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Nuevo curso político, mismos problemas

Antonio Lao | 6 de septiembre de 2021 a las 19:01

En Almería termina el verano cuando la Feria da sus ultimas bocanadas. En este año de pandemia, con las actividades limitadas, lo cierto es que la cotidianidad se instala de forma definitiva cuando los niños se preparan para ir al colegio o, al menos, los padres se afanan por cerrar las compras de última hora para que el día “D” esté todo en orden de revista.
Tras un extraño verano, con la quinta ola de covid dando aún sus coletazos y acercándonos a la ansiada inmunidad de grupo, lo cierto es que regresamos de las vacaciones, aquellos que las hayan tenido, con la misma sensación que nos fuimos. El sabor amargo de la tristeza y el dolor por las pérdidas que la enfermedad mantiene en los corazones de cada uno de nosotros.
En ese ambiente enrarecido por la pena, sumamos la sinrazón de aquellos que han creído que esto era poco menos que el ‘jauja’ de la diversión y el ‘despiporre’ y no han dejado nada para cuando, de verdad, la normalidad se instale entre nosotros. Y eso, tal y como se van desarrollando los acontecimientos, tengo la sensación de que no va a ocurrir al menos hasta bien avanzado el próximo año.
Al margen de la pandemia, que sigue copando y ocupando casi todo, el nuevo curso no tiene más novedades que enfrentar los problemas que para esta tierra son endémicos, como son las infraestructuras y el agua. Si de lo primero hablamos, creo que es justo que los presupuestos generales del Estado, que estarán al caer, consoliden -pero en serio- partidas para el tren de velocidad alta que un día , no sabemos aún cuando, nos debe unir con Murcia y, desde allí hasta Madrid y al resto de Europa.
La deuda de la administración estatal es tan grande con esta provincia que mucho me temo que, por mucho que nos puedan dar a partir de ahora (que lo dudo) no van a ser capaz de pagarla en décadas. Para empezar sería bueno que la nueva ministra de Transportes se diera una vuelta por Almería, recorriera las obras del AVE, le pudiéramos preguntar y, como fin último, que las respuestas fueran creíbles.
En agua seguimos igual. Las carencias de siempre, esperando las lluvias que sean capaces de permitir los trasvases del Tajo y Negratín, y se alivie en parte la sed que padecemos. De desaladoras mejor hablar lo justo. Las ampliaciones prometidas en Carboneras o recuperar la anegada de Villaricos, no dejan de ser una quimera que sólo existe en la nube de aquellos que tratan un día sí y otro también de repartirnos migajas en forma de convenios, redacción de proyectos y otras zarandajas, en la creencia de que así contentan al burgo. Desconocen que el pueblo está tan harto de falsas promesas que ya es difícil que caiga en la red del argumentario, la oratoria fácil y los discursos preparados para la ocasión, pero sólo para crédulos.


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