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Vamos mejor o tan mal no estamos

Antonio Lao | 11 de enero de 2021 a las 19:07

Cada año, cuando finaliza, nos entretenemos en elegir cuál ha sido la palabra con la que se recordará el tiempo que termina. En 2020 el Oxford English Dictionary no ha sido capaz de optar por una de ellas. Ya en algún artículo anterior hablaba de  algunas  de ellas como coronavirus, allegado, distancia social, mascarilla (mascareta en catalán, por si me leen allí), confinamiento… Muchos vocablos y todos o casi todos relacionados con el gran tema del año que ha terminado y que, mucho me temo, del que acabamos de estrenar.
Aunque lo cierto es que confío que cuando 2021 toque a su fin hayamos sido capaces de sumar alguna que no tenga relación con la enfermedad que nos ha acogotado este tiempo. Una enfermedad a la que parece, sólo parece, comenzamos a cercar, como si de una batalla vikinga se tratase. Armados con vacunas de la compañía que ustedes prefieran, pero con la suficiente capacidad para voltear un problema sanitario que nos ha dejado a todos exhaustos. Si hemos de ser optimistas deseo que la palabra final, la que todos hayamos usado hasta cansarnos, tenga un carácter más festivo, económico tampoco me importaría si estuviera relacionada con el crecimiento y salida de la crisis o deportiva si ganamos la Eurocopa de fútbol o Rafa Nadal es capaz de volver a levantar la Copa de los Mosqueteros, o lo que es lo mismo, un nuevo Roland Garros.
Tenemos motivos para ser positivos y tener esperanza en el futuro que nos aguarda. Las dosis de vacuna llegan por miles,  como ríos que caminan hacia el mar, para  los hombres y mujeres que habitamos este planeta. Pese a los agoreros, que haberlos haylos, cuentan con todas las garantías sanitarias para derrotar a un formidable enemigo, apostado en cada rincón de nuestra vida, y a la espera de contagiarnos como es el virus. Pero ahí están ellas, distribuyéndose por el mundo como canales de lava, dispuestas a ejercer su trabajo, que no es otro que asestar a la COVID-19 el golpe definitivo que todos esperamos como el maná ‘quitahambres’. Y como de lo que se trata es de ser positivos, de imaginar la botella medio llena, quiero creer que vamos mejor y que no estamos tan mal. A pesar de tanto dolor, de tanto luto en blanco y negro como nos deja el año que se ha marchado, aún nos ha permitido recuperar elementos perdidos, olvidados, que con la vorágine diaria y la soledad de la sociedad del XXI, hemos recuperado. Hablo de los amigos, de las tertulias, de la familia, de la vida tradicional,  la de siempre, la auténtica, la alejada de los focos y los flashes e instantáneas, que eran solo eso, momentos en la inmensidad del universo. No nos hemos podido tocar, pero la tecnología y la ciencia ha hecho su trabajo. La primera permitiendo que sigamos conectados y unidos y la segunda,  dándonos en tiempo récord una vacuna que nos devolverá la normalidad, no la nueva normalidad.


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