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Vivir y sobrevivir

Antonio Lao | 14 de diciembre de 2020 a las 18:48

Vivimos tiempos duros, económicamente desastrosos, con nóminas, quien la tiene, a la baja. Tiempos en los que para la gran mayoría el reto no va a ser cómo vivir, sino como sobrevivir. Si algo nos ha dejado la pandemia -no creo que sea bueno, pero ahí está- es que todos, sin excepción nos hemos adaptado a tirar hacia adelante con mucho menos de lo que disponíamos hace tan sólo un año.
Anclados y cobijados en la sociedad del bienestar, con sus altibajos, la colectividad  de hasta principios de año se las prometían muy felices, con una economía en crecimiento sostenido, con prestaciones dignas y progresos que empezaban a hacernos olvidar la crisis de 2007. Ahora, sólo nueve meses después, la quiebra de Lehmans Brothers y la debacle del ladrillo, nos parece un juego de niños comparado con lo que soportamos.
Visto con la distancia necesaria y no sin grandes dosis de pragmatismo, lo cierto es que en los tiempos que corren, lo que se prioriza por encima de todo es la salud, el bienestar de la familia y el de los que te rodean. Lo que hace un año nos parecía de vital importancia, por necesario, aunque superfluo, hoy se ha convertido en una baratija de la que pasamos con amplitud, sin que ello nos suponga más allá que un mal paso.
Con menos se puede ser mucho más feliz. Y es que no vive en la opulencia quien más tiene, sino quien menos necesita. Un dicho popular con el que nos hemos topado y adaptado con cierta normalidad o la fuerza. Vete tú a saber. El caso es que aquí estamos tratando de sobrevivir a etapas de angustia, tristeza y soledad con la mejor de las sonrisas.
Acogotados por disponer de todo cuanto podíamos soñar, la existencia tiende a convertirse en una banalidad desoladora. Y como bien define el periodista y escritor Jonh Carlim, “si ganar mucho dinero y tener muchas posesiones es lo que te define, saber que otro tiene más te amarga la vida”. Tener todo cuanto deseas puede llegar a ser hasta desolador. No lo llegas a valorar. Lo importante es realizar cosas, como ir a comer a un restaurante, y tener el placer de comprender y saber que es un extra que no puedes permitirte todos los días. Ya la pandemia de mierda que estamos viviendo ha sido capaz, de sopetón, sin que aquellos que pretenden educarnos en la solidaridad, el ahorro, la familia, el amor por los demás…de enseñarnos un camino más fácil, más acorde con el mundo que nos rodea. Aunque ganemos menos, el gasto es tan pírrico que la percepción te deja un poso de tranquilidad que, con seguridad, en otros momentos jamás habrías entendido o compartido. Hoy, lo importante, no es dónde voy a ir de vacaciones, en qué restaurante voy a comer, qué vino degustaré o qué último modelo voy a disfrutar. Hoy, lo importante es la vida. Nada más.


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