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Voltear la pandemia

Antonio Lao | 11 de enero de 2021 a las 19:11

Nueve meses después del fatídico marzo que nos cambió la vida, nos encerró a todos y asumimos la mascarilla, el gel hidroalcohólico y la distancia social como un hecho consumado, todavía me pregunto si hemos sido capaces de voltear o doblegar la pandemia o es ella quien nos mantiene “la pierna encima para que no levantemos cabeza” (Jorge Berrocal Gran Hermano 1)
Este tiempo ha dado para tanto, que se me antoja complejo discernir qué aspectos y cuáles no tienen, de verdad, valor para ser merecedores de ser tenidos en cuenta y cuáles hay que olvidar y encerrar en el cuarto oscuro de nuestra memoria.
Lo que si tengo claro es que nadie, por más que se empeñen en vendernos lo contrario, ha sido capaz de “cuadrar el círculo”, como se dice de forma coloquial, para mantener el virus a raya. Con lamento afirmo que nos hemos pasado todo el tiempo tirándonos los trastos a la cabeza por lo mal que lo hace el que tenemos enfrente y la buena gestión que mantenemos los que estamos a este lado. Falso.
A estas alturas de la película y cuando parece, sólo parece, que atisbamos algo de luz al final del túnel comprobamos que aquellos que se las prometían felices, o casi, como pueden ser los alemanes, acaban de decretar en la práctica un confinamiento duro para que la enfermedad no quede fuera de control.
Por contra, aquellos que como los españoles, hemos sido triturados hasta el extremo, criticados sin descanso, juzgados sin tribunales previos y llevados al patíbulo un día sí y otro también, mantenemos la cabeza bajo el agua, pero aún nos queda impulso para sacarla de cuando en vez para respirar.
¿Qué nos deja la experiencia de nueve meses? Una sola verdad. Nadie, absolutamente nadie tiene la varita mágica para doblegar un virus que se ha instalado entre nosotros y que sólo la vacuna parece con la fuerza necesaria de contenerlo, limitarlo y permitir que la vida vaya de forma lenta, progresiva y sobre seguro, recobrando la normalidad. Lamento, con pesar, que hayamos perdido gran parte de nuestros esfuerzos en combatir al contrario, al compañero, al vecino, al oponente. No hemos sido capaces de unirnos como la ocasión requería. El enemigo es formidable y en nueve meses sólo hemos abierto grietas, vías de agua, por las que se ha colado una y otra vez.
Dicho lo cual, me mantengo firme en mis convicciones positivas. La fortaleza de los humanos es tal que saldremos reforzados de todo cuanto hemos vivido. Aunque las roturas permanentes del consenso, la coherencia y la unidad de acción nos llevan al retraso de la normalidad, al endeudamiento y a una división compleja de resolver, cuando el oponente no es quien tiene el arma siempre en posición de fuego, sino el que trata de arrimar el hombro igual que tú.


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