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La imagen exterior del destino turístico

Antonio Lao | 16 de marzo de 2020 a las 13:37

Fue el presidente de la Diputación del Málaga, Francisco Salado, el que el jueves ofrecía en Berlín un dato demoledor, a mi entender, para el destino turístico andaluz: “La imagen que tienen fuera de nuestras fronteras de nuestros hoteles, de nuestras instalaciones, de nuestra oferta, tiene mucho se sesentera y anticuada”.  Cuando la realidad, todos la conocemos, es que las infraestructuras son modernas, optimizadas y a la vanguardia. Mientras el consejero de Turismo y vicepresidente de la Junta, Juan Marín, asentía a tales afirmaciones, un rotundo escalofrío recorría mi cuerpo, a la vez que me planteaba qué podemos estar haciendo mal, para que aquellos que nos visitan lleguen pensando en que somos un destino viejo y cuando se van sus prejuicios iniciales saltan hechos añicos.
Desde los comienzos de este sector como fuente de empleo, desarrollo y modernidad de este país, el trabajo llevado a cabo por todos, -entiéndase administraciones y empresarios- ha sido ímprobo en avanzar en la permanente reforma de las instalaciones, así como en ampliar la oferta para atender los “paladares” más exquisitos de una industria en constante movimiento y en el que los competidores avanzan, si no más que nosotros, si lo suficiente como para poner sobre el tapete los mismos elementos y los conceptos que nuestra industria desarrolla.
Si la desazón inicial por la afirmación turbó mi ánimo, la reflexión posterior me llevó al optimismo, nunca exagerado, pero si moderado, al entender que, a pesar de la imagen podamos transmitir entre aquellos que no nos conocen no es la mejor, lo cierto es que este país, por mil circunstancias que sería prolijo enumerar, ha logrado durante dos años consecutivos batir su propio récord de visitas, estancias, pernoctaciones e ingresos.
Dicho esto, si conviene de forma paralela pararse un momento y pensar que las campañas que una y otra vez hacemos, en la creencia de que llegan a potenciales clientes no deben ser las mejores para alcanzar los objetivos marcados en rojo en las conclusiones y análisis anual.
En mundo tan cambiante como el que nos ha tocado vivir, en el que lo que hoy es dogma mañana es papel mojado, lo mejor es no perder el tren y perfilar cada acción como si fuese la última que hiciéramos en nuestra vida y de ella dependiera el futuro de la humanidad. Cada detalle cuenta, cada aspecto se analiza con lupa y la valoración que se lleven de nosotros aquellos que nos visitan es el mejor de los antídotos contra cualquier virus de los sesenta que ose instalarse en el organismo turístico de nuestra tierra. Y es que pese a campañas, proyecciones, apuestas y demás, la mejor de las publicidades siempre es el boca a boca. Y es ahí donde nos jugamos el futuro. Un futuro del que dependen miles de empleos en toda la comunidad y la renta de muchas familias.


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