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Los precios del agro

Antonio Lao | 2 de marzo de 2020 a las 13:55

Centenares de agricultores se manifestaban el martes en el Polígono La Redonda de El Ejido para protestar por los bajos precios. Una protesta que se repite de forma incesante por todo el país, al entender que la gota que ha colmado el vaso de un sector maltratado por las administraciones, ya ha caído.
Pese a las molestias ocasionadas, difíciles de asumir para quienes las padecen, lo cierto es que a los agricultores les asiste toda la razón. Son muchos años en los que se anunciaba la llegada del “lobo”, al que nadie quería ver, pero lo cierto es que el cánido ya está asentado y parece, si nadie lo remedia, que ha venido para quedarse.
La campaña, allá por donde preguntes no ha sido, no está siendo buena. Al contrario, la mayoría de los agricultores consultados hablan de ella como una de las peores que recuerdan, aunque siempre hay excepciones. Las causas que nos han llevado al agotamiento de un modelo de éxitos son muchas, al igual que los culpables. No se trata a estas alturas de señalar a nadie. Pero lo cierto es que el grado de aguante de un sector con las manos encallecidas, la piel curtida por el sol y harto de sufrir las escarchas mañaneras o la calima del mediodía, ha llegado al límite. No hay mucho más tiempo para seguir poniendo dinero y que otros eslabones de la cadena obtengan beneficios.
De media, poner en producción una hectárea cuesta a un agricultor en torno a los 50.000 euros. Una cantidad que cada año sale de las arcas de los bancos, en forma de préstamos, que hay que pagar con precisión suiza, como los relojes, durante la campaña. Y las cuentas no salen.
Se imaginan la tensión, los riesgos y la decepción de aquellos que han apostado todo a un producto, a dos o a tres y que luego las pizarras se encarguen de romper. Al igual que cualquier atisbo de esperanza en recuperar lo invertido y alcanzar un sueldo digno para cada una de las familias que cada mañana se parte el lomo dentro del invernadero. Con seguridad muchos de ustedes lo desconocen, no aciertan a entender donde está el problema, las causas y el modo de resolverlas.
Demasiada paciencia han demostrado aquellos que nos permiten llenar la nevera cuando vamos al supermercado. Demasiado tiempo han soportado el desprecio de tantos, las críticas de unos pocos y la indiferencia de tantos, cuando debiéramos inclinarnos en señal de respeto ante aquellos que nos dan de comer. Ha llegado la hora de caminar en la senda de las soluciones, del entendimiento, de los precios justos y del respeto. Basta de intermediarios que sólo ponen la mano, no sudan porque permanecen a cubierto del aire acondicionado de la oficina y no padecen las inclemencias climatológicas y los miedos de las tormentas, olas de calor o vendavales. En vuestro ánimo y en vuestro carácter está la solución. No decaigáis.


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