo, tanto a nivel nacional como provincial. Tres, al menos, son las razones por las que ha hincado la rodilla. La primera tiene que ver con la dispersión. Han concurrido a las elecciones dividida en tres partidos de ámbito nacional: Vox, PP y Cs. La segunda, clamorosa bajo mi punto de vista, tiene que ver con el abandono del centro. No se puede pretender imitar o asumir los postulados de la extrema derecha cuando ya existe un partido que los asume como propios y los representa mejor que tú. Las fotocopias siempre tienen más calidad que los originales. La tercera, por el olvido y la moderación que caracteriza a los españoles cuando de política hablamos. El Partido Popular nunca ha ganado unas elecciones generales, autonómicas o locales, sin atraer a la mayoría de los electores de centro y también a la mayoría de los que dicen no tener ideología, los llamados moderados.

La presencia de Ciudadanos y su acogida electoral entre 2014 y 2016 alejó a los populares del centro ideológico. El éxito de Vox en las autonómicas andaluzas de noviembre y el intento de evitar la pérdida de votos por ese flanco hicieron el resto para escorar al PP a la derecha. Y los hombres y mujeres de Albert Rivera, el partido que había logrado situarse en la posición más central del tablero, entre PSOE y PP, no solo se ladeó también hacia la derecha, sino que en las semanas previas a los comicios renunció a competir por buena parte de los votantes de centro, al asegurar que no pactaría con el PSOE de Pedro Sánchez. Un desvío que le puede servir para tratar de liderar la derecha desde posiciones centro-liberales, pero que a la larga le pueden acabar pasando factura. En todo caso, no todas las derechas han fracasado por igual, como es evidente.

El PP ha sufrido un durísimo revés y no va a tener tiempo de reaccionar de forma adecuada de aquí a las municipales y europeas del 26 de mayo. Mucho trabajo por delante y poco tiempo para que los mensajes, si los hubiera, calen en el electorado. Aún así una cosa son los comicios nacionales, en los que predominan los mensajes y las ideologías y otra los locales, en los que se añade además un tercer componente, que es el candidato a alcalde, el conocimiento que tienen sus vecinos de la persona y el trabajo que ha desarrollado en la sociedad grupal y cercana en la que se mueve. Sea como fuere, lo que parece evidente es que la derecha española ha caído en una trampa ya vivida en otros países europeos. A saber: radicalizar el discurso para competir con la extrema derecha no solo fertiliza el terreno para esta, sino que además deja huérfanos los votos del centro, donde se halla el grueso de la población. Y es ahí donde el otrora PSOE famélico y superado ha encontrado el granero de votos necesario para resucitar. Y a fe que lo ha conseguido.


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