26M, un resultado imprevisible

Antonio Lao | 20 de mayo de 2019 a las 12:32

Los hay quienes se frotan las manos, al entender que los resultados de las elecciones generales del 28 de abril se trasladarán casi de forma mimética al 26 de mayo. Error. Luego están los que caminan con la cabeza gacha, al entender que la época de vino y rosas en la que se han desenvuelto en los últimos años toca a su fin. Inexacto.
El 26M cada pueblo vuelve a votar para elegir a los concejales y alcaldes que regirán sus destinos los próximos cuatro años. Lo que ocurra ese día es posible que se calque de forma exacta en algunas localidades, pero les puedo asegurar que en la gran mayoría los datos no van a tener nada que ver con lo ocurrido hace un mes. Y es que hablamos de hechos distintos, de conceptos que se parecen como un huevo a una castaña.
Cuando falta todavía una semana para que las urnas se pronuncien, las municipales han entrado en ebullición, un hervor a muchos grados en los que no se juega un puesto en Madrid, con lo lejos que está, sino quién o quienes regirán el destino de tu ciudad, de tu pueblo, de tu entidad menor, de tu provincia en la próxima legislatura. Y lo que hace esta llamada a las urnas única, diferente y tensa es que vamos a situar al frente de nuestro ayuntamiento a nuestro vecino, a nuestro amigo, a un conocido, al compañero de partida con el que hace unos días jugabas al dominó en la mesa de un bar en la plaza del pueblo y ahora puede ser el que defina el destino de tu hábitat más cercano en los próximos cuatro años. Y es ahí donde entra el componente de la excepcionalidad del que hablaba al inicio, el componente de la dificultad de mimetizar unos resultados con otros, el componente de tener que decidir, en muchas ocasiones, entre tus ideas o el corazón. Por tanto, no les extrañe que aquellos que hace unos días se frotaban los ojos por unos resultados negativos respiren y cobren vida del 26 de mayo y aquellos que celebraron a lo grande un pírrico triunfo, pero victoria al fin y al cabo la noche del 28 de abril, tengan que mirar los datos que vomitarán los ordenadores a partir de las diez de la noche y no darán crédito a lo sucedido.
Es tiempo pues de meditar, de pensar muy bien el voto, de participar en masa en unos comicios en los que se decide el futuro de tu pueblo, de tu ciudad, en los que se decide si la calle se asfalta cuando se rompe o se prioriza el centro social; en los que se establecen otras prioridades que nada tienen que ver con las que ocupan la vida nacional un día sí y otro también. El 26 de mayo se trata de decidir el futuro de tu ciudad y tu pueblo, el futuro más mundano y el que se otea en la segunda década de este siglo; el futuro de un tiempo que deseamos sea mejor, pero cada opción propone y trabaja sobre unas premisas que no siempre son las adecuadas y las más convenientes para el tiempo actual. La decisión última, importante, es de usted.


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