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Entre ‘papá’ y ‘mamá’

Antonio Lao | 22 de febrero de 2021 a las 18:47

El confinamiento y las medidas restrictivas, las que nos han impuesto y las que nos hemos impuesto a lo largo de este año, han sido como una especie de regreso a la niñez. El ‘autoritarismo’ del Gobierno Central con el Estado de Alarma y el ‘autoritarismo’ del Gobierno de la Comunidad Autónoma, con las medidas de prevención, cierres perimetrales y el cerrojo de los bares y comercios, han sido una especie de ‘papá’ y ‘mamá’ de nuestra infancia, en la que la normalidad, no la nueva, era cumplir las normas previamente establecidas, para desarrollar una más que estimable convivencia sin sobresaltos.
Pero claro, en esto como en el caso de los ‘papás’ y las ‘mamás’ los/as hay para todos los gustos y colores. Mientras en Australia o en China, por poner dos ejemplos de rigurosidad, cuando surge un brote las medidas se sitúan en el extremo más estricto o estrecho, en países como Estados Unidos o la propia España, nos empeñamos en jugar a la goma, con el tira y afloja permanente.  Un tira y afloja que sólo conduce a abandonar una ola para esperar la siguiente. Nos hemos acostumbrado a las cifras, los casos, la letalidad y el luto, en la misma medida que crece la afición a las fiestas sin medidas de control para mayor pompa, boato y circunstancias de un virus que nos acecha en cada aspiración de aire para maniatarnos y, si puede, no permitir que escapemos de sus garras.
En general todos, o casi todos, hemos sido admirablemente dóciles, disciplinados y cumplidores. El miedo nos ha atenazado en la medida en que en los círculos que nos movemos conocemos que alguno de nuestros seres queridos ha sido contagiado y no hemos podido ni asistir ni a a su entierro. Pero como les decía, seguimos en manos de aquellos que han convertido la pandemia en una ruleta rusa o en una baraja de cartas marcadas, en la que a poco que te descuidas compras todos los boletos de la rifa de Hades, en el que el premio es la muerte.
Pues aún así, seguimos empeñados en desafiarla, con juegos diabólicos que van desde desprenderte de la mascarilla a la primera oportunidad que tienes, romper los protocolos de higienización o saltar al clímax del despiporre cuando te invitan a una fiesta. Acudes, ingieres un par de copas y, a partir de ahí, lo único que importa es el amor que profesas por quienes te rodean y lo manifiestas, claro con besos, abrazos y arrumacos. Todos esos que has evitado dar a lo largo de un año, pero que hoy has decidido recuperar de golpe.
Menos mal que aún tenemos el refugio de los supermercados. Son ellos los que ejercen de papá y mamá a la vez. Son ellos los que responden a cada una de las preguntas que te puedas plantear. Imponen las reglas estrictas de la infancia y las cumples sí o sí. En caso contrario tienes claro a lo que te arriesgas. No cruzas el umbral, no llegas a las estantería y… no comes.


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