Culpar al otro

Antonio Lao | 25 de junio de 2019 a las 11:38

Asumir errores en política no es un verbo que se conjugue con facilidad en los tiempos que corren. Aquí lo fácil es culpar al otro, echar balones fuera, esperar a que escampe y a otra cosa, en la esperanza de que el tiempo lo sana todo y ya vendrán nuevas oportunidades. Las elecciones municipales y las recientes tomas de posesión de alcaldes y concejales ha puesto a cada uno en su sitio, ha sacado lo peor y lo mejor de aquellos que forman nuestra cotidiana fauna política y ha vuelto a poner de manifiesto la incapacidad absoluta de entonar el mea culpa por parte de nadie. Vayamos por partes con algunos ejemplos que confirman la aseveración inicial. En Vélez Blanco la incapacidad de los socialistas para ponerse de acuerdo los llevó a una escisión que les ha costado la alcaldía. No sólo han antepuesto sus intereses particulares por encima de los de sus vecinos, sino que luego los odios personales han puesto al frente de la alcaldía al único concejal de Ciudadanos, que con 200 votos tiene ante sí el sueño y el reto de su vida. A poco que lo haga bien puede, como ha ocurrido en Albox, demostrar que la política va más allá de personalismos y está más cerca de la iniciativa, el criterio y la capacidad de trabajo y sacrificio. Y lo más preocupante es que los responsables provinciales, viendo lo que sucedía, han sido incapaces de retomar el diálogo y acabar con tan enorme disparate.
Culpar al otro como criterio de trabajo tiene en la capital el segundo ejemplo. Las tibias palabras del secretario de Organización local, Indalecio Gutiérrez, sobre los resultados de la capital, reflejan en toda su extensión la capacidad que tiene el ser humano para descargar en los demás y alejarse de cualquier asunción de culpabilidad. Escucharlo balbucear justificaciones debe ser motivo de estudio para los estudiantes de Política de cualquier universidad sobre lo que no se debe hacer si se pretende tener éxito en aquello que nos ocupa, que no es otra cosa que buscar la credibilidad ante aquellos a los que nos dirigimos, los que comulgan con su ideología y los que no. Y el tercero, y podríamos escribir un tratado sobre ello, lo encontramos en los dirigentes provinciales del Partido Socialista. Unos dirigentes que han ahuecado el ala desde las municipales, que ni están ni se les espera, más allá de felicitarse por los 100.000 votos alcanzados en la provincia. Cien mil votos ¿para qué?, me pregunto. No serán para gobernar la Diputación o cualquiera de los pueblos importantes de esta tierra. Porque si no recuerdo mal, y es una ironía, sólo disponen de Níjar y Vícar como grandes bastiones, Huércal Overa les ha tocado en la lotería por los enfrentamientos personales entre los dirigentes populares y de Ciudadanos y un puñado de pueblos pequeños, en los que sus alcaldes, esos sí, saben hacer política y de la buena. De la cercana, sin postureos y apariencias falsas.


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